La resiliencia
Os escribo desde la Costa de Louisiana. De frente el Golfo de México, esas aguas que aún se recuperan del mayor vertido de petróleo de su historia. De espaldas, el lago Pontchartrain. El huracán Katrina hizo una brecha en sus diques, inundando el 80% de Nueva Orleans.
Cuando parecía que había pasado un drama... llegaba el siguiente. Y ahora qué más... decían sus ciudadanos. Pero hoy no quieren volver a esos recuerdos. Pese a que están ahí, en los barrios periféricos aún en reconstrucción, o en las casa abandonadas, o en las cifras de pérdidas de pescadores y mariscadores desde que el vertido de BP hace casi un año les obligara a quedarse en casa. El 45% de las ostras de EEUU salen de Louisiana. O salían. Venimos de visitar la empresa más grandes del país, P&J Oyster. Su presidente llora cuando nos cuenta que desde junio no hay trabajo. Primero porque las aguas estaban cerradas, después porque no había ostras, unas murieron y otras eran demasiado pequeñas, y ahora porque los precios han bajado demasiado. La mitad de sus trabajadores está en la calle, familia incluída. El consumo ha descendido en todo EEUU, pese a que el marisco es el rey de la gastronomía turística de Nueva Orleans. Hay desconfianza, después del vertido. Pero no voy a abandonar, dice. No me miréis con pena, no se trata de dar lástima. Se trata de que vamos a salir de esta. Como hemos salido de otras muchas en Nueva Orleans. Esta frase parece tatuada en sus ciudadanos. Ellos mismos hablan de resiliencia. Según la psicología positiva, es la capacidad que tenemos los humanos de sobreponernos a un suceso traumático o dramático. De salir adelante. De luchar. Por eso a este lado de EEUU no les gusta hablar de reconstrucción, ni de rehabilitación. Hablan de renacimiento. De reinvención. No volverán a ser lo que eran, porque van a intentar convertirse en lo que siempre han querido.
"Soul is waterproof" dice una de las campañas turísticas de Nueva Orleans. El alma es impermeable.



