¡Jallalla, Bolivia!
¡Viva Bolivia!
Falta hace un grito de buenos augurios ante el complejo panorama que vuelve a plantearse después del Referendum Constitucional del domingo 25. La foto que de nuevo sale de las urnas es la de dos países, dos clases sociales y dos formas de entender el mundo; una queriendo retener parte del viejo poder. Otra, determinada a conquistarlo y tal vez a pasar factura.
El nuevo texto constitucional tiene un montón de cosas interesantes y positivas. Las principales se resumen en el profundo sentido de justicia social que lo inspira: reparar la desposesión política, cultural y económica de una parte de la población, ese 60% por ciento indígena que componen un total de 36 pueblos originarios.
Y aquí, donde parece estar la solución, podría encontrarse también el problema.
Mucho se habla de la posibilidad de enfrentamiento entre los históricos desheredados y los -llamémosles blancos- que verían en entredicho sus privilegios anteriores por más que no todos son privilegiados en ese 40% que de forma repetida vota NO porque no se siente representado por el gobierno del MAS de Evo Morales, sus propuestas y su proyecto de país diseñado en la Constitución.
La nueva Constitución podría abrir la vía a otra modalidad de enfrentamiento. Esta vez entre aquellos a los que pretende favorecer: las distintas comunidades o pueblos originarios.
La atribución de poder y recursos económicos estatales a las comunidades indígenas podría ser, a la luz de la historia remota y reciente, la llave que reabra rivalidades tribales como las que permitieron el dominio de los colonizadores españoles y, antes, del Imperio Inca.
El aymara, etnia dominante en Bolivia y a la que pertenece el propio Evo Morales, se define por una una especie de lucha entre opuestos: lo comunitario y lo disgregador, la unión y la división.
Siempre viene bien la mirada de gente que lleva años ocupándose de Bolivia y sus gentes. En este caso, hablo del estudioso catalán Xavier Albó. A él hemos recurrido buscando respuestas en alguno de nuestros viajes a La Paz. Le hemos seguido después en su blog y su observación sobre la ceguera de la izquierda en general y latinoamericana en particular a la hora de ver al indígena como representante de la clase oprimida me animó a ser muy cauta a lo hora de separar las aguas políticas entre buenos y malos.
Para entender este horizonte de predominio étnico y aymara, recomiendo especialmente uno de sus libros en línea: "Identidad étnica y política".
Saludos y provechosa lectura a los interesados



