2 posts de noviembre 2009

La eterna pista chechena

La noche del viernes, Rusia se acostaba con la noticia de un accidente de tren justo en la mitad de la línea Moscú-San Petersburgo, exactamente, de la que cubre en tan sólo 4 horas y media los más de 700 kilómetros entre la capital rusa y la antigua Leningrado.

Este sábado, con una rapidez inusitada, las autoridades rusas (después de que el presidente Medvedev convocara de urgencia a la mitad de su ministerios, a todos los servicios de emergencia y, cómo no, al FSB) confirmaban que fue un atentado.

Lo cierto es que, en primer lugar, ya contábamos con el testimonio de los supervivientes que creían haber escuchado el sonido de una explosión.

Luego, se encontró en las vías un cráter de 1 metro de diámetro por 1'5 de profundidad.

Posteriormente, se han hallado los restos de un artefacto explosivo de fabricación casera y de una carga que podría haber sido de hasta 7 kilos de trilita, un componente muy potente.

Ahora, a investigar quién lo ha hecho.

En este país, por todo lo que ha sufrido en años pasados, en lo que primero en lo que se piensa al conocer una noticia de tales características (se calcula que los muertos son unos 40 y más de 100 los heridos) es en que ha sido un atentado.

El segundo pensamiento: que han sido los chechenos, los del Caúcaso, aunque ya haga tiempo que no salen de allí; aunque la guerra la libran allí, en su territorio.

Pienso que, en Moscú, es normal seguir esa línea mental porque se sostiene sobre la dolorosa experiencia de finales de los 90 y de principios de esta década, años en los que la capital llegaba a dar miedo. Te podían secuestrar, te podían matar... y no sólo los terroristas llegados del Caúcaso, también las contundentes medidas del Estado para acabar con una situación extrema. Vamos, que no sabías por dónde te podía llegar el extremismo y acabar contigo.

El caso es que la pista chechena ahí está, nunca se descarta. No lo critico. Critico que siga siendo la primera. ¿Que por qué? Porque el peligro puede estar en otros que, además, están más cerca.

En los últimos tiempos, están esos muy visibles grupos ultranacionalistas que antes comulgaban con el poder y que, ahora, han decidido que el Estado es también el enemigo porque -por ejemplo- ha permitido que lleguen gentes del Caúcaso y de Asia Central a mezclarse con la "raza pura" que ellos tanto defienden, a "ensuciar el país". Son expresiones como esas con las que nos deleitó el líder de la organización ultranacionalista "Unión Eslava" cuando le entrevistamos hace tiempo (ya os he hablado del personaje en este blog).

De hecho, ahora me viene a la mente lo que nos dijo sobre los inmigrantes: "Aquellos que no benefician a mi país, para mí, son basura y, como tal, hay que deshacerse de ella, aunque vengan a barrernos las calles". Todavía hoy me sigue pareciendo una declaración ALUCINANTE.

Pues eso, que han decidido alejarse de ese Estado "traidor", y sus ataques (verbales o físicos) están siendo dirigidos últimamente contra comisarías, contra policías, contra edificios y representantes oficiales...

En una investigación, caben todas las posibilidades. Pero no, la pista chechena es la primera. Quién sabe, a lo mejor, ésta vez es cierta, como antaño. De hecho, dos ciudadanos de Ingushetia fueron detenidos y están siendo juzgados por el atentado similar que la misma línea sufrió en agosto del 2007.

Todavía no lo sabemos. El Ministerio del Interior sólo habla de indicios, eso sí: que ya están con los retratos-robot y que saben que hay "muchas personas implicadas".

Como os decía antes, las autoridades, ésta vez, se han dado mucha mucha prisa en ir aclarando este último atentado. Así como en anunciar las ayudas a las víctimas del tren. 300.000 euros para la familia de cada fallecido (unos 7.000 euros) y entre 100.000 rublos (unos 2.200 euros) y 50.000 rublos a cada uno de los heridos, dependiendo de sus heridas, claro.

Hoy, mi amiga Elvira me ha dicho: "¡Jo, qué miedo!".

Estoy seguro de que, hoy, mucha gente -aquí- lo tiene. Están los fantasmas del pasado, pero es que -además- el "Nevski Express" es un tren muy popular.

Imaginaos un viernes.

¡Que hable todo el mundo!

Bueno, dejemos la sequía bloguera y hablemos. Sí, sigamos hablando.
Hablar no cuesta o, al menos, no debería costar nada.
Decir lo que uno quiere, sin ofender ni dañar a nadie, es además -creo yo- la máxima expresión de la libertad invidual.
Nadie debería quedarse callado.

En Rusia, a veces, se habla por hablar, sí, como en cualquier otro país del mundo.
Pero, en Rusia, hablar a veces también es un riesgo. Y no es así en todo el mundo.

ÉL, por ejemplo, no se cansa de hablar y casi nunca se corta un pelo. De hecho, cuando quiere ser claro, llega a ser bastante soez.


Este fin de semana, la sorpresa fue de lo que habló: de música. Y no de música tradicional, sino de rap, hip-hop y breakdance. Fue la suya una aparición estelar en un concurso musical de la televisión rusa y fue el encargado de dar a conocer el nombre de los ganadores del programa, que se llama algo así como "La lucha por el respeto", ahí es nada.

Putin dijo que "este tipo de música es importante porque habla de los problemas de la gente, de los jóvenes". El rapero Zhigan, uno de los ganadores del concurso, comentó en el mismo show que "sería cool grabar un tema con Putin porque es una persona legendaria y nuestro ídolo".

Parece que el equipo del primer ministro logró, finalmente, lo que quería: seguir fomentando ese apoyo con el que cuenta entre parte de la juventud rusa.

Días antes, el jueves pasado, le vimos entre el destacado público de gentes del gobierno y del Estado ruso que asistió en persona al Discurso del presidente Medvedev sobre el estado de la Nación.

Ha sido la última ocasión en la que Dimitri -aquí y en algún que otro foro apodado EL OTRO (no hace falta que os vuelva a contar por qué)- ha hablado a lo grande. Y se debió quedar a gusto.

Durante unos 100 minutos, expuso las claves del futuro (según él, claro).

Dicen algunos que ese discurso ha sido un paso más hacia ese desmarque de todo lo anterior que lleva tiempo insinuando. Y cuando hablamos de desmarcarse, evidentemente, hablamos de alejarse de su mentor y predecesor en el cargo Vladimir Putin.

Yo tengo mis dudas... porque, como otros dicen, lo del discurso del otro día no fue más que una nueva cortina de humo y que, simplemente, hay que esperar a ver por dónde tira el país tras la enunciación de tantos y tantos titulares.


Es cierto que nunca antes habíamos escuchado hablar de ciertos temas y en tales términos, como sin querer herir a nadie, pero soltándolo todo...

Ya en septiembre, publicó en prensa un editorial titulado "¡Adelante, Rusia!" en el que llamaba la atención de la gente sobre ciertos asuntos del país, proponiendo a la ciudadanía que le hiciera llegar todas sus propuestas, todas sus dudas, sus preguntas... y que intentaría darles respuesta, precisamente, en el discurso sobre el estado de la Nación.

Y puede que algunos se quedaran satisfechos, aunque -a pesar de todo lo que habló- no entró mucho al detalle. Eso sí, insistió -aunque con otras palabras- en lo que ya había dicho en aquel editorial: que Rusia es un país "atrasado y corrompido", con una economia "primitiva", un sistema social "semi-soviético" y una democracia... "débil".

Sus dos palabras más pronunciadas: "Reforma" y "Cambio".

"Sin cambios no puede haber progreso", aseveró. Y entre los que enumeró como "necesarios", el del sistema público -que arrastra una burocracia galopante-, el de la Sanidad, el de la Justicia, el de la Educación -"la base del futuro"-... Y soltó que "el prestigio de la Patria y el bienestar social nacional no pueden basarse indefinidamente en los logros del pasado", que existe la "necesidad de lanzar una profunda modernización económica e industrial para dejar de vivir de las rentas de la URSS" y que "se trata de una cuestión de superviviencia en el mundo actual".

Y así es cómo arremetió contra los mastodónticos conglomerados públicos que Putin creó y defendió con tanto ahínco durante sus 8 años de presidencia. Medvedev les atacó de frente, al menos de palabra, y supongo que al actual primer ministro no le hizo mucho gracia. Aunque cada vez que se le veía en pantalla durante el discurso parecía, más que cabreado, sumamente aburrido, como intentando tragarse los bostezos.

Medvedev calificó las grandes corporaciones del Estado, que a día de hoy controlan el 40% del sistema empresarial, de "sociedades estáticas sin futuro que hay que liquidar o convertir en sociedades de acción" y habló de "transferirlas a inversores privados". Lo cierto es que, hace ya tiempo, el Kremlin dio la orden de auditarlas.

Hasta ahora, en estos tiempos de crisis, el Estado ha prestado apoyo económico a las empresas rusas por valor de más de 23.000 millones de euros y Medvedev advirtió de que "en el futuro, sólo se asistirá a aquellas que cuenten con planes para mejorar su eficiencia y poner en marcha proyectos de alta tecnología".

En esa línea,el presidente también insistió en acabar con la corrupción, uno de los males más instituidos en Rusia y, aparentemente, uno de los fantasmas que persigue destruir desde que llegó al Kremlin.

Medvedev subrayó que "las reformas legales son vitales para la lucha anti-corrupción" y que "Rusia necesita otra modernización basada en los valores de la democracia".Y habló de "perfeccionar" el sistema electoral, que debe dar cabida a todas las opiniones, aunque "la oposición no debe escudarse en la democracia para desestabilizar el Estado y dividir a la sociedad". "En vez de continuar siendo una sociedad arcaica, en la que los líderes piensan y deciden por todos, debemos convertirnos en una sociedad de personas inteligentes, libres y responsables".



Dimitri Medvedev tampoco se olvidó de llamar al respeto a las diferentes etnias y comentó que la seguridad en el Caúcaso Norte tendrá una especial protección del Estado. Es más, no dudó en afirmar que "la corrupción de los líderes locales tiene mucho que ver con la situación en aquella región". Tendríamos que ver qué piensa al respecto, por ejemplo, el presidente checheno, Ramzán Kadírov... si es que siguió el discurso, claro.

Y el Jefe del Estado ruso apuntó que "la política internacional no va contra nadie y que dependerá de las reformas internas".

Como os he dicho, habló tanto y de tantas cosas... que se debió quedar a gusto.

A ciencia cierta, no lo sabemos, pero sí que estoy seguro de que quien se debió quedar satisfecho después de hablar públicamente fue Alexei Dimovsky, un policía ruso del que hablamos en el telediario, precisamente el jueves, el mismo día del Gran Discurso.



Este hombre era -y digo ERA porque YA NO- un jefe de policía en la ciudad rusa de Novorisisk, en el sur del país. LLevaba varios días dando que hablar. Y todo por los vídeos que un día colgó en internet, denunciando la corrupción que existe DENTRO del cuerpo policial.

Más de un millón de visitasa su blog y al Youtube ruso le han dado a conocer. Sobre todo, por lo que cuenta en esos vídeos.

"Quiero mostrarles cómo es la vida de un policía en Rusia, cómo algunos oficiales honestos mueren por la estupidez de sus jefes", dice al comienzo de uno de ellos. Valiente, sí señor, porque se ha atrevido a denunciar lo que todo el mundo sabe, pero de lo que muy pocos se atreven a hablar.

Y el principal destinatario de sus mensajes: ÉL, Putin. De hecho, sus vídeos llevan el título de "Vídeomensaje de un policía a Putin".

Su honestidad a la hora de denunciar lo que ocurre ha levantado un revuelo que fácilmente os podéis imaginar. Ha hablado de lo fácil que es poner multas sin sentido o de cómo se realizan detenciones sólo para elevar las estadísticas ó de las órdenes de los superiores para llevar dinero contante y sonante a comisaría, de la obligación de cobrar sobornos...

Yo os podría contar cómo, una vez, aquí en Moscú, dos policías de tráfico, argumentando excusas... inexplicables, intentaron retenerme el carnet de conducir ó, a cambio, cobrar por devolvérmelo... Primero, 200 euros (apuntados en una calculadora), luego menos y, al final, 1.500 rublos, unos 30 euros...

Alexei Dimovsky se desplazó la semana pasada a Moscú. No sin problemas: de camino al aeropuerto, su coche no arrancaba; no conseguía forma de desplazarse... todo eran inconvenientes hasta que pudo subirse a un avión y llegar a la capital.

Ya aquí, en rueda de prensa, dijo: "Estoy esperando la reacción de Putin, esperando que cambie el sistema".

Reacciones hubo.No de Putin, pero sí, por ejemplo, de Rashid Nurgalíyev, el ministro del Interior y responsable último de la policía. Entonó en televisión el "mea culpa", reconoció que había que reconocer los errores y exigirles responsabilidad y mano dura (algo que puede tener muchas lecturas) a los superiores de las comisarías.

Más allá de eso, nada ha cambiado. Sólo para Alexei Dimovsky.

Iban a investigar sus denuncias, pero éstas se archivaron a las pocas horas. Y a él le despidieron inmediatamente por difamación y por "empañar el honor de la policía".

Algunos le llaman traidor. Otros, incluso, le acusan de trabajar para una organización estadounidense y de ser algo así como un espía.

Él mismo dijo, ante los periodistas, que su denuncia era "suicida". Y, cómo no, ahora también teme por su vida y por la seguridad de los suyos.

Nada más que añadir. Sólo desear que hable todo el mundo, ¡que lo hagan! Puede ser una liberación. Y, quizás, así, comiencen los cambios reales que son necesarios.

Carlos Franganillo


Para Sir Winston Churchill, Rusia era “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” y puede que la percepción de Occidente no haya cambiado mucho.
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