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Colocándose para el año de la marihuana

[Foto: Jose Ángel González]

La pancarta del joven de la foto —"¿Quieres colocarte?"— tiene motivaciones comerciales. Invita a la compra de cigarrillos de marihuana (tres porros por 5 dólares, unos 3,8 euros), pero también podría servir como lema para calentar motores ante una temporada que en el estado de California, donde 1,95 millones de personas declaran haber consumido marihuana en el último mes, va a ser fundamental en el debate sobre la legislación en torno a la hierba.

La imágen del voceador público de productos derivados del cannabis —el menú era variado: había desde brownies y galletas para los que prefieren colocarse por vía gástrica, hasta aceite esencial de THC o aderezo para ensaladas— es del sábado, 20 de abril (4:20, Día Internacional de la Marihuana), en el Golden Gate Park de San Francisco. Aunque no hay cifra oficial de asistentes porque la celebración fue espontánea y sin organizadores, es bastante justo afirmar que en el momento álgido de la fiesta hubo entre 5 y 10.000 personas alcanzando en comunión diferentes grados de colocón. En algunas zonas, dada la concentración de humo de marihuana, no era necesario gastarse un centavo: con ser fumador pasivo bastaba.

[Foto: Jose Ángel González]

Al contrario que otras celebraciones en San Francisco —ordenadas y desarrolladas con gran sentido cívico pese al grado de locura, que suele ser elevado—, el 4:20 es lo más parecido que he experimentado aquí a estar en un botellódromo español. Las autoridades locales no colocaron ni una sola letrina, ni tampoco organizaron puntos de recogida de basura, desidia que derivó en un más que lamentable estercolero colectivo.

El desinterés —bastante infantil, algo así como "si no miro, no existen"— era palpable también en la actitud de los escasos doce agentes de policía, que observaban la bacanal cannábica desde lejos y presuntamente charlando sobre beísbol, pese a que la posesión de más de 28,5 gramos de maría es una infracción que conlleva una multa de 100 dólares, unos 77 euros —10 días de arresto y 500 dólares si estás cerca de un centro educativo, seis meses de cárcel si la cantidad es mayor— y la distribución y venta  es un delito castigado con entre 16 meses y tres años de cárcel.

Ninguna de las medidas punitivas puede aplicarse a los más de 750.000 residentes en el estado que se benefician de la legalización de la marihuana con fines terapéuticos, aprobada en 1996 mediante una ley estatal (la Proposición 215), refrendada por el 55,6% de votos favorables en un referendo que convirtió al territorio en el primer estado del país en despenalizar el uso del cannabis. La medida nació en San Francisco de la mano del activista gay Dennis Peron y fue adoptada, con algunos matices, por otros 14 estados en los años sucesivos.

[Foto: Jose Ángel González]
El problema es que la ley federal de Control y Prevención del Abuso de Drogas (1970) califica la marihuana como droga de alto riesgo y no admite ni siquiera el uso médico. El choque de ambas legislaciones crea un vacío legal donde se mueven y se enfrentan ideologías políticas, sensibilidades personales y enormes intereses económicos —el negocio de la marihuana terapeútica mueve 1.300 millones de dólares al año (980 millones de euros) y reporta a las arcas del estado 105 millones (80) en impuestos—,

En otoño de 2011, quince años después de la aprobación de la despenalización parcial del consumo, el presidente Barack Obama lanzó a los fiscales y al FBI contra los dispensarios legales de marihuana médica porque, según dijeron, se estaba creando un "entramado delictivo" que escapaba al control de las autoridades y había favorecido una "explosión" del tráfico ilegal bajo el paraguas de la ley californiana.

Algunas de las operaciones defendidas desde la Casa Blanca tuvieron muy mala prensa: las cartas amenazantes de la fiscalía a los propietarios de una docena de dispensarios, advirtiéndoles de que podían estar incurriendo en un delito; la presión policial —con inspecciones a punta de rifles de asalto incluidas— contra pequeños cultivadores de cannabis y el cierre del mayor centro de venta de marihuana con prescripción médica del país, el Harborside Health Center, de Oakland, que tiene 95.000 pacientes-clientes registrados, 120 empleados, factura 22 millones de dólares al año (16,7 millones de euros) y es una de las diez empresas que más impuestos paga de la ciudad.

El Estado reclama al Harborside, que ha sido acusado de supuestas anomalías fiscales, 20 millones de dólares en impuestos no pagados (15,2 millones de euros). El dispensario, una cooperativa laboral, ha recurrido la decisión ante los tribunales.

Con la industria de la marihuana en el objetivo —desde Washington apuntan que en el estado hay siete millones de plantas creciendo a cielo abierto sin control ni registro sobre un total de 56 millones—, los productores que cultivan cannabis con permiso y que emplean a unas 50.000 personas han decidido reforzarse en el potente sindicato United Food and Commercial Workers y tomar postura en la guerra que viene bajo la asesoría de Americans for Safe Access, una influyente asociación civil, científica y profesional favorable a la hierba terapeútica en un sentido muy amplio.

Mientras los nuevos hippies fuman porros ante la dulce indolencia de los agentes de la Policía de San Francisco, avanza el año de la marihuana y las fuerzas enfrentadas en la lid afilan las estrategias —hay una inciativa popular para intentar la despenalización total del consumo para mayores de edad— , saltan noticias que demuestran el grado de arraigo de la cultura de la maría en California. Las últimas: la cadena de televisión por cable Discovery Chanel emite el show Weed Wars (Las guerras de la hierba), una mirada al interior del dispensario cerrado por el FBI en Oakland con tono de reality, y se revela que algunos productores de los cotizados vinos de Napa añaden en secreto hojas de cannabis a algunos de sus caldos para aumentar la cotización.

[Foto: Jose Ángel González]

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Crónicas vitales de un periodista español emigrado a la Bahía de San Francisco, en California, el estado con mayor presencia de latinos e hispanohablantes de los Estados Unidos.
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