Con la corrupción... ¿por dónde empezar?
Es una de las preguntas a las que uno se enfrenta cuando se propone contar cualquier historia, pero cuando se trata de temas mayores como... LA CORRUPCIÓN EN RUSIA, la cuestión llega a abrumar...
Como ya os he contado, hemos estado preparando durante los últimos meses un reportaje sobre la corrupción en Rusia para el programa "En Portada", que se emite este domingo 21 de marzo, por La2, a las 10 de la noche y que, a partir del lunes 22, estará colgado en la página de "En Portada" dentro de rtve.es.
...Después de hablarlo con Miguel Ángel Viñas, el realizador del programa, y con José Antonio Guardiola, director de "En Portada", esto fue lo primero que hice: llenar la pizarra de posibles entrevistas y rodajes... De ideas: el presente y el pasado, los personajes que deberíamos tener, la presencia oficialista...
Al final, ¿Nuestra historia principal? Un bosque. El mismo que, en parte, da título al reportaje: "Las astillas del bosque ruso"...
"Cuando el bosque se tala, las astillas vuelan". Es un dicho popular que, en su día, utilizó Stalin para justificar las víctimas que iba dejando atrás su afán de limpiar el Estado de elementos poco fiables. Así excusó sus acciones, sus purgas. Como que el fin justifica los medios. Como que las astillas no son nada cuando limpiar el bosque de ramas secas y muertas es el objetivo.
A mí me parece que el proverbio tiene su vigencia en la Rusia de hoy: No importan los fines ni los métodos si lo que hay que conseguir es el interés propio: mantener el poder, defender lo que a uno individualmente le interesa. No tienen importancia las víctimas... como las que corrupción provoca.
Si le damos la vuelta a dicho proverbio, también podemos pensar que esas astillas que vuelan y que hieren pueden provocar que abramos los ojos. Y ese es el papel que le corresponde a los medios de comunicación, amordazados en este país. Es un doble tarea y, por muy dura que sea, a pesar de tenerlo todo en contra, algunos están dando la cara
Es incontenible la cantidad de información sobre actuales casos de corrupción, por eso ya a algunos medios les resulta imposible no hablar de algo que todo el mundo sabe, pero que -hasta hace poco- nadie se atrevía a discutir.
Y uno de nuestros personajes es... ese bosque de Jimki, que es una ciudad pegada a Moscú, conocida hoy por su equipo de baloncesto.
Diariamente, los ciudadanos de Jimki acuden a él a llenar botellas de agua. Sus fuentes son oro. El aire que se respira en él, un lujo. Y todo ello está en peligro.
Una vez ya hablamos de él en un "Informe Semanal" y a mí me quedó la espina clavada: había que seguir indagando, quizás podíamos contribuir a su salvación denunciando lo que se está cociendo en torno a él...
Es uno de los pulmones de la capital, de Moscú, que está a unos 20 kilómetros de distancia, pero están a punto de cargárselo. Todo está previsto para que, a través de él, construyan una autopista de peaje de 10 carriles que unirá Moscú con San Petersburgo.
De nada han servido los informes -algunos oficiales- sobre el impacto medioambiental (la nueva carretera va a destruir definitivamente ese ecosistema repleto de robles y con alces y jabalíes).
De nada ha servido tampoco la lucha de algunas personas como Eugenia Chirikova, vecina de Jimki y que, un día, decidió junto a su marido Mijail trasladarse a esta ciudad con sus hijas. El bosque, la naturaleza cercana, les iba a proporcionar la calidad de vida que tanto añoraban.
La lucha de Eugenia y de otras gentes de Jimki comenzó hace 3 años.
Un día cualquiera, paseando, vieron unas marcas en los árboles. Les llamó la atención y comenzaron a investigar: en el silencio de los grandes despachos, al margen de la población, las autoridades locales habían dado el pistoletazo de salida a la construcción de la autopista.
Después de cartas, denuncias, peticiones, informes y protestas, el pasado 5 de noviembre, un decreto firmado por ÉL, por el primer ministro Vladimir Putin, convirtió esa zona verde protegida en terreno a cargo del Ministerio de Transportes. Por tanto, construir en ese territorio y, posteriormente, explotarlo comercialmente, ya es posible. El proyecto -con mucho interés, por cierto, por parte del Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrrollo y del Banco Europeo de Inversiones- sigue adelante después de que la legalidad haya sido adaptada a los caprichos del poder.
La carretera fue decidida, en primer lugar, en el ayuntamiento de Jimki, un oscuro consistorio plagado de antiguos militares. A partir del momento en el que se conocieron sus planes, algunos periodistas locales empezaron a denunciar un proyecto que creían nocivo para la supervivencia del bosque. Y, a partir de entonces, muchos de esos informadores fueron apaleados. Algunos, después de recibir una paliza, murieron, sí, como os lo digo. Otros, como el periodista Mijail Beketov -al que podréis ver en el reportaje- permanece postrado en la cama de un hospital militar, desahuciado por los médicos... sin poder hablar. Era lo que querían, que se callara, que pusiera fin a sus críticas. Y le dieron tantos golpes en la cabeza, que le han impedido, desde el ataque que sufrió, articular palabra.
Es terrible. Muchos de los entrevistados nos han dicho: "La corrupción mata". Y, así es.
Resulta curioso y hasta insultante que, ahora, por las calles de Jimki, hayan colocado carteles en los que se invita a los ciudadanos a cuidar las zonas verdes, "la fuente del aire puro. Sé el dueño de tu ciudad".
Buscando respuestas a una corrupción heredada de otros tiempos y que, devorándolo todo, se ha convertido en un sistema normalizado, aceptado por la mayoría, nos hemos metido en los grandes negocios, en las decisiones del Estado, en los entresijos de la burocracia entrometida, en la policía... que, hoy por hoy, representa la corrupción más evidente con su permanente cultura de cobrar sobornos.
Acudimos, asimismo, a una prisión, una de las 5 que existen en Rusia exclusivamente reservadas para ex agentes de seguridad del Estado, para ex policías. Allí, hemos encontrado algunas respuestas a por qué alguien que jura hacer cumplir la ley, acaba traspasando los límites y convirtiéndose en un ángel caído... al que no siempre pillan, al que muchas veces cubre el propio sistema...
A pesar de todo, sin esperanza de que las recientes medidas anunciadas por el presidente Medvedev para reformar, por ejemplo, el Ministerio del Interior, sean una solución al grave problema de la corrupción, todavía hay rusos que confían -25 años después- en una nueva perestroika, en cambios reales que hagan pensar en que, en Rusia, los derechos -como los sueños- podrán ser posibles... algún día.



