Pon un base a las órdenes de Laso

    lunes 21.may.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

La mejor versión de Pablo Laso, la que yo recuerdo como jugador allá por mediados de los 90, era la del vitoriano colocándole milimétricos alley-hoops a Joe Arlauckas en las filas del Real Madrid. Una versión que superaba aún más la del base que deslumbraba con el número siete en aquel TAU de Manel Comas.

La mejor versión de este Madrid de Pablo Laso que yo recuerdo, transcurrió en la temporada 2013-14. Fue el año de los récords, en el que el conjunto blanco sólo ganó la Copa al Barça con canasta de Llull sobre la bocina, en el que acabó perdiendo la Liga con los azulgrana en el Palau, con el vitoriano saliendo en silla de ruedas de éste tras haber caído antes en la final de la Euroliga con el Maccabi en Milán.

Curiosamente esa campaña Sergio Rodríguez fue el MVP de la fase regular de la máxima competición continental.

El 'Chacho' y Llull fueron las apuestas del técnico en 2011 para llevar el timón de su Madrid. No se equivocó. El equipo creció mucho, pero más lo hicieron ellos.

El de Mahón era un potro desbocado en esa época, un jugador de gran talento al que muchos veían más como escolta, pero Laso lo tenía claro: para él Llull era su base.

El otro Sergio, Rodríguez, venía de una campaña muy dura con Messina, acrecentado las dudas que le hicieron volver de la NBA. Laso lo tenía también claro: ahí estaba su otra extensión en la pista.

Estamos en 2018 y el crecimiento de ambos ha sido de tal impacto que podemos considerarlos dos de los mejores jugadores de Europa. Cada uno ha sabido sumar nuevos registros a sus cualidades innatas. Llull es más tranquilo y dirige mejor; el 'Chacho' anota en el CSKA más con la misma magia en sus manos. En gran parte de ello, seguro que ha tenido que ver Laso.

Continuamos en 2018 y Doncic acaba de ser elegido MVP tanto de la fase regular como de la Final Four de una Euroliga que ha ganado su equipo. Está claro que estamos ante un talento único, uno de esos jugadores que aparecen cada 30 años. El esloveno puede actuar de base, de escolta, de alero o, incluso, de ala pívot, pero Laso lo ha colocado de 'uno' y así ha triunfado.

La campaña que viene Doncic jugará, salvo situación muy extraña, en la NBA. Su puesto lo ocupará, seguramente, Facundo Campazzo. Un Campazzo que ha estado excepcional esta temporada tras crecer dos años en Murcia previa primera temporada de blanco en 2015 ganándolo todo.

El argentino vino a suplir a un Draper que a la vez volvió a la casa blanca dos campañas más tarde. No fue el mejor Draper el que vistió de blanco. Rindió menos de lo esperado en ataque, pese a ser un gran baluarte atrás sobre todo en su primera etapa. Así salió del Madrid hace exactamente un año.

Ayer, el norteamericano se congratuló en redes sociales de la conquista de la Décima por parte de su ex equipo. Lo hizo alabando a Pablo Laso, uno de los mejores entrenadores para los que ha jugado según sus palabras.

Un ex base, como él; como el 'Chacho', MVP de la fase regular de la Euroliga en 2014. Como Llull, también 'Mejor jugador' de ésta en 2017. Como Doncic, que ha unido a los anteriores el de la Final Four en este 2018.

Todos bases, como Laso en su época antes de sentarse en los banquillos para dar al Madrid 14 titulos de 28 posibles en siete años y reescribir su historia moderna. Algo aparentemente sencillo si el que lleva la batuta ha sido y es aún un genial director de orquesta.

Pedro Molina   21.may.2018 21:17    

La Final Four de Jasikevicius

    jueves 17.may.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

La Final Four 2018 de la Euroliga comienza mañana. Lo hace con muchos nombres propios y muchas cuestiones a dilucidar. He aquí algunas:

1. ¿Conseguirá Obradovic en casa su décimo entorchado continental en su presencia número 17 en una Final a cuatro para agrandar aún más su leyenda?

2. ¿Marchará Doncic, presumiblemente, a la NBA con una Copa de Europa bajo el brazo y explotando por fin en una gran cita tras sus malos encuentros en Estambul hace exactamente un año y en la Copa del rey esta temporada?

3. ¿Tendrá Itoudis una cita tranquila una vez que no se va a cruzar con Olimpiacos como en las semifinales de 2015 y 2017, de las que aún se recuerdan los nefastos finales de partidos de los suyos con Teodosic y al mando y sus imprecisiones?

Sin embargo, para mí, en Belgrado, pese a estar en la casa de Zeljko; pese a que todas las miradas vayan hacia él y hacia la joven perla eslovena de un Madrid ya sano; pese a que el CSKA se presente con el Chacho en su versión más tiradora en busca de un nuevo título, debemos de hablar de un hombre: Sarunas Jasikevicius.

El lituano llega a esta Final a cuatro a los mandos de un Zalguiris que estaba entre los cuatro presupuestos más bajos de toda la competición. Un equipo que no llegaba a esta cita desde Munich en el 99, cuando fue campeón. Un equipo que ha levantado admiración y generado sorpresas a partes iguales de la mano de su líder.

Zalguiris es 'Saras'. Son sus lágrimas tras eliminar al Olimpiacos en cuartos. Son sus gritos a Ullanovas tras haber metido una canasta clave por no haber defendido una 'puerta atrás' en la jugada anterior de uno de esos duelos. Es su carácter, el que ya mostraba como jugador.

Jasikevicius siempre fue un tipo de raza. Su clase era tremenda, con sus asistencias sin mirar y sus triples, pero sus maneras en la cancha también daban que hablan, pues el base lituano siempre se dejaba notar. Sus protestas a los árbitros eran constantes, sus gestos igual. Quizás por eso, por su mezcla de clase y gen competitivo, llegaron sus éxitos.

Sarunas ganó cuatro Euroligas. Una llegó con el Barça de Navarro, Bodiroga, Fucka y Dueñas. Dos con el Maccabi avasallador de Anthony Parker y Vuijic (el equipo más dominador que hemos visto en los últimos años); la última con el Panathinaikos de Spanoulis antes de marchar a El Pireo, de Dimantidis y de Batiste, un conjunto que tampoco andaba la zaga al israelí.

Los jugadores que le acompañaban, como vemos, eran tremendos; los entrenadores, también.

En ese periodo de tiempo, entre 2000 y 2010 con un receso en Indiana en la NBA, el base estuvo a las órdenes, nada más y nada menos, de Pesic, de Pini Gershon y del 'Rey Midas' Obradovic. Tres entrenadores de esos que son leyenda, de carácter que, seguro, forjaron más el de Jasikevicius.

Ahora el ha hecho un primer milagro al devolver a un clásico como Zalguris a la élite europea, pues no son muchas las estrellas a su cargo.

Pangos es un muy buen base, maravilló en Gonzaga, pero no es Nash pese a su nacionalidad y las comparaciones; Ullanovas y Milaknis son muy buenos tiradores, pero tampoco alcanzan a Macijauskas. Mientras que Aaron White, Brandon Davis o Toupane maravillan a un nivel que nadie podía esperar.

Con estos mimbres buscará Sarunas hacerse con la Euroliga a los 42 años de edad en su tercera temporada, segunda completa, en el banquillo de un Zalguiris que ha supuesto su primera experiencia como técnico jefe.

La primera batalla llegará ante el Fenerbache de un Obradovic que se llevó la primera a los 31. La teoría dice que el equipo lituano ya ha cumplido llegando a esta cita. La teoría dice que los turcos ganaran al equipo revelación del torneo. Pero esto es baloncesto, hay que llevarlo todo a la práctica.

Mañana en Belgrado, antes del CSKA-Madrid, saldremos de dudas. Qué la Final Four 2018, con Jasikevicius de protagonista, empiece ya.

Pedro Molina   17.may.2018 20:07    

Cuando una Final Four es (casi) un título

    lunes 30.abr.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Mister Laso, perdone, pero ustedes ayer jugaron como gallinas".

La frase es cierta; la frase es real. La sentencia la dictó un tendero en Atenas, fan de Olimpiacos por cierto, la mañana siguiente a que el Real Madrid cayera por 28 puntos ante el Panathinaikos en el primer partido de su serie de cuartos de final del play-off de Euroliga.

Las gallinas, horribles en ese primer duelo, se convirtieron en lobos, cercaron a su presa y ganaron los tres encuentros siguientes para volver a meter al equipo blanco en la Final Four.

No sabemos si aquel tendero estará feliz por el Madrid, puede que animando a los del Pireo sí tenga una buena sonrisa en su rostro. Lo que sí es seguro es que en Chamartín deben de estar muy orgullosos de los suyos.

Los blancos vuelven a una Final a cuatro. Es la quinta en siete años en la 'Era Laso' donde ya cayó lá 'Novena' en 2015. Números que asustan si se echa la vista hacia atrás y se tiene en cuenta que desde que se ganó la octava Copa de Europa de la mano de Sabonis en el 95, solo se había estado entre los cuatro mejores del continente en el 96 y en el 2011. Pero hoy no hay que hablar solo de datos, hay que hacerlo de sensaciones.

Llull, ocho meses y medio de baja. Ayon, cerca de cuatro. Randolph, tres. Kuzmic, toda la temporada. Doncic, tres semanas. Rudy, alrededor de un mes. Thompkins, 40 días fuera por problemas familiares graves. Este ha sido el parte de lesiones y problemas aproximado con los que ha tenido que lidiar Laso esta campaña. ¿Alguno más? Sí, la baja de Campazzo cuando mejor estaba para la serie ante Panathinaikos.

Cualquier equipo normal (véase el Barça de un Bartzokas cuyo papel en Olimpiacos, Lokomotiv y Khimki demuestran que es un gran entrenador) ya estaría pensando en el futuro. Con razón se habría dejado llevar, pero este Madrid no.

La fe de Laso en los suyos y de sus jugadores en Laso ha sido digna de elogio (y de estudio). Ahora se ve el resultado.

Unas veces gracias a Doncic y a su extraordinaria explosión; otras a Campazzo y a su agresividad atrás y su magia adelante. A veces con la constancia de Caseur. Siempre con la defensa de Taylor, los tiros de Carroll, la intensidad de Rudy y la brega de Felipe. También con el crecimiento de Thompkins, con pequeñas dosis de Randle, Radoncic y Yusta. Por supuesto, con la intimidación de Tavares (vital su fichaje mediada la temporada). Siendo más equipo que nunca, las lesiones no han resquebrajado al equipo blanco. Al contrario, lo han hecho crecer.

El conjunto se ha hecho tan fuerte mentalmente que no ha parado de superar retos y alcanzar cotas. De ahí su madurez ante Panathinaikos para no descomponerse, para superar a los griegos con 'factor cancha' en contra. Es cierto que con Ayon ya en forma, con un Llull a un excelso nivel si se tiene en cuenta su largo periodo de baja. Hasta eso ha hecho bien el Madrid.

Al de Mahón se le ha esperado, pero no se le ha forzado. Ha entrado cuando debía, con naturalidad; igual que Ayon lo hizo en la Copa. Sin prisa, pero sin pausa, sabiendo que el plantel es amplio, que otro te cubrirá.

Solo así se explica que, tras una temporada plagada de lesiones, el equipo de Laso vuelva a estar entre los cuatro mejores conjuntos de Europa. Puede que en Belgrado te gane el CSKA del Chacho; puede que no. Quizá lo haga el Fenerbache de Obradovic o el sorprendente Zalguiris de Jasikevicius; tal vez tampoco esto suceda y llegue la 'Décima'. En tres semanas, del 18 al 20 de mayo, esto se sabrá.

Lo único cierto es que la presencia del Madrid en la próxima Final Four de 2018 es (casi) un título para los de Laso.

Estos suman 13 en seis campañas y media en 19 finales de 27 posibles desde su llegada. Si bien, aquí no se cuenta el más importante: devolver la fe a una afición que vuelve a abarrotar el Palacio, solo había que ver el ambiente que allí se respiraba en la serie ante Panathinaikos.

Pedro Molina   30.abr.2018 20:35    

El 'Huracán Oriola'

    martes 20.feb.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Un jugador con tres coches en su garaje no va al rebote ofensivo". Svetislav Pesic, al ser presentado en su vuelta al Barcelona el pasado día 9 de este mes de febrero.

Pierre Oriola, como mucho, tiene uno.

La pasada edición de la Copa del rey, más allá del 'Milagro Pesic' y su forma de resucitar a un equipo que parecía muerto a base de psicología, conceptos sencillos, defensa y un ataque que siempre comenzaba con un pick & roll, magistralmente ejecutado por Heurtel, nos ha dejado la confirmación en el estrellato de un hombre: Pierre Oriola.

El de Tárrega se ha ganado por méritos propios que se hable de su labor tanto dentro como fuera de la pista.

Oriola ha sido el socio perfecto de Heurtel en ese bloqueo y continuación que tanto rédito ha dado al Barça. Los puntos llegaban con sus finalizaciones en forma de mate tras atacar el aro como si no hubiera un mañana o bien con una asistencia a un tercer jugador libre tras una buena circulación de la bola.

Los puntos llegaban también desde la línea de tres, bien es cierto que más a cuentagotas, pues estamos hablando de un tipo que va a los 2,08 de estatura.

Había aún una tercera opción: ese rebote ofensivo que mencionábamos al principio y del que Oriola ha sido el máximo estandarte de este Barça. Todo a base de talento, pero sobre todo de garra, en la que es la gran virtud del ala pívot.

Pero la labor de Oriola en este Barcelona va mucho más allá de lo que se ve en la cancha.

Estamos ante un jugador que es pura intensidad, que vive para este deporte y siente el escudo como ya no lo hace casi nadie en un mundo en el que, seamos realistas, ya quedan pocos románticos. Un mundo en el que se siente más el dinero que los colores de tu equipo.

Oriola llegó el pasado verano a un Barça del que quería ser futbolista de pequeño. No lo logró, pero su forma de ser y actuar se asemeja mucho a Carles Puyol, que bien sabe de esto.

Cuando el equipo perdía con Sito (me pregunto, por cierto, que debe estar sintiendo el técnico ahora) él era el primero en comparecer ante los medios y decir lo que pensaba. Siendo claro y duro, expresando que jugando cada uno a lo suyo no podían ir a ningún sitio.

También habló Oriola el día de la final ante el Madrid para decir que si estaban allí era para ganarla, haciendo de 'peso pesado' en el vestuario, casi de capitán. Un puesto que pinta a que, tarde o temprano, será suyo.

Así se hizo el Barcelona de manera inesperada con la Copa. Con efusividad, no podía ser de otra forma, él lo celebró.

Oriola corrió como un poseso hacia su banquillo pasando por encima de Doncic. "Todo el que me conozca sabe que no lo hice a propósito. Vivo con intensidad y así marché con los míos", dijo en zona mixta tras el triunfo.

No le falta razón. Todo el que le conozca sabe que estamos ante un jugador con agallas, pero noble. Un jugador que a base de pagarse a pasado de la LEB al Barcelona en solo cuatro años, forjándose en plazas como Sevilla y Valencia hasta llegar a ser internacional con la selección.

Oriola es lo más parecido que tiene a Felipe Reyes nuestro baloncesto y bien haríamos en disfrutarlo. Con 25 años ya forma parte del núcleo duro del Barça. Con Pau Ribas (qué importante es siempre el núcleo nacional en un equipo ganador) debe ser el corazón de un Barça en el que se agota el talento de Navarro. Un Navarro al que hizo salir, como a todo el equipo, a saludar a los pocos fieles que habían marchado a Gran Canaria con ellos.

Oriola es tan grande que falló dos tiros libres y dio emoción a la final para que el Madrid tuviera bola para ganar. Entonces, el triple de Caseur no entró. Y Claver hizo la ya famosa falta sobre Taylor que no quita ningún mérito en la victoria azulgrana, pero que sí ha valido para que aquellos que apenas ven Ba-lon-ces-to hablen de éste y llenen tertulias de televisión y radio, junto a páginas de periódico y redes sociales, con sus opiniones como si fuesen el mismísimo Naismith.

Es lo que tiene el 'Huracán Oriola'. Puro aire fresco que va a amenizar mucho el deporte de la canasta en los próximos tiempos. La Copa ha sido solo un ejemplo.

Pedro Molina   20.feb.2018 20:13    

Don Pablo Laso

    miércoles 3.ene.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

Pablo Laso suma 13 títulos en seis temporadas y media como entrenador del Real Madrid de baloncesto, pero su mayor trofeo no es ese. El mayor éxito del vitoriano es haber devuelto la ilusión a una sección moribunda hasta su llegada en el verano de 2011. Su gran logro es haber vuelto a llenar el Palacio de los Deportes de feligreses que acuden en masa cada jueves o viernes, o cada domingo, a ver el que durante este periodo de tiempo se ha convertido en uno de los mayores espectáculos que se pueden ver en la Comunidad. Esto es el 'Lasismo'

Viene a cuento esta reflexión por los 490 partidos como técnico del conjunto blanco que está cumpliendo Laso en estos momentos en Vitoria. Una cifra que no sería más que una cualquiera si no supusiera Igualar a Pedro Ferrandiz como el segundo hombre que más encuentros ha dirigido al club merengue. Palabras mayores si mencionamos al entrenador más laureado en la casa blanca. Con 734 aún queda muy lejos Lolo Sainz.

Viene a cuento también esta reflexión porque, en los últimos tiempos, no me canso de leer y escuchar ciertas críticas (especialmente a nivel táctico) a Laso cuando no gana su equipo, en los que es un auténtico sinsentido.

Se puede valorar en datos. Hasta su llegada el Madrid contaba con solo dos Ligas desde 2005, la de ese año con el milagroso triple de Herreros y la de 2007 con Plaza ganando también la ULEB. Hasta 2012 el conjunto blanco llevaba 19 años sin ganar la Copa, ahora suma cuatro seguidas; 20 sin hacerse con una Euroliga a cuya Final Four ya es una rutina ir (cuatro en las seis ultimas temporadas, por solo dos presencias entre 1996 y 2011). Si bien es mejor hacerlo por sensaciones.

Lo decía antes, Laso ha devuelto al público al Palacio. Algo nada fácil. O acaso nadie se acuerda ahora de la sensación de vacío que había en el Raimundo Saporta o de aquel año en la Caja Mágica. Solo en Vistalegre hubo algunos 'brotes verdes' en una sección marcada por su irregularidad.

Daba igual que por el banquillo blanco pasaran reputados entrenadores de los que es difícil dudar: Scariolo, Maljkovic, Messina... Siempre sucedía lo mismo: el Madrid era incapaz de encadenar dos o tres años buenos sin dar un volantazo. Al final, el coche siempre salía de la curva. A veces incluso ni llegaba con conductores también válidos como Imbroda u otros como Lamas. Algo hizo Plaza, pero todo cambió con Laso.

Aún recuerdo su primera rueda de prensa cuando su nombramiento generó un gran 'totum revolutum'. "Sé lo que es el Madrid. Conozco su exigencia, he jugado en este club. Aquí solo vale ganar". Estas fueron casi sus primeras palabras, aunque a mí hubo algo que me llamó más la atención: sus conceptos del baloncesto.

"Quiero que Suarez juegue más al poste. Conmigo Velickovic actuará de 'cuatro'". Esas ideas tan aparentemente sencillas, me encandilaron.

Luego tocó ponerlo en práctica. Con quién mejor que con los dos Sergios a los mandos.

Ahora todo es lógico, pero en la campaña 2011-12 pocos creían que Llull pudiera convertirse en un base cerebral cuando era acusado de ser una cabra loca. También había muchos que dudábamos de un 'Chacho' que aún ni tenía barba y venía sumido en un mar de dudas de la NBA. Pues bien, con ellos en la dirección empezó todo. Con esa Copa en el Palau el año que también se perdió la famosa 'Liga de Marcelinho'. El resto ya es de sobra conocido.

Más trofeos, decíamos que un total de 13 en 18 finales jugadas de 26 posibles. Derrotas dolorosas como la de la Euroliga 2013 ante Olimpiacos tras acumular 17 puntos de ventaja en el primer tiempo. Otras aún más duras, como la del año siguiente ante el Maccabi en una ciudad, Milán, que parecía Tel Aviv en la temporada de los récords, la del 31-0 inicial, que acabó con solo una Copa... Las encuentras que ese verano salvaron a un Laso que salía en silla de ruedas del Palau desesperado tras perder la Liga. Los cinco trofeos ganados solo 365 días después en ese año redondo en el que se aprendió de los errores y se fichó carácter, llámese Nocioni. El desplome ante Valencia en la final ACB el pasado mes de junio. Las lesiones (casi todo un quinteto) y la forma de renacer en diciembre de 2017. Muchos más éxitos que fracasos.

Todos bajo esa constante única: la del basket preciosista, la del buen juego.

Quizás pocos se acuerden, pero para la videoteca aún queda un Madrid-Efes de Euroliga en noviembre de esa campaña 2013-14 que supo a poco en títulos, pero a mucho en baloncesto. 103-56 fue el resultado. 46 puntos de ventaja con estilo espectacular que fue la cuadratura del círculo: la mayor demostración del 'Lasismo'.

Un baloncesto que siempre empieza por el base: Llull, Chacho, ahora un Doncic al que ha tutelado a la perfección con mimos y reprimendas (recuerden aquellas lágrimas del esloveno tras una tremenda bronca en un tiempo muerto en Moscú). Una posición en la que el ahora entrenador sobresalió de jugador tanto en el TAU como de blanco.

Un baloncesto que empezó con ese bloque nacional (los Sergios, un inmenso Rudy, un Felipe que con él nunca ha fallado); con pivots ágiles, bajos y rápidos (Ayon, Slaughter...) en el que quizás puede estar uno de sus peros: el de no adaptar bien a los hombres grandes. Un baloncesto de correr, correr y correr más que ya se lleva viendo casi siete años en Madrid de la mano de un hombre cabal, sin un gran ego y con mucho carácter en los banquillos.

Don Pablo Laso: el hombre que resucitó a una sección que estaba en la UCI y con su juego preciosista volvió a llenar de feligreses el Palacio.

Pedro Molina    3.ene.2018 20:41    

Bendito Scariolo, bendita selección

    lunes 27.nov.2017    por Pedro Molina    0 Comentarios

Dicen los sabios que siempre hay que encontrar el lado positivo a todo, sea cual sea la circunstancia que llegue, sea cual sea su adversidad. Esto es lo que ha pasado en la última semana, más concretamente en los últimos tres días, con las ventanas FIBA y la selección nacional.

Quién nos iba a decir hace un mes que esta lucha de egos entre el máximo organismo del baloncesto mundial y la Euroliga iba a desembocar en la enésima demostración del baloncesto español. Porque eso es lo que hemos visto ante Eslovenia y Montenegro.

Ha ocurrido de la mano de un seleccionador que merece un monumento.

Con tres oros y un bronce europeos, junto a una plata y otro bronce olímpicos, Sergio Scariolo bien podría estar tomando el sol en Marbella y disfrutando de sus éxitos con el equipo nacional y, también, a nivel de clubes, pero el de Brescia ha preferido bajarse al barro.

Para empezar lo hizo el pasado verano con una concentración en Benahavis donde se empezó a cimentar este éxito. Allí donde le dijo a Quino Colom, un base de nivel Euroliga, que iba a ser titular. Allí donde aprendieron sus sistemas y métodos otros como ese pura sangre toda intensidad que es Sebas Saiz.

Luego tocó el reclutamiento de los que debían ser los capitanes. Así convenció a Fran Vázquez, cuya relación con el equipo nacional ha sido bien extraña. Él le conocía bien de su época en Malaga, como también un Garbajosa que llevó esto en persona.

También aceptaron Sergi Vidal y Albert Oliver. Los tres podían haber estado de vacaciones estos días con su familia, pero no lo hicieron. Se pusieron a disposición de Scariolo y fueron los mentores de los más jóvenes. Porque este equipo no se entiende sin un Oriol Paulí que de chaval se hacía fotos en él Palau con Fran Vázquez y que creo que va a vestir durante mucho tiempo la camiseta de la selección. Tampoco sin un Jaime Fernández cada vez más asentado y sin un Sergi García que en solo dos acciones defensivas al final del segundo cuarto demostró lo que puede llegar a ser.

Entre medias piezas ya clásicas en el grupo durante muchos veranos como Xabi Rabaseda. También estaban en éste Pablo Aguilar y Javi Beirán, pero las lesiones les impidieron ir con un equipo en el que les han suplido a la perfección hombres como Nacho Llovet o un Edgar Vicedo capaz de volver a jugar de 'cuatro' como cuando era aún más chaval. Jugadores que quizás sólo conocemos los que cada domingo vemos la ACB, pero que valen mucho.

Es lo que tiene el baloncesto español. El nivel de su llamada 'clase media' es muy bueno, casi tanto como su compromiso. De ahí que no pensaran en nada en si son o no los sustitutos de los hombres que tantas medallas nos han dado. Solo en jugar estos dos partidos como si fueran los últimos que fueran a disputar en su carrera. Por suerte no lo son. Pinta a que pueden ser los primeros de bastantes con el equipo nacional.

En febrero llega una nueva ventana. Coincide, por cierto, con un Barça-Madrid de Euroliga, salvo que éstas se trasladen a junio. Algo a estudiar por el bien del deporte de la canasta, pero no para el de la selección.

Con Scariolo a los mandos y este grupo de jugadores en la cancha la salud de nuestro baloncesto sigue siendo excelente. Da igual como estén las ventanas, si abiertas o cerradas. Tras ellas siempre se pondrá el sol.

Pedro Molina   27.nov.2017 21:13    

Larga vida a este Olimpiacos

    martes 23.may.2017    por Pedro Molina    0 Comentarios

Nunca fui un gran fan de los equipos griegos, es más podría decir que los llegué a odiar. Este efecto producido en mí tiene una causa clara: lo mucho que me hicieron sufrir en mi adolescencia. Son muchos los recuerdos.

Creo que todo empezó con una canasta anulada a Arlauckas en un Panathinakos-Real Madrid allá por 1995. Esta estaba dentro del tiempo, pero no fue dada por válida. A mi mente vienen imágenes de los jugadores helenos marchando a los vestuarios, mientras caían monedas y demás objetos a la cancha sin que nadie hiciese lo más mínimo.

Tampoco ayudó mucho el tapón ilegal a Montero que hizo campeones a los 'verdes' esa misma campaña. Más que la intercepción de Vrankovic tras recorrer de forma magistral toda la cancha, en mi recuerdo está la imagen del reloj de tiempo parado. Algo surrealista, que no hizo más que aumentar mi ira hacia los griegos, pese a que luego admirara la carrera del pívot serbio y descubriera los pasos de un Montero que debió machacar.

Más tarde, allá por 2001, ya más mayor, vi como al TAU de Scola, Oberto y Stombergas le hicieron repetir el segundo partido de las semis de esa Euroliga, que no tuvo Final Four si no play-offs, en casa del AEK de Atenas. El motivo: ¡¡¡ Una canasta que entró dos segundos fuera de tiempo y que los colegiados se negaron a anular!!!

Entre medias, estaba la selección.

La España de Herreros, que siempre acababa como máximo anotador de todos los torneos, siempre caía en los cruces con una Grecia que iba quedando peor clasificada en la fase de grupos. Eran los Europeos del 95 y 98. El arbitraje era dudoso, la cancha una caldera con un nombre que no tenía el significado que debía (Palacio de La Paz y la Amistad) y nuestro equipo no gozaba del nivel del de ahora.

Para colmo tenía que soportar como mi prima Teresa animaba a los helenos porque su amiga Dimitra había nacido allí y era 'muy maja', lo que me llevaba a un enfado tremendo y a ella a tener que aguantar el rapapolvo de mi tío Vicente. Más que merecido, por cierto.

De ahí que desde que Gasol y Navarro entraron en escena, cada triunfo contra ellos me haya parecido gloria bendita.

Gocé en la final del Mundial 2006, en las semis del Europeo 2007 en directo en el Palacio, en la primera fase de los Juegos de 2008; en otras semifinales de un Europeo, en 2009; en octavos de otro Mundial, en 2010. Así, hasta los cuartos del Eurobasket de Francia en 2015.

Si bien, no sé cómo, todo cambió cuando apareció en escena este Olimpiacos. Entonces, el odio a lo griego se convirtió en respeto.

Podemos achacar este cambio radical en mi pensamiento a los triples en los momentos mágicos de Spanoulis cuando más quema él balón. También podría repercutir ese tirito marca de la casa de Printezis. Ese lanzamiento, para algunos tan antiestético, para mí tan bello. Pero yo creo que mi gusto por los del Pireo se debe a su carácter guerrero, a ese no dar nada por perdido aunque el rival sea mejor, a su forma de convertir lo prácticamente imposible en posible.

Su cuatro de cuatro en Final Four ante el CSKA (remontada de 2012 en un capítulo aparte) no hace más que refrendarlo. El Madrid de Laso también sabe de ello. Fue en 2013 en una de esas cuatro ultimas Finales a Cuatro de seis jugadas hasta hoy, en las que a los del Pireo no se les dio por favoritos y siempre aparecieron en la final.

A Olimpiacos debes ganarle cinco o seis veces el mismo partido. Da igual que vayan 10 abajo, ellos van a volver. Es más, casi da más miedo verles detrás en el marcador, pues en ese momento te asestarán la puñalada y acabarán contigo.

Lo harán sin tener la mejor plantilla, con piezas importantes lesionadas (véase el caso de Lojeski y Hackett en este final de campaña), pero lo harán. Siempre con un bloque nacional que derramará gotas de sudor hasta el último segundo (Mantzaris, Agravanis...). Siempre con extranjeros implicados que no suspiran por estar en un primer plano (desde Hines en su época a Brown ahora). Siempre con su Zeus particular al frente: el mencionado Spanoulis, leyenda viva del baloncesto.

Por todo esto y mucho más: larga vida a este Olimpiacos, el equipo más competitivo que he conocido.

Pedro Molina   23.may.2017 20:26    

Conclusiones post Final Four

    sábado 20.may.2017    por Pedro Molina    0 Comentarios

Terminó la Final Four para el Real Madrid, al menos sus opciones de ganarla pues el partido por el tercer puesto es un castigo difícil de entender. La derrota ante Fenerbache, no por previsible, deja conclusiones. Estas son las mías:

1. El equipo turco tenía el partido grabado a fuego. Iba a ser muy difícil ganar. Obradovic realizó un planteamiento perfecto en intensidad y táctica. Asfixió a Llull, pese a su partidazo, con hasta tres hombres y supo dejar en la nada a Ayon. Por eso tiene ocho Copas de Europa. Puede que mañana nueve, las mismas que suma el conjunto blanco.

2. Creo que se habría perdido de igual forma, pero no le hubiera venido mal al Madrid el carácter de Felipe en algún momento del partido o incluso el de Nocioni en vez de la clase y sangre fría de Thompkins. También eché de menos mas minutos de Maciulis en cancha para hacer frente atrás y adelante a un excelso Kalinic. Aunque también en muy fácil hablar a posteriori y nadie conoce al equipo y su momento como Laso. Ninguno dijimos nada, en este caso de la ausencia del lituano, en los dos partidos de cuartos ganados en Turquía al Darussafaka, siendo Thompkins vital en el cuarto.

3. Doncic falló sí, pero es que tiene 18 años. Sería injusto pedirle más. Lo intentó y no se amilanó tirando. No fue su día, pero llegaran muchos de dominio desde ya.

4. Pocos jugadores salen más tocados del duelo de ayer como Ayon. Simplemente no estuvo. Udoh le machacó, algo que ya hizo en cuartos de la temporada pasada. Aún así, el mexicano es de los valores más fiables de este Madrid. Sería muy injusto dudar de él.

5. El factor 'Chacho. El temporadón de Llull y la eclosión de Doncic nos han hecho olvidar la figura de Sergio Rodríguez, pero en partidos como el de ayer se vio de su importancia. Sin él, Laso ha perdido al hombre que revolucionaba los partidos y, lo más importante, esto ha repercutido en la circulación de balón del equipo, a veces nula y demasiado previsible. Seguro que el tema de repescar a Campazzo para que no se repitan este tipo de situaciones está sobre la mesa ya.

6. ¿Llulldependencia? No lo creo. El Madrid tiene al mejor jugador de Europa en estos momentos. Ha sabido aprovechar las virtudes de un tipo que no es egoísta y piensa antes en el equipo que en él. No creo que el partido de ayer deba hacer que aparezca el debate sobre el tema.

7. El estado de Rudy. Por primera vez me plantéo este tema. Esta temporada hemos visto a un Rudy desconocido, negado de cara al aro. Ni siquiera le entran los triples a un jugador que ha perdido esas entradas a canasta que le hacían estar a otro nivel. Eso sí, no hay nada que reprocharle en actitud y trabajo atrás.

8. ¿Dudas sobre el proyecto? Sería de necios, ventajistas y personas sin memoria hacerlo. Laso ha devuelto al Madrid a su hábitat natural, a jugar cuatro Finals Fours en seis años con él en el banquillo; a ganar 13 títulos; a jugar 17 finales de 24 posibles. No siempre se puede ganar, pero sí se debe estar ahí, lo que no sucedía hasta su llegada en una sección venida a menos rozando a veces el ridículo. El conjunto blanco es ahora un referente en Europa que, además, enamora con su juego. Toca pues pensar en la Liga, sin olvidar Belgrado.

En 2018 este equipo seguirá.

 

Pedro Molina   20.may.2017 19:11    

Bendita Copa; bendito ba-lon-ces-to

    lunes 20.feb.2017    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Era campo atrás, era campo atrás..."

Esta melodía, en relación a la ya famosa jugada de cuartos de final entre el Madrid y el Morabanc Andorra, cantada a coro por toda las aficiones salvo por la blanca, nos ha aderezado la Copa desde el pasado viernes.

"Era campo atrás, era campo atrás..."

De esta guisa, cantando la canción de moda, con cuyo lema se han hecho hasta camisetas, entraban los jugadores merengues al vestuario ayer domingo tras ganar por cuarta vez consecutiva el título y seguir haciendo historia de la mano de Pablo Laso: el hombre que ha convertido en una rutina lo que hace seis temporadas era una quimera.

Entre medias muchos partidos, muchos gestos y ni un solo problema.

¿Por qué solo cayó un tímido sombrero a la pista cuando Llull celebraba a lo grande el pase a la final ante el Baskonia haciendo gestos a su afición?

Porque estamos ante un deporte normal, en el que los 15.465 espectadores que abarrotaban la grada sabían que el jugador no hacía nada malo ni provocaba al sacar de esta forma toda la rabia que llevaba dentro.

Porque en Vitoria entienden de esto y saben tanto ganar como perder. Porque lo suyo es disfrutar, saber que estás asistiendo a la exhibición de un equipo y un jugador únicos y que el tuyo ha hecho un partidazo casi igual de bueno.

Porque después te irás a tomar algo con tus amigos y te juntaras en un bar o en el centro de la ciudad alavesa con el resto de aficiones y te divertirás, como has hecho en el pabellón bailando la conga sea cual sea el color que vistas: blanco, azulgrana, naranja, verde o amarillo.

Porque en la Copa se juntan mujeres y hombres, madres y padres con niños de cualquier procedencia y ciudad y saltan, comen, beben y ríen sin importarles de donde vengas, ni los cientos de kilómetros que hayas recorrido.

Porque los medios, sí los medios, también ayudamos en este caso, pues solo informamos; no hacemos sensacionalismo. No creamos filias y fobias, como sí realizan esos programas televisivos de la noche que tanto daño están haciendo al deporte del balompié y que, por desgracia, tanta gente ve.

Y tú me dirás: "hombre, la que más sufre es la afición del Madrid".

Cierto, es el peaje que pagan los blancos por ganar siempre. Pero en vez de llorar y crear mal ambiente lo asumen. Juegan y vencen con su basket espectáculo que tantos elogios merece acaparar.

Quizás pocos recuerden el "estoy hasta los h... del Barça y del Madrid". Apareció en 2001 cuando Pau Gasol le dijo al mundo con sus triples y mates: "señores, mi destino es la NBA".

Ahora pocos se acuerdan de un club azulgrana cuya sección va dando tumbos como no lo había hecho en 30 años, cuando hasta hace poco otra de los ritmos de moda era el famoso "vete al teatro, Navarro vete al teatro".

La 'Bomba' respondía entonces con recitales, como los de Llull ahora en la versión igualada o mejorada por momentos del segundo mejor jugador de la historia de nuestro baloncesto, el genio de Sant Feliu.

Recitales que van de Vitoria a Gran Canaria pasando entre medios por Málaga, La Coruña, Zaragoza o Madrid. Recitales que ocho aficiones ven una vez al año juntas y hermanadas en cuatro días en la que es la mejor competición del deporte en Europa sin duda.

Bendita Copa; bendito ba-lon-ces-to.

Pedro Molina   20.feb.2017 19:32    

Como hacerse a sí mismo: Marc Gasol

    lunes 12.dic.2016    por Pedro Molina    0 Comentarios

Si alguien me hubiese dicho hace 10 años que Marc Gasol iba a jugar ocho temporadas en la NBA no le habría creído.

No era, ni mucho menos, de aquellos que pensaba que era 'el hermano pasado de kilos' de Pau, como digamos que le llegó a cantar la Demencia. Pero creía que con una buena carrera en un equipo ACB, con mucha suerte en el Barça, ya habría hecho más que algo.

Su aparición en la lista del Mundial 2006 tras la lesión de Fran Vázquez, y ganarle la partida a Trías y a Sonseca, me dejó sorprendido. Me cerró un poco la boca su gran defensa a Schortsianitis en esa final. Aunque siempre pensé que se sobrevaloró demasiado y se habló poco de lo que hizo atrás Carlos Jinenez y del partidazo tanto en su aro como en el contrario de Garbajosa. Lo de Navarro y su nivel es caso aparte...

Su temporada 2007-08 en el Akavasyu de Pesic terminó por mostrar que estaba equivocado. No por lo que hizo, ser elegido MVP viniendo de la nada es tremendo. Si no por cómo su aparición nos ha hecho olvidar al mejor Rudy jamás visto: aquel que dominaba la ACB a su antojo desde Badalona.

Desde entonces, Marc no ha parado de crecer, hasta el punto de ser el capitán y líder de Memphis. Hasta el punto de ser un jugador tremendamente respetado en Estados Unidos: dos veces All Star, 'Mejor defensor del año'.

¿Quién no consideró una locura que entrará en parte del traspaso a los Lakers de su hermano Pau?

Esa sombra tan alargada lejos de amilanarle, ha hecho de Marc Gasol un mejor jugador. Algo que no es fácil. No es fácil que te comparen con el mejor de la historia de nuestro país en esto de la canasta, más si éste está en tu círculo mas cercano, y no fallar. Para eso hay que tener mucha personalidad.

El de Sant Boi ha demostrado que de eso anda sobrado y se ha hecho a sí mismo sin que nadie le regale nada. Solo a base de un esfuerzo que, entre otros apartados, le ha cambiado su fisonomía de unos años acá de una manera extraordinaria.

Una estricta dieta, la que empezó para ir a Japón y ganó a Pepu junto a su brega en los entrenamientos, hizo que empezara a perder kilos, a ganar movilidad y a que las lesiones le respetasen. El resto lo llevaba dentro. Aunque muchos no lo viéramos Marc era un Gasol en tiro, visión de juego, calidad y temperamento. A eso hay que unirle una tremenda dureza y unos ganas de aprender enormes.

Si no, ¿cómo se recupera uno de la forma que él lo ha hecho de la lesión en su pie que le impidió ir a los Juegos? Si no, ¿como añade uno a su repertorio un valor como los triples para pasar de un 12 de 66 en ocho años a un 38 de 86 en menos de dos meses, para anotar un escalofriante 44 % de los lanzamientos que intenta desde la larga distancia?

Quizá por eso Marc acaba de recibir el galardón de 'Jugador de la Semana' en la Conferencía Oeste por segunda vez en su carrera.

En los libros de historia quedara que lo consigue por lograr 27,3 puntos, 10 rebotes, 5,3 asistencias y 1,5 tapones en cuatro triunfos de su equipo. Cuatro triunfos en los que no ha contado con la ayuda de Conley, el otro alma del equipo, ni de Parsons o Un Carter que aún es importante pese a sus años.

Lo que los libros no dirán en como Marc se ha convertido en un referente a base de esfuerzo y trabajo, de no dejar de creer en él cuando muy pocos lo hacían para ganarse el respeto de propios y extraños. Yo, no lo había imaginado hace diez años.

Pedro Molina   12.dic.2016 23:05    

Equipo del vestuario

Bio El vestuario

El Vestuario es el programa de deportes de Radio Exterior, de lunes a viernes de 13:00 a 14:00 horas, y que completa la oferta de programación deportiva junto con Tablero Deportivo y Radiogaceta de Los Deportes.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios