5 posts de septiembre 2008

PALOMITAS AZULES

...como sus ojos.

" Hay momentos en los que los sentimientos van mucho más allá que las palabras. Mi vida - y este país (refiriéndose a Estados Unidos) - es mejor porque Paul Newman ha pasado por ella". Así hablaba Robert Redford de su amigo tras conocer su muerte.

No sé si os apetecerá confeccionar en su honor un pequeño texto. Podemos inspirarnos en los títulos de sus películas, en sus personajes y hasta en su vida.

¿ qué os parece?

Empiezo... y os animo a seguir:

El largo y cálido verano ...

PARAD AL TORO EMBOLADO

En Bowling Green se encuentra el famoso Toro de Wall Street. Una escultura de bronce de Arturo Di Modica que el propio autor, en contra inicialmente de la voluntad de la ciudad, instaló allí las navidades de 1989. Fue un regalo que hizo a los neoyorquinos que estaban saliendo de la crisis bursátil que había estallado dos años antes. El escultor quiso con este toro de más de 3000 Kg. plantar un símbolo de optimismo, agresividad y prosperidad en las puertas del edificio que controla la economía del país. Desde hace meses los que mueven los hilos del distrito financiero han ignorado al toro. No querían verle adrede, preferían seguir lustrándose en su autosuficiente burbuja y regocijarse en su piscina de ganancias especulativas. Tanta insaciabilidad ha cansado al toro hasta tal punto de hartarle. Ahora nadie sabe como evitar su embestida.

Quién lo iba a decir. Estados Unidos socializará los principales pilares de su economía.

Cuando escribo este post las autoridades monetarias y los representantes del Congreso siguen negociando y todavía están perfilando los detalles de su plan de rescate masivo para intentar frenar la caída en picado de su sistema financiero. Aún no lo han aprobado y analistas y ciudadanos se manifiestan ya inquietos porque temen que estén confeccionando un traje demasiado pequeño. O mejor dicho, un flotador sólo a la medida de Wall Street. Dinero público para salvar el sector privado. Una nueva agencia estatal que comprará los “activos problemáticos”. La inyección inicial será de unos 700.000 millones de dólares destinados a adquirir esos valores más tóxicos. El departamento del Tesoro también ofrecerá un cojín de más de 3 billones de dólares para los fondos mutuos del mercado monetario. Inicialmente la cifra calculada para este paquete de actuaciones se fijaba en trillones y ahora parece que se muestran reticentes a inyectar más liquidez. Si bien el viernes el anuncio de estas y otras medidas alivió las bolsas mundiales hoy el escepticismo crece. Se ayuda a Wall Street pero ¿qué pasa con esos más de 4 millones de familias que ya tienen sus hogares embargados? Tendremos que esperar para ver si realmente la administración Bush coge al toro por los cuernos o sólo le corta las puntas.

Todo este dinero que utilizará el gobierno saldrá del contribuyente. El mismo que ya está pagando la guerra de Irak. Y el mismo que ha visto como la inflación afectaba su cesta de la compra, ponía en riesgo sus ahorros o hacía cambiar sus planes de retiro. Se le pide un nuevo esfuerzo al ciudadano. Otro más que sin duda valdrá la pena si no sirve sólo para ayudar a los de siempre.

Mientras escribo esto, tengo la tele encendida y oigo como un profesor de Harvard dice: “el costo del rescate aumentará el costo del préstamo a medida que el déficit federal vaya creciendo. Una mayor deuda debilitará el dólar y la Reserva Federal se verá obligada a intervenir para aumentar las tasas de interés”.

Más vale que encuentren pronto una buena solución. Aquí no saben lo que es un toro embolado. No tienen ni idea de lo que es capaz de hacer cuando el fuego le quema hasta hacerle rabiar.

LA ESCALERA DE LA VIDA

De todo lo que he visto y vivido en Texas durante nuestra cobertura del huracán IKE lo que más me ha impactado ha sido una escalera.

Nada más acabar el td2 del 11-S, todavía recogiendo bártulos en la Zona Cero, acordamos que teníamos que viajar lo antes posible. Sabíamos que pronto iban a cerrar el aeropuerto de Houston.

Ya teníamos las maletas en la oficina desde hacía unos días, así que nos movilizamos rápido. Miguel, el productor, se quedaría en Nueva York para hacernos de enlace, velar por nuestros satélites y demás problemas que iban a surgir.

Llegamos a Texas ya de noche. Lo primero era hacer acopio de bidones para llenar de gasolina pero 24 horas antes del temporal ya no había ni una cosa ni la otra. Todo estaba ya cerrado. Nos indicaron de un Wal Mart que iba a permanecer abierto para que las familias pudieran comprar sus últimas provisiones antes de la tormenta.

Era medianoche y parecía mediodía del gentío que había. Sólo encontramos 2 pequeños contenedores de un galón (3,7 litros). Insuficiente. Decidimos comprar botellas de líquido limpiaparabrisas (resistentes y más baratas que otras botellas. Las vaciaríamos y podrían servir si no encontrábamos lo que buscábamos). También compramos agua, frutos secos y barritas energéticas. En otro sitio encontramos más bidones. Sabíamos que los próximos días iban a ser difíciles.


Después de rodar la seca y la meca dimos con una gasolinera ¡con gasolina! Ya teníamos lo imprescindible. La gasolina para nosotros en estos casos es fundamental. No sólo para poder movernos. A falta de luz, como íbamos a estar, las baterías del coche alimentan nuestra máquina de editar y cargan nuestros teléfonos y ordenadores. Ya podíamos ir al hotel.

Habíamos reservado uno camino de Galveston para poder entrar en la isla cuando acabara la tormenta. Nos habían dicho que ese hotel, aunque en plena ruta del ojo del huracán, era lo más seguro en la zona. Aún así al llegar nos hicieron firmar un documento lleno de condiciones que se resumen en “si te mueres, nosotros no respondemos”. Compartiríamos refugio con ciudadanos que a última hora habían decidido abandonar la isla, con otros muchos periodistas y con personal de emergencias.

El viernes trabajamos con normalidad. A partir de las siete de la tarde el viento y la lluvia se hicieron progresivamente más intensos. Teníamos claro que la curiosidad no podía poner en peligro nuestras vidas. Así que Fernando, Vicente y yo después de llenar de agua nuestras bañeras nos dispusimos a pasar la noche lo mejor posible. En estas situaciones cada persona reacciona de manera distinta. También los periodistas. Cada uno de nosotros se mentalizó a su manera. Estábamos muy preocupados por el primer directo de la mañana. Nos iba a pillar en plena tormenta y había muchas posibilidades de que no pudiéramos conectar por satélite (al final así pasó y tuvimos que hacer una crónica en directo pero teléfonica). Sin embargo, nosotros no podíamos empujar el huracán para no fallar al td1. Nos íbamos a cargar de paciencia y esperar (si nos hubiéramos quedado en Houston no hubiéramos tenido la mayoría de estos problemas... pero nos arriesgamos. Siempre te queda esa duda de haberte equivocado.)

El hotel recomendaba refugiarse en el primer piso o en las escaleras de emergencias. Fernando y yo decidimos quedarnos cada uno en su habitación. Parapetamos las ventanas con las cortinas y los pocos muebles que teníamos. Ingenuos o prácticos optamos por “descansar”. Vicente prefirió la escalera. Allí pasó toda la noche. A veces solo, a veces con compañía. Cada vez que sonaba la sirena de alarma nos llamábamos para ver si seguíamos bien. Estábamos en el piso número 12. Todo se movía. La moqueta estaba inundada y el sonido exterior era ensordecedor. Oímos un estruendo que después sabríamos que había sido la cúpula de cristal del techo que se había venido abajo. Afortunadamente no hubo víctimas. El altavoz del hotel nos iba comunicando y dando instrucciones. “empieza a fallar el sistema”, “perdemos la luz”, “no se muevan de dónde estén”...

Más tarde vimos que el “refugio seguro” no lo era tanto. Algunas habitaciones sufrieron graves daños y los bajos del hotel se inundaron completamente. La planta baja había quedado destrozada.

Lo demás, la información, que es a lo que fuimos, ya lo hemos ido contando en las noticias. Os dejamos varias fotos y un montaje en video con momentos de la cobertura. Escenas que os aseguro no se pueden explicar con palabras. Alguien debería inventar la "tele con sensaciones".

Impactante ver Galveston sin ningún edificio en su paseo marítimo. Los históricos Balinies Room, Murdocks y Hooters, edificios de los años 20 construidos sobre el agua, han desaparecido. En Cristal Beach y en Gilchrist apenas quedan casas en pie. No dejo de preguntarme ¿qué ángel salvaría ésta en la península Bolivar?

Como siempre en estos casos, los más interesante, y con frecuencia lo más triste, son las historias personales que nos vamos encontrando. El Sr. Green, al que vemos en el proche de su hogar -el único lugar habitable que le quedaba- nos atendió amablemente. Estaba enfermo y con dos costillas rotas. Aún así se negaba a abandonar su parcelita. "lo he perdido todo. Pero aunque lo haya perdido es lo único que tengo", nos dijo. Avisamos para que le fueran a buscar. No sé qué habrá sido de él.

Sin embargo, de todo, os tengo que decir que esa escalera del hotel, a pesar de los malditos doce pisos que cada día teníamos que subir y bajar, se convirtió para nosotros en algo especial. Una especie de rambla de buen rollito. Los rellanos puntos de conversación. Miradas y sonrisas cómplices que alimentaban. Un compañero periodista ayudó a una señora a subir una maleta que pesaba como un muerto y el muerto resultó ser cerveza para olvidar que había perdido su casa. Al final todos sabíamos un poquito de todos.

Ese tránsito quitaba el aliento como la realidad del exterior y... sin embargo nos daba fuerzas para seguir. Por eso, hubo quien hasta se animó a brindar por la vida.


HOLA, SOY INGRID

En televisión hay dos principios básicos de los que depende muchas veces el resultado de lo que hacemos. No basta con el esfuerzo individual. El trabajo en equipo es fundamental y además necesitamos grandes dosis de suerte.

La entrevista que Ingrid Betancourt ha concedido a RTVE , emitida en los Informativos y en 59 Segundos, ha sido posible gracias a la suma de todas estas cosas.

Sabíamos por diferentes fuentes que era uno de los nombres que más sonaba para el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia y que la noticia, de producirse, iba a pillarla en Nueva York, así que empezamos a movernos hace unos días. Acceder a este tipo de personajes, tan apetitosos informativamente, no es fácil. Suponíamos que, generosamente, si le concedían el Premio, haría una valoración, aunque claro, aspirábamos a algo más que eso. Pero no tenía ni idea de cómo llegar a ella.

Ángel Gómez Fuentes, mi compañero en París, me paso todos sus teléfonos. Después de muchos intentos conseguí hablar con Hervé, uno de sus hombres de confianza. Él nos tiró un buen cable… aún así el cable no era lo suficientemente largo.

A la fuerza ahogan. Decidí utilizar otro método, mucho menos ortodoxo, pero que ya en otras ocasiones me ha salvado la papeleta. Busqué un cómplice. Sabía que José Manuel Rodríguez, Director General de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, iba a coincidir con ella en una sala de la ONU a la que yo no tenía acceso. A mano, escrito con prisas y en un trozo de papel le haría llegar mi mensaje a Ingrid. La suerte estaba echada.

“Hola, soy Ingrid”, oí al otro lado de mi móvil. Un poco más y le digo: ¿qué Ingrid? No es que no tuviera fe… pero, sinceramente, tampoco muchas esperanzas.

“Chicos en marcha”, grité a Fernando y Vicente, mis compañeros que estaban tan ansiosos como yo. ¡Llevaros también la mini DV, os cuento los detalles por el camino! Teníamos pocos minutos para llegar a la cita, superar unos cuantos círculos de seguridad y conseguir un lugar decente en la ONU -cosa nada fácil- donde poder hacer la entrevista. Una vez instalados, de nuevo seguridad, nos obligó a cambiarnos de lugar. “Demasiado accesible”, dijeron preocupados por ella.

Nosotros sudábamos. No llevábamos luces, la otra cámara la tenía el equipo de Madrid que estos días trabaja en la semana de la moda, íbamos a utilizar dos sistemas diferentes y un solo micro y sabíamos que esto se iba a notar en la calidad final del producto. Yo desconocía si íbamos a tener un minuto o diez. Tendría que improvisar. Conseguida la entrevista podía ser un desastre.

Ingrid nos saludó amablemente, feliz por el premio. En varias ocasiones se puso a llorar o se quedó en blanco. Había momentos que su mirada abrazaba y en otros se escurría y perdía. Poco a poco ambas nos olvidamos del entorno. Fue una bonita y tranquila conversación. “Hay preguntas que no tienen respuesta”, me dijo. Tomé nota mentalmente (los seguidores del blog ya sabéis a qué me refiero). Esta vez no se trataba de forzar la máquina.

Esos casi 7 años de desierto, como ella se refiere a su cautiverio, le han dejado el alma llena de heridas pero ni una pizca de odio, resentimiento o venganza. Ahora quiere crear una fundación para ayudar a los secuestrados y fomentar el diálogo. Hacía tiempo que no veía a alguien tan fuerte y frágil a la vez. Y esa mirada triste y cansada incluso cuando sonríe. Qué pena no tener más tiempo! pero me siento tan regalada!

Ella, mientras, no para de dar las gracias por esta nueva oportunidad que le da la vida aunque es consciente de que siempre será rehén de su pasado.

Al final pudimos hacer un montaje decente, no a los ojos de un experto pero decente ,y aprovechamos buena parte de lo grabado. La fuerza de sus palabras nos salvó.

NI CARNE NI PESCADO

Los que me conocen de verdad saben que lo que voy a deciros es absolutamente cierto y sincero. Me dedico, disfruto, río, lloro, me peleo y me gano la vida con lo que más me gusta y con lo único que sé hacer. Pero no hay día que no pase sin decirme que no estoy hecha para esto y que voy a dejarlo. ¿Por qué sigues?, debéis pensar. Pues porque el periodismo es más que una profesión. Es un compromiso. Es igual que seas corresponsal de una gran cadena que redactor de un gratuito de barrio. A veces, muchas veces, hasta tiene más valor esto segundo.

Este verano he dedicado mucho tiempo a pensar si debía seguir escribiendo en este blog. Un espacio que la televisión pública puso a vuestro alcance para que establezcamos eso tan importante en la vida como es el simple y sencillo placer de comunicarnos y... acercarnos. Un placer que a veces hasta puede provocar dolor al comprobar que el mundo sólo sigue dando vueltas porque son más los que quieren que siga avanzando que los que quieren que se pare. Mis compañeros de la Web de rtve trabajan con ilusión para hacer cada día más eficaz esta herramienta. En vosotros y en ellos he pensado para decidirme volver a conectar. Y hoy alguien, de quien después os hablaré, me ha empujado hasta dar el paso que me resistía.

Sin embargo quiero ser honesta. No sé si voy a saber nadar y guardar la ropa. La objetividad es una palabra que se inventó para complacer a los que prefieren las medias verdades. En periodismo sólo existe el rigor. Además hay algo que no debo ni puedo olvidar: este es un blog personal pero no es un blog particular. Eso me pone límites a mí, el respeto nos los pone a todos.

Bien, dicho esto, vamos a darnos otra oportunidad. Quien me ha convencido es el Premio Nobel de la Paz y Presidente del Panel de Expertos del Cambio Climático de la ONU, Rajendra Pachauri. Una de esas personas que cree que las pequeñas cosas pueden hacer grandes cambios. Incluso sabiendo que le dirán loco y que algunos se le echarán encima ha afirmado que deberíamos abstenernos, al menos una vez a la semana, de comer carne.

Según Pachauri el consumo de carne conduce a la deforestación, la sequía y la polución del aire. En consecuencia, acelera el cambio climático y aumenta la injusticia social, algo que conoce muy bien por sus orígenes. “Es más fácil no comer carne que dejar el coche en casa. Un bistec menos y ayudaremos a salvar la tierra”, asegura. Su argumento se basa en datos irrefutables. La producción de piensos y la emisión de metano del ganado son los responsables de una quinta parte de los gases de efecto invernadero.

¿Qué tiene todo esto que ver con lo que os decía al empezar? Pues que Rajendra Pachauri no nos pide que seamos vegetarianos como él. Ni que elijamos entre carne o pescado. A Pachauri, como a mí, -y ese ha sido el empujón- simplemente no le gusta los que no son ni una cosa ni la otra. Sólo nos recuerda que muchos granitos de arena hacen montañas.

Gemma García


Gemma García es corresponsal de Televisión Española en Nueva York, una de las grandes capitales del mundo y un foco continuo de actualidad. Vivir en Nueva York no es ni vivir en América, ni en Norteamérica, ni siquiera en Estados Unidos, pero por alguna razón mi subconsciente se ha enganchado al Living in America de James Brown entre taxis amarillos y alcantarillas que fuman.
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