¿Y, ahora, qué? ¿Más abejas o más ladrillos?
Es una de las noticias de la temporada en Rusia. Yuri Luzhkov, el eterno alcalde de Moscú, se ha ido después de 18 años al frente de la alcaldía de la capital rusa. Lo que no sabemos, a ciencia cierta, es si lo ha hecho con una de sus conocidas gorras puesta.
Tan sólo unas horas después de que el presidente Medvedev le hubiese cesado, había fuentes que apuntaban que ya habría abandonado, incluso, hasta el partido oficialista "Rusia Unida", que ayudó a fundar y del que era uno de sus hombres fuertes.
Desde que la noticia comenzó a rondar nuestros teclados -era una muerte política anunciada-, me vino a la cabeza esa portada que "The New Times", uno de los pocos azotes del poder en este país, le dedicó en su día al insigne Luzhkov.
Es un gran aficionado a la apicultura. Es más, sus críticos aseguran que se ha dedicado más a sus abejas que a la gestión de la ciudad.
Su estilo ha sido el propio de un dirigente carca, sobre todo en los tiempos en los que vivimos, poco favorable para una ciudad que quiere destacar entre las mejores del mundo (y que se merece serlo), pero algunos analistas han vanagloriado su figura por cómo ha logrado modernizar Moscú desde que llegó al consistorio en tiempos de Boris Yeltsin...
...Que si ha mejorado la vida de sus ciudadanos (es cierto que, en la capital, un jubilado cobra 30 euros más que en el resto del país, pero estamos hablando de ¡120 euros!), que si le ha dado luz (los luminosos no lo son todo, es más, dejan ver muchas de sus miserias)...
Y que le pregunten a la oposición no presentada, que nunca ha podido manifestarse libremente por las calles de la capital.
Ó a los gays, a los que Luzhkov llamaba "hijos de Satanás".
Ó a los defensores del patrimonio arquitectónico moscovita, que está desapareciendo bajo inmensas moles de cemento y nuevas millas de oro.
Pero su desgracia no ha sido otra que meterse abierta y públicamente con el presidente Medvedev. Sólo, a partir de ahí, se le ha intentado derribar, lo que -desde luego- es bastante lamentable.
Resumo: Luzhkov, cuando había elecciones regionales, arrasaba en las urnas. Lo hizo en 3 ocasiones. Luego, Putin decidió elegir a dedo a los representantes de las regiones y siguió contando con él porque el apoyo que tenía era el de millones de moscovitas, pero trasladado al partido, a "Rusia Unida", y al propio Putin.
Hay -ó, al menos, lo había hasta ahora- buen rollo entre ellos... Hasta el último momento, como poco...
Verano de 2010.
Moscú se ahoga en humo. Luzhkov se va de vacaciones. Medvedev critica que permanezca tostándose en Los Alpes mientras la capital arde de calor.
El bosque de Jimki, nuestro bosque, con las máquinas ya excavando las raíces de sus árboles, vuelve afortunadamente al debate público y el presidente ruso decide interrumpir las obras y estudiar más detenidamente ese proyecto de autopista Moscú-San Petersburgo. Luzhkov, que apoya la construcción de esa ambiciosa vía de peaje, pone en entredicho al Jefe del Kremlin. Medvedev le contesta que "los funcionarios deben contribuir a la mejora de las instituciones o pasarse a la oposición".
Septiembre de 2010.
En un artículo publicado en un periódico ruso, Luzhkov sigue lanzando piedras contra Medvedev y asegura que "Rusia necesita recuperar su verdadera autoridad". Es el capote que le lanza a Putin en pleno debate por quién se presentará a las presidenciales de 2012.
Los medios de comunicación afines al Kremlin, que no son pocos, lanzan -a partir de entonces- una campaña de acoso y derribo contra la figura del alcalde. Y lo que era vox pópuli se convierte, de repente, en noticia de grandes titulares. Se "descubren" los oscuros negocios de Luzhkov en pleno boom inmobiliario de Moscú.
Se le acusa de corrupto, de especular con el suelo, de beneficiar, entre otros, a su esposa, Yelena Batúrina, reina de la construcción al frente de la empresa Inteco. Una de las mujeres más ricas de Rusia, la tercera más acaudalada del mundo según la revista Forbes. Una auténtica afortunada que ha invertido inmensas cantidades de dinero en el extranjero, en Austria por ejemplo, que es donde el todavía alcalde se marcha a celebrar su cumpleaños en medio de la polémica.

Ayer, regresó y dijo que no dimitiría voluntariamente.
Hoy, desde China, el presidente Medvedev aseguraba: "he perdido toda la confianza en el señor Luzhkov como alcalde de Moscú". Ya le había cesado. Puede hacerlo, es uno de los poderes que le otorga ser presidente de la Federación Rusa.
El primer ministro, como el resto de líderes del Parlamento, apoyan la decisión. Vladimir Putin comenta que "era muy evidente que no existía una buena relación entre el alcalde y el presidente".
Pero, ¿no ha sido ésta la primera batalla -perdida, por cierto, por Putin- de cara a esas elecciones del 2012? Muchos dicen que Medvedev, de no haber destituido a Luzhkov, habría sido el hazmerreir de la gente, pero que no habría tomado esa decisión sin el beneplácito del primer ministro, aún a pesar de la pérdida de apoyos que puede suponer para ÉL, para Putin, la marcha forzada de Luzhkov. ¿Ó será, quizás, que empiezan a tener peso los clanes, los grupos de poder que apoyan y sostienen a Medvedev y que, según algunos, pretenden ahora encumbrarle por encima de su mentor?
Muchos dudan de que Vladimir Putin pueda perder espacio y posición.
Ahora, toca elegir a un sucesor en la alcaldía que sepa controlar los millones de votos que genera Moscú. ¿Será otra batalla ó una nueva maniobra para despistar?
¿Y Luzkov, qué va a hacer?
Todavía no ha abierto la boca. A lo mejor está preparando las maletas... u organizando sus negocios... ó poniéndose la máscara para protegerse de las abejas...



