Brasil se apaga
Sí, sin duda el apagón de Brasil ha sido eléctrico pero ha supuesto mucho más que millones de hogares apagados, colapso del tráfico en megalópolis como Sao Paulo o millones de personas abandonando el metro y buscando a tientas la salida a la superficie. El apagón brasileño es una especie de eclipse nacional de lo que estaba siendo un esplendoroso astro naciente: el nuevo Brasil, el que venía encandilando a todos, de Washingtong a Moscú, el que le arrebató a Madrid y se llevó a Río la designación de ciudad olímpica para los JJ de 2016, el que mueve con tanta suavidad como firmeza los hilos de la política latinoamericana, el mismo que lucha por dejar de ser campeón de la pobreza y donde casi el 53% de la población es ya clase media, un Brasil, en fin, cuyos encantos atraen tanta inversión extranjera que debe frenarse para evitar que sea contraproducente.
Pero ¡Ay!, se fue la luz y 18 de los 26 Estados de este país de dimensiones continentales y100 de sus 192 millones de habitantes quedaron a oscuras, de 10 de la noche hasta las 5 de la madrugada del miércoles 11. Un maratón de sombras que -valga la paradoja- ha encendido muchas alarmas. ¿Está Brasil a la altura de los compromisos interancionales asumidos? ¿El Mundial 2014? ¿Los Juegos Olimpicos de 2016? ¿Ha derrochado el mundo su confianza en las promesas brasileñas? ¿Destapa este crack eléctrico los pies de barro del gigante?
Todas las miradas están en el Brasil apagado que, casi 24h más tarde, no había conseguido restabler el suministro de agua para unos dos millones de personas en el área metropolitana de Sao Paulo, la segunda más grande de latinoamérica después de Ciudad de México.
Versiones de la falla hay para todos los gustos, desde climatológicas a eléctricas, de ciberterroristas a protagonizadas por extraterrestres. Nada claro se sabe.
Los más preocupados, los propios brasileños. El gobierno de Lula, mordiendo clavos, tratar de encauzar la situación y obtener explicaciones. Sobre todo, para poder darlas a los demás.
Este apagón es sinómimo de lo que Brasil quiere dejar atrás: el subdesarollo con todo lo eso implica. Pobreza, atraso, caos, inseguridad y también un largo historial de apagones eléctricos.



