2 posts de junio 2010

Los perros de Kirguizistán (I): ladran

Tengo una imagen en la cabeza que no puedo quitarme de la cabeza. Y un sonido. Curioso que, después de todo lo que vimos y oímos en Kirguizistán, no deje de pensar en la oscuridad de la noche de Biskek. Una ciudad llena de vida durante el día, pero silenciosa y oscura por la noche. Justo en lo que uno puede pensar cuando se habla de una típica ciudad soviética.

Y recuerdo a los perros ladrando. Rabiosos, nerviosos, extremadamente escandalosos. La noche y los ladridos. Quizás un buen título para un post sobre el Kirguizistán de hoy, que no podrá mirar hacia el mañana sin tener muy presente el ayer.



...Este viernes 2 de julio, la Comisión Central Electoral del país ha dado a conocer los resultados definitivos del referéndum constitucional del pasado domingo. Votó algo más del 70% de los electores y la inmensa mayoría, el 90%, lo hizo a favor de la nueva Constitución.

Por estos resultados y por todo lo que hablamos con los kirguises de la capital, parece que el país quiere dar pasos firmes hacia adelante.


Esta es la sede del gobierno.

Según la nueva Carta Magna y tras las elecciones legislativas previstas para el próximo otoño, el ejecutivo, pero -sobre todo- el Parlamento, serán quienes lleven las riendas de un país lamentablemente acostumbrado a los presidentes autoritarios. Las autoridades interinas (que mañana dejan de serlo, la presidente Rosa Otumbáyeva será investida oficialmente presidenta) quieren que Kirguizistán sea una democracia y empezando por el principio, por dejar el poder en manos de los representantes del pueblo elegidos en las urnas.

Pero no todo va a ser tan fácil. Convertirse en la primera república parlamentaria de toda Asia Central no va a dejar de ser complicado.


...Todavía quedan señales claras de lo que pasó en este mismo lugar hace casi 3 meses. La sede del gobierno fue asaltado y saqueado. La gente no podía más con los desvaríos de Kurmambek Bakíyev, hoy tranquilo en su exilio de Bielorrusia, como ya os he contado.

Entonces, en la plaza próxima, las fuerzas del orden se enfrentaron a los opositores... ó, simplemente, a los descontentos. Murieron 87 de ellos. Fue el punto y final trágico a la presidencia de Bakíyev.


El país más pobre del mundo se prepara para la desconocido. De ahí la incertidumbre del futuro. ¿Estará preparado para que el poder ya no recaiga exclusivamente en las manos de "un hombre fuerte"?

Hay partidos políticos que no están nada de acuerdo con la nueva Constitución y, es más, que optarían por dejar las cosas como han estado hasta hace 3 meses: a disposición únicamente del Jefe de Estado. Y Rusia, por ejemplo, que se ha felicitado por la tranquilidad con la que transcurrió la consulta popular, teme por lo que puedan traer a esa república ex soviética esos anhelos de democracia. El presidente ruso, Dimitri Medvédev, ha dicho que lo de la supremacía parlamentaria puede dar lugar al desembarco definitivo del extremismo político y religioso.

Veremos.



Por lo que nosotros pudimos comprobar, la gente está cansada y quiere, sobre todo, que los dirigentes, sean quienes sean, sean honestos, que ya hubo otros que llegaron con aires de cambio y, al final, lo que hicieron fue robar.

Bakíyev, sin ir más lejos, dejó las arcas del Estado vacías.

Confían en que Rosa Otumbáyeva sea diferente. Diplomática de carrera, algunos la han criticado por tener demasiadas posesiones, por ejemplo, en Londres, donde fue embajadora de su país. Otros muchos la han criticado por no haber sabido controlar -y mucho menos evitar- los conflictos étnicos del sur de hace 3 semanas. Pero ahí está. Refrendada su gestión en las urnas, será ella la que indique el camino a seguir, la que establezca los marcos legales a cumplir a partir de ahora.


Estados Unidos respira algo más tranquilo tras la aprobación de la nueva Constitución. Allí, en Kirguizistán, y concretamente en Manás, junto al aeropuerto de Biskek, Washington tiene una base militar clave para el abastecimiento de sus soldados en Afganistán. Clave para la OTAN. Y, por el momento, si no vuelve a haber cambios bruscos en el país, ahí continuará.

Pero, ¿qué tiene Kirguizistán, aparte de una clara importancia geoestratégica?


Allí, los perros no sólo ladran, también muerden... siempre lo han hecho. ¿Por qué será?


Os seguiré contando.

¿Kirguizistán? ¿Dónde?


De cara a la actualidad informativa, Kirguizistán es uno de esos países-espejismo que, hoy, abren portadas y, mañana, se olvidan con la misma rapidez con la que llamaron la atención.

Hace 5 años, por ejemplo. El mundo miró hacia esa república ex soviética con curiosidad, cuando una revolución popular, otra más, lograba derrocar a su gobierno déspota.

Fue la llamada "Revolución de los Tulipanes", que triunfó. Y el resto del planeta pensó: "Problema solucionado".

Pero ya sabemos cómo han sido algunas de esas revueltas populares pacíficas identificadas por un color. Sólo hay que mirar, por ejemplo, a Ucrania. ¡Cuántos sueños pisoteados cuando descubrimos la letra pequeña y las enormes sombras de su "Revolución Naranja"!

Con el boom inmobiliario que vivió Moscú a mediados de los años 2000, en la capital rusa se instalaron varios millones de ciudadanos procedentes de países como Kirguizistán, Tayikistán ó Uzbekistán. Mucho trabajo, necesidad de mano de obra... en las construcciones, en los servicios básicos, en los empleos que los rusos -de camino hacia la consolidación de una clase media nunca antes vista- no querían ni por asomo.

Pero con la crisis, llegó el caos a la masa de inmigrantes, una gran cantidad en situación irregular. Y todo empeoró para ellos, que ya contaban con condiciones laborales terribles, y siempre al merced de las mafias, además de la imposibilidad de regresar a casa. Cuando tratamos el tema, muchos kirguises nos lo contaron: preferían esta penosa situación en la capital rusa a la dramática que vivirían de regreso a su país.

Entonces, cabía preguntarse: ¿Qué pasó con aquella revolución que, supuestamente, había llevado aire fresco a la nación e iba a mejorar la situación de sus ciudadanos?


Hace 2 meses, tuvimos la respuesta. El presidente Kurmambek Bakíyev, cara visible de aquel cambio prometido, no había hecho nada bueno sino todo lo contrario: había reunido todo el poder, la riqueza disponible, en unas pocas manos, las suyas y las de sus familiares más allegados. Su deriva autoritaria era evidente. Aún así, en verano del 2009, volvió a salir elegido en las urnas. La oposición le acusó de cometer fraude para ganar las elecciones. La situación interna empeoró y, en abril pasado, les estalló en la cara de los kirguises.


...Biskek, la capital, se convirtió en un campo de batalla y hubo casi 90 muertos a manos de las fuerzas del orden. La oposición (la misma que en el 2005 había sido, asimismo, alejada del poder) logró derribar al presidente y a todo el gobierno del país.

Bakíyev se negaba a abandonar el poder y tras refugiarse en su bastión del sur, en Jalalabad (donde, estos días, han resurgido los conflictos étnicos y todo puede que esté relacionado), abandonó el país de camino a su exilio en Bielorrusia (que, por cierto, hoy ha vuelto a decir que no, que ni de broma va a extraditarle a Kirguizistán).


La ex ministra de Exteriores, Rosa Otumbáyeva es, desde entonces y hasta hoy, la presidenta del gobierno interino. El próximo 27 de junio, las nuevas autoridades tienen previsto celebrar un referéndum sobre la nueva Constitución y, el 10 de octubre, elecciones presidenciales y legislativas.

De repente, el sur -en general, afín a Bakíyev- comienza literalmente a arder. Pero, en principio, no se trata de disputa políticas. Surge el conflicto interétnico entre la mayoría kirguisa y la minoría uzbeka. Eso, la noche del jueves de la semana pasada. Tan sólo 5 días después, ya se cuentan más de 170 muertos (la cifra puede llegar realmente a multiplicarse de forma dramática) y más de 1.800 heridos. Aparte, más de 100.000 -hasta el momento- de uzbekos obligados a abandonar sus casas y a huir hacia su país, hacia el vecino Uzbekistán, que ayer decidía cerrar la frontera tras declarar el gobierno de Tashken sentirse desbordado por la situación. Resultado:15.000 uzbekos atrapados en la frontera. Y Cruz Roja Internacional ha dicho que, allí, se está al borde de la crisis humanitaria. No hay agua ni alimentos para asistir a todas esas personas.

Pero, escarbando -no mucho- en la superficie de ese nuevo conflicto interno, enseguida ha aparecido la sospecha de que fuerzas próximas a Kurmambek Bakíyev podrían estar detrás de esos enfrentamientos interétnicos, simplemente, para desestabilizar el paísy poner en entredicho la eficacia de las actuales autoridades.

Hoy mismo, el gobierno interino del país ha señalado con el dedo a Maxim Bakíyev como principal instigador de los disturbios. Maxím, hijo menor del ex presidente Bakíyev, hombre fuerte del anterior régimen y apodado en el país "El Príncipe" por sus gustos caros.

Le buscaban los de Interpol por los acontecimientos de hace dos meses en Kirguizistán y, al parecer, acaba de ser detenido en territorio británico tras bajarse en un aeropuerto inglés del avión privado en el que viajaba.

Por cierto que Moscú está intentando mirar hacia otro lado desde que el gobierno de Biskek le pidió ayuda... y no sólo humanitaria.

La reciente historia de esa república ex soviética (en la que tanto el Kremlin como Washington tienen sendas bases militares) , sin duda, promete... aunque, al final, volvamos a dejar de prestarle atención.

Carlos Franganillo


Para Sir Winston Churchill, Rusia era “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” y puede que la percepción de Occidente no haya cambiado mucho.
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