Epidemia de desalojos en San Francisco

Cada punto señalado con un marcador de posición en el mapa de arriba [aquí está la versión interactiva] indica el escenario de una tragedia. Cada marca precisa la ubicación de una casa de San Francisco cuyos inquilinos están condenados al desalojo.

¿Por qué? El motivo es diáfano según el modelo de ciudad que las autoridades desean: las casas pueden ser reformadas y divididas en mayor número de unidades. Con la operación los propietarios salen ganando —alquileres más altos—, los intermediarios de la promoción inmobiliaria sacan tajada y los munícipes, pese a la destrucción del tejido social de la ciudad, sueñan con repoblar San Francisco con hipsters del 2.0 con muy buenas nóminas.

A veces leer los diarios conduce al llanto. El mapa interactivo de los desalojos previstos —sólo entre marzo de 2012 y febrero de 2013 los caseros han presentado 1.757 solicitudes— lo publicó hace unas horas el San Francisco Bay Guardian, tanto en la versión semanal en papel, con una portada con el dramático titular "Epidemia de desalojos", como en la edición online, donde titulan "Urbicidio".

El modélico medio de comunicación tiene el sentido justiciero que a veces uno consideraba perdido en el periodismo y adjunta un documento de 49 páginas con las direcciones de todas las viviendas y los nombres de los propietarios que han puesto o quieren poner a los inquilinos en la calle.

¿Número de personas afectadas? No hay cálculos exactos, pero dado que hablamos de viviendas de clase media ocupadas por familias de, al menos, tres personas, el golpe social es de intensidad severa, sobre todo porque los desalojados, muchos de ellos con décadas de antigüedad como inquilinos y contratos de alquiler con subidas establecidas según el aumento del coste de la vida, no podrán encontrar por mucho que lo intenten otro lugar para alojarse que puedan pagar.

Los alquileres en San Francisco tienen dimensión estrafalaria y han subido un 53% en el último año: el alquiler medio en la ciudad por un apartamento de un dormitorio es de 2.700 dólares (unos 2.100 euros), el más alto de los EE UU. Por efecto dominó, los alquileres en la ciudad alternativa, la cercana Oakland, han subido un 28,5% y tampoco son asequibles: 1.961 dólares de renta mensual media (1.500 euros).

¿Cómo es posible esta situación? El instrumento legal del que se valen los caseros es la Ellis Act, una ley de 1985 del estado de California, que permite a los propietarios deshacerse de los inquilinos mediante el "cierre" del negocio de alquiler. El agujero legal permite que esta imprecisa cláusula sea empleada como subterfugio para recovertir la propiedad en un condominio de viviendas de alto nivel.

Los caseros desaprensivos ni siquiera se manchan las manos: hay leguleyos dispuestos a hacerlo en su nombre. Existen compañías de abogados que se ofrecen a asumir todos los trámites y echar a los inquilinos a cambio de un porcentaje en los suculentos beneficios de las operaciones.

Además de los miles de dramas que subyacen en la epidemia de desalojos —por citar uno cercano a este blog: el cierre del huerto urbano gratuito Free Farm, que debe abandonar el solar que ocupa antes de fin de año—, están en juego el estilo de la ciudad y el alma de San Francisco, el spleen que la hace única.

Estoy de acuerdo por entero con el editorial del San Francisco Bay Guardian:

"Parece que la loca, radical, artística y no convencional ciudad de San Francisco está sufriendo un ataque, como si estuviera cambiando para siempre una ciudad que una vez dio la bienvenida a olas de gente rara y descontenta, quienes, a su vez, dieron a la ciudad su reputación y atractivo sabor. Ya no hay ningún espacio para la clase obrera, la gente que, por ejemplo, mantiene en funcionamiento la industria número uno de la ciudad, que es la hospitalidad y el turismo, no la tecnología. Al final, si las tendencias continúan, esta va a ser pronto una ciudad muy diferente (...) Es difícil imaginar cómo lo mejor de San Francisco —la ciudad cuya cultura y sentido de locura han atraído a toda esta gente creativa— podrá sobrevivir".

El comentarista político Tim Redmond lo dice con más riñones:

"Cientos y cientos de inquilinos que una vez tuvieron pisos de renta controlada están perdiendo sus casas y, dado el precio de la vivienda, sus posibilidades para seguir viviendo en San Francisco. Cada pequeño marcador rojo [en el mapa] es una tragedia humana. Cada uno representa una ciudad que ya no tiene espacio para la clase media y mucho menos para los pobres. Me entran ganas de llorar. O vomitar. O algo".

Alimentos frescos (y orgánicos) a coste cero

[Foto: Jose Ángel González]
El bodegón, fotografiado sobre la mesa de la cocina de casa, costó cero dólares. Todo es orgánico, cultivado en un huerto urbano de la ciudad de San Francisco y me lo regalaron en el Free Farm Stand que celebran cada domingo.

El fundador de la granja gratuita se llama Dennis, pero prefiere ser conocido por su apodo, Tree (Árbol). Es un hippie activo de sesenta y tantos que sigue creyendo en las virtudes de lo colectivo y la posibilidad de que no haya dinero por medio para conseguir buenos alimentos.

En un solar cedido en 2010 por la Iglesia Luterana de Saint Paul al grupo de activistas y voluntarios que coordina Tree —el lugar, todavía un baldío cuando hicieron las fotos, puede verse en este mapa—, los agricultores urbanos gestionan un huerto donde cultivan casi de todo, desde frutas hasta plantas aromáticas, pasando por el variado arcoiris de las verduras, raíces y tubérculos. También recogen productos sobrantes de árboles particulares y organizan talleres de cultivo.

Cada domingo al mediodía, distribuyen buena parte de las cosechas en el Parque Niños Unidos del barrio de la Misión. La mecánica es sencilla: a partir de las 12, recoges un número; una hora más tarde, tienes acceso a los puestos de alimentos. Un grupo de voluntarios se encarga del reparto y la dosificación. Cada persona recibe lo suficiente como para, digamos, varias raciones. Sólo hay cierto límite —una o dos piezas por cabeza— en el pan y la bollería (exquisitos) y las macetas con plantas aromáticas y medicinales.

La Free Farm calcula que en los últimos seis meses ha repartido gratis casi 500 kilos de alimentos frescos.

[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]

Cacofónicos y sin humildad

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El principio fundador es de los que apetece secundar: "una red de recogida aleatoria de espíritus libres, unidos en la búsqueda de experiencias más allá de los límites de la sociedad tradicional".

La Cacophony Society —el nombre del club tampoco se queda corto en latido: nada como proponer la disonancia en esta dictadura universal de los armónico— nació en San Francisco en 1986.

Fundada sobre las cenizas del Suicide Club, inspirado en la novela de Stevenson El Club de los Suicidas, aunque sólo nominalmente (sus miembros no aspiraban a matarse, sino a la muy san franciscana francachela de emborracharse en cementerios y carnavalear en cualquier otro lugar), la Cacophony Society aspiró desde sus inicios a tener un mayor empaque en las pretensiones: citan al dadaísmo, el situacionismo y la idea de La Zona, el lugar donde, según la película Stalker (Andréi Tarkovsky, 1979), no rigen los dictados de la física tradicional.

¿Filósofos rupturistas?, ¿sociedad secreta anarquizante?, ¿activistas de un neomundo paralelo?... Nada más lejos. Estamos en San Francisco, donde la ruptura se reduce a las bromas, el disfraz y el estraperlo intelectual.

Mañana se presenta en sociedad el libro Tales of the San Francisco Cacophony Society, editado por Last Gasp a precio nada libertario (39,95 dólares, unos 31 euros). Es una historia ilustrada —el activismo de bajo nivel siempre le dio duro al flyer— sobre el grupo que, según los editores,"ha influido en todo lo subversivo, juguetón y antiautoritario de la cultura popular en los últimos veinte años". Modestia, como ven, ninguna. El entrecomillado induce a pensar que gracias a esta gente, y a nadie más, somos libres y felices.

¿Que huella han dejado los cacofonistas sobre la arena del tiempo?, ¿que cercas de alambre han cortado?, ¿a quién han liberado?, ¿qué trifulcas han montado?

1. Algunos flahsmobs cuyo fin último es la tajada alcohólica: un picnic en el Golden Gate Bridge, una ginkana en Chinatown, ataques inesperados de zombies, el desfile anual de San Estúpido... Aunque se atribuyen ser los inventores de la invasiva aparición en los centros urbanos de personas disfrazadas de Santa Claus (conocida como Santarchy), mienten: la iniciativa partió, en 1974, de un grupo danés de teatro político.

2. Dicen haber influido en El club de la lucha, la novela de debut (1996) del escritor Chuck Palahniuk. El autor siempre se ha desligado de la pretensión, pese a que los cacofonistas lo acosan cada vez que visita San Francisco.

3. Ésta es la buena. Uno de los eventos turísticos más rentables de los EE UU, el festival de alt-art Burning Man, fue organizado en sus primeras cinco ediciones (1986-1990) en la playa Baker de San Francisco por tres fundadores de la Cacophony Society, Larry Harvey, Jerry James y el artista John Law. Los dos primeros son propietarios, tras ganar varios juicios, de la boyante marca —el año pasado asistieron más de 50.000 personas y los tiques para este año cuestan 380 dólares que sólo dan derecho a entrar en el área desértica del festival— y Law los acusa de haber pervertido el sentido original de la celebración (investigada, por cierto, por evasión de impuestos).

 

Mapa interactivo sobre las histórias escondidas en el nomenclátor

[http://sfstreets.noahveltman.com]

Conquistadores españoles, hacendados mexicanos, políticos locales, millonarios, algún gánster... Las calles de San Francisco se ven de otra manera al pasear por el mapa interactivo sobre el nomenclátor del diseñador y desarrollador web Noah Veltman.

Desde Londres, donde está trabajando desde enero como grafista para la BBC, y empujado por la morriña que sentía por San Francisco, donde había vivido cuatro años, Veltman quiso llenar los huecos de su propia memoria. "Solía caminar por esas calles sin tener idea de los personajes que estaban tras los nombres (...) Hice el mapa porque pensé que sería una forma de conectar la colorida historia de San Francisco con la experiencia cotidiana, darle un nuevo sentido a los barrios y la ciudad", dice para explicar el empuje inicial que le llevó a desarrollar el proyecto de una cartografía virtual que añadiese contexto histórico y humano a la geografía local.

Al hacer clic en una calle o plaza, el visitante de la web puede enterarse de la biografía de la persona a la que están dedicadas o de las circunstancias que llevaron a los responsables políticos locales a bautizarla. El mapa es un recurso del que pueden sacar mucho partido los turistas, que pocas veces saben los motivos que explican el nombre de la calle por la cual están caminando.

En el proceso de recogida de documentación histórica, administrativa y humana Veltamn se ha encontrado con "duelos, tiroteos salón, justicia popular, espionaje, millonarios noctámbulos, exploradores, magnates, batallas, rebeliones..." que forman  una "historia local" que tiene para el vecino, el curioso o el visitante una "inmediatez" con frecuencia más reveledora que la de los grandes tratados.

Entre las historias ocultas en el nomenclátor favoritas del diseñador está la de Francisco Guerrero, cuyo apellido da nombre a una de las más bonitas avenidas del distrtito de la Misión. Terrateniente nacido en México en 1811, Guerrero llegó a ser alcalde de Yerbabuena, el pueblo sobre el que emergió la ciudad de San Francisco, y fue asesinado en 1851 con una piedra lanzada con una honda antes de que prestase testimonio en una audiencia relacionada con un fraude de altos vuelos. Al parecer, querían silenciarlo.

Veltman anuncia que al mapa de San Francisco seguirán los de Londres y Los Ángeles. Luego regalará el código de programación para que cualquiera pueda hacer el mapa de su ciudad.

La fiscalía demanda a la bebida energética Monster

Gama de productos y presentaciones de las bebidas Monster

"Atrévete a probar una lata de la bebida más extrema del planeta, Monster Energy. De nuestros laboratorios salió la fórmula que te proporciona el doble de estímulo que una bebida energética de tamaño normal. MONSTER te pega con una suave sabor (sic) y una potencia incomparable. EL TAMAÑO SI IMPORTA!".

El mensaje, tal cual, faltas de ortografía y de puntuación incluidas, es de la página web para España de Monster, la bébida energética que más se vende en los EE UU tras Red Bull, que sigue como líder con el 42% del mercado. Año tras año Monster acorta distancias y en 2012 se hizo con el 37% de las ventas, según datos de la web Energyfiend contra el abuso de la cafeína.

La Fiscalía de San Francisco acaba de demandar a Monster por poner en grave peligro la salud de los niños y adolescentes a los que está dirigida la estrategia comercial y publicitaria de la bebida. Según una declaración oficial emitida por el fiscal Dennis Herrera, los niveles de cafeína de la bebida causan una "significativa morbilidad entre los adolescentes", con episodios de hipertensión, infartos cerebrales y ataques cardiacos severos.

Herrera, hijo de un siquiatra colombiano emigrado a los EE UU y uno de los fiscales más radicales del país en temas de consumo y derechos individuales, ya había anunciado que investigaría en detalle a los fabricantes —la empresa Monster Beverage Corporation, con sede en Corona, 600 kilómetros al sur de San Francisco— y se había sumado a casi una veintena de médicos que solicitaron a la Federal Drug Administration (FDA, la agencia federal con competencias en alimentos) que ordenase a la marca una reducción drástica de la cantidad de cafeína en sus bebidas, algunas de las cuales, como la lata de 24 onzas (709 mililitros) de Mega Monster Energy, tienen 240 miligramos, equivalente a casi veinte cafés esspreso.

Según la regulación de la FDA, los fabricantes no están obligados a señalar en los envases la cantidad de cafeína, pero la agencia ha admitido que es sensible al endurecimiento de las normas tras la muerte de la adolescente Anais Fournier, de 14 años, que falleció de un ataque al corazón en 2012 tras beber un par de Mega Monster Energy en días consecutivos. Su familia ha demandado a la fabricante del preparado porque entiende que la niña fue víctima de una sobredosis de cafeína.

A la defensiva y bien armados con los abogados que les permite su tamaño —la empresa facturó el año pasado casi 2.000 millones de euros—, Monster, cuyas bebidas han sido relacionadas con la muerte de al menos cinco personas en los últimos tres años, ha denunciado a Herrera por menoscabo de imagen mercantil.

Para justificar la desmesurada cantidad de cafeína que añaden a sus preparados no se les ha ocurrido nada mejor que señalar a la cadena Starbucks, donde, dicen, "cualquier niño" puede comprar bebidas con tanta carga como las de Monster.

[Dennis Herrera]
Herrera responde que la comparación no es de recibo, porque Starbucks no se dirige a un público juvenil como Monster —en la página comunitaria Monster Army (Ejécito Monster) aparecen críos—; patrocina eventos de deportes adrenalínicos; es una de las marcas que más dinero paga a ídolos infantiles y juveniles, por ejemplo, al corredor de motos español Jorge Lorenzo, y colabora en la organización y promoción de conciertos de música heavy y trash.

"Las bébida energéticas basadas en la cafeína nunca te darán alas, pero sí te pueden causar problemas letales de salud, especialmente si eres un joven atacado tan agresivamente por los mercaderes", precisa el fiscal de San Francisco.

Según los estándares de la FDA, las bebidas con cafeína no pueden sobrepasar los 71 miligramos por una dosis de 12 onzas (0,35 litros). Las bebidas energéticas tienen entre 100 y 300 miligramos en una lata clásica de 8 (0,23). [Imagen: energyfiend.com]

George Lucas quiere el mejor enclave para su museo

Incluso el más intachable de los promotores imobiliarios —si es que ambas condiciones pueden coexistir en un mismo ser humano, que lo dudo— entregaría su alma al diablo a cambio del uso de los terrenos coloreados en el mapa.

El solar con trama azul es Crissy Field, una pradera de 28.000 metros cuadrados a ras de la bahía de San Francisco, frente un panorama que quita el hipo a cualquiera, tenga o no debilidad por la especulación.

Vista desde Crissy Field, con el Golden Gate Bridge a la derecha y las colinas del Condado de Marin enfrente [Foto: Wikimedia Commons]

La zona tintada de rojo en el mapa —con el valor añadido de Crissy Field como patio delantero— es el objeto de deseo del director-productor de cine George Lucas, que tiene dinero suficiente para desear el solar: es la 346º persona más rica del mundo y su fortuna, cifrada por Forbes en casi 4.000 millones de dólares (3.000 millones de euros), le permite el capricho con holgura.

El galáctico magnate, que en unos días, el 14 de mayo, cumple 69 años, está desde 2012 supuestamente retirado de la financiación de taquillazoseso dijo, aunque dejando la quinta entrega de Indiana Jones fuera de la ecuación—, y le sobra con el usufructo de las franquicias de sus productos y las operaciones mercantiles a gran escala.

"Me retiro. Me voy de los negocios, de la industria..., de todo ese tipo de cosas", declaró tajante a finales del año pasado, tras vender Lucas Films, su empresa matriz de producción, a otro imperio, Disney.

Cuando un potentado dice que se retira "de todo ese tipo de cosas" quizá está hablando en mandolariano, pero no, desde luego, en un idioma que usted o yo podamos entender. Uno imagina que retiro ha de ser, por pura lógica de diccionario, alejamiento, jubilación o excedencia (en el caso de Lucas cualquiera de la acepciones sería dorada: su refugio, el Skywalker Ranch, una hora al norte de San Francisco, ha sido definido por los pocos elegidos con acceso, como un cruce entre el Yellowstone del Oso Yogui y Disneylandia). Pero no es el caso. George Lucas opta ahora por ser curator y propietario de su propio museo.

[Foto: proyecto del Lucas Cultural Art Museum]
El director, guioniosta o productor de una treintena de películas que van de lo inolvidable (American Grafitti) a lo imperdonable (Howard... un nuevo héroe)  es uno de los tres finalistas para llevarse el gato al agua y explotar el enclave frente al Golden Gate.

El trust administrativo que gestiona la zona —un espacio protegido integrado en el parque Presidio, el mayor de San Francisco—, quiere explotar el magnetismo del lugar y su espléndida belleza. Se trata de aprovechar culturalmente (es decir, también con cafeterías y tiendas de gorras y camisetas) los terrenos donde los militares que fueron dueños de Presidio durante más de dos siglos (primero los de Nueva España, luego los de México y hasta 1994 los de los EE UU), tenían instalaciones que los nuevos gestores consideran obsoletas.

En noviembre de 2012 convocaron un concurso de ideas y recibieron 16 propuestas, que acaban de quedarse en tres. El próximo otoño decidirán a cuál le dan luz verde: dos son centros de interpretación medioambiental (The Bridge/Sustainability Institute y Presidio Exchange) y el tercero es el Lucas Cultural Art Museum.

¿De qué va el proyecto del sagaz cineasta-empresario aparentemente retirado? El packaging —ya hay página web— habla de tres líneas básicas —nada demasiado nuevo: descubrimiento, innovación y educación, esos valores abiertos ante los cuales es difícil poner mala cara—; el proyecto incluye cartas de recomendación de instituciones de impoluta solvencia pese al olor no siempre agradable del dinero: el Smithsonian Institute, la Academia de Hollywood y el Getty Trust; un portavoz de Lucas ha señalado que el magnate pondrá de su bien alimentado bolsillo 700 millones de dólares (530 millones de euros) para la construcción y puesta en marcha del museo y que donará su propia colección de arte, que contiene ilustraciones, cómics, vestuario y otros diseños de sus películas y arte digital.

"Quiero crear un lugar de encuentro donde los niños, padres y abuelos pueden disfrutar de todo, desde grandes ilustradores como Rockwell, NC Wyeth y Maxfield Parrish, hasta el cómic y las ilustraciones de libros infantiles, junto con exposiciones de moda, arte cinematográfico y arte digital", señala Lucas en la memoria del proyecto, con tanta precisión como un mal alumno que hubiese redactado el trabajo la noche antes de la fecha de entrega.

"Disfrutar de todo" tal vez sea la combinación de palabras más precisa de toda la documentación. Viniendo de un jerarca de las superproducciones de cine; un campeón, dicen, de la minuciosidad, y un adinerado empresario con suficientes posibles para pagar a los mejores colaboradores, el proyecto es básico, adolece de lagunas vitales —del edificio apenas se dice que será de estuco y que "complementará los diseños históricos de las construcciones vecinas pero sin olvidar su época"— y parece lo que es: la necesidad de perpetuación de un señor sobrado de sí mismo y confiado en que su apellido y el apoyo del Alto Consejo Jedi son suficiente garantía.

La cúpula gay de San Francisco juzga por su cuenta al soldado Manning

Liberad a Bradley Manning

La presidenta del San Francisco Pride —marca registrada del comité que organiza el desfile del orgullo gay en la ciudad donde se inventó la bandera multicolor— se llama Lisa L. Williams. Acaba de meter la pata hasta el fondo al afirmar que el soldado gay Bradley Manning, es responsable de "acciones que han causado daños a nuestros hombres y mujeres uniformados".

La señora Williams —en cuyo revelador currículo figura la gestión de una empresa de mercadotecnia política y búsqueda de dinero para financiar campañas— se pusó muy nerviosa y perdió los papeles cuando se filtró que en el San Francisco Pride de este año, que se celebrará el 29 y el 30 de junio, Manning actuaría (en ausencia, claro: lo tienen en una cárcel en condiciones de dudosa legalidad) como Grand Marshal del desfile, las figuras que cada año son encargadas de ser "emisarios públicos del Orgullo". Algo así como la fallera mayor, vaya.

Un día después de que trascendiese la noticia, Williams emitió un comunicado colérico en el que negaba el compromiso del San Francisco Pride con el soldado que inició el cablegate de Wikileaks; acusaba a una persona de su staff de haberse ido de la lengua sobre asuntos y discusiones internos; anunciaba, muy en consonancia con el fondo castrense del asunto, que ese chivato había sido "sometido a disciplina", y advertía que no sería tolerada por la organización ninguna muestra de simpatía hacia la figura de Manning, cuya libertad piden miles de personas, de todas las tendencias sexuales, en la campaña internacional I Am Bradley Manning (Yo soy Bradley Manning).

Más allá de la intemperancia de condenar por su cuenta al soldado, que todavía no ha sido juzgado por la justicia después de casi tres años de detención, la decisión de Williams demuestra que el San Francisco Pride ha dejado de ser lo que fue o dice ser (una celebración "para educar al mundo, conmemorar nuestra herencia, celebrar nuestra cultura y liberar a nuestra gente", según pregonan en su declaración de objetivos, el subrayado es mío) para convertirse en otro bonito negocio carnavalero, aliado con los grandes poderes y cómodo para que éstos se presenten como tolerantes y modernos.

Mientras Williams se cuadra y saluda, el desfile del orgullo gay más señero de los EE UU recibe con los brazos abiertos, tal como señala Glenn Greenwald en The Guardian, el dinero que le regalan patrocinadores (aquí está la relación completa) entre los que están los gigantes de las telecomunicaciones AT&T y Verizon, que han colaborado en escuchas ilegales para el Gobierno; el Bank of America, acusado de un fraude milmillonario en la gestión de hipotecas; Wells Frago, otra entidad financiera señalada por la fiscalía como tramposa con sus clientes, y la empresa de servicios sanitarios Kaiser Permanente, investigada por revelar datos confidenciales de sus pacientes.

Al parecer, ninguna de estas corporaciones han "causado daños a nuestros hombres y mujeres", por regresar al argumento de Williams con respecto a la maldad de Manning.

La decisión marcial de la obediente presidenta del orgullo gay ya ha sido contestada por un grupo de activistas del colectivo al que Williams dice representar. Están convocadas manifestaciones a favor de Manning y en contra de su presurosa juzgadora. "Si Manning no es gay, nadie lo es", han recordado para anunciar que este año, sea o no grand marshal, el soldado que filtró los cables de Wikileaks mientras escuchaba a Lady Gaga, estará presente y tendrá apoyo, como en años anteriores, en el San Francisco Gay Pride.

Quieren convertir en jardín un bosque

[Foto: Jose Ángel González]

No se trata de un bosque aislado y lejano al que debes llegar tras una larga travesía aunque tiene todos los dones para gozar del mismo estátus que sus hermanos mayores: extensión suficiente (más de 32 hectáreas); vida animal en abundancia (30 especies de aves han sido localizadas en un solo día por los aficionados a los avistamientos, entre ellas inquietos pájaros carpinteros, fugaces colibríes y, como reyes nocturnos, grandes y dignísimos búhos cornudos); un ecosistema vegetal consolidado durante más de su siglo con 93 tipos de plantas, dominado por esbeltos eucaliptus de hasta 30 metros de altura y con un denso chaparral a ras de suelo, infranqueable excepto mediante el uso de la red de senderos peatonales que surca el monte...

El Mount Sutro Forest es uno de los milagros de San Francisco: un bosque húmedo insertado en el corazón de la ciudad, de acceso libre para quienes lo deseen disfrutar y sin apenas mácula derivada del pernicioso carácter urbano y los usos humanos.

[Mapa de situación del Mount Sutro Forest. Free Association Design blog]
Este territorio de asombro, en las laderas de un cerro a casi 300 metros sobre el nivel del mar —una de las más altas de las casi inagotables colinas de esta ciudad de desniveles—, está en serio peligro de ser mancillado por un proyecto que pretende cortar 30.000 árboles, el 90% de la masa forestal del bosque, y remover el 99% del terreno.

Promotores inmobiliarios en busca de negocio, habrán pensado ustedes. Pues no. El gran disparate lo quiere ejecutar un supuesto centro de sabiduria, la University of San Francisco California (USFC), propietaria de gran parte del bosque, que recibió en donación en 1895 del filántropo Adolph Sutro, que a su vez lo había comprado al terrateniente José de Jesús Noé, el último ranchero mexicano que fue alcalde de Yerba Buena, nombre original de San Francisco.

La USFC —1.700 académicos, casi 5.000 alumnos, 103 hectáreas en terrenos y un presupuesto anual de 1.550 millones de dólares (casi 1.200 millones de euros)—, cuyo tremendo hospital central, uno de los recurrentes en los rankings de los mejores centros médicos de los EE UU, tiene el bosque a sus espaldas, quiere "adelgazar" el Mount Sutro Forest y ejecutar una "conversión" del lugar, según explica el bastante opaco estudio de impacto de las obras, previstas con inminencia:  el otoño de este año.

Los planes universitarios quizá estén relacionados con el estatus de tener un bello jardín con un árbol por aquí y otro por allá y no un salvaje bosque húmedo como patio trasero para los clientes del hospital, privado y carísimo como resulta natural en este país donde la salud tiene una sola garantía: el saldo de tu cuenta bancaria. Acaso el organismo de enseñanza aspire a disponer de un campus a la inglesa que le permita aumentar las tasas de matrícula, ya de por sí interplanetarias (por ejemplo, 27.000 euros por un curso de Medicina).

Hay muchas voces contrarias al proyecto. Se han agrupado en Save Mount Sutro y piden apoyo y envío de protestas contra el adelgazamiento del bosque. Además de oponerse a la drástica reducción de la masa de árboles, señalan que la USFC utilizará un pesticida agresivo para evitar la regeneración de los árboles. Es posible firmar una petición online para apoyar la protesta e intentar que los planes no se ejecuten.

Fui a recorrer el bosque con mi cámara de juguete, la mejor aliada para capturar la psique que, estoy seguro, tienen algunos lugares tan vivos, o incluso más, que los seres humanos. No tuve demasiada suerte: el día era espléndido y no se presentó la niebla que convierte al Sutro Forest en un lugar de romántico misterio. Aún así, espero que las fotos retengan una mínima porción de la belleza inesperada y el latido vivo del más poético bosque urbano en estado salvaje que conozco.

[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]

El alcalde de San Francisco quiere dinero de China

[El alcalde Lee, segundo por la izquierda, con el vicepresidentre de China, Li Yuanchao. Foto: página de Facebook de Lee]

Es muy probable que el hombre que aparece a la izquierda de la foto, el alcalde de San Francisco, Ed Lee, tenga un salario bastante más alto que su anfitrión, a la derecha, el vicepresidente de China, Li Yuanchao.

Dada la opacidad del régimen neocomunista-neocapitalista de Pekín, no puedo asegurar cuánto le pagan al recién nombrado segundo hombre fuerte del aparato de poder, pero el sueldo del regidor local de San Francisco sí es público: 272.103 dólares al año, unos 210.000 euros. La nómina de Lee —17.500 al mes— equivale, por ejemplo, a casi tres veces lo que gana el presidente español Mariano Rajoy.

No es injusto sacar a colación los ingresos personales porque la reunión entre el bien pagado alcalde y el vicepresidente se celebró en un viaje oficial de Lee a China, país al que acudió, según parece, en busca de dinero para que los empresarios del gigante asiático vengan a desarrollar proyectos en San Francisco.

La gira, de diez días, fue también convenientemente vendida por razones étnicas, esos paraguas ideológicos que en los EE UU son salvoconduntos universales: los padres de Lee —cuyo nombre completo es Edwin Mah Lee— llegaron al país en la década de los años treinta del siglo XX desde la provincia de Cantón y el político, nacido en Seattle en 1952, fue en 2005 la primera persona de sangre 100% china en ser elegido alcalde en de una ciudad estadounidense.

Tampoco fueron ajenas a la reciente gira las circunstancias demográficas: la proporción de asiáticos en la ciudad es del 33% de la población, porcentaje que sube hasta casi el 40% entre las personas jóvenes, con diferencia el grupo étnico más numeroso de San Francisco, según el último censo, el primero que deja a los blancos sin mayoría absoluta en la radiografía racial (son ahora el 48% del censo local de habitantes).

Lee, un gran rastraedor de fondos financieros cuya pasión por los milmillonarios está presente en muchos de sus polémicos proyectos —por ejemplo, el de reducción de impuestos a los grandes empresarios del 2.0 para que se instalen en la ciudad—, no ocultó que el viaje al otro lado del Pacífico era una iniciativa para asegurarse el apoyo del voto chino. Parte de los gastos del desplazamiento del alcalde y su comitiva fueron recaudados por Rose Pak, la poderosa activista que controla Chinatow y ha sido definida como "un tenaz pitbull" cuando se trata de luchar por un negocio, una causa o un delfín...

Aunque el viaje fue sufragado oficialmente por la Cámara China de Comercio de San Francisco —de la que Pak es asesora y en cuya sede tiene despacho, aunque, al parecer, no cobra sueldo— y costó solamente, siempre según los datos asentados para la posteridad en los libros de contabilidad, 12.000 dólares (unos 9.000 euros), Pak ha sido acusada de organizar una cuestación alegal para añadir más dinero gracias a aportaciones personales y más o menos secretas, que sirvieron para cubrir, por ejemplo, los gastos de desplazamiento y estancia de Anita Lee, la esposa del alcalde, que también se apuntó a pesar de que el viaje era oficial y no personal.

La fiebre por el dinero fresco y dinámico de los nuevos magnates chinos ha afectado también al governador de California, Jerry Brown, como Lee, del Partido Demócrata, que siguió los pasos a su colega unos días después con un viaje al mismo destino y con similar objetivo: regresar con dinero.

¿Ganador de la colecta? Aunque tras lo anotado y por meras razones raciales debería ser Lee, lo cierto es que el alcalde de San Francisco ha sido derrotado por Brown.

Mientras el governador amarró 1,8 millones de dólares (1,3 millones de euros) para el proyecto Oak to Ninth de mejora y desarrollo urbano del frente marítimo de la problemática ciudad de Oakland, Lee, además de algunas lágrimas emotivas y muchas sonrisas para las fotos, regresó a casa con un solo contrato en firme, la inversión de 1,7 millones de dólares (1,1 millones de euros) en un proyecto inmobiliario de 10.000 viviendas de la poderosísima promotora Lennar para urbanizar Treasure Island en un terreno donde sólo un loco estaría dispuesto a comprar casa: la Marina de los EE UU depositó en el lugar residuos radiactivos durante años y los niveles de peligro son muy altos, según un reciente informe.

El galanteo de ambos políticos a la damisela china —que, según han anunciado uno y otro, se intensificará para intentar que la potente economía del yuan entre en sectores como el tecnológico, el vinícola y el cinematográfico— es paradójico. En 2012 un comité del Congreso de los EE UU aconsejó a las empresas estadounidenses que no hiciesen tratos comerciales con las chinas porque éstas son "cómplices" de planes estratégicos que van más allá de lo simplemente económico.

Ocho veces más gasto en mascotas que en libros

[Foto: Jose Ángel González]

Los estadounidenses gastan en animalitos ocho veces más que en libros: casi 55.500 millones de dólares al año en mascotas frente a 7.000 millones en libros, electrónicos incluidos: 42.300 y 5,3 millones de euros respectivamente.

En el 62% de las casas del país hay un animal doméstico. En el 64%, más de uno. En EE UU viven 78,2 millones de perros y 86,4 millones de gatos. Las encuestas advierten que cada vez hay más monos (sin incluir a los seres humanos que hacen el mono o la mona, que no contabilizan).

En algunas de las casas de este país envejecido, la mascota es el rey.

La animalitis es una ideología palpable —el caso del perro súper agresivo de San Francisco con más seguidores sociales que los presos de Guantánamo en huelga de hambre es paradigmático— y la corrección política condena al estigma a quien se atreva a poner en cuestión la tontería que los datos demuestran y la estulticia que ocultan: te desvelas por el color de las heces de tu perro pero no sabes dónde está Sierra Leona o cuántos palestinos viven sometidos a un embargo alimentario y de medicinas aceptado por el presidente café con leche (corto de café) que has elegido dos veces seguidas.

El negocio del animalismo es como una hidra y sus muchos subsectores merecen un desarrollo dramático redactado bajo los dictados del teatro del absurdo. Cualquiera de las mascotas estadounidenses tiene a su alcace más servicios que los inmigrantes ilegales: desde masajes holísticos contra el estrés, hasta campamentos de aventuras, cabinas de spa, luxury hotels, camisetas de la NBA, mobiliario fancy, sistemas de gps, carritos como los que algunos bebés jamás tendrán, un disfraz de cerdo, gimnasios y clubes de salud...

Tanta necedad podría ser analizada como una consecuencia de la soledad o el angst colectivo de una nación construida sobre el capricho como derecho constitucional, pero no me toca ni me apetece ponerme tan profundo.

Este fin de semana me di una vuelta por la sexta edición del McKinley Dogfest que se celebra en el pijísimo Duboce Park. El festival, cuya recaudación se entrega a la guardería preinfantil pública McKinley, reúne a amantes de los perros para exhibirse, participar en concursos, presenciar acrobacias, colaborar con refugios, comprar chorradas, morrearse con un terrier y practicar el juego social de mira cuánto me parezco a mi perro.

Pido perdón por las fotos. No son demasiado allá, soy consciente. Me inspira menos el animalismo que la bolsa de valores. El desinterés por el tema no hizo que dejara de advertir que el principal espónsor financiero de la feria humano-canina es el Chase Bank, una entidad que no tuvo reparos en operar con jerarcas nazis antes de la II Guerra Mundial, entregándoles dinero que habían requisado a clientes judíos y que, hace tres años, recibió casi 100.000 millones de dólares de dinero público de los EE UU como rescate de la bancarrota causada por la gestión temeraria y alegal de sus dirigentes durante los años de la vida loca bancaria.

A los perros les importan un comino estas circunstancias. A sus dueños, tampoco. Lo que importa es la sensibilidad animal.

[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]
[Foto: Jose Ángel González]

Jose Ángel González


Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
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