La niña que lloraba cansada de las elecciones

Érase una vez una niña de 4 años llamada Abigael Evans. Cuando iba en el coche con su madre y la excelente radio pública NPR sonando, se puso a llorar con desesperación. “Estoy cansada de Bronco Bama y de Mitt Romney” sollozaba la niña entre lágrimas de fatiga electoral.

El video corrió por Internet como la pólvora, alcanzando más de millón y medio de visitas. Tantas, que la NPR emitió un comunicado de disculpa, admitiendo que no es la única que tiene ganas de llorar. “Pedimos perdón a Abigael y a los muchos que probablemente se sienten como ella. Confesamos que esta campaña también se nos está haciendo larga. Sigamos diciéndonos: Sólo unos días más… sólo unos días más… sólo unos días más…”.

 

  

 

Abigael nos enseñó cuáles son los los efectos secundarios de más de un año de campaña continua. Pre-debates, primarias, debates, convenciones, más debates, encuestas, anuncios negativos, golpes bajos, más encuestas y frases reclamo repetidas hasta la saciedad. Cansada de escuchar siempre lo mismo, Abigael no pudo más. No llores, le dijo su madre, se acabará pronto.  

¿Cambió el primer debate el futuro de Estados Unidos?

 

Imposible no preguntárselo si uno mira las encuestas cada vez más ajustadas entre el presidente Barack Obama y el republicano Mitt Romney, cuando apenas queda una semana para las elecciones Este fin de semana el diario de Iowa, Des Moines Register, anunciaba su respaldo a Romney. Es la primera vez desde los años 70 que se decanta por un candidato republicano. Y aquellos territorios que Obama ganaba hace cuatro años, están convertidos hoy en campo de batalla. Los ojos puestos en Ohio y Florida, mientras la sombra electoral de hace 12 años sobrevuela esta campaña. "En 2000, con Gore y Bush, 537 votos cambiaron la historia de forma significativa y podría ocurrir lo mismo", dijo Obama en una entrevista en la televisión MTV, luchando por motivar hasta el último voto.

Hay cálculos que dibujan un empate hasta sus últimas consecuencias: que Mitt Romney gane más votos populares, pero Barack Obama se haga con la mayoría de votos electorales el 6 de noviembre. El sistema electoral estadounidense es indirecto. Cada estado tiene asignado un número de votos electorales igual a la suma de los representantes y senadores que tienen en el Congreso. El candidato más votado en ese estado, se lleva todos los votos electorales. Para ganar las elecciones, debe conseguir la mayoría de los 538 votos electorales en juego. De ahí que pueda ocurrir que un candidato llegue a esa cifra, pero en el cómputo total su rival consiga más votos populares. Algo que sólo ha ocurrido cuatro veces en la historia de EEUU. Pero ni una sóla a un candidato a la reelección. Y un escenario en el que el presidente Obama continúe en el poder, alcanzando los 270 votos del Colegio Electoral necesarios, pero sin contar con el respaldo de la mayoría de los votantes, sería uno de los peores posibles para los próximos cuatro años.

Según las encuestas, la cosa comenzó a complicarse seriamente tras la caída de Obama en el primer cara a cara electoral. Llevaban insinuando un empate oscilante entre ambos candidatos durante meses, pero nunca como aquella noche se divisó como posibilidad real la derrota de aquel joven senador de Illinois que encandiló al mundo hace cuatro años. Lo cierto es que las señales de debilidad se sucedían. La popularidad en descenso en los últimos dos años. La paliza en las legislativas de 2010. Las canas y el agotamiento. La mirada baja ante las entrevistas más incisivas. 60 Minutes y Univisión, fueron los últimos deslices previos al debate. Aún así parece imposible que Barack Obama pierda la Casa Blanca. No sólo porque la tendencia de voto es hacia la figura en el poder en una reelección como la historia nos demuestra, sino porque la lista de logros de Obama es para muchos garantía de un trabajo que merece más tiempo para terminarse. Una cosa sabemos seguro. Los debates sí importan este 2012. Y la carrera electoral continúa. Los candidatos apuran su maraton de campaña. Eso si el huracán Sandy no complica las cosas: una serie de coincidencias que acaban convirtiéndose en la tormenta perfecta. Y cambiándolo todo.

Superman busca trabajo

 

Superman deja el Daily Planet. Dicen que está a punto de presentar su carta de dimisión y comunicárselo a todos sus compañeros de redacción, cansado del rumbo sensacionalista que está tomando el periódico más importante de Metropolis. Veremos a Superman buscando trabajo. Quiere ser freelance "en busca de la calidad" o diseñar su propio diario en internet “para desenmascarar la verdad". Dicen que el Daily Planet nunca ha vuelto a ser el mismo, tras su compra por parte de un gran conglomerado mediático. Así que Clark Kent recogerá sus cosas, sin olvidar sus gafas, después de más de 70 años como reportero.

Y no ha sido por Lex Luthor. Es por el periodismo.

Avanzaba la decisión de Kent el diario USA Today. Será en el número 13 de la nueva saga de El Hombre de Acero. Según el comunicado de la editorial DC Comics, esta dimisión “es un reflejo de los problemas por los que pasa esa profesión en estos momentos, el rol de los medios de comunicación, el desequilibrio entre información y entretenimiento, el crecimiento del periodismo ciudadano".

 

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También parece que Clark Kent tiene problemas con su jefe. Está cansado del amarillismo. Del todo por la audiencia, lejos de la calidad. Y no se irá sin dejarle un par de cosas claras. "Podría decirse que Superman es la persona más poderosa del planeta, pero ¿cuánto tiempo puede quedarse sentado en su mesa con alguien respirando en su nuca y tratándole como si fuera la persona menos importante del mundo?".

Aún no sabemos qué pasará con Lois Lane. También desconocemos cómo hará Clark Kent para salir corriendo a cualquier hora del día y protegernos contra el mal siendo freelance y dado de alta como autónomo. Sí sabemos que a Superman no le gusta en lo que se está convirtiendo el periodismo. Y que ha decidido hacer algo. Claro que también debe salvar el mundo. Se le acumula el trabajo.

Superman quiere salvar el periodismo. Él tiene una capa. Y superpoderes. Y nuestra admiración.

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Malala

 

Malala quería estudiar.  

Malala está hospitalizada en estado crítico. El martes recibió varios disparos a plena luz del día cuando volvia a casa.

"Malala fue atacada por su papel pionero del secularismo y de la llamada ilustración moderada" dice el Movimiento de los Talibanes de Pakistán.

"Tengo miedo" escribía Malala en su diario, cuando iba de camino a la escuela.

"Tengo derecho a la educación. Cuando tu gente te necesita, lo que debes hacer es levantarte. Yo levanto mi voz. Mi gente me necesita" decía Malala hace un año a la televisión CNN.

Malala tiene 14 años, pero ya lleva unos cuantos exigiendo que se cumpla su derecho a la educación. La conocimos todos hace tres, cuando comenzó a escribir un blog para BBC, narrando su día a día bajo el régimen de los talibanes en su región natal del Valle de Swat. Denunciaba con 11 años los actos de violencia cometidos por el régimen y los incendios de las escuelas para niñas. Cuando cerraron la suya, la familia decidió trasladarse a Abbotabad. Entonces se reveló su identidad. Pasó de la denuncia, al activismo por la educación de las niñas. Centrada en ayudar a las hijas de familias con menos recursos.

Hoy la ONU celebra el primer Día Internacional de la Niña. Y hoy la ONU condena el ataque a la joven pakistaní Malala Yousafzai. "Los terroristas han demostrado que lo que más temen es una niña con un libro" decía el secretario general Ban Ki Moon.

El ataque a Malala ha recibido una amplia condena dentro y fuera de Pakistán. Repugnante y cobarde, dice la Casa Blanca. Vil, añade la UE.

Malala es valiente. Se atrevió a levantar la voz y tuvo suerte porque llegamos a escucharla todos.

Malala sólo quería estudiar.

 

  

El Obama invisible

 

¿Qué le pasó a Obama? ¿Realmente estuvo tan mal?

2 de cada 3 espectadores declara vencedor rotundo a Mitt Romney del primer debate electoral. Ningún analista se atreve a decir lo contrario. Y el entorno demócrata sólo acierta a responder un largo: Mmmmmm...

El candidato republicano, rápido y muy preparado, supo condensar su receta económica en mensajes claros y enumeraciones ágiles. Se divirtió. Y lanzó un mensaje de centro, lejos de sus últimos tropiezos en esta campaña electoral. A su lado un Barack Obama con la mirada baja, titubeante, inseguro por momentos y sin energía. No miró a la cámara para dirigirse a los ciudadanos hasta el último minuto. No parecía relajado, para aquellos que apuntan a una estrategia demasiado confiada en sus capacidades discursivas. ¿Se confió su equipo de campaña? ¿Se diseñó una estrategia con la que no estaba cómodo y resultó un grave error?

 

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Obama no parecía él mismo. El Obama en campaña electoral. Pero Mitt Romney tampoco. El de anoche no era el candidato republicano que hemos visto estos meses de larga campaña electoral. "Tengo cinco hijos. Estoy acostumbrado a gente contándome lo mismo una y otra vez, esperando que se convierta en verdad" le lanzó un despierto Romney a un perdido Obama, entre cifras y referencias históricas a la Guerra Civil en pleno debate fiscal.

 

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Pero ninguno recogió la argumentación que viene manteniendo su línea de campaña electoral. Ninguno de los dos candidatos lanzó grandes ataques. Tampoco cometieron grandes errores. No hubo sangre. Pudo haberla habido. Romney podría haber aprovechado para insistir en las promesas incumplidas de Obama, en Denver, el mismo escenario de su gran discurso en la Convención Demócrata de 2008. Un paralelismo que obvió. El presidente de EEUU tampoco hizo referencia alguna al gran tropiezo: el 47% de los estadounidenses de los que Romney dice son víctimas y no le preocupan nada. Tono amable que benefició a un candidato republicano, cuya campaña hace unos días se daba por enterrada, y anoche llegó a convertirse en el moderador del debate por momentos. Marcó el tiempo y el tono de la velada. Esa es la derrota de Obama. No perdió por cometer un terrible error. Sino por convertirse en el candidato invisible. Algo que quien ya es Presidente no se puede permitir.

 

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Las teorías a esta hora son muchas. A Obama no le gustan los debates ni se le dan bien. No está acostumbrado a que le lleven la contraria. Anoche salió el verdadero profesor que lleva dentro. Está agotado. Fue culpa del moderador. O del formato. O de la estrategia.

Lo único que sabemos es que esto lo presenciaron más de 58 millones de personas anoche. Más audiencia que el primer cara a cara de hace cuatro años. Y se ha batido un récord en Twitter, más de 10 millones de comentarios, el evento político estadounidense más comentado de la historia. Más que la Convención Demócrata de hace unas semanas. Donde por cierto tampoco vimos al Barack Obama brillante sobre un escenario. Pero aún quedan cuatro semanas para las elecciones presidenciales. En política, una eternidad.

Quizás el blues del debate dure poco.

 

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¿Apetece un bingo para ver el debate presidencial?


 

No.

Pero me lo han propuesto. Entre otras invitaciones para ver el primer debate entre Barack Obama y Mitt Romney. Fiestas, cenas, happy hours y una velada de bingo (presidential debate bingo) organizadas por amigos, restaurantes y compañeros. Cuando quedan un par de horas para el primer cara a cara de la temporada electoral, la pregunta de la tarde es: ¿Dónde vas a ver el debate? Esto es Washington, también es verdad. Donde la política se convierte en afición en cuanto te descuidas. Hay que mantenerse siempre alerta.

Pero el interés por los debates electorales aquí forma parte de la tradición histórica y la cultura popular. Lo demuestran las audiencias. Y el recuerdo. Desde aquellos 80 millones de espectadores que asistieron al Carter – Reagan en 1980, a los 70 millones que acumuló el debate entre los candidatos a la vicepresidencia de EEUU hace cuatro años: Joe Biden y Sarah Palin. Claro que aquel morbo no se ha vuelto a repetir. 52 millones de personas vieron en sus casas el primer debate entre el aún senador Barack Obama y el republicano John McCain. No perdamos de vista que estamos hablando de un país donde la media de abstención de voto roza históricamente el 50%. Pero los debates son citas esperadas.

 

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“No te engañes. Es el morbo de ver quien mete la pata antes” nos decía un ciudadano grabando algunas voces en la calle. No lo creo. Nadie aguanta 90 minutos de alta política económica, sanitaria y filosofía de la construcción del modelo de estado y gobierno por morbo. O no sólo. La disposición ciudadana a ver los debates es una realidad. “Es en realidad la primera vez que voy a sentarme tranquilamente a ver a Mitt Romney. Lo demás apenas lo he leído” nos contaban en la siguiente esquina. El candidato electoral debe aprovechar la convocatoria masiva que le ofrece un formato como el debate para perfilar su carácter, su mensaje y su presencia sobre el escenario. Todo en directo y bajo máxima presión. Un error es mortal. Ninguna encuesta ni estudio acaba de asegurar que los debates electorales cambien definitivamente la intención de voto. Pero un error si puede decantar una balanza indecisa, como aseguraron los asesores de McCain tras el último debate contra Obama en 2008. O terminar con una campaña electoral, si el argumento del oponente cobra vida enterrando el propio, como aseguró Mondale tras ser derrotado por aquel “No voy a utilizar con fines políticos la juventud e inexperiencia de mi rival” que le propinó Reagan, respondiendo a  las dudas que crecían sobre su resistencia presidencial a los 73 años. Ganó el debate, hizo reir al público (y a Mondale) y siguió en la Casa Blanca.

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Los debates son seguidos por mucha menos audiencia que antes. Sí. La mayoría ya tiene decidido su voto cuando se sienta ante el televisor o la radio. Sí. Pero esta cita democrática que en este país responde a una larga tradición, que es una obligación para cualquier político que aspire a la Casa Blanca, que los ciudadanos sienten como una exigencia a sus políticos para que “les expliquen” quiénes son, qué van a hacer y con qué tono…  se convierte casi en una celebración electoral. El formato está cerrado y reglamentado por la comisión de debates presidenciales. Pero adaptado al medio televisivo y radiofónico, para no olvidar que es un programa en emisión. El ritmo, agilidad, realización y pautado importan y mucho. Y si el periodista lo maneja con pericia, además, en un gustazo.

Poco sabemos cómo son los entrenamientos de los candidatos, a puerta cerrada y milimetrados hasta la extenuación. A esta hora, Obama y Romney deben estar dando los últimos retoques. Mientras llega el momento, no puedo evitar recordar ese Campamento de Debate (Debate Camp) del presidente Bartlet en el Ala Oeste de la Casa Blanca… Nos puede dar una buena pista de lo que está ocurriendo a esta hora. Sí, ya sabéis que es mi debilidad....

 

 

 

Qué fue de aquel Barack Obama...

El taxista que me lleva al aeropuerto de Charlotte me cuenta que ha escuchado todos los discursos de la Convención Demócrata por la radio, mientras trabajaba cada noche. "Qué me han parecido... Me gustó la honestidad de Obama. Pero no entiendo por qué no habla más de Bush. No entiendo dónde está Bush. Este es su desastre, debería estar aquí. ¿Estuvo usted en Tampa? ¿Estuvo allí el presidente Bush?" Le contesto que no. Que no estuvo. Que envió un vídeo junto a su padre George H. Bush, y las ex Primeras Damas. "This is his mess, he should be here" repite. Intento decirle que intuyo que Bush no sería muy bien recibido en una Convención Demócrata, pero ya no me hace mucho caso... Está entretenido con su apuradísimo análisis de la campaña electoral. Tanto que acabo tomando estas notas en el taxi sobre sus conclusiones. Y pensando en si realmente Barack Obama fue tan honesto.

Lo pareció. El presidente de EEUU comenzó su gran discurso explicando qué pasó con aquel joven Senador de Illinois que hablaba de cambio... y esperanza... hace 8 años. Fue directo al grano. "No era optimismo ciego. Los tiempos han cambiado y yo también. Ya no soy sólo un candidato. Soy el presidente (...) Las elecciones entonces no eran sobre mi. Eran sobre vosotros. Lo importante entonces erais vosotros. Vosotros habéis sido el cambio".

Parece Obama escaparse con elegancia de la decepción ante las promesas incumplidas que le reprochan las encuestas. Erais vosotros, no era yo. Juegos dialécticos aparte, estas palabras se dirigen a los votantes que piensan quedarse en casa en noviembre. Cómo convencerles de que no ha fallado, de que está en ello. Obama ha decidido no apostar por recuperar la magia ni la emoción de entonces. Ahora es el presidente. Ya no pide cambio (change) sino elegir (choice). Pide un esfuerzo a los ciudadanos para salir de la peor crisis tras la Gran Depresión. "No será fácil ni rápido. Nunca dije que lo sería. Pero llegaremos a un sitio mejor".

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Hay que elegir. Estas elecciones se tratan sobre dos modelos de gobierno, de estado. Dos modelos ideológicos que definirán a la primera potencia económica del mundo a partir del 6 de noviembre. No sólo está en juego la recuperación y la creación de empleo. También el modelo de Estado y su grado de intervención en la vida de los estadounidenses.

Barack Obama no apela al corazón ni al estómago esta vez. Porque ahora es el presidente. La responsabilidad asoma en sus canas. Había preocupación por que los brillantes discursos de Michelle Obama y el ex presidente Bill Clinton eclipsaran al del candidato a la reelección. "Me han llegado correos que piden que contrate a Clinton de asesor de explicar cosas... o algo así" decía hoy Barack Obama de mitín en New Hampshire. Clinton logró hacerse entender. Por alguna razón, Obama no llega a la gente con ese mismo mensaje. "Ni un sólo presidente, ni yo ni ninguno de mis predecesores, podría haber arreglado todo ese daño en sólo cuatro años" gritaba Clinton ante una audiencia entregada en la Convención Demócrata. "Barack Obama, 4,5 millones de puestos de trabajo creados. Los republicanos en el Congreso, CERO". Mensaje sencillo. Oratoria brillante. Prolongada, pero brillante.

Todo el mundo ha terminado hablando de Bill Clinton en esta Convención. No sólo porque los Obama y los Clinton parecen haber firmado la paz tras aquellas desgarradoras primarias de 2008, fundiéndose en un abrazo. Sino porque la aparición de Clinton después de estos años, despierta las conjeturas sobre una candidatura presidencial de Hillary en 2016. Ella dice estar cansada. Pero la historia tiene sus recursos.

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La Convención Republicana en Tampa fue un ejercicio de apoyo a su líder electoral, Mitt Romney, que dejaba entrever las ganas de muchos oradores por convertirse en cnadidatos dentro de cuatro años. 2012 está entretenido, pero 2016 será la gran batalla. Esa parecía ser la letra pequeña. Chris Christie, el gobernador de New Jersey, tardó 20 minutos en mencionar a Romney, en su discurso de apertura de la Convención. La ex secretaria de Estado Condelezza Rice hizo temblar el Tampa Bay Forum con su puesta en escena conservadora. El Senador de Florida Marco Rubio sigue estando en todas las quinielas.

Hay que estar atentos a estas elecciones estaodunidenses por muchas razones. También Europeas. Pero una de ellas, es que de esta carrera electoral es muy posible salgan con nombres y apellidos los candidatos de 2016. Y deberán pensarse dos veces si apelar al voto emocional para ganar las elecciones. Porque la historia viene demostrando que después hay que convertir los argumentos en racionales y la decepción va dejando muchos ciudadanos por el camino.

 

 

 

La última convención de Obama

 

Arranca la Convención Demócrata en Charlotte, Carolina del Norte con cifras por todo lo alto: 6.000 delegados políticos; 35.000 visitantes; 15.000 periodistas de todo el mundo; 75 millones de dólares para el refuerzo de la seguridad; miles de manifestantes (contra la Convención) llegados de todos los rincones de EEUU; y 73.000 las personas que se espera asistan al discurso del presidente Barack Obama, clausurando la Convención, el jueves por la noche en el estadio Bank of America, si la tormenta lo permite. No estamos ante el furor mesiánico que causaba en 2008 en Denver, Colorado. Pero el presidente Obama necesita volver a hacer historia si quiere ganar estas elecciones.

Las encuestas siguen pronosticando un empate técnico entre Obama y Mitt Romney. Que ha centrado su campaña en los ciudadanos decepcionados con Obama. “¿Vive ud. mejor que hace 4 años? ¿Cree que EEUU está mejor que hace 4 años?” Implacable pregunta que se lanza insistentemente desde las filas republicanas, a la que los sondeos dan una clara respuesta: NO (58% según Gallup, en los 12 estados más reñidos).

Obama deberá responder este jueves. Debe convencer a los estadounidenses de que necesita más tiempo, cuatro años más en la Casa Blanca para terminar lo comenzado. Los argumentos ya están perfilados, a falta de construir el discurso: Paciencia. No hay receta mágica para salir de la peor crisis tras la Gran Depresión. Los republicanos dicen tenerla, pero no han puesto ni una solución práctica sobre la mesa. Asfixiarán a las clases medias y volverán a políticas del pasado, que nos llevaron a la crisis.

Mientras Mitt Romney pide a sus seguidores “que cada uno encuentre a alguien que votó a Obama en 2008 y le convenza para que vote a Paul Ryan y a Mitt Romney”… Obama advierte a los suyos: “La oposición va a pasarse los próximos dos meses luchando con todas las armas posibles. Os intentarán convencer de todas las maneras posibles, anuncios, insultos… Intentarán desanimaros… Pero yo cuento con algo diferente. Cuento con vosotros” decía Obama ayer en Toledo, Ohio. “Si ganamos Ohio, ganamos las elecciones” aseguraba.

Para llegar a la Casa Blanca, los republicanos necesitan ganar Ohio y Florida. Y al menos dos de estos tres estados indecisos, los famosos swing states: Virginia, Wisconsin y Carolina del Norte. Precisamente, Charlotte, es la elegida por los demócratas para celebrar su Convención. El símbolo de la victoria de Obama en 2008. Por algo más de 14.000 votos y tras una generación de voto republicano.  Y como su equipo asesor recuerda insistentemente, esta es la última campaña electoral de Obama. No habrá más reelecciones. No habrá más oportunidades. Podría ser esta su última convención como presidente. Podría ser este su último gran discurso como presidente de EEUU.

El reto es inmenso.

El presidente Obama debe reactivar a los suyos en esta Convención. Reanimar a esas bases demócratas que conformaron la organización de base local en 2008, de condado en condado, de barrio en barrio, que le llevaron a la victoria.

El presidente Obama debe convencer a los estadounidenses que le seguirán en directo desde sus casas, con audiencias millonarias. Debe despertar aquella ilusión perdida, tocando de nuevo el botón de los sueños, el cambio y la esperanza.

El presidente Obama debe explicar a los estadounidenses por qué deben concederle 4 años más para arreglar la economía. Por qué la única promesa electoral cumplida es la reforma sanitaria, y a duras penas, y el final progresivo de la sangría económica y humana de las guerras de Afganistán e Irak.

El presidente Obama debe sortear ese 8,3% de paro en EEUU, y ser reelegido pese al porcentaje.

Sólo entonces, Barack Obama, de nuevo, conseguirá cambiar la historia.

Cosas que sabemos tras la Convención Republicana

 

Mitt Romney es ya el candidato presidencial del partido republicano. Entramos en la franja decisiva de la campaña electoral hacia el 6 de noviembre. El punto de partida, un empate técnico entre el ex gobernador de Massachusetts y el presidente Barack Obama. Y el electorado de centro, el más disputado. La Convención Republicana ha situado el centro del debate electoral en la economía y la creación de empleo. La ecuación que proponen la resuelven sin incógnitas: Obama ha fracasado. No ha cumplido lo que prometió. Nosotros sí cumpliremos. Podemos hacerlo mejor, porque sabemos hacerlo mejor. Hay que desarticular antes, eso sí, el rastro del "Yes, we can" de 2008.

Contra lo esperado, el mensaje electoral de los republicanos dispara hacia el voto independiente y adula a aquellos estadounidenses decepcionados con Obama. Aunque el programa de la plataforma republicana redactado en la convención recoge los postulados más conservadores en materia social, muy distintos fueron los discursos estelares de Mitt Romney y su candidato vicepresidencial Paul Ryan. "No importa si republicano o demócrata, únete a nosotros y cambiemos las cosas. Podemos hacerlo" gritaba Ryan en Tampa. Y Mitt Romney este fin de semana desde Jacksonville pedía a los estadounidenses "cada uno de vosotros debe buscar una persona que votó a Barack Obama y convencerle para votar a Ryan y Romney".

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Los republicanos prometen tener sólo una prioridad: reactivar la economía, crear puestos de trabajo y restaurar la grandeza de EEUU en el mundo. Porque la consideran perdida. Dan por hecho el voto conservador y del Tea Party. Buscan abrir la vía del centro, los inedecisos y los independientes. Saben que el voto conservador es disciplinado. Votarán el 6 de noviembre. Y votarán por Romney, aunque no estén convencidos de ello. Porque tienen un objetivo común: sacar a Obama de la Casa Blaca.

Las encuestas aseguran que los republicanos están mucho más entusiasmados con estas presidenciales y movilizados para apoyar a su candidato, que los demócratas. Y es una movilización clave, la organización de base local, en barrios y condados es el núcleo de la campaña electoral en EEUU. De vecino a vecino.

Son muchos los estadounidenses que aún no tienen decidido su voto. Muchos, según las encuestas, apostaron por Obama en 2008 y no tienen claro si volverán a hacerlo. Desilusionados con el presidente, tampoco encuentran una alternativa sólida en la oposición. Ahora empieza lo bueno. Comienza la guerra por conquistarles. A todos aquellos que creyeron el el cambio y la esperanza. Change and Hope.

La estrategia republicana no es fácil. De momento, esta convención se ha empeñado en utilizar los términos a destajo, cuanto más mejor. Para eliminar la connotación demócrata. "¿Qué pasó con el cambio y la esperanza? América se merece cambio y esperanza. Cambiemos las cosas" decía Romney en su discurso de aceptación. “Uno sabe que hay algo que anda mal con el trabajo que ha hecho como presidente, cuando el mejor recuerdo que tienes fue el día que le votaste”. Y desmontando el archifamoso Yes, we can... "We can do better" decía el lema del arranque de la Convención. Podemos hacerlo mejor. "It´s not if we can. It´s how we can do it". No es si podemos. Es cómo podemos.

A lo largo de toda la convención, se han repetido estos argumentos. Con insistencia, el día de la clausura. Desde Mitt Romney y Paul Ryan, al senador de Florida, de origen cubano, Marco Rubio, evocando un sueño americano redactado por él mismo. "Mucha gente huye de países en los que se están aplicando las políticas que aplica este gobierno" decía.

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El ex candidato John McCain y la ex secretaria de Estado Condolezza Rice se dedicaron más bien a resumir en cuántos lugares del mundo iniciarían un conflicto béllico en defensa de la justicia y la libertad. Porque ese es el rol de EEUU en el mundo, y "no se puede liderar desde la segunda fila. La paz llega a través de la fuerza" repetía Rice, ante un auditorio en pie, emocionado y ovacionando como a nadie más a la ex secretaria de Estado de la Administración Bush. Tanto que las apuestas vuelven a situarla en cabeza de las apuestas presidenciales para 2016. Como al gobernador de New Jersey, Chris Christie. Otro de los nombres que más suenan para aspirar a la Casa Blanca en unos años, y que lanzó un discurso en el que se le olvidó mencionar a Mitt Romney durante los primeros 20 minutos. En esta convención, han sido muchos los momentos en los que le recordaban a uno que Romney-Ryan 2012 está bien... pero las grandes apuestas republicanas llegarán en 2016. Y muchos han ido preparando el territorio, durante esta semana en Tampa.

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Con el apoyo de los suyos, o no, a Mitt Romney le sonríen las encuestas tras la convención. No ha aumentado el porcentaje de intención de voto de ciudadanos que piensan votarle en noviembre, pero sí la popularidad del candidato presidencial republicano. Según una encuesta de Reuters/Ipsos, cae mejor que hace una semana. Sobre todo entre los independientes. Un 45% lo ve con buenos ojos, en comparación con el 34% de hace tan solo dos días. Y avanza en sus asignaturas pendientes: Romney "entiende a la gente como yo" y "es una buena persona". Y un 37% considera que Romney sería un presidente más efectivo que Obama, por un margen de un 37% frente a un 33%.

Y con el programa republicano cerrado, escucharemos a los demócratas esta semana en Charlotte, Carolina del Norte. Bueno, les llevamos escuchando ya unos días, rompiendo esa regla no escrita que dice que uno se calla mientras el oponente está celebrando su Convención, vimos a Obama esta semana de mitines por EEUU. Su ecuación también está redactada ya: los republicanos mienten. Asfixiarán a las clases medias, porque prefieren a Wall Street. Y la herencia económica del país es difícil de arreglar de un día para otro. Tras la peor crisis después de la Gran Depresión, necesitamos más tiempo. Cuatro años más, 4 more years, pide el presidente de EEUU. Charlotte será su punto de partida. Y quizás su último discurso como presidente en la Convención Demócrata.

¿Qué le pasa a Clint Eastwood?

Nada. Absolutamente nada.

El director de cine y leyenda de Hollywood, Clint Eastwood, es de lo quien todo el mundo habla hoy en EEUU. Su aparición sorpresa en la Convención Republicana de Tampa, antes del discurso estelar del candidato presidencial Mitt Romney, ha despertado una cascada de críticas. Junto a una silla vacía, en la que simulaba estaba sentado el presidente Obama, Eastwood lanzó duras críticas al presidente de EEUU. "23 millones de parados son una verguenza nacional. El país es nuestro, los políticos son nuestros empleados, y cuando alguien no hace el trabajo hay que dejarle ir, así es que es hora de que otro venga y resuelva el problema".

 

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No se habla de otra cosa. Posiblemente los asesores políticos de Mitt Romney se estén dando cabezazos contra la pared, teniendo en cuenta que son de Eastwood los grandes titulares de la clausura de la convención. No del discurso más importante en la trayectoria política del ex gobernador de Massachusetts. Y que posiblemente esta pasará a la historia como la convención republicana en la que Harry el Sucio hablaba con una silla vacía. Pero también es cierto que se habla de la convención. A todas horas. Y que la jornada de clausura resultó más lenta, densa y con poco contenido de lo esperado. Y que del discurso de Romney era difícil sacar ni una sola frase que pasara a la eternidad. Conectar con el público era su gran reto. La calidez, la cercanía, apelar al que le está oyendo. Sigue siendo su gran reto tras esta convención.

Los medios estamos hablando de Clint Eastwood, sí, pero estamos hablando de los republicanos. No todas las críticas son demoledoras. Algunos creen que su intervención reanimó a un auditorio agotado tras tres días de convención y seis meses de primarias. Y que le dio a Obama donde más duele. Otros le ha llamado loco, senil, ridículo y delirante. "El bueno, el feo y Obama". "El bueno, el loco, y el malo". En la silla no había nadie, insisten. Parece que Eastwood se saltó el guión. El único que no utilizó el teleprompter en la Convención, improvisando un discurso para el que se le había pautado 5 minutos y terminó hablando 12. Sin rumbo, quizás. Perdiendo el hilo. Pero levantando una gran ovación. Los republicanos han encontrado además una figura respetada que logra lanzar golpes bajos al presidente de EEUU. La Casa Blanca responde al gag de la silla vacía con ironía y humor. Pero eleva a categoría presidencial a Eastwood, alguien a quien hay que contestar. Y desde luego no devuelve golpes. Porque no es un político. Claro que devuelve fotografías cargadas de sarcasmo...

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La clausura de la Convención, retransmitida en directo por las televisiones estadounidenses, alcanzó 30 millones de espectadores. Y colapso en las redes sociales. Sobre todo el momento Eastwood.

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Frente a los 40 millones de espectadores que siguieron a John McCain en 2008. Claro que los picos de audiencia se los dio la entonces candidata a la vicepresidencia Sarah Palin. Paul Ryan se quedó muy atrás. Pero la hora del trío Eastwood-Marco Rubio-Mitt Romney elevaron la media de audiencia en la noche del jueves. Quizás no por las razones que les hubiera gustado. Quizás sí.

Mitt Romney dio el visto bueno a la aparición de Eastwood, en la franja estelar. El relato de su puesta en escena electoral, pasaba por las palabras de la estrella de Hollywood, de 82 años, y políticamente comprometido con los republicanos.

Justo estoy terminando estas palabras, y en la pantalla veo el próximo estreno de cine, para el 21 de Septiembre: Trouble With the Curve. Lo último de Clint Eastwood.

 

Dori Toribio


Llevo más de 10 años trabajando en RNE. Ahora, descubriendo EEUU, como corresponsal en Washington. Este país también vive la radio pública con pasión. Y lo ha hecho a lo largo de su historia. El presidente Franklin Roosevelt allá por la década de los 30, inició sus “Charlas junto a la Chimenea”. Se dirigía por radio a los ciudadanos estadounidenses. Tono íntimo, palabras tranquilas, mensajes de confianza. Nunca hubo ira, ni chistes malos, ni uno tono más alto que otro. Se ganó a la opinión pública, pese al difícil momento político, sacando a Estados Unidos de la Gran Depresión, poniendo en marcha el New Deal y anunciando una Segunda Guerra Mundial. “JUNTOS NO PODEMOS FRACASAR”, fue su mensaje.
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