Mitt Romney es ya el candidato presidencial del partido republicano. Entramos en la franja decisiva de la campaña electoral hacia el 6 de noviembre. El punto de partida, un empate técnico entre el ex gobernador de Massachusetts y el presidente Barack Obama. Y el electorado de centro, el más disputado. La Convención Republicana ha situado el centro del debate electoral en la economía y la creación de empleo. La ecuación que proponen la resuelven sin incógnitas: Obama ha fracasado. No ha cumplido lo que prometió. Nosotros sí cumpliremos. Podemos hacerlo mejor, porque sabemos hacerlo mejor. Hay que desarticular antes, eso sí, el rastro del "Yes, we can" de 2008.
Contra lo esperado, el mensaje electoral de los republicanos dispara hacia el voto independiente y adula a aquellos estadounidenses decepcionados con Obama. Aunque el programa de la plataforma republicana redactado en la convención recoge los postulados más conservadores en materia social, muy distintos fueron los discursos estelares de Mitt Romney y su candidato vicepresidencial Paul Ryan. "No importa si republicano o demócrata, únete a nosotros y cambiemos las cosas. Podemos hacerlo" gritaba Ryan en Tampa. Y Mitt Romney este fin de semana desde Jacksonville pedía a los estadounidenses "cada uno de vosotros debe buscar una persona que votó a Barack Obama y convencerle para votar a Ryan y Romney".

Los republicanos prometen tener sólo una prioridad: reactivar la economía, crear puestos de trabajo y restaurar la grandeza de EEUU en el mundo. Porque la consideran perdida. Dan por hecho el voto conservador y del Tea Party. Buscan abrir la vía del centro, los inedecisos y los independientes. Saben que el voto conservador es disciplinado. Votarán el 6 de noviembre. Y votarán por Romney, aunque no estén convencidos de ello. Porque tienen un objetivo común: sacar a Obama de la Casa Blaca.
Las encuestas aseguran que los republicanos están mucho más entusiasmados con estas presidenciales y movilizados para apoyar a su candidato, que los demócratas. Y es una movilización clave, la organización de base local, en barrios y condados es el núcleo de la campaña electoral en EEUU. De vecino a vecino.
Son muchos los estadounidenses que aún no tienen decidido su voto. Muchos, según las encuestas, apostaron por Obama en 2008 y no tienen claro si volverán a hacerlo. Desilusionados con el presidente, tampoco encuentran una alternativa sólida en la oposición. Ahora empieza lo bueno. Comienza la guerra por conquistarles. A todos aquellos que creyeron el el cambio y la esperanza. Change and Hope.
La estrategia republicana no es fácil. De momento, esta convención se ha empeñado en utilizar los términos a destajo, cuanto más mejor. Para eliminar la connotación demócrata. "¿Qué pasó con el cambio y la esperanza? América se merece cambio y esperanza. Cambiemos las cosas" decía Romney en su discurso de aceptación. “Uno sabe que hay algo que anda mal con el trabajo que ha hecho como presidente, cuando el mejor recuerdo que tienes fue el día que le votaste”. Y desmontando el archifamoso Yes, we can... "We can do better" decía el lema del arranque de la Convención. Podemos hacerlo mejor. "It´s not if we can. It´s how we can do it". No es si podemos. Es cómo podemos.
A lo largo de toda la convención, se han repetido estos argumentos. Con insistencia, el día de la clausura. Desde Mitt Romney y Paul Ryan, al senador de Florida, de origen cubano, Marco Rubio, evocando un sueño americano redactado por él mismo. "Mucha gente huye de países en los que se están aplicando las políticas que aplica este gobierno" decía.

El ex candidato John McCain y la ex secretaria de Estado Condolezza Rice se dedicaron más bien a resumir en cuántos lugares del mundo iniciarían un conflicto béllico en defensa de la justicia y la libertad. Porque ese es el rol de EEUU en el mundo, y "no se puede liderar desde la segunda fila. La paz llega a través de la fuerza" repetía Rice, ante un auditorio en pie, emocionado y ovacionando como a nadie más a la ex secretaria de Estado de la Administración Bush. Tanto que las apuestas vuelven a situarla en cabeza de las apuestas presidenciales para 2016. Como al gobernador de New Jersey, Chris Christie. Otro de los nombres que más suenan para aspirar a la Casa Blanca en unos años, y que lanzó un discurso en el que se le olvidó mencionar a Mitt Romney durante los primeros 20 minutos. En esta convención, han sido muchos los momentos en los que le recordaban a uno que Romney-Ryan 2012 está bien... pero las grandes apuestas republicanas llegarán en 2016. Y muchos han ido preparando el territorio, durante esta semana en Tampa.

Con el apoyo de los suyos, o no, a Mitt Romney le sonríen las encuestas tras la convención. No ha aumentado el porcentaje de intención de voto de ciudadanos que piensan votarle en noviembre, pero sí la popularidad del candidato presidencial republicano. Según una encuesta de Reuters/Ipsos, cae mejor que hace una semana. Sobre todo entre los independientes. Un 45% lo ve con buenos ojos, en comparación con el 34% de hace tan solo dos días. Y avanza en sus asignaturas pendientes: Romney "entiende a la gente como yo" y "es una buena persona". Y un 37% considera que Romney sería un presidente más efectivo que Obama, por un margen de un 37% frente a un 33%.
Y con el programa republicano cerrado, escucharemos a los demócratas esta semana en Charlotte, Carolina del Norte. Bueno, les llevamos escuchando ya unos días, rompiendo esa regla no escrita que dice que uno se calla mientras el oponente está celebrando su Convención, vimos a Obama esta semana de mitines por EEUU. Su ecuación también está redactada ya: los republicanos mienten. Asfixiarán a las clases medias, porque prefieren a Wall Street. Y la herencia económica del país es difícil de arreglar de un día para otro. Tras la peor crisis después de la Gran Depresión, necesitamos más tiempo. Cuatro años más, 4 more years, pide el presidente de EEUU. Charlotte será su punto de partida. Y quizás su último discurso como presidente en la Convención Demócrata.