Dopaje y humor
En la viñeta de Plantu en la portada de Le Monde que acaba de llegarme aparece Sarkozy pedaleando, llevando en la bicicleta a Merkel, que le sujeta una transfusión de "UMP", las siglas del partido del actual presidente. En la leyenda se puede leer Después de Contador, Sarko se dopa con Merkator.
Es decir, aquí nadie se salva de la crítica, de la mofa o de la sátira. Tampoco Contador o Nadal. Ni siquiera Richard Virenque cuando, a raíz del escándalo Festina, apareció en un vídeo similar de los guiñoles en el que le picaba un mosquito, que reaccionaba excepcionalmente tras absorber la sangre del ciclista francés. Otra cosa es si nos gusta esa crítica, esa mofa o esa sátira, o si hay límites para todo ello. Límites que tendrían que definir las leyes como, por ejemplo, el uso de los anagramas oficiales de distintas federaciones españolas.
¿Podemos pensar que en Francia tienen envidia o manía a España por sus éxitos deportivos? Supongo que organizar las dos pruebas más importantes del ciclismo y el tenis mundial, y ver - año tras año - que ningún francés alcanza la victoria, no debe ser fácil de digerir. Pero generalizar es otra cosa, y no suele ser justo. Prueba de ello es el escaso eco que han tenido a este lado de los Pirineos los polémicos vídeos de Canal +. Han pasado casi desapercibidos, quizá porque están acostumbrados a ellos.
A partir de ahí, si las autoridades españolas quieren emprender demandas, adelante. Aunque aquí ya lo han intentado en vano hasta jefes de Estado. Ojo, a mí, personalmente, tampoco me gusta que de manera impune se dé barra libre a la sospecha: a la larga, no sólo acabarían manchados los nombres de los deportistas de nuestro país, sino los de todos los deportistas y, lo que es peor, del deporte en sí. Por cierto, ante determinadas acusaciones, ¿no era la indiferencia el más duro de los desprecios?



