2 posts de enero 2010

Haiti como un sueño

Todavía no sé si está pasando. No puede estar pasando. Lo he visto en tantas películas...Quizás son alucinaciones, quizás hace demasiados días que no duermo en una cama. No puede estar pasando. Estos muertos por la calle, hinchados ya por el calor, descomponiéndose. Este niño malcomiendo en el suelo, junto a su madre, junto al cadaver de su tía pudriéndose a 30 grados...y las moscas. ¿Por qué no se separan de él? Porque es su hermana y no la van a dejar sola. Y yo camino entre eso y no subo al niño, a la madre, a los que quepan en mi furgoneta porque esto es un sueño y no sabría qué hacer con ellos, dónde llevarlos. Y si subo a cinco ¿por qué no subir a 50, a 500, a los 5.000 que probablemente hay en esta plaza lamentándose bajito porque es lo que llevan haciendo desde siempre?

Menos mal que es un sueño. Si no lo fuera, igual que yo he llegado hasta aquí llegarían ellos, los camiones con ayuda que he visto en la frontera, el cargamento de todos los aviones que he visto en el aeropuerto...la ayuda no sería sólo noticia, llegaría.

Dice un compañero que los he tocado, a todos los que se acercaban a contar sus penas, a suplicar ayuda...con el calor que hace y el polvo y la miseria...y la muerte que arrastran desde hace cinco días. Yo no he sido consciente, pero menos mal que es un sueño soñado desde mi mundo profiláctico.

Y no saber cuánto y cómo hay que contarlo, cuánto y cómo hay que enseñarlo...si tirar tu toalla y arrimarte a los que salvan vidas...o lo que sea. Y sentirte mal porque te vas a ir y ellos se quedarán y dejaremos de hablar de ellos después como habíamos dejado de hablar antes. Y sentirte tan impotente...

Menos mal que es un sueño.

A veces madre, siempre madrastra

España es un buen lugar para las dos únicas cosas a las que me une una fe ciega: los reyes magos y las barras de los bares. Lo de los reyes magos no lo puedo explicar, es un tirón irracional que, supongo, tiene que ver con la ilusión infantil y el milagro de que, aún hoy, pongo el zapato junto a la ventana y a la mañana siguiente está lleno de regalos. Lo de la barra de los bares lo podría explicar pero no hace falta. Todos sabéis a qué me refiero: la charla con la gente a la que quieres (ahora tan a trasmano) entre vino y caña, caña y vino, el pincho de tortilla del Herbe o el Corinto (ambos en Valladolid...barriendo para casa) y el tiempo que pasa y te va acunando. En Nueva York y en Roma hay lugares que se parecen, pero no son lo mismo salvo en lo que son mejor...a saber: no hay humo de tabaco.

De España me he traido también las cosas que funcionan: el 010 del ayuntamiento de Madrid, aunque sea con un gobierno del PP. Y el AVE a Valladolid, aunque sea con un gobierno del PSOE...y me he traido esos ratos que luego te pellizcan cuando vives lejos.

Aparte está todo lo demás, que ahora me llama la atención porque lo veo desde fuera y comparo y que se resume en dos: los españoles nos quejamos de TODO y tendemos a la mezquindad.

Y es que con publicidad, malo. Sin publicidad, también. Con Zapatero, malo. Con Rajoy, también. Los artistas protestan, los internautas también...y los agricultores, los empresarios, los fumadores. Protestan todos y no todos con razón. Los restaurantes de lujo están a tope pero son quienes los abarrotan los que más se quejan de la crisis. Todos sabían lo que estaba haciendo Belen Esteban y casi nadie lo que le estaban haciendo a López de Uralde. Todos hablan mal de todos y ponen problemas pero casi nadie arrima el hombro buscando soluciones. La mentira sale gratis, la difamación también...y asoma un discurso de ultraderecha sin complejos que debería preocuparnos pero no nos preocupa. Estamos irritados, irascibles, antipáticos, pesimistas y la gente se ríe a golpe de calendario pero apenas sonríe por la calle. Se reflexiona cada vez menos, se escucha cada vez menos, se todo cada vez menos...y uno se pregunta si siempre hemos sido así o si es un cabreo pop y pasajero.

De vuelta a este país, en el que no se protesta por casi nada, recuerdo una frase de uno de mis grandes clásicos particulares: "Eran españoles, iban discutiendo. Valga la redundancia".

Feliz año nuevo.

Gemma García


Gemma García es corresponsal de Televisión Española en Nueva York, una de las grandes capitales del mundo y un foco continuo de actualidad. Vivir en Nueva York no es ni vivir en América, ni en Norteamérica, ni siquiera en Estados Unidos, pero por alguna razón mi subconsciente se ha enganchado al Living in America de James Brown entre taxis amarillos y alcantarillas que fuman.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios