Welcome to New York o la avaricia superlativa
No supe si al señor Cohen no le gustaban las mujeres o si eran fechas complicadas, por religión, para tocar al sexo opuesto...pero quedó bien claro que el gestor del edificio en el que vive mi amiga nos estrechaba aquella mano de gelatina caliente sólo por cuestión de negocios. La cosa es que mi amiga tiene contrato de alquiler hasta el 2012 y, teniendo en cuenta que el mercado inmobiliario ha caído en torno a un 30%, intentaba renegociar con los propietarios. Su propuesta, razonable a mi entender hasta que conocí al señor Cohen, consistía en mudarse a una casa más pequeña del mismo edificio y seguir pagando el mismo precio por metro cuadrado. En realidad ella pagaría el metro cuadrado muy por encima del precio de mercado pero le saldría más barato porque el piso era más pequeño (no sé si me he explicado...soy fatal para la aritmética del metro cuadrado).
En teoría el señor Cohen no movió ni un músculo...pero yo juraría que el moflete inferior le tembló de avaricia. Así que esperamos un golpe bajo tipo "a todo que no y las cosas se quedan como están". Pero el señor Cohen hace años que es el señor Cohen, que huele la desesperación del inquilino y le tiene tomada la medida, que disfruta de los vaivenes del mercado inmobiliario desde la barrera y apuesta y espera, apuesta y espera. Así que hizo una propuesta, descabellada a mi entender hasta que conocí al señor Cohen: si mi amiga encontraba un subinquilino dispuesto a pagar EL MISMO PRECIO que ella estaba pagando hasta ahora (así el señor Cohen no perdía ni un dolar), el propietario rompería el contrato anterior (que los "ataba" hasta dentro de tres años) pero sólo si ella además alquilaba el apartamento más pequeño pagando 30 DOLARES MÁS POR METRO CUADRADO de lo que pagaba por el apartamento más grande. Así, dijo el señor Cohen (y yo juraría que ya le temblaban de avaricia los dos mofletes), todos ganaban: él porque cobraría por el apartamento pequeño muchísimo más de lo que marca el mercado y ella porque cada mes gastaría menos de lo que estaba gastando aunque el apartamento fuera muchísimo más pequeño.
¿Es una genialidad o es usura?



