8 posts de julio 2009

Se acabó el glamour

Se acabó el glamour en la Casa Blanca. El gobierno Obama está totalmente metido en harina y los problemas, además de grandes, son tozudos; el mundo exterior se complica y en la Casa Blanca no dan abasto.

El Washington Post ya ha publicado un reportaje sobre la factura física, mental y familiar que está pasando al personal de la Casa Blanca el cansancio, el ritmo frenético de trabajo -en un país de por si adicto al trabajo- desde antes de que amanezca hasta después de que anochezca. Medio año sin respiro cuando la mayoría de ellos llevaban ya dos años de campaña sin reposo. El cansancio y el ejercicio del gobierno no pasa factura sólo en la West Wing (el ala del gobierno), también pasa factura en la East Wing (el ala de la Primera Dama). Hay tensión entre las dos alas, Michelle Obama quiere jugar un papel de más peso y ya va por su segunda jefa de gabinete.

Cierto, cuando Barack Obama sale por el mundo exterior tiene aún todo el glamour, el aura de estrella, de líder del momento, casi de Mesías en algunos casos. Aún. Pero en casa Obama ya se está enfrentando a aquello que la frase castiza resume así: para hacer tortillas (de las españolas, no las mexicanas) hay que cascar huevos.

En su discurso de toma de posesión Barack Obama parafraseó una canción de Fred Astaire y Ginger Rogers y dijo:"Starting today, we must pick ourselves up, dust ourselves off, and begin again the work of remaking America." Algo así como: "Desde hoy, tenemos que levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar el trabajo de rehacer América".

En ello está, y el polvo es denso: cerrar Guantánamo no está resultando fácil; en la crisis económica, los entendidos aseguran que ya ven brotes verdes del reflorecer, pero como el último indicador, dicen, es el empleo, el paro no hace más que crecer y aún no ha llegado al máximo; la reforma sanitaria no cumplirá el plazo que marcó Obama porque está atascada dentro del propio partido demócrata, por el sector económica/fiscalmente más conservador...
Y el presidente ya ha tenido que salir más de una vez a pedir perdón por algo que ha dicho, lo cual es loable y verdaderamente refrescante, -¡un Presidente de los Estados Unidos que reconoce que metió la pata!- pero, en última instancia, metió la pata.

Si logra sacudirse el polvo y rehacer no sólo "América", sino las partes del mundo que pasan por "América", será histórico desde luego (como lo ha sido su elección), pero el camino que lleva a ello no tiene ni de lejos el glamour de la campaña y la toma de posesión. Quien dice glamour dice atractivo, excitación. El camino está embarrado y el trabajo es duro, gris y a veces, incluso, sucio.

Pasado ya medio año de la Presidencia Obama, el veredicto de las encuestas y de quienes las interpretan es que a los estadounidenses les sigue gustando Barack Obama, pero no tanto sus políticas; y el reto que tiene él es traducir esa popularidad personal en acciones políticas.

Yo podría estar contra la reforma sanitaria

Visto el interés por la reforma del sistema de salud en los Estados Unidos intentaré explicar el debate de la siguiente manera: Yo podría estar contra la reforma del sistema.
Yo podría estar contra la reforma porque el status quo me va bien. Porque tengo un buen -y caro- seguro médico que me paga la empresa para la que trabajo.
Yo podría estar contra la reforma porque hasta ahora noto poco en mi bolsillo la buena atención que recibo.Tengo un copago obligatorio por consulta razonable, de 10 o 15 dólares, unos médicos que llaman al día siguiente de cualquier tipo de intervención para saber cómo me encuentro y me dejan su dirección de e-mail para que les consulte las dudas que tenga en mi recuperación.
Yo podría estar contra la reforma porque cuando los gastos de un año llevan a un aumento de la póliza del año siguiente, mi empresa lo asume.
Yo podría estar contra la reforma por miedo a que, si de repente hay una opción pública, mi empresa puede plantearse abandonar ese plan privado y dejarme en manos de la "seguridad social". Y, de hecho, puede que cuando yo esté en el Reino Unido a merced del NHS eche de menos el seguro privado que tengo en los EEUU. Puede.

Yo podría estar en contra de la reforma, si fuera un congresista que tiene garantizada una cobertura de primera y cuyas campañas de reelección dependen en parte de las contribuciones de los lobbies farmacéuticos, médicos, hospitalarios...
Yo podría estar en contra, si fuera uno de esos lobbies y la reforma alterara mi volumen de negocio. Estaría a favor, si encontráramos un consenso que me beneficiara (y ése es el consenso que busca Obama).

Pero, como dice el Presidente Obama, this is not about me. No se trata de mí.

Se trata de los 47 millones de personas que no tienen seguro médico y que si no entran en la categoría de pobre o mayor de 65 años, es casi seguro que tendrán que pagar de su bolsillo la atención médica, si es que pueden.
Se trata de los millones de personas que tienen un seguro que no cubre la mayoría de tratamientos. La lista de ejemplos es inagotable: seguros que no cubren un parto, que cubren la hospitalización (la cama), pero no el tratamiento que se reciba en el hospital, que no cubren un tratamiento contra el cáncer, contra el Sida...y que tienen que renunciar a ello o hipotecarse, gastarse el fondo de pensiones, endeudarse hasta las cejas...
Se trata de las miles de personas que tienen un seguro -bueno, regular o malo- y viven con el miedo de quedarse sin, si cambian de empresa o se quedan en el paro.
Se trata de los empresarios, sobre todo los pequeños empresarios, para quienes contratar un seguro médico a sus empleados es cada vez una carga más pesada y ello les lleva a no contratarlos, dejarlos sin seguro o no subirles el sueldo.

Pero es que sí se trata de mí. Sí se trata de mí, si un día necesito un tratamiento cuyo coste supera lo que mi seguro está dispuesto a pagar. Y se trata de mí, si un día mi empresa deja de pagar ese seguro porque le resulta demasiado caro. Y sí se trata de mí, si un día me quedo sin trabajo...

Lo que más me molesta del debate es el simplismo y falta de veracidad de algunos argumentos. Quienes están en contra hablan a veces como si ahora el sistema actual no le costara nada al contribuyente, cuando, según algunas fuentes -entre ellas el presidente Obama-, el contribuyente estadounidense está pagando al año unos 6.000$ más que un contribuyente de otros países desarrollados y, a cambio, recibe peor cobertura. Ese dinero sale de los impuestos y va a parar a la mínima red pública que hay y a subvencionar los hospitales y seguros privados.
Y quienes defienden la reforma a veces presentan los modelos de Canadá o de Europa como idílicos, como si no hubiese listas de espera, ni saturación, falta de camas... No hay más que comparar dos películas, por ejemplo, "Sicko" de Michael Moore y "L'invasion des Barbares" de Denis Arcand.

Sobre el anuncio que comenta un bloguero denunciando el sistema público de Canadá (una señora dice que si se llega a esperar su turno en la sanidad pública, el tumor cerebral la habría matado y que, en cambio, en los EEUU tuvo una atención de primera) mi pregunta es ¿quién lo pagó? Porque aquí nadie discute que la calidad de la medicina en los EEUU sea muy buena, lo que está encima de la mesa es que, como tantas cosas, está sólo al alcance de quien pueda pagarlo.

Por citar de nuevo a Obama, si el problema fuera fácil de resolver, ya lo habrían hecho hace tiempo.

El hombre con más credibilidad

"The most trusted man in America". Así se conocía desde hace décadas a Walter Cronkite. Walter Cronkite dirigió y presentó el telediario de la noche de CBS en los años sesenta y setenta, y fue el referente de la información para millones de ciudadanos estadounidenses (casi todo el mundo ya tenía televisor en su casa por aquel entonces en este país) en un tiempo en que "sólo" había tres cadenas de televisión en los Estados Unidos.

El momento que mejor ilustra la credibilidad de Cronkite es cuando en 1968, a la vuelta de una serie de reportajes en Vietnam, Cronkite se apartó de la mera narración de los hechos "objetivos" y advirtió a la audiencia de que iba a hacer un balance de lo que había visto en Vietnam, "especulativo, personal, subjetivo" reconoció. Y entonces, desde su tribuna del telediario, les dijo a millones de hogares que los Estados Unidos no podían ganar esa guerra y que debían retirarse. En la Casa Blanca, viéndolo y escuchándolo, el presidente Lyndon B. Johnson sentenció: "si he perdido a Cronkite, he perdido al americano medio. He perdido la guerra".

Walter Cronkite empezó -como empiezan casi todos los conductores de los telediarios en los EEUU- desde abajo. Pateándose la redacción, las calles y el mundo. Y antes de ponerse delante de la cámara había aprendido el oficio en una agencia de noticias y en la prensa escrita.
Tenía esa enorme credibilidad porque emanaba honestidad, que sabía de qué estaba hablando y que no perdía el sentido común. Repasando las grabaciones impresiona la naturalidad o la profesionalidad con la que pasaba de la sobriedad a dejar traslucir emoción. La misma emoción que en ese momento y ante esa noticia sentían millones de ciudadanos-espectadores, pero sin exagerar. Justo un gesto, un guiño que evidenciaba que estaba en sintonía con el país, con el ciudadano medio.
Para muestra el último minuto de este video:

O, en otro registro, su reacción cuando el hombre llegó a la luna, una suave exclamación, un suspiro:

Dejó, o le hicieron dejar, el telediario, el Evening news de CBS, en 1981, cuando tenía 64 años y ya hacía mucho tiempo que se le notaban y respetaban las canas. Ha muerto con 92 años y hasta el 1 de enero pasado se mantuvo en activo con un capricho: presentar el concierto de Año Nuevo en Viena para la televisión pública.

En estos últimos años Walter Cronkite era una de las figuras a las que se acudía cuando se quería obtener un análisis crítico de los informativos que se hacen hoy en día. Razonaba su crítica así: a la audiencia hay que darle la información que necesita saber, no la que quiere saber, porque disponer de la información necesaria es fundamental para una sociedad democrática.

En cuanto se supo la noticia de su muerte anoche los canales 24 horas pasaron a hacer una emisión monográfica, y todos tenían preparadas necrológicas de las que se reservan a los grandes. Y el Presidente Obama grabó un mensaje de condolencias y reconocimiento.
Con Walter Cronkite se va una manera de hacer periodismo en televisión, y un mundo que hace tiempo que ya no existe.

Quien quiera repasar su biografía y algunas de sus grabaciones: la web de CBS

That's all folks

"¡Eso es todo, eso es todo, eso es todo, amigos!" era el final de los cartoon, los dibujos animados, de la Warner Bros y me ha venido a la cabeza a la hora de despedir en este blog mi capítulo "corresponsalía en Washington DC".

El calendario y la actualidad me han dado ya la oportunidad de despedirne de esta ciudad, de este país, de este blog e, incluso, del Dead Horse Point y muchos blogueros ya me habéis despedido en los posts anteriores, pero creo que debía hacer una última entrada de balance, respuestas pendientes y hasta la vista.

Cuando llegué los Estados Unidos estaban en plena campaña electoral (George W. Bush vs. John Kerry). Al final George Bush fue reelegido. Habían pasado tres años de los atentados del 11-S y el miedo no era tan omnipresente como durante el año inmediato a los ataques, pero seguía habiendo miedo y ésa fue una de las razones de la reelección de Bush-Cheney. Ésa y que los republicanos estaban mucho mejor organizados que los demócratas para ganar unas elecciones. Justo lo opuesto ha ocurrido en las elecciones del 2008.
En aquella misma jornada electoral de noviembre de 2004 en el estado de Illinois eligieron para el Senado de los Estados Unidos a un político joven y carismático cuyo entorno en el Partido Demócrata promocionaba como la gran esperanza para un día, en el futuro, presentarse a Presidente de los Estados Unidos. Era afroamericano (en su caso el eufemismo es pertinente porque su padre era de Kenia) y tenía un nombre que sonaba rarísimo a la mayoría de los estadounidenses, Barack Obama.

Cinco años después, Barack Obama es presidente y la crisis económica y el paro han substituido al terrorismo como miedo más inmediato del estadounidense medio.
Pasada la euforia comprensible y absolutamente razonable del hito histórico de su elección el presidente Obama tiene una lista de deberes que produce escalofríos y ganas de salir corriendo de la Casa Blanca de sólo enumerarla:

-2 guerras, Irak y Afganistán (sí, lo de Afganistán es una guerra).
-La mayor crisis económica desde la Gran Depresión.
-Un nivel de desempleo que ronda el 10%. Histórico también.
-Las amenazas nucleares de Corea del Norte e Irán, con una situación política en ambos países que puede desestabilizarse en el futuro inmediato.
-Inestabilidad creciente en Pakistán.
-La reforma siempre pendiente y polémica de la sanidad en los EEUU.
-La reforma siempre pendiente y polémica de las leyes migratorias.
-El proceso de paz (¿?) siempre pendiente y atascado entre árabes e israelíes...

Y el sistema político en los Estados Unidos no ha cambiado, el Congreso sigue teniendo INDEPENDENCIA legislativa y los congresistas se preocupan, ante todo, por lo que es popular entre sus votantes, que es de quienes depende su reelección.
Good luck, Mister President...

Cuando llegué hace cinco años, decías Washington y una reacción frecuente en España era que el interlocutor arrugara la nariz...¿Washington? ¡Con Bush de Presidente! Cinco años después, Washington "mola" -y perdón por la expresión-, es cool, the place to be. Es observar la Presidencia Obama desde la primera fila. Rectifico, si no eres periodista estadounidense, desde la segunda y a veces, desde el gallinero. El cambio de imagen de este país ha sido lo más inmediato y espectacular de este Change.

Cuando llegué tve tenía en los EEUU cuatro corresponsales, ahora, dos.

Las corresponsalías de televisión, como todo el trabajo en este medio, no son sólo el trabajo del corresponsal. Yo me voy, pero aquí siguen Iñigo, Jean-Pascal y Anna (otra Anna) encargándose de otras tareas imprescindibles.

Y ahora, las cosas pendientes con ustedes/vosotros. Las "peticiones del oyente"

Algunos de los habituales habéis preguntado qué pasará con este blog a partir de ahora. Los reponsables de la web me comentan que el blog estará siempre en la red. Se podrán seguir visitando los posts y los comentarios. Si Lorenzo Milá lo sigue, sus entradas no borrarán, por así decirlo, las que hemos dejado hasta ahora, sino que se sumarán a ellas. De la misma manera que si una vez en Londres yo sigo escribiendo en un blog, lo haré a partir del legado de Miguel Angel Idígoras y, aunque le cambie el nombre al blog, por ejemplo, se podrán seguir visitando las entradas de Miguel Ángel.

Preguntábais también por libros que me han ayudado a entender este país. Aquí va una selección muy, muy somera:

-"Don't know much about History" de Kenneth C.Davis. Es una especie de manual muy práctico para aclarar dudas sobre hechos históricos que tienes en la nebulosa.
-"A history of the American People" de Paul Johnson.
-"Breve historia de los EEUU" de Philip Jenkins
-"From slavery to freedom" de John Hope Franklin y Alfred Moss. Sobre la historia de la comunidad negra en los EEUU.
-"A bound man" de Shelby Steele. Steele es hijo de padre negro y madre blanca (como Obama) y su tesis era que Obama no podía ser elegido porque no podía contentar a blancos y negros a la vez. Se equivocó, pero hace reflexiones interesantes que ayudan a entender las dinámicas raciales en los EEUU y, también, para darse cuenta de que son dinámicas con muchos puntos en común con otras relaciones mayoría dominante-minoría dominada.
-"La ola latina" de Jorge Ramos. Ramos es uno de los periodistas estrella de Univisión en los EEUU. Éste no es un libro de erudito (el autor es un periodista), pero a mí me ayudó a reparar en algunos detalles de las relaciones raciales en general y del papel de los hispanos/latinos en este país, empezando por por qué unos dicen "latinos" y otros, "hispanos".
-Algunas biografías que considero interesantes por los personajes y períodos que tratan y por lo bien escritas que están: la de Hillary Clinton de Carl Bernstein (sí, el del Watergate), "A woman in charge"; la de Barack Obama de David Mendell, "Obama, from promise to power"; y el primer libro de memorias (subrayo memorias porque no es una autobiografía, hay licencias literarias) de Barack Obama, "Deams from my father".

No digo que sean los mejores. Son simplemente algunos de los libros que me han ayudado a entender esta sociedad. Y, si tenéis ocasión, cualquier documental de la televisión pública, la PBS.
Yo, por mi parte, acabo de empezar a leer una biografía de David Cameron...

Lo dicho, mi capítulo "corresponsalía en Washington" ha llegado al final. Una vez más, Thank you, bloggers, from the bottom of my heart.


Lengua, literatura, cultura...etnocentrismo. Ombligo

El último comentario de "El Lobo" (un pilar de éste y otros blogs) me ha llevado directamente a convertirlo en una entrada para la reflexión, además de la crítica. El comentario es el siguiente:

"Solo en Amerika!
Un revista de EEUU (Newsweek) con la participación de otros medios (y para ser justos) con el objetivo de identificar lo más representativos del gusto anglosajón eligen los 100 libros mas importantes de la historia.

Es notable que sólo se presente 1 libro originalmente escrito en castellano.
Pero son mucho más lamentables las ausencias y nos entrega un interesante aspecto de esa cultura segregacionista y anglófila.

No quiero ser otro QUIJOTE pero que no consideren a Cervantes me dejo mucho rato con la mejor opinión de no dar ninguna importancia a estos cretinos sectarios pero logre serenarme y prefiero dejar constancia de esta nueva BUSHADA." El Lobo.
........

Por mi parte,


1-Lo del Quijote es dificil de justificar toda vez que no se han olvidado del español/castellano como lengua puesto que han seleccionado los "Cien años de soledad" de García Márquez. Según leía yo el comentario de Lobo -y sin haber visto aún la lista de Newsweek- "Cien años..." era la obra por la que apostaba sencillamente porque es la obra escrita en castellano/español que más -y casi exclusivamente- oigo citar en los EEUU.

2-Consideración general, los imperios tienden a mirarse el ombligo -porque suele ser grande- y olvidarse de las provincias.

3-En este caso creo que la lista refleja un ombligo occidental y en inglés. Lo de "en inglés" nos puede resultar más o menos ajeno, pero en lo de occidental la mayoría de quienes frecuentamos este blog somos totalmente partícipes y en la mayoría de los casos cómplices.

4-Además del Quijote hay otras ausencias que me parecen notables. Las de obras escritas originalmente en lenguas minoritarias, y las de obras escritas fuera de Occidente: en árabe, japonés, chino o cualquiera de las lenguas que se hablan -y escriben- en la India, por ejemplo.

5-En los comentarios en la web de Newsweek queda en evidencia que El Lobo no es el único disconforme con la selección hecha. Ni siquiera están conformes los anglófonos, echan en falta a "Moby Dick" o a Dickens y Oscar Wilde. O a mujeres. Uno de los comentarios dice así: "está claro que siguen mandando los hombres blancos muertos".

Mi reflexión es que el conocimiento -para juzgar un libro tienes que haberlo leído- nos llega a todos en función del lugar donde nos eduquemos, y que la cultura que nos llega no es universal, es -en este caso la cultura escrita- la que nos llega en la lengua o las lenguas que leemos y de las culturas con las que históricamente hemos tenido vínculo. Y que la expansión de una cultura está ligada al poder de la sociedad que la ha generado y la capacidad que tenga para difundirla.

El error es el etiquetado, el concepto, creer que el mundo de nuestra cultura es el mundo de toda la cultura.

Guerra, ¿qué guerra?

Cuando llegué a los Estados Unidos este país estaba metido en dos guerra, Irak y Afganistán. Cinco años después, a punto de irme, el país sigue en esas dos guerras. La de Afganistán va por el octavo año, la de Irak, por el séptimo.
Es difícil conseguir cifras ciertas de los miles de muertos y desplazados afganos e iraquíes, pero los de la coalición internacional están todos contados. Los muertos estadounidenses en Afganistán son 728, los de la coalición militar internacional (en la que participa España), 1.126. Se pueden consultar las cifras actualizadas y desglosadas por años y países aquí. En Irak los muertos estadounidenses son 4.322 y en total los de la "coalición" son 4.640. Los heridos estadounidenses son 31.256. Los datos actualizados se pueden consultar en esta página.

En Irak hay todavía unos 130 mil militares estadounidenses, en fase de retirada de acuerdo con el plan que pactó el gobierno Bush con el iraquí y que el gobierno Obama tiene intención de acelerar un poco.
En Afganistán los Estados Unidos tendrán en otoño 68.000 miltares, el presidente Obama habrá doblado el despliegue. Obama ha hecho suya la guerra de Afganistán y la ha convertido en una prioridad, acabar con el refugio de los talibán y Al Qaeda, y con la producción de opio que los sufraga.

Sin embargo, la mayoría de la población estadounidense puede vivir obviando esas guerras, olvidándolas casi. En función de dónde uno viva y en qué círculos se mueva esas guerras son como un ruido de fondo, están ahí a lo lejos, pero no perpertuban mucho la vida del día a día.
Esas dos guerras no han desaparecido de los medios de comunicación, pero su presencia como noticia es menos frecuente y menos relevante que al inicio, y no es porque haya una salida airosa a la vuelta de la esquina.
La situación en Afganistán empeora día a día, estadounidenses y británicos acaban de lanzar una gran ofensiva en el sur del país. Y en Irak desde que se anunció el repligue del ejército estadounidense ha vuelto a subir el número de ataques y de muertos. En el momento de escribrir esto, este jueves, han matado en un día a más de cuarenta personas en Irak y a más de veinte en Afganistán.

Una de las razones para esa casi indiferencia es que hay menos muertos que en Vietnam (58.193). Pero el número de muertos como único parámetro del coste que estas guerras tienen para los militares estadounidenses y sus familias -y para la sociedad- es engañoso.
Por el tipo de ejército y guerra que son y por los avances de la medicina hay menos muertos. Las estadísticas dicen que en Vietnam moría 1 de cada 2,4 heridos, en Irak, 1 de cada 16. La consecuencia es que en esta guerra, la de hoy, hay muchos más heridos y mutilados. Algunos con una supervivencia realmente heróica, dolorosa y cara.
Otra razón para el desapego es que estas guerras son incómodas, es muy incómodo para la gran superpotencia encontrarse empantanada sin lograr ganar estas guerras después de tantos años.
Otra razón es que, a pesar de lo que cuesta, estas guerras son más baratas que otras en porcentaje de producto interior bruto y, sobre todo, ha sido la primera vez que este país a ido a la guerra y no le ha pedido un esfuerzo económico a sus ciudadanos, Bush llegó a bajar los impuestos durante la guerra. Esta guerra no la notan directamente en el bolsillo.
Otra razón es que la audiencia mayoritaria se cansó hace tiempo de esta información, estas guerras son para gran parte de la población algo lejano y bastante ajeno porque no les afecta personalmente y la razón es el draft. El draft es como llaman aquí al reclutamiento obligatorio. No existe en esta ocasión. Las guerras las hace un ejército profesional, de voluntarios. Y, a diferencia de Vietnam, a Afganistán o a Irak no vas, si no te alistas. En esta ocasión los padres y los jóvenes saben que no corren el riesgo de que al abrir el buzón se encuentren la comunicación de que tienen que presentarse tal día en el centro de reclutamiento.
Una de las lecciones que sacó el gobierno de los Estados Unidos de Vietnam es que una guerra con la opinión pública propia en contra es inviable, y que no podía volver a haber draft.

En los últimos años, en la fase central de esas guerras, Estados Unidos tenía problemas de reclutamiento, le faltaban soldados para las dos guerras y por eso tomó medidas como extender el tiempo de la misiones, bajar el listón de aceptación y agilizar el proceso de nacionalización para aquellos extranjeros que hubiesen servido en una de las dos guerras. Desde que estalló la crisis económica ha subido el número de alistados.

No lo entiendo (Michael Jackson...)

No entiendo el furor/histeria colectivos que ha desatado las muerte de Michael Jackson, sobre todo si uno ve las cadenas de televisión de los Estados Unidos estos días...
No entiendo que uno de los tres telediarios clásicos y principales de los EEUU, el Evening News de CBS que conduce Katie Couric, se hiciera anoche desde Los Angeles y dedicara casi la primera mitad del informativo a Michael Jackson y, en cambio, la visita del Presidente Obama a Rusia y sus acuerdos con el Presidente Medvedev pasaran sin pena, ni gloria y no fueran siquiera en titulares.
No entiendo a la persona que he oído esta mañana en la radio decir que se había ido a Los Ángeles porque el adiós a Michael Jackson es, como la muerte de la princesa Diana, un acto cultural histórico en el que hay que intentar participar, si se tiene ocasión.
No logro descifrar dónde termina la pesadumbre y desconsuelo sinceros de unos fans y empieza el "hay que ser parte de esto" inducido por la desproporcionada cobertura de las televisiones.
Un periodista de NBC llegó a decir el otro día (tal vez, él también inducido, presionado, por la necesidad de llenar horas y horas de transmisión televisiva sin mucho que contar) que miles de personas se habían ido a Los Angeles "porque esto sólo ocurre una vez, Michael Jackson sólo se morirá una vez".

El domingo discutían en CNN cuán desproporcionado estaba siendo el despliegue de las televisiones y un especialista en "cultura pop(ular)" hizo esta reflexión "¿Qué directivo de televisión va a renunciar a una cobertura que le trae millones de audiencia ¡y en verano!?"
Tal vez sí lo entiendo todo.

PD Si aparto la vista de las pantallas de televisión, El Washington Post, el New York Times, el Wall Street Journal... me recuerdan que hay otras noticias...y hoy ni siquiera llevan en portada los preparativos del funeral de Michael Jackson.
De las páginas de Cultura y Espectáculos del Post os dejo esto:
"el Circo de los Hemanos Ringling estrena en el mismo Staples Center (el polideportivo donde se celebra hoy el espectáculo de homenaje) al día siguiente del "Memorial" por Michael Jackson. Totalmente apropiado" Lisa de Moraes.

Mi 4 de Julio

4th of July, Independence Day. La Fiesta Nacional de los Estados Unidos, conmemoración de la Declaración de Independencia de aquellas trece colonias del Rey y el Imperio británicos. 1776.
El 4 de Julio a mí me gusta porque, a falta de verbena de San Juan, es cuando más y mejores fuegos artificiales se ven en este país. Como todos los años, en el edificio donde vivo hay este fin de semana barbacoa general en la azotea común disfrutando en la distancia de los fuegos de un "exclusivo" club de campo que hay a caballo de los municipios de Chevy-Chase y Bethesda (Maryland).
Y el 4 de Julio es un buen momento, me he dicho, para hablar, dentro de la serie despedida, de lo que más me gusta de este país y de lo que...no tanto.

Es un país que me tiene permanentemente boquiabierta, unas veces por admiración y otras, por espanto. Un país de fuertes contrastes entre la cara y la cruz de su misma moneda.
Tomemos, por ejemplo, la primera enmienda a la Constitución, la que consagra el derecho a la libertad de expresión. Por esa enmienda una sentencia del Tribunal Supemo ampara el derecho a quemar la bandera nacional, y ni siquiera en el clima de exacerbación nacionalista post-atentados 11 de Septiembre prosperó la iniciativa de convertir esa quema en delito. Hillary Clinton era una de las promotoras. Pero la primera enmienda también ampara la apología del asesinato que hizo uno de los telepredicadores de éxito, Pat Robertson, cuando sugirió que alguien debía matar a Hugo Chávez.

Una sociedad que a veces no distingue la madre naturaleza, o el arte, de la pornografía y penaliza más la visión de un pezón (aunque sea amamantando o en una estatua clásica) que la de un rifle automático.
Un país puritano y vanguardia del feminismo, pero donde la cultura popular fomenta el rol de mujer-muñeca-objeto-de-deseo con concursos de belleza en edad de parvulario.
Un país con una minoría (preferentemente de clase alta) obsesionada con el deporte y la forma física, y una mayoría (más cuanto más pobres) que bate récords mundiales de obesidad hasta un punto que resulta incómodo de ver para el observador no habituado, y ya alarma a todos los gobiernos.

Un país que cae a menudo en la xenofobia, pero donde no hay lengua oficial.
Un país hecho de inmigrantes, donde hablar con acento extranjero es síntoma de que naciste en otro lugar, pero no presupone que no seas ciudadano estadounidense con todos los derechos; pero un país construido sobre el genocidio de los nativos, algo que muy a menudo se olvida.
Un país que periódicamente sucumbe al miedo y se lanza a una caza de brujas, pero que sale de ellas por la reacción de su propia sociedad. Y a partir de ese momento prefiere siempre recordar y dejar en la Historia Oficial esa reacción ejemplar y no el episodio que la provocó.

Un país en el que desde su creación el poder va de abajo a arriba. WE THE PEOPLE consagra la Constitución, nosotros el pueblo. Y sin entender eso no se entiende esta sociedad.
Todo hijo de vecino y contribuyente tiene claro que los gobernantes y cargos públicos son "sus servidores" y no al contrario y, lo más extraordinario, los gobernantes, del partido que sean, lo tienen igual de claro y una vez que el pueblo habla, ellos callan y acatan. Loable, aún cuando ese we the people puede llevar a derivas como los linchamientos o a que la pena de muerte siga vigente en 35 de los 50 Estados. Death Penalty Information Center. En español.
Una lógica, la del mandato de la mayoría, que obliga a sus dirigentes a ganarse la opinión pública antes de lanzarse, por ejemplo, a una guerra porque una empresa como ésa sin el respaldo popular, aquí, es inconcebible.
Un país donde convive el fervor nacionalista con unos niveles de soberanía de cada uno de los Estados difíciles de imaginar en la Europa de los estados-nación. Unidos, sí, pero Estados. We the people.

Un país alérgico a que nadie le imponga nada, pero que no duda en dictar a otros qué deben hacer.
Un país donde convive una ignorancia escalofriante sobre el resto del planeta con un profundo conocimiento y curiosidad sobre todo tipo de lugares y disciplinas.
Un país donde alguien que esté en la lista de sospechosos de vínculo con el terrorismo no se puede montar en un avión, pero no tiene ningún problema para comprar armas o explosivos. Artículo del NYT de hace dos semanas.
Un país que pasa por ser la meca del individualismo, pero donde se suele castigar socialmente a quien se sale del redil, salvo, claro, si triunfa.
Un país que adora las historias de redención, que facilita las segundas oportunidades, que alguien se "reinvente", que suele aplicar la filosofía de que lo importante no es que caigas, sino que sepas levantarte.

Un país que establece la separación Iglesia-Estado, pero donde la religión impregna la vida pública. La separación consiste en que, por aquello de la primera enmienda, el estado (el dinero público, del contribuyente) no puede favorecer a una "Iglesia" (una confesión) en particular, pero eso no quiere decir que excluya la religión de la vida pública.
Un país sin la red de apoyo familiar y estatal de otras sociedades, pero con una tradición encomiable de voluntariado y altruismo.

Un país lo suficientemente joven como para creer aún en sus ideales ("America", los Estados Unidos, además de ser un país es una idea) y otorgar a sus cargos electos la presunción de sinceridad y compromiso, y tener una energía que le permite regenerarse y avanzar a gran velocidad.

Un país que mira a Europa con tanta superioridad y arrogacia como envidia y admiración. You, Europeans, are so sofisticated!
Un país de gente amable, amabilísima incluso, donde me he acostrumbrado a -e incluso hecho mía- esa costumbre de dirigirte a un desconocido para hacerle algún comentario laudatorio: "¡Cómo me gustan las gafas que lleva!" "¡Qué pinta de cómodos tienen esos zapatos!" "¡Qué vestido más bonito y qué bien le sienta!" "Bonita la gabardina, ¿dónde la compró?"

Un país, exceptuando Manhattan, donde sobra espacio por todas partes.
Un país, como todo el continente (o continentes porque a menudo aquí consideran Sudamérica como otro continente), con una naturaleza y unos paisajes inconmensurables para cualquiera que venga de la pequeña y sobrepoblada Europa.
Un país con unos fenómenos meteorológicos letales que tienes que verlos para creerlos.

Un país que casi todos creemos conocer porque forma parte de la cultura popular que nos ha educado, pero que es mucho más y mucho más complejo de lo que creemos saber.
Un país del que a veces es frustrante informar para España porque tanto quienes lo admiran apasionadamente como quienes apasionadamente lo detestan admiten pocas discrepancias y suelen ser sordos a tus matices.

Y podría seguir y seguir...

Terminando, un país donde me he sentido muy a gusto, del que he aprendido muchísimo, y que ya es parte de mí.

Happy 4th of July!

Y, como lo prometí hace ya algunos meses, dejo aquí un himno de quienes en los Estados Unidos combaten esas periódicas cazas de brujas y se resisten a que un determinado grupo en un determinado momento se apropie de los símbolos colectivos y reparta credeciales de quién es un buen American y quien, no, un "Un-American". De Woody Guthrie (1912-1967), "This land is your land, this land is my land", la última vez que la escuché en directo:
El domingo 18 de Enero de 2009, a los pies del monumento a Abraham Lincoln, en los actos de toma de posesión de Barack Obama.

Lorenzo Milá


Lorenzo Milá es el corresponsal de Televisión Española en Washington, Estados Unidos.
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