A veces no pensamos en nosotros mismos, en cómo somos físicamente, hasta que no nos comparamos. Somos más gordos si nuestra persona de referencia es muy flaca, más ágiles si nos fijamos en un torpe o más bajos si caminamos junto a un gigante. Yo hoy, por ejemplo, me siento una bajita de 1,70 tras haber pasado 3 días en las finales de la NBA. Otro planeta. Un planeta (al que he aterrizado, con permiso de Elena Jiménez, la compañera de deportes que sabe de verdad de esto) donde conviven deporte, espectáculo, esfuerzo, negocio, dinero, entretenimiento, ilusiones....y unos seres humanos de otra dimensión, como del piso de arriba, pero seres humanos. Tienen millones de fans, sueldos estratosféricos y una maquinaria, la de la NBA, engrasada a la perfección, que trabaja insaciable su imagen de héroes-personajes para que se la crean hasta ellos mismos. Pero hasta los héroes tienen, afortunadamente, su trastienda. Está, por ejemplo, el entrenador de Los Lakers, Phil Jackson, que el domingo consiguió su décimo anillo, uno para cada dedo. Un tipo enorme, que se mueve con mucha dificultad. Trata a los chicos con autoridad, con exigencia casi con desapego pero se nota que hay complicidad, cariño y respeto de ida y vuelta. Me recordaba un poco, y no sé bien por qué, al Club de los poetas muertos. Está, por ejemplo, Dwight Howard, jugador del Orlando Magic. 24 años, 120 kilos, 2,11 metros. Proporcionado, ágil, físicamente perfecto. Le llaman Superman y al tenerlo cerca se entiende...pero su actitud es tan de comerse el mundo demasiado deprisa que de repente, y no sé bien por qué, me acordé de Maradona. De D.J Mbenga me daba un poco de pena...tan altísimo, tan desgarbado. Los periodistas no le hacen mucho caso, no se arremolinan a su lado, ni le hacen preguntas...ni siquiera estúpidas...no esperan ansiosos sus declaraciones en el vestuario. Me imaginé una infancia difícil en un barrio marginal y me dieron ganas, no sé bien por qué, de invitarlo a comer a casa. Y está, desde luego Pau, tan altísimo, tan desgarbado ¿Se reirían de él en el cole como se reían de mi aparato? Los periodistas le hacen mucho caso y se empujan para hacerle preguntas...algunas incluso inteligentes y los compañeros de equipo, se nota mucho, le quieren, incluido Kobe dios Bryant, cuyo reino no es de este mundo. El inglés de Pau es perfecto y, después de 8 años en Estados Unidos, se le ve muy integrado. Pero no se le olvida, y hace bien, lo duro que fue al principio. Parece tímido, buen chaval, muy amable. No va de nada y procura hacer un hueco a la prensa española a pesar de los guardianes de la NBA. Daba ternura verle el lunes tan contento como un niño grande, muy grande, y a su madre, una señora campechana y de andar por casa, subida a una silla haciéndole fotos. ¡Lo que habrá pasando esa mujer haciendo camas y comprando zapatillas de deporte! Y de repente, no sé bien por qué, me alegré por ese chico como si fuera de mi familia.