3 posts de marzo 2011

Lo que merece la pena...

No me quito de la cabeza el relato que han escrito los cuatro periodistas del New York Times secuestrados en Libia durante seis días por las fuerzas de Gadafi. Ya liberados, cuentan su cautiverio en un artículo titulado "Días de brutalidad", que ayer leí rápido, lectura diagonal que llaman, no por las prisas, sino por el estómago. Hoy he enmendado el entuerto.

Golpes, palizas, insultos, amenazas. "Tienes una cabeza muy bonita. Te la voy a quitar para ponérmela yo. Te la voy a cortar". La periodista decía a sus tres compañeros "sólo espero que no me violen". Habla de manoseos. Son decanos en la cobertura de conflictos. Han vivido de todo. Pero esta vez pensaron que no salían de allí. "Te sientes vacío cuando sientes que todo casi ha terminado".

Pero el párrafo que se queda clavado en el lector... el periodista... es cuando cuentan que aún no saben qué ha sido del conductor que les llevaba en coche cuando fueron capturados. No saben si le mataron. Y escriben que tendrán que "vivir toda su vida con la carga de que un inocente murió por nuestra culpa, por nuestros errores, por un artículo por el que nadie merecía morir. Ningun artículo lo merece pero estábamos ciegos".

Ya no hay puño sobre la mesa...

El presidente Obama ha debido repetir en los últimos cuatro días casi un centenar de veces, o esa sensación tengo, que la participación militar estadounidense sobre Libia se produce dentro de un mandato internacional de Naciones Unidas, con un objetivo humanitario: proteger a un pueblo amenazado. "No podemos quedarnos quietos cuando un tirano le dice a su pueblo que no tendrá piedad". Durante semanas, desde aquí, desde Washington, se acusó al presidente Obama de debilidad frente al régimen de Gadafi. Eran muchas las voces que no entendían por qué el país más poderoso del mundo no defendía de inmediato los derechos y libertades de un pueblo atacado y respondía al desafío directo del líder libio. La Casa Blanca repitió entonces que actuaría, pero únicamente dentro de la legalidad internacional, como miembro de la comunidad global a la que pertenece.

Esas mismas voces impacientes que reclamaban rapidez unilateral al Pentágono hace sólo unos días, ahora exigen al presidente Obama que explique cuál es el papel exacto de EEUU en Libia, cuánto tiempo más va a estar ahí y si las fuerzas armadas estadounidenses pueden sobrellevar otro conflicto militar abierto en el mundo. La Casa Blanca tiene la misma respuesta. Se retirará del mando de la operación, pero únicamente cuando la comunidad internacional a la que pertenece se coordine para asumirlo. "En el pasado, EEUU ha actuado al margen del consenso internacional. Eso pasó. Somos líderes entre aliados..." dice Obama.

A este lado del Atlántico desconcierta un liderazgo de consenso, lejos del puño sobre la mesa. Se acusó a Obama de débil. De falto de estrategia. Ahora se habla de mensaje contradictorio. De falta de definición en el objetivo de la participación de EEUU en la operación internacional. Pero el objetivo está clarísimo. Respaldar a la comunidad internacional y dedicir junto a los aliados cuál va a ser el siguiente paso. El consenso es más lento y no siempre justo, pero es lo que tiene volver al tablero de juego multilateral, como prometió Obama en su primera comparecencia ante la Asamblea de Naciones Unidas nada más llegar a la Casa Blanca hace dos años. Líderes entre aliados.

La hiperrealidad... o eso dicen

No sé a cuántos expertos sobre seguridad nuclear he escuchado hoy dibujar sus teorías sobre lo que puede o no ocurrir en Japón. No sabía que hubiera tantos. Y sinceramente, no creo que los haya. A uno de ellos le escuché decir algo... así de pasada... "Las catástrofes son diferentes cuando las vemos". No presté mucha atención al resto de su razonamiento, porque me quedé encallada en esa tesis. No sé si es terrible porque es verdad, o terrible porque no quiero que lo sea. Una cosa es segura: estamos viendo todo, absolutamente todo de esta catástrofe. Imágenes desde todos los ángulos, historias entre escombros, predicciones más o menos arriesgadas y reacciones de solidaridad más o menos sinceras. Quizás, demasiado. "Los mejores vídeos de la catástrofe" leía esta mañana. Ya...

Dori Toribio


Llevo más de 10 años trabajando en RNE. Ahora, descubriendo EEUU, como corresponsal en Washington. Este país también vive la radio pública con pasión. Y lo ha hecho a lo largo de su historia. El presidente Franklin Roosevelt allá por la década de los 30, inició sus “Charlas junto a la Chimenea”. Se dirigía por radio a los ciudadanos estadounidenses. Tono íntimo, palabras tranquilas, mensajes de confianza. Nunca hubo ira, ni chistes malos, ni uno tono más alto que otro. Se ganó a la opinión pública, pese al difícil momento político, sacando a Estados Unidos de la Gran Depresión, poniendo en marcha el New Deal y anunciando una Segunda Guerra Mundial. “JUNTOS NO PODEMOS FRACASAR”, fue su mensaje.
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