No culpables
Algunos de vosotros os habéis adelantado y ya me habéis preguntado por el veredicto del juicio de Anna Politkóvskaya...
Ufff... Estoy agotado. Acabo de terminar un par de piezas para nuestro Canal24Horas y para mi querida La2Noticias y estoy... agotado... pero de darle vueltas al asunto, a la sentencia, a lo que he estado escuchando desde primera hora de la mañana... pensando en lo que puede pasar ahora...
...Ellos son 2 de los 3 (ya) antiguos acusados: Yabrail e Ibrahim Majmudov. La imagen es de menos de un minuto después de ser puestos en libertad.
La presunción de inocencia es un derecho, pero hay que reconocer que -en este caso- muchos -incluido yo- llegamos a pensar desde el principio que "algo" tenían que ver. No por ser chechenos (la "trama chechena" en el caso Politkóvskaya la descarté desde un principio, era una versión demasiado fácil, demasiado oficial), sino por los lazos familiares: Rustam es su hermano mayor, es el que todos (incluida la defensa de los dos hermanos) ciertamente sitúan en el lugar de los hechos el día del asesinato de Anna. La Fiscalía le ha considerado el supuesto autor material de los 5 disparos que recibió la periodista, aunque últimamente apenas lo ha mencionado y es una teoría también discutible.
El caso es que Rustam está en busca y captura internacional y nadie -repito- pone en duda que tuvo algo que ver: por sus relaciones "profesionales" con el crimen organizado, por sus estrechos lazos con un tío suyo, hermano de su madre (Zalpá, a la que vemos -a la izquierda- en la foto), un tío que está actualmente en prisión, que en este proceso intervino como testigo y al que también -otros dedos- señalan como la persona que recibió el encargo de asesinar a la reportera de "Nóvaya Gazeta".
Cómo véis, hay elementos para escribir una novela.
Pero la trama no es tan complicada: se trataría de una red como tantas otras del crimen organizado que reciben un encargo y que, normalmente, se lleva a cabo entre personas de confianza, entre familiares. De ahí, que Yabrail e Ibrahim fueran fácilmente isospechosos.
Pero lo cierto es que no ha habido pruebas fehacientes, directas, claras contra ellos. No las ha habido y el jurado popular lo ha podido ver. Sólo indicios, relaciones personales, currículums sospechosos, pero nada más.
Las partes personadas en el proceso denunciaron las numerosas irregularidades en la instrucción, vaguedades, incoherencias y, en definitiva, falta de pruebas contra los acusados...
Está claro: una cosa es sospechar como un ciudadano cualquiera y otra tener que tomar, de forma responsable, una decisión crucial a partir de las pruebas presentadas ante un tribunal.
La familia de Anna sigue creyendo que algo tuvieron que ver, que algo sabían aquel 7 de octubre de 2006, pero también es verdad que siempre han dicho que -como mucho- fueron peones utilizados por alguien más inteligente, con una mente más fría.
En esta segunda imagen (imagen TVE -nuestra- pero tomada de la televisión y publicada así, con intención): Ilyá Politkóvskii, el hijo de Anna, Vera, la hija, siempre en un segundo plano, y la abogada de ambos como acusación particular, Karina Moskalenko, conocida defensora de los Derechos Humanos, respetada abogada en el Tribunal Europeo de DD.HH. de Estrasburgo e incansable letrada de personajes tan conocidos como Jodorkovski, Kaspárov y Litvinienko.
Una vez conocido el veredicto (que nos sorprendió a muchos porque, aunque hubiese dudas sobre la culpabilidad o no de los acusados, todo apuntaba -así es- a que el "sistema", la Fiscalía, intentaría enterrar el caso condenando a los hasta ahora 3 únicos acusados del caso, ninguno el autor material ni el instigador), son ellos los que, en estos momentos, se sienten "entre rejas", "marcados" por ese destino incontrolable que tanto suele reirse de cada uno de nosotros.
Los Politkóvskii eran conscientes de que los Majmúdov y el otro acusado tan sólo eran una pequeña parte, pero que algo era algo. Ahora, tal y como nos han dicho tras finalizar el juicio, no se sienten derrotados, pero si algo abatidos... porque hay que volver a empezar de cero, a que alguna instancia superior -judicial, claro- decida la apertura de un nuevo sumario y de un nuevo proceso.
Nos han dicho que respetan la resolución del jurado popular, que la asumen y que, con todo el vigor y la entereza que han demostrado en estos dos años y medio, van a seguir luchando por que se sepa la verdad... a sabiendas de lo complicado, sino imposible, que será. (Eso no lo han dicho, pero sé -porque hemos tenido muchas conversaciones previas- que así lo temen)
Acabo diciendo, porque es más de la 1 de la madrugada y para no extenderme más (porque como dice mi amigo Rafa soy muy pesado con el caso Politkóvskaya, algo que yo sé, pero que me da lo mismo: siento que hay que hacerlo, hablar de él), que los huérfanos que dejó Anna, desde los periodistas a las ONGs independientes que trabajan en Rusia, hoy -desde luego- se han sentido un poco más solos...
Había -es verdad- muchas esperanzas puestas en el caso Politkóvskaya, en ese primer paso hacia LA VERDAD que, aparentemente, suponía este juicio. Algunos estaban seguros de que lo que no consiguiera la acusación en éste -un proceso conocido a nivel internacional- no lo podría conseguir nadie, mucho menos otros profesionales independientes, también atacados o perseguidos pero menos relevantes en la escena pública.
Resumiendo:
El caso ha quedado más abierto que nunca.
Sigue habiendo más preguntas que respuestas.
Y pocos, muy pocos, piensan en que todo esto pueda cambiar para bien en un futuro cercano.
¿Qué hacer, entonces? ¿Nos queda algo de esperanza? ¿Nos tiene que quedar algo de esperanza?
Con el veredicto que hemos conocido, parece que sólo ha quedado claro (las partes han coincidido) que, por fin, por mucho que la sentencia haya dolido a la acusación, ha habido un juicio importante en el que un jurado popular -la gente de a pie- ha tenido realmente voz y voto, en el que la ciudadanía ha podido opinar y decidir libremente...



