2 posts de abril 2009

Welcome to New York o la avaricia superlativa

No supe si al señor Cohen no le gustaban las mujeres o si eran fechas complicadas, por religión, para tocar al sexo opuesto...pero quedó bien claro que el gestor del edificio en el que vive mi amiga nos estrechaba aquella mano de gelatina caliente sólo por cuestión de negocios. La cosa es que mi amiga tiene contrato de alquiler hasta el 2012 y, teniendo en cuenta que el mercado inmobiliario ha caído en torno a un 30%, intentaba renegociar con los propietarios. Su propuesta, razonable a mi entender hasta que conocí al señor Cohen, consistía en mudarse a una casa más pequeña del mismo edificio y seguir pagando el mismo precio por metro cuadrado. En realidad ella pagaría el metro cuadrado muy por encima del precio de mercado pero le saldría más barato porque el piso era más pequeño (no sé si me he explicado...soy fatal para la aritmética del metro cuadrado).

En teoría el señor Cohen no movió ni un músculo...pero yo juraría que el moflete inferior le tembló de avaricia. Así que esperamos un golpe bajo tipo "a todo que no y las cosas se quedan como están". Pero el señor Cohen hace años que es el señor Cohen, que huele la desesperación del inquilino y le tiene tomada la medida, que disfruta de los vaivenes del mercado inmobiliario desde la barrera y apuesta y espera, apuesta y espera. Así que hizo una propuesta, descabellada a mi entender hasta que conocí al señor Cohen: si mi amiga encontraba un subinquilino dispuesto a pagar EL MISMO PRECIO que ella estaba pagando hasta ahora (así el señor Cohen no perdía ni un dolar), el propietario rompería el contrato anterior (que los "ataba" hasta dentro de tres años) pero sólo si ella además alquilaba el apartamento más pequeño pagando 30 DOLARES MÁS POR METRO CUADRADO de lo que pagaba por el apartamento más grande. Así, dijo el señor Cohen (y yo juraría que ya le temblaban de avaricia los dos mofletes), todos ganaban: él porque cobraría por el apartamento pequeño muchísimo más de lo que marca el mercado y ella porque cada mes gastaría menos de lo que estaba gastando aunque el apartamento fuera muchísimo más pequeño.

¿Es una genialidad o es usura?

Haz ruido....un poco de gula y bastante ira.

Habría sabido dónde estaba aunque me hubieran extirpado la mitad del cerebro y paseado durante siglos por otras galaxias…..y eso que era la primera vez que pisaba una cancha de la NBA. Pero una acumula ya años de series de sobremesa en televisión, dramas adolescentes de High School (para las de mi generación, una versión entre glamourosa y plástica del Instituto) y sentimientos de amor-odio hacia las cheerleaders…así que tanto bagaje se me echó encima el viernes pasado en la cancha de los Nets.

Digamos, de entrada, que todo es según el guión: mucho adolescente de pantalón caído y gorra para atrás; toneladas de carteles publicitarios; música a tope de Bruce Springsteen, Michael Jackson y hasta del Séptimo de Caballería; sorteos de camisetas, comida mexicana, tarjetas para el móvil y todo lo que puedas imaginar durante los descansos. La gente, toda, come toneladas de perritos calientes, alitas de pollo con salsa barbacoa o palomitas y bebe Pepsi y cerveza. Yo piqué con las palomitas y la cerveza…después de poder demostrar, no sin esfuerzo, que tengo más de 21 años (???). Ni el DNI español, ni las acreditaciones de prensa le valían a aquella chica como prueba y sólo se dejó convencer por el carnet de conducir con estrellitas europeas.

Que me pidieran documentación para comprar alcohol me sorprendió (salta a la vista que yo ya no tengo 21) pero me sorprendieron mucho más:

-Los marines vestidos de marines plantando la bandera en la cancha justo antes de que un grupo de soul (famoso, por lo visto, en los 70) cantara el himno y todo el estadio se pusiera en pie con la mano en el pecho.

-Las cheerleaders, tan jovencísimas (entre 13 y 17 años), tan elásticas, tan monas, tan coordinadas…¿cuántas horas entrenan? ¿cómo las seleccionan? ¿estarán contentas sus madres? (preguntas, como veis, de gran calado)

Y me sorprendió, sobre todo, el culto al ruido: el estruendo de la música, de las bocinas, de los berridos a favor de unos y en contra del adversario. A ratos, incluso, aparecía un marcador gigante que animaba a hacer ruido y marcaba los niveles. Altísimos, claro.

Y entre una cosa y otra….aquellos dos equipos jugaron al baloncesto. Ganaron los Lakers, según lo previsto. Gasol se salió, con 37 puntos, y el resultado nos venía bien para arrancar nuestra entrevista. En realidad estaba prevista para antes del partido pero Pau prefirió dejarla para después y esperamos sin problemas. Acaba el partido, te meten en un vestuario con 15 periodistas más, entran y salen los jugadores, se duchan, se ponen hielo en las rodillas, se visten…..y se van. La entrevista que nos había costado mes y medio negociar se quedó en tres preguntas ¨aquí te pillo aquí te mato¨ a empujones con los demás colegas.

Menos mal que el periodismo se está quedando ya en algo residual que puede hacer cualquiera, que cada vez cierran más periódicos, echan a más profesionales de los de antes y contratan a aficionados por dos euros…menos mal que las entrevistas se van quedando en asaltos micrófono en mano con preguntas apresuradas y respuestas sin contenido…que como te hubieras molestado en prepararte la entrevista, en documentarte, en pedirla con tiempo, en cumplir todos los trámites y acreditaciones…y en esperar 6 horas al entrevistado era como para que te diera un ataque de ira.

Gemma García


Gemma García es corresponsal de Televisión Española en Nueva York, una de las grandes capitales del mundo y un foco continuo de actualidad. Vivir en Nueva York no es ni vivir en América, ni en Norteamérica, ni siquiera en Estados Unidos, pero por alguna razón mi subconsciente se ha enganchado al Living in America de James Brown entre taxis amarillos y alcantarillas que fuman.
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