Así definió en su momento Hollande la relación entre París y Berlín, y desde luego, es la que viene reinando constantemente entre ambas capitales. Como último ejemplo de ello, la polémica que se ha arrastrado durante todo el fin de semana, después de que el viernes se filtrara un - cuando menos - ácido proyecto de texto del Partido Socialista de Francia, en el que calificaban a Angela Merkel de canciller de la austeridad e intransigente egoísta...
Al día siguiente, el sábado, tuvo que intervenir el germanófilo primer ministro Jean-Marc Ayrault, recordando en Twitter, en alemán y en francés, la indispensable amistad franco-alemana y la necesidad de un diálogo intenso y sincero entre ambos países, como pilares de la Unión Europea. La presión del Gobierno llevaba a la inmediata retirada de ese texto socialista...
Tras lo cual, ya hay quien encuentra sorprendente que un partido que se supone no deja de profundizar en la democracia interna de sus militantes, no tarde ni 24 horas en borrar unas palabras bajo la sola petición del Ejecutivo...
Pero la polémica no terminaba ahí, ya que el presidente socialista de la Asamblea Nacional, Claude Bartolone, ha llegado a utilizar el término confrontación al referirse a la actual relación París-Berlín, y otro miembro del Gobierno, Benoît Hamon, representante del ala más a la izquierda del Partido Socialista francés, ha insistido en que hay que terminar con las políticas de austeridad en Europa, de las cuales Merkel sería una de las raras en pensar que todavía funcionan...
François Hollande se encontraría de este modo obligado a calmar las aguas con Angela Merkel, presionado por los suyos a la izquierda, y por la oposición a la derecha, que no deja pasar la oportunidad para hacerle responsable de un supuesto y creciente ambiente de germanofobia (así lo dicen en su primer comunicado común los dos rivales, y sin embargo compañeros de partido, Jean-François Copé y François Fillon).
Un debate en cualquier caso sobre la tan manida austeridad que se está abriendo paso por todo el continente, y si no, escuchen al flamante primer ministro italiano, Enrico Letta... Un debate mucho más amplio que el de la propia política interna "franco-française", cuyos ecos se repiten en Madrid, Lisboa... y Bruselas... y cuyo riesgo no creo que sea tanto el de la germanofobia, como el del euroescepticismo. Y ojo, no olvidemos que el año que viene hay elecciones europeas... Mal pintan...