Pelea de bulldogs
En una ocasión Winston Churchill comparó las luchas de poder en el Kremlin con una pelea de bulldogs bajo una alfombra. Puedes escuchar cómo se pelean debajo pero no sabes quién está ganando hasta que ves salir los huesos del perdedor. El mítico premier británico se refería entonces a las disputas en la cima del poder soviético pero sus palabras pueden aplicarse hoy.
La opacidad y las maneras sutiles siguen definiendo la alta política rusa, desconcertando a analistas que siguen con dificultad la lucha de clanes y los cambios de bando en un poder político aparentemente homogéneo.
Tras las protestas de diciembre se ha puesto en marcha una cadena de movimientos de fondo que para muchos expertos indica que los bulldogs se están sacando la piel a dentelladas debajo de la moqueta. Y los primeros huesos empiezan a salir a la luz.
Vladislav Surkov, conocido como el “cardenal gris” de la política rusa y figura esencial de la era Putin, parece una nueva víctima de ese duelo en la cumbre. Su nombramiento como viceprimer ministro le aparta del Kremlin y del futuro equipo de Vladimir Putin, si logra volver a la presidencia en marzo –como todas las encuestas pronostican-.
“Es el fin de una época. Surkov era el autor de la escena política que ha existido en Rusia en los últimos años”, decía la socióloga Olga Krychtanovskaya a la agencia France Presse.
Vladislav Surkov, un antiguo publicista y escritor de ficción, ha sido el cerebro en la sombra del sistema político que arrancó hace 12 años y el autor del concepto de “democracia dirigida”, vigente en Rusia. Pero según algunos expertos la distancia entre él y Putin había aumentado. Mientras el primer ministro trataba de ridiculizar a los manifestantes, Surkov decía que en la calle estaba lo mejor de la sociedad rusa.
Para el analista Serguéi Mijiyev el sector liberal del Kremlin trata de recuperar peso después de que convencieran a Medvedev para no presentarse a la reelección presidencial y cree que el actual jefe de Estado y su entorno tratan de sacar rédito de las protestas, apoyándolas desde las alturas para debilitar a Putin.
Sin duda, las mayores manifestaciones contra el Gobierno desde los tiempos de la perestroika han sacudido poderosamente la política rusa. Muchos opositores han tomado la calle y su mensaje crece vigoroso en las plazas de Moscú. Pero no es el único frente del cambio político que se avecina. Una época ha terminado, como decía la experta Olga Krychtanovskaya, y la lucha por apropiarse del futuro no sólo se libra en la calle. También bajo las alfombras del Kremlin.



