Haiti como un sueño
Todavía no sé si está pasando. No puede estar pasando. Lo he visto en tantas películas...Quizás son alucinaciones, quizás hace demasiados días que no duermo en una cama. No puede estar pasando. Estos muertos por la calle, hinchados ya por el calor, descomponiéndose. Este niño malcomiendo en el suelo, junto a su madre, junto al cadaver de su tía pudriéndose a 30 grados...y las moscas. ¿Por qué no se separan de él? Porque es su hermana y no la van a dejar sola. Y yo camino entre eso y no subo al niño, a la madre, a los que quepan en mi furgoneta porque esto es un sueño y no sabría qué hacer con ellos, dónde llevarlos. Y si subo a cinco ¿por qué no subir a 50, a 500, a los 5.000 que probablemente hay en esta plaza lamentándose bajito porque es lo que llevan haciendo desde siempre?
Menos mal que es un sueño. Si no lo fuera, igual que yo he llegado hasta aquí llegarían ellos, los camiones con ayuda que he visto en la frontera, el cargamento de todos los aviones que he visto en el aeropuerto...la ayuda no sería sólo noticia, llegaría.
Dice un compañero que los he tocado, a todos los que se acercaban a contar sus penas, a suplicar ayuda...con el calor que hace y el polvo y la miseria...y la muerte que arrastran desde hace cinco días. Yo no he sido consciente, pero menos mal que es un sueño soñado desde mi mundo profiláctico.
Y no saber cuánto y cómo hay que contarlo, cuánto y cómo hay que enseñarlo...si tirar tu toalla y arrimarte a los que salvan vidas...o lo que sea. Y sentirte mal porque te vas a ir y ellos se quedarán y dejaremos de hablar de ellos después como habíamos dejado de hablar antes. Y sentirte tan impotente...
Menos mal que es un sueño.



