Messi, la “gaseosa” y el Dakar
Ya estamos en Buenos Aires. Qué pedazo de ciudad. Cuando el avión se aproximaba al aeropuerto de la capital argentina la vista no te alcanzaba para divisar toda la extensión de este gigante sudamericano.
Es la única forma que tienes de apreciar la inmensidad de una de las ciudades más grandes del mundo -3 millones de habitantes en una superficie de 19x17 kms que la hacen la segunda ciudad más grande de Sudamérica y una de las mayores del Planeta-.
Hoy se llevan a cabo las verificaciones administrativas –qué palo para los participantes, que se tiran unas tres horas dentro de un pabellón de ventanilla en ventanilla- y las técnicas a los vehículos a pesar de que la mayor parte de este necesario trámite se realizó hace un mes en Le Havre, localidad costera al oeste de Francia desde donde se embarcaron casi todas las motos y coches rumbo a Argentina en un viaje de unos diez días de duración.
Hoy, día 31 de diciembre, verifican los Mitsubishi oficiales de Roma, Alphand, Masuokay Peterhansel a las 15h hora local, tres horas menos en España; mañana día 1 de enero será el turno para los pilotos de KTM con Marc Coma, Jordi Viladoms y Gerard Farrés entre ellos, además del francés Cyril Despres. Ahí estaremos para dar buena cuenta en la tele.
Por cierto, tres personas integramos el operativo de TVE en el Dakar 2009: Ashley -operador de cámara-, Javier González –productor- y un servidor. El taxista que nos lleva al centro de verificaciones nos pregunta por Leo Messi: “¿Creen que es el mejor del mundo? La respuesta se la dejo a Javier: “Está empatado con Cristiano Ronaldo, pero dentro de poco lo será, seguro. Eso si antes no le rompen la pierna”. Mi boca permanece cerrada, no entiendo de fútbol, qué le vamos a hacer…
Transitamos por el barrio de Palermo, uno de los más caros de Buenos Aires. Un bloque de pisos en construcción que ya estaban vendidos antes de que las máquinas entraran a trabajar. Cada apartamento de esos tiene una superficie de 500 metros cuadrados a 6000 dólares el metro. Echen cuentas. “Por ahí vive Maradona”, nos cuenta el taxista. “A ver que tal le va ahora como seleccionador…”.
De parada en un restaurante para comer nos topamos con un pequeño inconveniente: nada de cerveza, el dueño es francés y solo se sirve vino y refrescos. Al camarero le pido una coca cola light, de esas para mantener la línea, ya sabéis… y cuando se retira se cerciora de que ha anotado todo correctamente, con lo que se produce una conversación tirando a diálogo de besugos entre los dos:
-Así quedamos en que quieren dos gaseosas, ¿cierto?
- No, dos coca-colas Light, pero no gaseosa.
- Pero quieren coca-cola o no?
- Sí.
- O sea les traigo gaseosa.
- No caballero, coca cola tal cual.
- Pero gaseosa.
- Claro, con gas, como las normales, con su gas y su todo.
- Entonces les apunto dos gaseosas.
En este punto me comencé a mosquear.
-A ver, dos coca cola Light, y nada más.
-Ah, es que aquí a los refrescos de gas se les llama gaseosa.
-¡Haber empezado por ahí!
Bendito español. GAS.
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