Carta Blanca para el Kremlin

    martes 18.mar.2014    por Carlos Franganillo    10 Comentarios

Cartablaca

Putin puede ser muchas cosas, pero no un idiota ni un loco. Al contrario. El presidente ruso y sus más estrechos colaboradores han diseñado una estrategia maestra y arriesgada para recuperar la influencia perdida en un país vital en sus esquemas estratégicos. El objetivo es desestabilizar a un Gobierno de Kiev compuesto por el entorno de oligarcas tan sospechosos como Yanukovich, acompañados ahora por grupos neonazis y ultranacionalistas que hicieron el trabajo sucio en la calle.

Rusia permaneció a la espera durante meses, analizando la ofensiva de Berlín y Washington en Kiev, que apoyaron sin rubor un levantamiento que al principio fue pacífico y europeísta pero que más tarde mutó radicalmente, envenenado por elementos neofascistas y violentos. Todo contra un presidente inmensamente corrupto pero elegido democráticamente en unas elecciones avaladas por Bruselas y cuando le quedaba poco más de un año para terminar su mandato.

Los desmanes vistos en Kiev han dado carta blanca a Moscú para pasar a la acción. Violada la legalidad en la capital con la bendición de Occidente, el Kremlin se sintió plenamente legitimado para mover ficha: con la ocupación silenciosa y tranquila de tropas de élite sin distintivo en Crimea, cambiando a los líderes regionales en un parlamento tomado por comandos y organizando en tiempo récord un referéndum que incluso si hubiera sido ejemplar podría haber ganado sin problemas. Junto a esos hechos consumados, Moscú tiene la capacidad de activar protestas violentas en puntos estratégicos del país: en el corazón industrial de Ucrania, como Járkov o Donétsk, donde una parte importante de la población es de origen ruso.

Crimea es una pieza clave en una partida que va a ser larga y en la que las nuevas autoridades de Kiev se enfrentan a demasiadas amenazas: cataclismo económico, descomposición de las estructuras de poder y del Ejército, grupos radicales en su bando, disturbios en las ciudades más vinculadas a Rusia y la presión militar de Moscú.

Putin y sus estrategas tienen muy claro el objetivo: recuperar influencia en un área clave para su defensa ante Occidente y tumbar a un Gobierno que carece de suficiente apoyo entre quienes protestaron en Maidan. Hoy un amplio sector de la sociedad ucraniana que salió a la calle con el ánimo de vivir en un país mejor ha visto cómo el proceso quedaba secuestrado por la misma clase política que en la última década llevó al país a la ruina. No sólo eso. Ahora la amenaza del nacionalismo, incubada en el Oeste del país durante décadas, tiene una misión y un papel destacado.  

Carlos Franganillo   18.mar.2014 10:33    

Ucrania al borde del abismo

    domingo 26.ene.2014    por Carlos Franganillo    12 Comentarios

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El presidente Yanukovich se queda sin opciones. Ha ofrecido su gobierno a los líderes de una oposición con poco respaldo en la calle. Se ha comprometido a reformar la Constitución para reducir los poderes presidenciales, a reescribir la ley que limita el derecho de manifestación y a amnistiar a los detenidos en los disturbios. Sólo le queda una línea por cruzar: convocar elecciones presidenciales anticipadas y mantenerse hasta entonces en el cargo o dimitir.

La otra salida es aplicar la fuerza policial o militar para reprimir una protesta que ya se extiende por gran parte del país, fundamentalmente en el Oeste, muy alejado de la influencia rusa y vinculado históricamente a Polonia y al Imperio Austro-Húngaro. El avance de la oposición es constante y cuenta con la falta de respuesta por parte de las fuerzas de seguridad en muchas de esas ciudades. Será decisivo saber si se produciría una escisión en los cuerpos del Estado encargados de ejercer la violencia…¿se posicionarán en algunas zonas del lado de los manifestantes, negándose a cumplir órdenes en el mejor de los casos?

En los últimos días la oposición ha ocupado edificios del Estado o ha activado movimientos similares a los de Kiev en más de 10 regiones, sin que de momento se adviertan levantamientos contrarios en la parte Este del país, granero de votos de Yanukovich y con enormes vínculos  culturales y económicos con Moscú. Las autoridades de Crimea, la región que perteneció a Rusia hasta mediados del siglo XX han pedido que se declare el estado de emergencia y aseguran que no acatarán ningún acuerdo salido de la negociación entre la oposición y el Gobierno.

Las protestas de estos meses y especialmente los disturbios han acentuado las tensiones regionales de un país claramente dividido en 2 partes.

¿Cómo se ha llegado hasta aquí?

 Desde mi punto de vista todo el que podía cometer errores lo ha hecho. Y en abundancia.

La oposición ha lanzado un órdago al Estado sin calcular sus propias fuerzas y bajo unas premisas que han metamorfoseado. De la petición de asociación con Europa se pasa ahora al derrocamiento del jefe de Estado al que acusan de dirigir un sistema corrupto, con tics autoritarios siguiendo el modelo de Vladimir Putin. En ese viaje se les han unido desde el comienzo grupos de extrema derecha con una agenda propia, o el partido populista xenófobo Svoboda, con escasas cualidades europeístas. La falta de liderazgo y de sintonía con la calle es también un riesgo que reduce su capacidad para controlar a la masas, desatando fuerzas que toman decisiones por sí solas y que han logrado liderar la protesta recurriendo a la violencia. Los más radicales han radicalizado a otros manifestantes moderados que han conseguido más cosas lanzando cócteles molotov que acampados durante semanas en la Plaza de la Independencia.

El presidente Yanukovich ha jugado mal los tiempos. Si pensaba negociar, debió hacerlo al principio cuando las reivindicaciones eran más limitadas. Perdiendo un tiempo precioso ha logrado convertir la protesta en la excusa para que explote el hartazgo de amplios sectores de la población, cansados de que el hijo del presidente y sus amigos –la oligarquía de nuevo cuño en Ucrania- se hagan multimillonarios mientras el país se asoma a la bancarrota. Yanukovich optó por no escuchar a la oposición y ha acabado acentuando las tensiones Este-Oeste en un país demasiado artificial como para resistirlas. 

La Unión Europea y EEUU han respaldado una protesta con enormes errores de cálculo, únicamente por su interés en infiltrarse en el espacio post-soviético para debilitar a Rusia. Desde el primer día sus responsables, ministros y diplomáticos se han paseado por el campamento en señal de apoyo, dándole una bofetada a un presidente elegido democráticamente en unas elecciones avaladas por la propia UE. Además ha impulsado unas protestas en las que participa un partido como Svoboda, que roza la extrema derecha, y no ha querido ver el componente radical del movimiento (minoritario pero ruidoso). Para colmo ha distorsionado el mensaje de la calle para consumo de su propia opinión pública: “en Ucrania se pelean por entrar en la UE mientras muchos miembros quieren abandonarla”. La protesta tiene muchas sensibilidades y el sentimiento europeo no es el motor de lo que está ocurriendo, sino más bien el deseo de un cambio de sistema.

Diplomáticamente Rusia ha mantenido sus posiciones sin estridencias para defender su órbita de influencia en un territorio estratégico, aunque deslegitimando desde el principio un movimiento (antes exclusivamente pacífico) que representa a un amplio sector de la población ucraniana. En lo diplomático, Moscú ha mantenido una mayor discreción, sin la histeria europea, y ha sabido amarrar a Kiev a base de créditos milmillonarios y rebajas en el precio del gas.

El Kremlin no se permitirá perder influencia en Ucrania, un país clave para el tránsito del gas, para proyectarse en el continente europeo y para sus intereses militares, con la base de una de sus flotas en Crimea. Además Ucrania es el corazón espiritual y cultural de Rusia y las lecciones de las últimas décadas, cuando UE-OTAN-EEUU aprovecharon las horas bajas de Rusia para engullir a los países bálticos, pesan demasiado en la memoria de los estrategas rusos.

Sin duda, Vladimir Putin tiene la llave (una vez más) para desbloquear este proceso -con su influencia sobre el presidente ucraniano- o conducirlo directamente al caos. El desenlace parece próximo, pero pase lo que pase, es probable que la crisis de 2013-2014 haya abierto una brecha en el país difícil de superar en el futuro.

Carlos Franganillo   26.ene.2014 19:48    

Snowden "el silencioso"

    viernes 1.nov.2013    por Carlos Franganillo    2 Comentarios

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“Si él (Snowden) quiere permanecer aquí sólo hay una condición…debe interrumpir su labor dirigida a dañar a nuestros socios estadounidenses. No importa lo extraño que esto suene viniendo de mí”.

Ésa fue la respuesta de Vladimir Putin a una pregunta de TVE en rueda de prensa. Sus palabras saltaron a los titulares del 1 de julio de 2013 y fijaron las condiciones bajo las cuales Snowden podía quedarse en territorio ruso. El ex técnico de la CIA sólo debía guardar silencio. Y así fue en un principio, al margen de que algunos periódicos publicasen nuevos datos obtenidos por él. Sus colaboradores tenían el material, así que las filtraciones ya no tenían porque apuntarle directamente.  

Pero en las últimas semanas el silencio se ha roto, cada vez con más frecuencia…Aparentemente, Snowden es un hombre libre asilado en Rusia que habla públicamente a través de su abogado, pero quedarse en esa idea parece demasiado inocente. ¿Acaso puede Snowden moverse libremente por el corazón de Moscú sin ser visto, sin protección altamente profesional o del propio Estado? ¿Es creíble que intervenga en el debate público de temas espinosos sin el visto bueno del Kremlin? ¿Incluso contribuyendo personalmente al revuelo del espionaje masivo de EEUU a líderes europeos? ¿Cómo organiza encuentros con diputados alemanes o ex filtradores estadounidenses de un modo tan eficaz y discreto?

Si Snowden va por libre no parece que haya hecho mucho caso a las exigencias de Putin. Morder la única mano que puede darle cobijo frente a Washington no es una medida inteligente. Así que pensemos, sólo como hipótesis, que todo responde a un plan autorizado.

En plena tormenta por el espionaje masivo de EEUU a la UE, con la posible complicidad de los servicios secretos europeos, Snowden o su portavoz aparecen en los medios casi a diario, se entrevistan con políticos o anuncian que el ex técnico de la CIA comienza a trabajar en Rusia. De cuando en cuando, medios muy vinculados al Kremlin nos ofrecen instantáneas de su apacible vida en Rusia, obtenidas supuestamente con los teléfonos móviles de ciudadanos anónimos. 

No hay más que ver los esfuerzos de Washington por atrapar a Snowden (con humillación a Evo Morales incluida) para entender que sus revelaciones han hecho muchísimo daño a Estados Unidos, a su espionaje y a sus relaciones con países amigos -al menos ante sus opiniones públicas-. Agitar el fantasma de Snowden en este preciso momento debilita aún más a la Administración Obama y a su aparato de seguridad frente a Europa. No creo que el Kremlin vea ningún inconveniente en ello.

Carlos Franganillo    1.nov.2013 13:46    

Viejos zorros

    jueves 12.sep.2013    por Carlos Franganillo    1 Comentarios

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En las redacciones de Internacional de todo el mundo, el pasado lunes fue un día agitado. Los movimientos diplomáticos de Rusia, Estados Unidos y Siria se sucedieron a un ritmo vertiginoso abriendo una nueva vía de negociación en una crisis que parecía destinada a resolverse a golpe de Tomahawk. Aparentemente, el secretario de Estado John Kerry cometía un desliz al plantear que sólo la entrega de su arsenal químico salvaría a Damasco de un ataque. Moscú le tomaba rápidamente la palabra y presionaba al régimen de Asad, que poco después aceptaba la propuesta. El propio Obama veía la idea como “potencialmente positiva” y, sin congelarse del todo, el plan de ataque se enfriaba.

En los días posteriores, la Casa Blanca y el Kremlin han dado a entender que la idea se había discutido en las últimas semanas y que Obama y Putin la trataron en San Petersburgo, durante la cumbre del G-20. Es decir, era un plan coordinado entre las 2 potencias. Ésa es una de las versiones porque algunos analistas ven en todo esto una jugada maestra de Moscú, dirigida por su canciller, Serguéi Lavrov, para frenar un ataque que posiblemente no beneficiaría más que al maremágnum de grupos rebeldes que tratan de derrocar a Asad, respaldados por EEUU, Turquía y las potencias wahabitas del Golfo Pérsico.

Cualquiera de esas lecturas deja en mejor lugar a Moscú que a Washington. Puede que Obama salve la cara, evitando un ataque que no le gusta y que no tiene apoyo en EEUU –siempre podrá decir que EEUU consigue que Asad entregue sus armas químicas sin necesidad de atacar- pero los errores del presidente estadounidense tienen ya un resultado claro: Rusia ha aumentado notablemente su peso como actor global y especialmente en Oriente Próximo. Ante el mundo, Moscú marca el paso y se perfila como un mediador que apuesta por el diálogo frente al poderío militar de Washington. La no intervención en conflictos internos es –al menos sobre el papel- uno de los pilares de la política exterior rusa, que consigue imponerse en un conflicto tan complejo y con tantos actores como el de Siria. Eso le otorga credibilidad y fiabilidad ante sus aliados que saben que Rusia estará ahí para defenderles.

Enredado en un difícil equilibrio entre su perfil como Nobel de la Paz y  el de Comandante en Jefe de la nación más poderosa del mundo, Obama ha caído en su propia trampa lanzándose a una acción militar sin comprobar el apoyo externo e interno. Putin y Lavrov, dos viejos zorros, han jugado bien sus cartas.

Categorías: Actualidad

Carlos Franganillo   12.sep.2013 10:47    

Snowden, atrapado.

    sábado 6.jul.2013    por Carlos Franganillo    2 Comentarios

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Después de dos semanas en el aeropuerto de Sheremetyevo o sus alrededores, a Edward Snowden se le acaban las opciones. Lo que en un principio parecía un plan perfectamente diseñado para escapar de las autoridades estadounidenses resultó ser una huída desesperada en la que la mayoría de las piezas han fallado. Hasta donde sabemos, Edward Snowden –apoyado por Wikileaks- planeaba hacer escala en Moscú y un día después seguiría ruta hacia Ecuador, vía La Habana. Contaba con un salvoconducto expedido por el cónsul ecuatoriano en Londres y con la permisividad de las autoridades chinas para dejarle salir del país, aprovechando un error de forma en la petición de Estados Unidos para anular su pasaporte.

¿Qué ha ocurrido para que el plan fallase?

Es muy probable que las autoridades cubanas no vieran con buenos ojos la escala de Snowden. Quizá Wikileaks no obtuvo suficientes garantías de La Habana. O simplemente midieron el riesgo de que el avión fuera obligado a aterrizar al entrar en espacio aéreo estadounidense. El caso es que 2 semanas después, Cuba no se ha pronunciado sobre el caso Snowden y su silencio es significativo. Además, La Habana es el único paso posible hacia Ecuador desde el aeropuerto de Sheremetyevo. Desde allí sólo hay otro destino latinoamericano: Punta Cana, donde Snowden sería detenido y extraditado a EEUU.

¿Dónde está escondido? 

Hay varias teorías. Se suele decir que está en la zona de tránsito de una de las terminales de vuelos comerciales. Pero eso es realmente difícil sabiendo que se requiere de cierta infraestructura (alimentación, lavar la ropa, etc…) y que la zona está llena de periodistas y de viajeros que han visto su cara en televisión.

Sin embargo, la zona de tránsito también incluye algunas plantas de un hotel próximo al que se derivan los viajeros indocumentados hasta que abandonan el país en otro vuelo. Según reporteros de la cadena FOX (EEUU) que han entrado allí, el pasajero no puede salir de su habitación (el servicio de habitaciones lleva la comida a los cuartos) y los pasillos están vigilados por guardias. Si está allí, nadie podría verle excepto las personas que lo vigilan y le llevan la comida a él y a su colaboradora Sarah Harrison.

Otras informaciones apuntan a que estaría dentro de la terminal A, reservada a autoridades. Sería un buen lugar para esconderle sin miedo a que sea descubierto.

¿Qué papel juega Rusia en todo esto?

Oficialmente Rusia no tiene ningún control sobre Snowden porque según las autoridades no ha entrado formalmente en su territorio, al quedarse en la zona de tránsito. Es una visión interesada porque el aeropuerto es territorio ruso, pero el Kremlin se vale de esa ficción jurídica que convierte la zona en una especie de limbo legal. 

Según Moscú, no ha influido en sus planes y no aspira a obtener información del ex técnico de la CIA y la NSA. Sin embargo es imposible que Edward Snowden se esconda tan eficientemente sin apoyo de los servicios especiales rusos. Nadie sabe cómo salió del avión que le trajo de Hong Kong sin dejar rastro y encontró refugio en algún punto de la terminal o las instalaciones cercanas. Nadie le ha visto durante ese tiempo, a pesar de que la zona está plagada de periodistas peinando cada pasillo y cada zona VIP.

Es muy probable que Rusia no tuviera conocimiento de la llegada de Snowden pero, una vez en el aeropuerto, Moscú debe decidir qué hacer con él. Extraditarlo a EEUU no es una opción. No hay un acuerdo en este sentido y la mayoría de los ciudadanos no lo entenderían. En Rusia, el antiamericanismo es transversal. Alcanza a todas las sensibilidades políticas excepto, quizá, a una minoría liberal muy poco representativa. Incluso ONGs críticas con el Kremlin han manifestado su apoyo a acoger a Snowden en el país y le consideran un luchador por las libertades.

De manera que sólo queda barajar lentamente y esperar circunstancias más propicias, podría pensar el Kremlin. Quizá hasta que el asunto se enfríe o surja alguna solución.

Según Putin, los servicios de inteligencia rusos no están en contacto con Snowden. Creer en sus palabras es cuestión de fe, pero para cualquier agencia de espionaje Edward Snowden es un auténtico regalo. Viaja cargado de información y documentos secretos, archivados en ordenadores y discos duros. No tratar de conseguir esa información sería una falta de profesionalidad, impropia de cualquier servicio secreto. Sobre todo cuando el portador de secretos está a merced del anfitrión, vigilado por sus agentes de seguridad que le proveen de comida, bebida y, posiblemente, de conexión a internet -una necesidad vital para él-. Potencialmente, Snowden es como un conejo atrapado en una madriguera repleta de hurones.

Venezuela, Nicaragua,…¿son una opción para Snowden?

Los líderes de Venezuela y Nicaragua ya han dicho públicamente que concederán el asilo político a Snowden. Antes, Ecuador mostró su cercanía a la causa del ex técnico de la CIA, pero poco a poco ha ido reculando hasta condicionar el asilo a un imposible: que Snowden presente la solicitud en su territorio o en sede diplomática de Ecuador. El presidente Correa ha llegado a reprender a su cónsul en Londres por facilitarle un salvoconducto.

El anuncio de Nicolás Maduro y algunos de sus socios en América Latina podría ser un gesto vacío para reafirmarse ante sus ciudadanos y desafiar a EEUU. El presidente venezolano estuvo en Moscú durante 2 días, cuando Snowden ya había anunciado su intención de pedir asilo político a Caracas. Entonces Maduro se refugió en un formalismo: Cuando recibamos la petición, daremos una respuesta…y abandonó Moscú sin el ex trabajador de la NSA. ¿Por qué no lo llevó entonces si ahora está tan seguro? Ha esperado a decirlo desde Venezuela, cuando sabe que es muy probable que nunca llegue a su territorio.

Desde que Maduro estuvo en Moscú han ocurrido muchas cosas. El mundo sabe que si alguien trata de llevar a Snowden en avión, en dirección Oeste, EEUU (a través de sus obedientes socios europeos) es capaz de cerrar los cielos. Incluso si el ex técnico viaja con un Jefe de Estado.

Otro debate es si lo ocurrido con Evo Morales se debió a un error garrafal de inteligencia o a una estrategia premeditada para lanzar un mensaje de advertencia, aunque ello pusiera en un compromiso a aliados de la UE.

¿Qué salidas le quedan?

Analizando todo lo anterior sólo se me ocurren tres opciones:

1-      Snowden se queda en la terminal por tiempo indefinido,  mientras Rusia lo tolere, a la espera de una situación más ventajosa para Moscú.

2-      Snowden obtiene el asilo político en Rusia. Para ello debería de pasar algún tiempo y permitir que el asunto se tranquilice. Quizá unos meses.

3-      Snowden pacta su entrega a EEUU, con condiciones. Quizá es la opción más descabellada, pero si Moscú juzga que su permanencia en Sheremetyevo complica sus intereses, podría presionarle y complicar sus condiciones de vida en la terminal. Es muy probable que su situación actual sea muy similar a la de una cárcel, con el desgaste psicológico que eso conlleva. 

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Carlos Franganillo    6.jul.2013 18:35    

La Eurocopa de Yulia Timoshenko

    viernes 8.jun.2012    por Carlos Franganillo    4 Comentarios

Timoshenko
Cuando en 2007 la entonces primera ministra Yulia Timoshenko celebró la designación de Ucrania como sede de la Eurocopa de 2012, difícilmente podía imaginar que para entonces estaría cumpliendo una condena de 7 años de prisión por abuso de poder. Ingresó en la cárcel en agosto de 2011 y desde ese momento se convirtió en el mayor quebradero de cabeza para las autoridades de Kiev y en la peor propaganda posible contra los organizadores del campeonato.

El motivo se encuentra en los acuerdos de gas, firmados entre Ucrania y Rusia en 2009, días después de que Moscú cortase el suministro acusando a Kiev de impago, lo que dejó desabastecida a gran parte de Europa. La Justicia dice que Timoshenko tomó la decisión sin consultar a otros órganos del Gobierno y condujo al país a una situación catastrófica, disparando la cantidad que se pagaba a la estatal rusa Gazprom.

Instituciones como el Parlamento Europeo ven en su encarcelamiento una venganza política y creen que la Justicia ucraniana ha aplicado selectivamente una ley soviética. Muchos observadores apuntan a una persecución política dirigida por el presidente Viktor Yanukóvich, que volvió al poder en 2010 y que fue despojado de su victoria fraudulenta en 2004, arrastrado por la Revolución Naranja, en la que Timoshenko y el ex presidente Víktor Yúschenko fueron los rostros más reconocibles.

Hoy no queda prácticamente nada de aquel episodio histórico que sacudió a la ex república soviética. Timoshenko cumple condena y se recupera en un hospital de una huelga de hambre y Yúschenko sigue presente en la vida política, aguardando las parlamentarias de octubre, pero su respaldo electoral ha caído en picado.

La decepción ha cundido en gran parte de la sociedad ucraniana, distanciada de sus políticos a los que muchos ven ligados a la corrupción generalizada, siempre enfrentados por sus intereses personales. Para Ucrania, la Eurocopa 2012 es una excusa para acercarse a la Unión Europea, pero el encarcelamiento de Timoshenko ha llevado a muchos líderes de la UE a anunciar que no asistirán a ningún partido en territorio ucraniano. El acuerdo de asociación que Bruselas y Kiev negociaban, ha quedado congelado por exigencias de las autoridades comunitarias, preocupadas por el destino de la ex primera ministra. Paralelamente, Moscú presiona para mantener a Ucrania dentro de su área de influencia y quiere integrarla en la Unión Aduanera y la Unión Euroasiática, dos proyectos promovidos por Vladimir Putin para aglutinar a gran parte del espacio ex soviético. Como en otros momentos de su historia Ucrania se debate entre mirar al Este o al Oeste. 

 

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Carlos Franganillo    8.jun.2012 21:09    

Putin, el líder que nunca se fue

    sábado 3.mar.2012    por Carlos Franganillo    1 Comentarios

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Aparentemente, Rusia está atrapada en un bucle. Como hace 12 años, un hombre llamado Vladimir Putin se prepara para ocupar el Kremlin, y lo hace con una receta muy similar a la de entonces: el país no debe volver al caos de los años 90, cuando millones de rusos cayeron en la pobreza, los activos del Estado se concentraron en manos de unos cuantos oligarcas, mientras el crimen organizado ganaba fuerza en la calle. El Putin de 2000 se instaló en la presidencia con la promesa de erradicar la corrupción y la miseria, el mismo mensaje que trata de vender ahora a los rusos, a pesar de no haber logrado ninguna de que aquellas metas. 

Desde que llegó al poder consiguió estabilizar el país, impulsar la economía -apoyándose en las exportaciones de gas y petróleo- y recuperar parte del orgullo nacional y la influencia perdida tras el colapso de la URSS. Pero también arrinconó a los medios de comunicación independientes, limitó las libertades civiles y no hizo frente a un sistema de corrupción enraizado en la administración pública. Apartó a los oligarcas que controlaban las industrias estratégicas y centralizó el poder estatal, una enorme maquinaria que comenzó a girar en torno a él.

El líder que nunca se fue vuelve a la primera fila del poder. Pero a pesar de eso, Rusia no vive atrapada en un bucle. Muchas cosas han cambiado en el país en los últimos 12 años. Las manifestaciones que estallaron en diciembre, con decenas de miles de personas en la calle contra su poder y el fraude electoral han dado paso a un nuevo escenario en el que parte del sector más formado y cualificado de la sociedad muestra su cansancio y pide cambios. Es sólo una minoría liberal dentro de la variopinta oposición rusa, en la que predominan comunistas y nacionalistas.

A pesar del fulgor del bloguero Alexei Navalny aún no hay líderes claros en la calle que puedan capitalizar el descontento pero quizá los cambios se aceleren desde el corazón del poder, donde hasta hace poco las sensibilidades reformistas y los halcones provenientes del KGB convivían en equilibrio. En los últimos meses han aumentado las voces desde las estructuras de la administración pública que, con matices, han insinuado su distanciamiento.

“Son ladrillos que van saliendo del sistema”, dice la escritora Masha Gessen, “los de arriba no se están dando cuenta porque sólo ven su propia televisión….Sólo rellenan el hueco y en un momento dado la pirámide comienza a derrumbarse de repente. Eso ocurrirá pronto. Creo que en el próximo par de meses”.

Putin tendrá que gestionar las protestas si gana las elecciones, y la oposición parece dispuesta a aprovechar su momento. En los últimos días algunos han sugerido acampar en el centro de Moscú, siguiendo el ejemplo de la Revolución Naranja de Ucrania en 2004, un desafío que pondría a las autoridades en una situación extremadamente compleja.

Carlos Franganillo    3.mar.2012 17:02    

Pelea de bulldogs

    miércoles 28.dic.2011    por Carlos Franganillo    24 Comentarios

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En una ocasión Winston Churchill comparó las luchas de poder en el Kremlin con una pelea de bulldogs bajo una alfombra. Puedes escuchar cómo se pelean debajo pero no sabes quién está ganando hasta que ves salir los huesos del perdedor. El mítico premier británico se refería entonces a las disputas en la cima del poder soviético pero sus palabras pueden aplicarse hoy.

 

La opacidad y las maneras sutiles siguen definiendo la alta política rusa, desconcertando a analistas que siguen con dificultad la lucha de clanes y los cambios de bando en un poder político aparentemente homogéneo.  

 

Tras las protestas de diciembre se ha puesto en marcha una cadena de movimientos de fondo que para muchos expertos indica que los bulldogs se están sacando la piel a dentelladas debajo de la moqueta. Y los primeros huesos empiezan a salir a la luz.

 

Vladislav Surkov, conocido como el “cardenal gris” de la política rusa y figura esencial de la era Putin, parece una nueva víctima de ese duelo en la cumbre. Su nombramiento como viceprimer ministro le aparta del Kremlin y del futuro equipo de Vladimir Putin, si logra volver a la presidencia en marzo –como todas las encuestas pronostican-.

 

“Es el fin de una época. Surkov era el autor de la escena política que ha existido en Rusia en los últimos años”, decía la socióloga Olga Krychtanovskaya a la agencia France Presse.

 

Vladislav Surkov, un antiguo publicista y escritor de ficción, ha sido el cerebro en la sombra del sistema político que arrancó hace 12 años y el autor del concepto de “democracia dirigida”, vigente en Rusia. Pero según algunos expertos la distancia entre él y Putin había aumentado. Mientras el primer ministro trataba de ridiculizar a los manifestantes, Surkov decía que en la calle estaba lo mejor de la sociedad rusa.

 

Para el analista Serguéi Mijiyev el sector liberal del Kremlin trata de recuperar peso después de que convencieran a Medvedev para no presentarse a la reelección presidencial y cree que el actual jefe de Estado y su entorno tratan de sacar rédito de las protestas, apoyándolas desde las alturas para debilitar a Putin.

 

Sin duda, las mayores manifestaciones contra el Gobierno desde los tiempos de la perestroika han sacudido poderosamente la política rusa. Muchos opositores han tomado la calle y su mensaje crece vigoroso en las plazas de Moscú. Pero no es el único frente del cambio político que se avecina. Una época ha terminado, como decía la experta Olga Krychtanovskaya, y la lucha por apropiarse del futuro no sólo se libra en la calle. También bajo las alfombras del Kremlin.

 

Carlos Franganillo   28.dic.2011 08:32    

Protestas en Rusia: ¿Y ahora qué?

    domingo 18.dic.2011    por Carlos Franganillo    1 Comentarios

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Los medios de comunicación suelen etiquetar rápidamente los acontecimientos, mucho más en un año tan turbulento como 2011 en el que las calles de muchos países árabes se han convulsionado, han derribado a dictadores o han sido escenario de guerras civiles. En pocos meses el contagio ha llegado de Túnez a Baréin o Siria y muchos han creído ver en las calles de Moscú y San Petersburgo un nuevo capítulo de esa ola de cambios.

Rusia está lejos de convertirse en una Plaza Tahrirpero lo que ha ocurrido en las últimas semanas ha moldeado definitivamente el escenario político del país y puede iniciar una larga cadena de transformaciones.Un cambio está en marcha pero su ritmo, su naturaleza y su alcance siguen siendo una incógnita.

Tras 12 años en el poder, el entorno de Vladimir Putinha percibido que su control sobre la calle se ha debilitado. El apoyo popular -aunque sigue siendo muy importante- se reduce y la pasividad de los sectores más dinámicos de la sociedad ha dado paso a una mayor implicación política. Parte de la clase media que desde hace años se desarrolla en las ciudades del país –y que ha prosperado durante los años de Putin- da muestras de cansancio y quiere cambios. Muchos jóvenes con recursos, con formación universitaria, que viajan, hablan idiomas y se conectan permanentemente a internet a través de sus tabletas o teléfonos móviles demandan más derechos y se movilizan en la red.

Su participación en las protestas de los últimos días ha sido un salto cualitativo en el movimiento de oposición al Gobierno. Miles de ciudadanos sin adscripción política, muchos de ellos hasta ahora indiferentes, han decidido salir a la calle, al margen de banderas y partidos. Su generación no está traumatizada por el caos y las penurias de los 90, el fantasma que Putin suele agitar con buenos resultados.

¿Cómo capitalizar el descontento social?

Pero muchos expertos se preguntan cómo capitalizar el descontento de un sector - cada vez mayor- de la población. Hasta hace poco tiempo Vladimir Putin gozaba de un índice de popularidad superior al 60 por ciento. Algunos estudios recientes hablan de una caída histórica y pronostican para él un 42 por ciento de los votos en las presidenciales de marzo, lo que llevaría a una segunda vuelta.

Pero a pesar de la pérdida de popularidad –todavía en niveles envidiables para muchos líderes europeos-, Putin sigue siendo la única figura de relieve en la política del país. Sucarisma atrae a muchos votantes que confían en un líder fuerte que ha estabilizado a Rusia tras años de turbulencias sociales y económicas, mientras en la oposición -parlamentaria o extraparlamentaria- nadie puede hacerle sombra.

Los grupos presentes en la Duma no parecen dispuestos a plantar batalla seriamente en la calle, y los partidos a los que se impide participar en los comicios, son demasiado diferentes y carecen de la organización necesaria para encauzar con éxito la contestación social. Miles de desencantados buscan representación pero no saben a quién elegir.

Hasta ahora, Putin y Medvedev han minimizado la importancia del fraude electoral y de las protestas pero han lanzado algunos guiños a los manifestantes, como instalar cámaras de vigilancia en los colegios electorales o plantear una reforma legal para que los pequeños partidos puedan entrar en la escena política. Son gestos ambiguos y limitados que evidencian la preocupación de las autoridades rusas, que tratan de adaptarse a las nuevas circunstancias, pero no parecen satisfacer a quienes salieron a la calle el 10 de diciembre y piensan hacerlo de nuevo el día 24.

 

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Carlos Franganillo   18.dic.2011 23:37    

Rusia y la realpolitik

    domingo 17.jul.2011    por Carlos Franganillo    2 Comentarios

 

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Leer un solo periódico, escuchar una única emisora de radio o ver cada día la misma cadena de televisión ayuda a tener menos quebraderos de cabeza. Enfrentarse a dos realidades, a veces contradictorias, requiere cierta actividad mental para sacar algo en claro. Quizá ambas partes ofrezcan algo de verdad. Quizá las dos intenten confundirnos con sofisticadas mentiras y manipulaciones.

Si se desea un resultado provechoso, el lector/espectador debe estar prevenido, alerta. Necesita haber acumulado los conocimientos necesarios para separar el polvo de la paja y aún así, no estará completamente a salvo de la intoxicación, camuflada en ocasiones bajo pretextos como el sentimiento de pertenencia. La vieja y eficiente técnica de enfrentar el NOSOTROS al ELLOS, de separar a los buenos de los malos.

Como ocurre con las fidelidades futbolísticas, ese sentimiento de pertenencia, se lleve o no con discreción, puede acabar interfiriendo en nuestras percepciones. Como españoles, sabemos que formamos parte de la Unión Europea y de la OTAN, que el tipo que ocupa la Casa Blanca está más o menos de nuestra parte y que una organización llamada Al Qaeda está empeñada en acabar con el modo de vida occidental. En definitiva, sabemos de qué lado estamos en el juego de intereses, aunque seamos abiertamente críticos con todas las instituciones a las que pertenecemos.

Desde Rusia, el tablero se ve desde una perspectiva diferente. Cambian las desconfianzas y los aliados. El planteamiento no es mejor ni peor, pero los intereses estratégicos y los vínculos son distintos. Observemos por ejemplo el papel de la diplomacia rusa en la llamada Primavera Árabe.

Washington y sus aliados tienden a condenar las posturas de Moscú y Pekín, que han demorado primero la resolución de la ONU respecto a Libia y frenan ahora una respuesta internacional contra el gobierno sirio. Sin duda, EE.UU. y sus socios tienen razón. Rusia y China, dos países con profundísimas lagunas democráticas -quizá sea más exacto decir que son una laguna democrática en sí mismos-, son capaces de legitimar una tiranía con tal de que prevalezcan sus intereses estratégicos.

Pero eso no los diferencia de los gobiernos de Estados Unidos, Alemania, Francia o España. Se ha repetido hasta la saciedad pero sigue provocando sonrojo ver cómo los políticos simulan caerse del guindo y convierten en paria indeseable al líder con el que hasta hace poco posaban sonrientes. El mismo al que abastecían con material antidisturbios o reían sus excentricidades cuando decidía convertir al Islam a 500 jóvenes modelos durante su visita a Italia.

La polémica venta de 200 carros de combate alemanes Leopard a Arabia Saudí -una floreciente democracia, como todo el mundo sabe, que en los últimos tiempos ha ayudado a reprimir las protestas en Baréin- es sólo un apunte reciente que nos recuerda que la realpolitik funciona igual de bien en los regímenes liberales.

En el caso de Siria, Rusia pide algunos cambios cosméticos al régimen de los Assad y se opone a cualquier intervención internacional en un país soberano. Según el vice embajador ruso en la ONU, Alexander Pankin, “el incremento de la tensión y el enfrentamiento (en Siria) no presenta una amenaza a la paz internacional o a la seguridad. Uno no puede obviar el hecho de que la violencia no proviene sólo de una de las partes. La amenaza real para la seguridad regional, en nuestra opinión, vendría de la injerencia exterior en la situación doméstica de Siria”.

Pero además de no creer que la situación en Siria se limite a la represión de las fuerzas de seguridad contra la población, Moscú tiene otros motivos:

 

     1-    Intereses económicos y alianzas militares.

La mayoría del armamento de las Fuerzas Armadas sirias es de origen ruso o soviético. La situación en Libia y Siria puede hacer que Rusia deje de ganar unos 10.000 millones de dólares en venta de armas y obligará a su industria militar a reorganizar su estrategia comercial.

Además, Siria es el gran aliado de Moscú en Oriente Medio desde la llegada de los Assad al poder, con una relación fraguada en tiempos soviéticos y una amplia cooperación militar. En los últimos años, Rusia ha colaborado en la reconstrucción del puerto marítimo de Tartus, en Siria, que la flota rusa podría utilizar a partir de 2012 para desplegarse por el Mediterráneo. Un cambio de régimen dejaría en el aire el uso conjunto de una base naval muy importante para Rusia.

 

     2-    Miedo al contagio en Rusia o en el espacio post-soviético.

Aunque las circunstancias socio-económicas rusas son distintas de las de Egipto o Libia, a ninguna autocracia le agrada que el aroma a libertad altere el estado de las cosas. Particularmente sensible es la situación en el Cáucaso Norte donde siguen operando grupos rebeldes que ocasionalmente golpean con actos terroristas la capital rusa. En esas zonas el paro juvenil supera el 50 por ciento, los índices de corrupción son los más altos de la Federación y en regiones como Chechenia las fuerzas policiales se enfrentan a denuncias de graves infracciones de los Derechos Humanos. El contagio de las revueltas árabes traería aún más inestabilidad a la región y podría amenazar el poder de los hombres del Kremlin en la zona. Lo mismo podría ocurrir en otras potencias en el sur del Cáucaso, como Azerbayán, donde ya se han registrado algunas protestas y detenciones.

En Asia Central, la situación es más parecida a la de los países árabes donde se han registrado levantamientos. La mayoría de ellos son regímenes dictatoriales cuyos dirigentes llevan cerca de dos décadas en el poder. Hay enormes diferencias económicas, infraestructuras muy degradadas, una corrupción galopante y en muchos casos movimientos insurgentes islamistas, algunos de ellos conectados directamente con los talibanes afganos. Rusia pretende tímidas reformas para que estos tiranos no sean barridos del mapa, como ha ocurrido en Túnez o Egipto, lo que dejaría su patio trasero a merced de otras potencias extranjeras.

Mientras cientos de personas podrían estar muriendo a manos de las fuerzas de seguridad sirias, según denuncian algunas organizaciones humanitarias, todas estas razones se antojan innobles pero son las que deciden el camino a seguir. 

 

No creo que la promoción de la democracia o la defensa de los ciudadanos libios, sirios o tunecinos sean las principales preocupaciones de Washington y sus aliados, sino más bien cómo gestionar las revueltas para que afecten lo menos posible a su seguridad y a su economía, y para que desemboquen en una nueva relación de fuerzas que les beneficie en la zona. A través de sus aparatos de inteligencia y seguridad los estados trabajan para garantizar su supervivencia e intereses a largo plazo y al mismo tiempo se enfrentan a la compleja tarea de aparentar que mantienen en el exterior su compromiso con los mismos valores que defienden dentro de sus países. La ventaja de las dictaduras y las autocracias es que no tienen que enfrentarse a esas contradicciones. Lo que se ahorran en gabinetes de prensa y expertos en mercadotecnia.

Carlos Franganillo   17.jul.2011 13:44    

Carlos Franganillo

Bio El enigma ruso

Para Sir Winston Churchill, Rusia era “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” y puede que la percepción de Occidente no haya cambiado mucho.
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