Y, en el Cono Sur, sobran las razones para estar crispado...
Estamos lejos de España, de Madrid, pero estos días esas imágenes de una Puerta del Sol abarrotada recorren el mundo. Todo el mundo -sabiendo que eres español nada más abrir la boca- te pregunta qué pasa en tu país... porque, por estos lares, están acostumbrados a salir a la calle.
Por ejemplo, en Buenos Aires.
Y os lo dice alguien que ya está acostumbrado a los bombos y a los silbatos, porque ese es el día a día de quien trabaja en la Playa de Mayo, donde se encuentra la Casa de Gobierno.
El balcón de nuestra oficina, desde el que hacemos los directos, es un palco a la protesta diaria. En ocasiones, se juntan hasta varias manifestaciones que no tienen nada que ver. Y, ahí, junto al círulos en el que habitualmente se manifiestan las Abuelas y las Madres de la Plaza de Mayo, están los veteranos de la Guerra de las Malvinas -los que todo el mundo dice que nunca estuvieron en combate-, perennes, con una caseta fija en el lugar después de años!
Pero, también, puedes ver a estudiantes -muchos últimamente-, jubilados, trabajadores de todo tipo, currantes mal pagados... en definitiva, gente insatisfecha.
Y no hace falta ser muchos, basta con ser uno solo. En Argentina, tienes todo el derecho a manifestarte y a protestar donde quieras (qué diferencia con aquella Rusia en la que toda concentración estaba prohibida!). En Buenos Aires, cualquier jornada podría pasar por "El Día del Piquetero"... para desesperación de los conductores.
El viernes, asistimos en Montevideo a una nueva Marcha del Silencio con familiares de detenidos desaparecidos durante la dictadura uruguaya (1973-1985), entre numerosas organizaciones de Derechos Humanos, miles de ciudadanos -algunos hablan de más de 100.000 personas- y algún que otro político.
Su silencio era ensordecedor. Todos callados, pero al grito de "Abajo la Impunidad". En general, caras tristes... indignadas (de nuevo)... Iba a ser la primera Marcha del Silencio SIN la Ley de Caducidad (1986) -la que amnistía a los represores militares y policiales-. Pero no pudo ser. La noche anterior, de madrugada, después de 14 horas de debate, el oficialista "Frente Amplio" -la coalición de izquierdas en el poder- no pudo derogar la norma en el Parlamento.
Empujada por unas bases militantes muy activas, la coalición había decidido votar en bloque por la nulidad -aunque algunos diputados, en solitario o en privado, no estuvieran de acuerdo, sólo a favor de dejar las cosas como están, sin remover el pasado-. Y el "Frente Amplio" tenía la mayoría necesaria (50 de 99 escaños), pero Víctor Semproni, uno de los suyos, cumplió con lo que ya había anunciado: alinearse con el presidente José Mujica y no votar a favor. Pero buscó la solución intermedia: se ausentó de la votación y, con 49 votos contra 49, nada va a cambiar... por el momento.
Pero muchos, sobre todo las víctimas, no van a parar hasta que, efectivamente, se produzca ese cambio. Al menos, no van a dejar de callar. Como Macarena Gelman, cuyo nombre no dejó de sonar durante el debate del Legislativo porque la Corte Interamericana de Derechos Humanos, al hilo de su caso, recientemente ha llegado a calificar de inconstitucional la dichosa Ley de Caducidad. La nieta biológica del poeta Juan Gelman descubrió, siendo ya adulta, que su padre -un policía uruguayo- no era su padre, sino su apropiador y que sus padres eran argentinos que habían sido detenidos y asesinados por la dictadura argentina (1976-1983). Su madre permanece desaparecida. Y ella, que fue un bebé robado entregado en Uruguay y por cuyo caso NADIE ha respondido, piensa seguir luchando contra la impunidad.
De Montevideo, nos hemos venido a Santiago de Chile. En unas horas, van a proceder a exhumar los restos del presidente Salvador Allende para realizar una investigación judicial, de manera oficial como nunca hubo, aunque si fuera por los medios de comunicación de aquí, nadie se enteraría porque, directamente, ni mencionan el tema. Parece un tema tabú... Y eso que ya han pasado ya casi 38 años desde su muerte, desde aquel 11 de septiembre de 1973 en el dio comienzo la dictadura de Pinochet (1973-1990).
Un colega de uno de los periódicos nacionales me ha contado que tienen la orden expresa de no hablar de ello... sobre todo, si alguien pregunta... como yo he hecho. Me extraña este silencio, me parece de otra época. Van a exhumar el cuerpo de un presidente legítimo de Chile -y abiertamente, a plena luz del día y no como aquella primera exhumación del 90 en la que se utilizaron palas, nocturnidad y casi alevosía- y como si nada, como si no fuera a ocurrir.
Pensaba que aquí, en Chile, habría más interés, pero me he dado cuenta de que le estamos dando más importancia -aunque, probablemente, la que hay que darle- los que venimos de fuera.
Son otras cosas las que parece que sí importan. El viernes, Santiago se acabó convirtiendo en un campo de batalla con decenas de detenidos y algún herido -un carabinero, grave- tras la manifestación convocada -como en varias localidades del país- para protestar contra el proyecto HidroAysén, que supone la próxima construcción de varias presas en la Patagonia.
Los ecologistas están que trinan y la gente, indignada.
Veis? Ya hay algo que nos une a todos los pueblos del mundo: la crispación. Que me diga alguno donde hay alguien que no tenga motivos para gritar de rabia. Y no vale dar ejemplos como spas, magníficos edificios de Manhattan en los que se ocultan poderosos supuestamente acosadores ó juntas directivas en las que se reparten dividendos mientras se recortan empleos.



