4 posts de marzo 2010

Temer y desconfiar


Cada cuarto de hora aproximadamente, la cadena CNN (la que tengo permanentemente sintonizada) emite éste o cualquier otro anuncio similar de la empresa de seguridad Broadview Security...y yo, cada cuarto de hora aproximadamente, me quedo enganchada


Y me quedo enganchada porque es una situación por la que todos hemos pasado. Tú haces una fiesta en casa, conoces a un chico con cara de buen chaval que te mola, tú le molas a él, y en vez de intercambiar teléfonos o pasar directamente a mayores o quedar para mañana pues el tío se hace el longuis, da una vuelta por el barrio esperando que apagues las luces de casa, arranca la puerta de cuajo y te ataca. Lo normal en cualquier fiesta, vaya.

Al principio el anuncio me hizo gracia (quééé fuerrrrtes los americanos, piensa una en su inocencia de recién llegada, cómo se pasan en las fiestas cuando beben) pero poco a poco ves que las fiestas de los americanos son básicamente como las de los españoles o los italianos, que beben más o menos lo mismo y que no van atacando a las chicas a la primera de cambio. Es entoces cuando, además, el anuncio te inquieta porque pretende asustar para hacer negocio a costa de lo que sea. Un clásico, por otra parte, en un país que hace a diario negocios de miles de millones de dólares apelando al miedo y la desconfianza.

Porque no basta temer a los malos oficiales. Hay que desconfiar de ese vecino con cara de buena gente y blindar tu casa por si acaso y a un módico precio. No basta con hacer la guerra contra el que nos ataca. Hay que inventar la guerra preventiva por si acaso y destruir por si acaso y hacer negocio reconstruyendo por si acaso. Hasta el debate sobre el sistema sanitario se articula sobre la desconfianza: "si el de al lado no tiene seguro médico será porque es un vago y no trabaja. ¿Por qué tengo yo que pagarle el seguro con mis impuestos?" Lo que nadie, curiosamente, se pregunta es por qué el 40% de los impuestos que se pagan en este país se gastan en armamento. ¿Será porque les han metido mucho miedo?

Las mujeres de Obama

Esta vez no son ni Michelle, ni Malia, ni Sasha. Esta vez han sido Nancy y Kathleen las que acompañarán a Barack Obama en una de las fotos de su vida: la del día en el que, al fin, firmó la reforma sanitaria. Ha sido una pelea dura, larga...y personal para el presidente. Se ha sentido solo (y muchas veces con razón) dentro de su propio partido y entre sus principales asesores, partidarios de que retirara una ley que le podía costar la presidencia y su carrera política. Pero obama decidió aguantar el tirón, básicamente por ellas.

Por su madre, para empezar, a la que vió pelear contra la tiranía de las aseguradoras durante toda la enfermedad de la que finalmente murió. A ella le ha dedicado hoy esta ley.

Por la ministra de Sanidad, Kathleen Sebelius, que ha hecho un trabajo de fondo, dificil y discreto, ajustando la ley en función de necesidades y exigencias políticas, recogiendo miles de casos y testimonios: a favor, en contra, de médicos, enfermeras, enfermos, aseguradoras.

Y por Nancy Pelosi, la presidenta de la cámara de representantes y sorpresa de toda esta negociación, por su elegancia al sacar las uñas y su enorme habilidad política a una edad a la que otros hablan de casi todo en pasado. Pero ni el hábito hace al monje ni el monje, en este caso, está para prejuicios y la aparentemente frágil y quizás demasiado bien peinada Pelosi ha protagonizado algunos de los "grandes existos" de una reforma que necesitaba mucha perseverancia, trabajo duro, confianza en lo que se está haciendo...y un poquito de retranca. Vayan, en su honor, este par de frases que le he oido estos días:

"Pasaremos por la puerta. Si la puerta está cerrada, saltaremos la valla. Si la valla es demasiado alta, usaremos una pértiga. Si eso tampoco funciona, utilizaremos un paracaídas. Pero vamos a aprobar esta reforma sanitaria".

"Cuando aprobemos la reforma, ser mujer ya no será una enfermedad; ni tener hijos o decidir no tenerlos una razón para que en este país te nieguen el seguro"

Kathleen Sebelius y Nancy Pelosi

Delibes que estás en los cielos

Ha vuelto a pasar y pasará como siempre ha pasado. Alguien se muere y entonces, sólo entonces, recordamos… y entonces, casi sólo entonces, se disparan los epítetos. A mí, sin embargo, la figura de Miguel Delibes no me sugiere grandes palabras sino, simplemente palabras de su lengua, el castellano, de mi lengua, el castellano…y me unen a su recuerdo algunas cosas que hoy, sólo hoy después de tanto tiempo, he recordado:

En mi casa se comentaba que el vecino era escritor pero a mí, a los cinco años, el vecino me daba lo mismo porque era muy serio. Ahora ni siquiera recuerdo cómo era entonces. Recuerdo a su mujer, que no era escritora pero era mucho más simpática y siempre iba con niños, algunos de mi edad. Cuando me contaron que la vecina había muerto, no pensé siquiera en el señor, que era tan serio, sino en los niños, que se quedaban sin madre pero cuando leí “Mujer de rojo sobre fondo gris” sentí no haber sido un poco más cariñosa con el vecino.

El vecino y sus niños se cambiaron de casa y nosotros también, a otra pero en la misma calle. Ahora no me lo encontraba en el ascensor pero lo veía pasear por la calle, con aquel Loden verde y una visera de cazador como la de mi padre. Yo cumplía años y me empecé a fijar en él porque siempre iba sólo y triste…o a mí me lo parecía, porque había perdido a su mujer y en casa se comentaba que “no lo había superado”.

A los 13 leí “El príncipe destronado” como buscando algo pero no encontré lo que buscaba quizás porque nunca me había sentido “destronada”. A los 15 insistí con “La sombra del ciprés…” más por curiosidad hacia el vecino que con la esperanza de buscar lo que encontraba…y entre unas cosas y otras encontré el pesimismo y el sentimiento trágico de la vida que el vecino llevaba escrito en la cara (o que a mí me lo parecía, porque había perdido a su mujer…) pero encontré también el disfrute en las palabras bien escritas, el remusguillo del periodismo y la sospecha de que las cosas no eran como me las estaban contando.

A partir de ahí decidí leer ya siempre al vecino y “San Manuel bueno, mártir” de Unamuno porque en el colegio me habían dicho que no lo leyera. Nunca me alegraré lo suficiente. Me aprendí párrafos enteros de “Cinco horas con Mario” que cayó en la selectividad y saqué tan buena nota que lo interpreté como una señal. Fui periodista y practiqué en El Norte de Castilla, donde se hablaba del vecino con reverencia…y pasó el tiempo, muchas cosas y muchos otros escritores, novelas de otros, suyas, más tiempo….y “El hereje”. Cogí “El hereje” con miedo, miedo a haber cambiado yo o que hubiera cambiado el vecino, a no sentir el mismo entusiasmo ni el mismo deleite de antes y a la tercera página me dí cuenta de que no tenía motivos.

Hoy el vecino, se ha muerto y yo creo que me alegro. Hablaba con tanta curiosidad de la muerte, con tanto desapego de la vida, con tanta nostalgia de aquella vecina tan amable a la que sí recuerdo que, por primera vez, intuyo en su gesto un asomo de alegría.

Esto es Hollywood

El Boulevard Hollywood vuelve a ser tan cutre como lo fue hace una semana. El paseo de la fama tan de medio pelo (salvo para diagnósticos serios de mitomanía) y las tiendas de recuerdos de alrededor tan parecidas a las del Santuario de Fátima, que se echa mucho de menos la parafernalia oscarina. Es cierto que la alfombra roja es demasiado de plástico, las flores demasiado de quita y pon y las esculturas-Oscar demasiado de cartón piedra pero el decorado le da al entorno un no sé qué que, al día siguiente, se extraña.

No voy a hacer balances...estoy un poco post parto y me veo incapaz. Pero así, a cascoporro, que diría Muchachada (sniff, sniff...cuánto siento que se vayan), creo que a la Academia le han faltado agallas para casi todo. Le han faltado, de entrada, agallas para premiar una película que les va a desmontar el chiringuito tal y como se conoce hasta ahora. Como el modelo Avatar se imponga (y el público, de momento, parece ir por ahí) el cine de actores, directores y decorados convencionales tiene las horas contadas, y el que no quiera verlo (Antonio Banderas dixit) es que está ciego.

Vale que han premiado una buena película, una excelente película... pero no recuerdo que En tierra hostil provocara tantos aplausos cuando se proyectó en el Festival de Venecia hace año y medio (bien es cierto que la vimos a las ocho de la mañana...y eso influye) ni entiendo por qué ha tardado tanto en estrenarse...salvo que estuviéramos esperando a que el público se reconciliara con la guerra de Iraq. En Tierra hostil ha sido una excusa perfecta contra Avatar: cine bélico de calidad y bajo presupuesto (¨se puede hacer buen cine con dos duros¨, bonito mensaje) pero, puestos a hablar de Iraq, la de los hombrecillos azules también valía.....o ¿es que el desembarco del hombre blanco en el planeta Pandora habla de otra cosa?

Yo, si fuera la Academia, hubiera premiado UP: bendices las nuevas tecnologías...pero con contenido, que es lo que realmente le falta a esa mezcla de Bailando con lobos y Pocahontas que es Avatar.

A lo demás no le daré demasiadas vueltas. Si son agallas (y justicia) darle el oscar a Sandra Bullock por su papel en The Blind Side, que venga la virgen de Fátima y lo vea. Aunque su simpatía y su fair play son de premio...pero de otro premio .

Jeff Bridges y El secreto de sus ojos merecen lo que les den...lo siento, son debilidades.

Y poco más....o quizá no:

- La seguridad en torno a la ceremonia es, directamente, demencial. Te descuelgas la acreditación 30 segundos para ponerte una chaqueta y unos señores de uniforme te llevan detenido. No te digo nada si tu vestido lleva tachuelas metálicas, pita (claro) en el arco y no puedes (claro) quitártelo.

- Dedicarte al cine es agotador. No hablo ni de los periodistas, ni siquiera de los periodistas que trabajamos ¨contra¨ la diferencia horaria europea...sino del ritmo de fiestas, ruedas de prensa, mesas redondas, ensayos y sesiones fotográficas de actores, directores y productores. Que sí, que les va en el sueldo...pero que tiene que ser complicado cuando, además, no puedes dejar de sonreir.

-Y en este sentido, Penélope Cruz , se sale. Defienda el papel que defienda, esté mejor o peor en él, Penélope siempre está en su sitio...siempre responde bien. Prefiere Nueva York a Los Angeles pero a Los Angeles le está muy agradecida, prefiere En tierra hostil pero Avatar no está mal, su casa está en España pero a Estados Unidos le debe mucho, colabora con Haití pero hace tiempo y no sólo ahora que está de moda. Aquí, desde luego, es una super estrella como hay pocas y está cada vez más guapa pero yo, no sé por qué, me la imagino más ella con camiseta, vaqueros y botellín de cerveza a morro que mirándome desde vallas y portadas por todo el país....porque lo vale.

Gemma García


Gemma García es corresponsal de Televisión Española en Nueva York, una de las grandes capitales del mundo y un foco continuo de actualidad. Vivir en Nueva York no es ni vivir en América, ni en Norteamérica, ni siquiera en Estados Unidos, pero por alguna razón mi subconsciente se ha enganchado al Living in America de James Brown entre taxis amarillos y alcantarillas que fuman.
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