Lo que merece la pena...
No me quito de la cabeza el relato que han escrito los cuatro periodistas del New York Times secuestrados en Libia durante seis días por las fuerzas de Gadafi. Ya liberados, cuentan su cautiverio en un artículo titulado "Días de brutalidad", que ayer leí rápido, lectura diagonal que llaman, no por las prisas, sino por el estómago. Hoy he enmendado el entuerto.
Golpes, palizas, insultos, amenazas. "Tienes una cabeza muy bonita. Te la voy a quitar para ponérmela yo. Te la voy a cortar". La periodista decía a sus tres compañeros "sólo espero que no me violen". Habla de manoseos. Son decanos en la cobertura de conflictos. Han vivido de todo. Pero esta vez pensaron que no salían de allí. "Te sientes vacío cuando sientes que todo casi ha terminado".
Pero el párrafo que se queda clavado en el lector... el periodista... es cuando cuentan que aún no saben qué ha sido del conductor que les llevaba en coche cuando fueron capturados. No saben si le mataron. Y escriben que tendrán que "vivir toda su vida con la carga de que un inocente murió por nuestra culpa, por nuestros errores, por un artículo por el que nadie merecía morir. Ningun artículo lo merece pero estábamos ciegos".



