2 posts de septiembre 2010

¿Y, ahora, qué? ¿Más abejas o más ladrillos?

Es una de las noticias de la temporada en Rusia. Yuri Luzhkov, el eterno alcalde de Moscú, se ha ido después de 18 años al frente de la alcaldía de la capital rusa. Lo que no sabemos, a ciencia cierta, es si lo ha hecho con una de sus conocidas gorras puesta.

Tan sólo unas horas después de que el presidente Medvedev le hubiese cesado, había fuentes que apuntaban que ya habría abandonado, incluso, hasta el partido oficialista "Rusia Unida", que ayudó a fundar y del que era uno de sus hombres fuertes.

Desde que la noticia comenzó a rondar nuestros teclados -era una muerte política anunciada-, me vino a la cabeza esa portada que "The New Times", uno de los pocos azotes del poder en este país, le dedicó en su día al insigne Luzhkov.

Es un gran aficionado a la apicultura. Es más, sus críticos aseguran que se ha dedicado más a sus abejas que a la gestión de la ciudad.

Su estilo ha sido el propio de un dirigente carca, sobre todo en los tiempos en los que vivimos, poco favorable para una ciudad que quiere destacar entre las mejores del mundo (y que se merece serlo), pero algunos analistas han vanagloriado su figura por cómo ha logrado modernizar Moscú desde que llegó al consistorio en tiempos de Boris Yeltsin...

...Que si ha mejorado la vida de sus ciudadanos (es cierto que, en la capital, un jubilado cobra 30 euros más que en el resto del país, pero estamos hablando de ¡120 euros!), que si le ha dado luz (los luminosos no lo son todo, es más, dejan ver muchas de sus miserias)...


Y que le pregunten a la oposición no presentada, que nunca ha podido manifestarse libremente por las calles de la capital.

Ó a los gays, a los que Luzhkov llamaba "hijos de Satanás".

Ó a los defensores del patrimonio arquitectónico moscovita, que está desapareciendo bajo inmensas moles de cemento y nuevas millas de oro.


Pero su desgracia no ha sido otra que meterse abierta y públicamente con el presidente Medvedev. Sólo, a partir de ahí, se le ha intentado derribar, lo que -desde luego- es bastante lamentable.



Resumo: Luzhkov, cuando había elecciones regionales, arrasaba en las urnas. Lo hizo en 3 ocasiones. Luego, Putin decidió elegir a dedo a los representantes de las regiones y siguió contando con él porque el apoyo que tenía era el de millones de moscovitas, pero trasladado al partido, a "Rusia Unida", y al propio Putin.


Hay -ó, al menos, lo había hasta ahora- buen rollo entre ellos... Hasta el último momento, como poco...

Verano de 2010.

Moscú se ahoga en humo. Luzhkov se va de vacaciones. Medvedev critica que permanezca tostándose en Los Alpes mientras la capital arde de calor.

El bosque de Jimki, nuestro bosque, con las máquinas ya excavando las raíces de sus árboles, vuelve afortunadamente al debate público y el presidente ruso decide interrumpir las obras y estudiar más detenidamente ese proyecto de autopista Moscú-San Petersburgo. Luzhkov, que apoya la construcción de esa ambiciosa vía de peaje, pone en entredicho al Jefe del Kremlin. Medvedev le contesta que "los funcionarios deben contribuir a la mejora de las instituciones o pasarse a la oposición".


Septiembre de 2010.

En un artículo publicado en un periódico ruso, Luzhkov sigue lanzando piedras contra Medvedev y asegura que "Rusia necesita recuperar su verdadera autoridad". Es el capote que le lanza a Putin en pleno debate por quién se presentará a las presidenciales de 2012.


Los medios de comunicación afines al Kremlin, que no son pocos, lanzan -a partir de entonces- una campaña de acoso y derribo contra la figura del alcalde. Y lo que era vox pópuli se convierte, de repente, en noticia de grandes titulares. Se "descubren" los oscuros negocios de Luzhkov en pleno boom inmobiliario de Moscú.

Se le acusa de corrupto, de especular con el suelo, de beneficiar, entre otros, a su esposa, Yelena Batúrina, reina de la construcción al frente de la empresa Inteco. Una de las mujeres más ricas de Rusia, la tercera más acaudalada del mundo según la revista Forbes. Una auténtica afortunada que ha invertido inmensas cantidades de dinero en el extranjero, en Austria por ejemplo, que es donde el todavía alcalde se marcha a celebrar su cumpleaños en medio de la polémica.

Ayer, regresó y dijo que no dimitiría voluntariamente.

Hoy, desde China, el presidente Medvedev aseguraba: "he perdido toda la confianza en el señor Luzhkov como alcalde de Moscú". Ya le había cesado. Puede hacerlo, es uno de los poderes que le otorga ser presidente de la Federación Rusa.

El primer ministro, como el resto de líderes del Parlamento, apoyan la decisión. Vladimir Putin comenta que "era muy evidente que no existía una buena relación entre el alcalde y el presidente".


Pero, ¿no ha sido ésta la primera batalla -perdida, por cierto, por Putin- de cara a esas elecciones del 2012? Muchos dicen que Medvedev, de no haber destituido a Luzhkov, habría sido el hazmerreir de la gente, pero que no habría tomado esa decisión sin el beneplácito del primer ministro, aún a pesar de la pérdida de apoyos que puede suponer para ÉL, para Putin, la marcha forzada de Luzhkov. ¿Ó será, quizás, que empiezan a tener peso los clanes, los grupos de poder que apoyan y sostienen a Medvedev y que, según algunos, pretenden ahora encumbrarle por encima de su mentor?

Muchos dudan de que Vladimir Putin pueda perder espacio y posición.

Ahora, toca elegir a un sucesor en la alcaldía que sepa controlar los millones de votos que genera Moscú. ¿Será otra batalla ó una nueva maniobra para despistar?

¿Y Luzkov, qué va a hacer?

Todavía no ha abierto la boca. A lo mejor está preparando las maletas... u organizando sus negocios... ó poniéndose la máscara para protegerse de las abejas...

Habrá que ser optimistas

...Intento convencerme de que hay que serlo en cada comienzo de curso, a pesar de que -en casa- no te funcione el teléfono, ni internet, que la lavadora escupa agua por donde no debe y que ya haga frío... y no haya todavía calefacción. Al menos, -eso me consuela- no huele a quemado en la calle y se puede respirar.

Las noticias que genera Rusia -y que interesan más allá de sus fronteras- no son nada buenas. Hoy, volvemos a hablar de atentados terroristas. Ésta vez, en el mercado central de Vladikavkaz, capital de la república de Osetia del Norte, en el sur de Rusia, en pleno Caúcaso.

Ingenuo de mí, realmente pensaba encontrarme con otros titulares... más positivos.

En agosto, Raskólnikov me puso sobre aviso de una decisión oficial que tenía que ver con el bosque de Jimki, protagonista del reportaje que hicimos, en marzo pasado, para "En Portada".

La última noticia que hicimos antes de irnos de vacaciones tenía que ver con él: las máquinas ya habían empezado a destruirlo para construir, sobre él, una autopista de peaje.

Pues bien, el presidente ruso ha dicho que "a pesar de que la construcción de dicha autopista ya ha sido examinada por organismos judiciales, nuestros ciudadanos consideran que requiere un análisis adicional. Por lo tanto, he tomado la siguiente decisión: encargo al gobierno detener el cumplimiento del decreto sobre la construcción de la carretera y completar el estudio con discusiones públicas y periciales. Éstas ya se han realizado, pero dado que el tema tiene una elevada resonancia social, no veo nada grave en que volvamos a las discuciones. Será lo correcto, aunque sólo sea para poner finalmente todos los puntos sobre las íes".

...Conocer esa respuesta de Medvedev, para mí, fue motivo de alegría... Pero, posteriormente, ha llegado el primer ministro, Vladimir Putin, para decir "Ya veremos". Y a todo esto, hay que sumar lo que dice el alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, para quien las alternativas a dicha autopista de las que hablan los defensores del bosque de Jimki "no son alternativas, son fantasías".

En fin, habrá que ser optimistas...


Los terribles incendios de agosto, a causa del calor y del abandono de los bosques rusos por parte de las autoridades competentes, han obligado al Kremlin a, por lo menos, recapacitar. Medvédev -que, por cierto, ha puesto a España como ejemplo de la lucha contra los incendios forestales- se ha mostrado dispuesto a reformar el actual Código Forestal, que aprobó Putin cuando era presidente y que convirtió a parte de la masa forestal en tierra nadie... sin contar que desapareció la figura del guardabosques. Como ya os he contado, hace 4 años, había 70.000 en todo el país. Hoy, ninguno.

Ocurre que cuando uno comienza a animarse, a ver que algo puede cambiar, salta esa otra noticia empeñada en amargarte el momento.

Hace unos días, un grupo de policías -enmascarados- entraron como elefantes en cacharrería en la redacción de la publicación "The New Times", que también aparece en "Las astillas del bosque ruso", nuestro reportaje de "En Portada".





Os recuerdo que "The New Times" logró entrevistar, a principios de año, a un grupo de ex miembros de los OMÓN, las fuerzas especiales de la policía, que contaron los abusos y la corrupción dentro del cuerpo. Algunos dieron la cara, otros aparecieron como fuentes anónimas. Y, ante la negativa de la dirección de la revista a descubrir a sus fuentes, éste ha sido el resultado: una redacción puesta patas arriba en busca de las grabaciones de dichas entrevistas. No lograron nada. O sí: mantener viva la amenaza.


La corrupción sigue siendo uno de los grandes lastres de Rusia y quienes se atreven a denunciarla, continúan dándose con un muro de acero. Como el conocido defensor de los Derechos Humanos Lev Ponomarev, miembro del grupo Helsinki, que ha sido condenado a prisión por manifestarse pacifícamente.

Este lunes, a nuestro conductor, Anatoli, le pararon en la carretera. Le hicieron la prueba de alcoholemia. Le pidieron los papeles del coche. No había razones para retenerle más de un minuto. Pero lo hicieron. Le amenazaron con repetir la prueba, con llevarle a no sé dónde para sacarle sangre, con retirarle el permiso... Al final, sólo le dejaron en paz cuando les dio lo que querían: DINERO. Y fueron 20.000 rublos. Más de 500 euros.

Habrá que ser optimistas...

Carlos Franganillo


Para Sir Winston Churchill, Rusia era “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” y puede que la percepción de Occidente no haya cambiado mucho.
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