1 posts de enero 2011

El negocio de la muerte

No está claro cómo Viktor Bout reunió los primeros 120.000 dólares. Quizá sus contactos en el GRU, la inteligencia militar soviética, le facilitaron las cosas para adquirir 3 viejos aviones Antonov que, como cientos de aeronaves, se oxidaban en los hangares de todo el país. La Unión Soviética acababa de derrumbarse y “emprendedores” sin escrúpulos como Bout descarnaban los restos del viejo imperio para alumbrar el nuevo capitalismo ruso.

En pocos años, organizó una enorme red de transporte aéreo que, según informes de la ONU, inundó el continente africano de armas procedentes de los arsenales soviéticos, con la complicidad de muchos oficiales convenientemente sobornados.

Para aquel tipo, formado en el Instituto Militar de Lenguas Extranjeras de Moscú (uno de los principales centros de adiestramiento del GRU, según los expertos en inteligencia), fue fácil confraternizar con señores de la guerra, grupos rebeldes y dictadores. En el libro El Mercader de la Muerte, los periodistas Douglas Farah y Stephen Braun cuentan que previamente había trabajado en el continente como agente soviético.

Bout se define como un “hombre de negocios” y quizá por eso no hacía distinciones entre sus clientes. Vendía lanzagranadas a la Alianza del Norte, en Afganistán, y fusiles Kalashnikov a sus enemigos talibanes.

Armaba al gobierno angoleño pero también a los rebeldes de UNITA que lo combatían. Era capaz de trasladar material humanitario de la ONU mientras facilitaba armas a batallones de niños, convertidos a la fuerza en soldados y asesinos. Incluso Halliburton, la compañía vinculada al ex vicepresidente estadounidense Dick Cheney, alquiló sus aviones para transportar equipamiento militar de EE.UU. a Irak.

Pero los servicios de seguridad norteamericanos le pisaban los talones y en 2008 lo atraparon en un hotel de Bangkok. Rusia se negaba a que fuera extraditado a Estados Unidos (según algunos expertos militares, Bout mantiene aún estrechas relaciones con miembros de la inteligencia rusa) pero Tailandia se rindió a las presiones de Washington y el 21 de enero comenzará en Nueva York la fase preliminar del juicio.

Viktor Bout es uno de los símbolos del vacío de poder que dejó la caída de la URSS, y que unos pocos supieron rentabilizar. Aquella rapiña descontrolada sigue pesando sobre la Rusia de 2011, porque gran parte de sus estructuras económicas y políticas se engendraron entonces. Muchos de los oligarcas surgidos en aquellos años han caído en desgracia, pero los sectores estratégicos están ahora en manos de magnates próximos al Kremlin o han sido reabsorbidos por el Estado, en cuya maquinaria siguen instalados antiguos miembros de los servicios de seguridad. Casi 20 años después de la desintegración de la Unión Soviética, Rusia tiene aún pendientes las reformas políticas y económicas necesarias para superar definitivamente los pecados de los años 90.

Carlos Franganillo


Para Sir Winston Churchill, Rusia era “un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” y puede que la percepción de Occidente no haya cambiado mucho.
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