'La Bomba' se desactiva: adiós Navarro

    viernes 17.ago.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

Había oído hablar de Juan Carlos Navarro allá por 1995. Un compañero del instituto que militaba en las categorías inferiores del Estudiantes me contaba maravillas de un base contra el que jugaba en el Barça. "Qué desparpajo, qué velocidad, qué tiro. Este va a dar que hablar", me decía. Ya empecé a seguirle la pista desde su debut en la ACB en noviembre del 97. Si bien, fue en el verano del 99 cuando se convirtió en alguien familiar.

España estaba a punto de jugar la final del Mundial Junior ante Estados Unidos y, como muchos de los amantes de este precioso deporte llamado Ba-lon-ces-to, me senté a ver a un equipo cuya generación, la del 80, decían que iba a cambiar la historia de este deporte en nuestro país.

'La Bomba' le metió puntos de todos los colores, fueron 27, a los americanos y yo, que la noche anterior no pude presenciar la semi ante Argentina, me quedé prendado de aquel chaval escuálido con barba de tres días, que apenas llegaba al 1,90 y al que nadie podía parar para nuestro gozo, y para el de Pedro Barthe.

Así hasta este verano del 2018. Curiosamente, el primero desde su aparición como profesional sin baloncesto de selecciones en verano.

Navarro se retira. Nos queda su final, con mucho menos tino, chispa y físico del deseado. Dos años duros, frente a 19 geniales.

Se va el hombre que lideró, junto a Pau Gasol, la revolución del deporte de la canasta en nuestro país. Aquel que tras su amigo ha sido el mejor jugador nacional de todos los tiempos. Aquel que, libra por libra, quizás haya sido el número uno. El de las penetraciones imposibles, los triples lejanos y las canastas sobre la bocina.

El hombre que hizo que España fuera el rival a batir, el conjunto más temido: la Yugoslavia y la URSS del siglo XXI.

Navarro solo se perdió dos citas con la selección desde que apareció en el 2000. Fueron en 2013 y 2015. En la primera el cuerpo le obligó a parar; la segunda se lesionó. Compromiso máximo, con el equipo nacional y con su Barça.

Recuerdos y actuaciones geniales, demasiadas.

Siempre tendré en mi mente la canasta ante Israel en seisavos del Europeo 2001. Un discutible arbitraje ante Turquía mando a la España entonces de Imbroda a jugar esa peligrosa ronda para entrar en cuartos. El partido no era incomodo. Se llevo bien, pero como tantos ante los hebreos se trabó hasta el punto de perder por uno a 30 segundos para el final.

Entonces Raúl López sacó de fondo y se la dio a un Navarro que recorrió toda la pista para lograr un dos más uno. Se ganó. Se hizo gracias, en gran medida, a la sangre fría de un chico de 21 años.

Volvió a hacer lo mismo ante Rusia, con ayuda de Lucio Angulo y su 'esfínter' en un partido trabadísimo. Para secundar a Gasol en su memorable duelo ante Nowitzki en la lucha por el bronce.

En el país otomano llegó la primera de sus 10 medallas con la selección.

La semi ante Italia en otro Europeo, el de 2003; la memorable jugada ante Grecia en Madrid 2007 con pique incluído con Diamantidis al acabar el tercer cuarto. La 'Semana Fantástica' en otro Campeonato de Europa, el de 2011; el soberbio Mundial 2010 ejerciendo de líder sin Pau Gasol. Las finales de los Juegos ante Estados Unidos en 2008 y 2012.

Hay tantos partidos excelsos del escolta que nunca he hablado de dos percepciones, quizás erróneas.

La primera es que la selección no ganó la final del Eurobasket 2007 ante Rusia al quedarse Navarro en cero puntos. El encuentro se jugó solo un día después de la brutal semi ante los helenos en un torneo en el que el de Sant Feliú tuvo problemas físicos desde el principio. La segunda dice que la final de Londres ante los americanos hubiera tenido un resultado diferente si no hubiera jugado medio cojo por la maldita fascitis plantar que tanto le ha lastrado.

Siendo duda por esa lesión, 'La Bomba' masacró al Madrid las Navidades de ese 2012 con 33 puntos y un solo fallo en el tiro. Tantas veces lo repitió con un Barça con el que, además de las ocho Ligas y siete Copas, suma dos Euroligas. La de 2010 como MVP. Sí, un español siendo el mejor, el referente, el hombre a seguir.

Podemos hablar de algo más: del mejor exterior europeo en los últimos 25 años y no exagerar.

Navarro termina su carrera y nos deja con el poso de orfandaz del que nos ha dado tanto y de cuyas hazañas en la cancha no podremos disfrutar ni volver a hablar y escribir más.

'La Bomba' se desactiva. Lo hace sin que aún nadie sepa realizar su característico lanzamiento igual. ¿Cuántas defensas han sido superadas por ese tiro marca de la casa? ¿Cuántos jugadores han sido incapaces de frenar al 7 de España, al 11 del Barça, al 2 de Memphis en una NBA que prefirió dejar tras una campaña para volver a mandar en Europa?

Ya lo decía Boza Malkovic: "Es muy educado y me saluda antes de los partidos. Después mete siempre más de veinte puntos".

Se retira un genio. Se va un talento inigualable que, desde la diversión y el gozo, convertía lo difícil en fácil.

Queda solo la leyenda: Juan Carlos Navarro Feijoo.

Pedro Molina   17.ago.2018 23:02    

Doncic-Dallas, una conexión perfecta

    viernes 22.jun.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"With de third pick in the NBA draft the Atlanta Hawks select..."

No era el año 2001, pero lo parecía. El comisionado es Adam Silver, ya no está David Stern. Y no hablamos de Pau Gasol, lo hacemos de Luka Doncic.

Como en un guiño del destino, la misma franquicia que seleccionó al de Sant Boi hace 17 años, hizo lo mismo con el esloveno anoche para traspasarle en lo que podíamos considerar un 'deja vu'. El destino, eso sí, es diferente. Pau se fue a Memphis; Luka marcha a Dallas, una franquicia más que perfecta para su primera aventura en la NBA.

Doncic es muy bueno, pero también ha tenido mucha suerte. Son muchos los jugadores cuyo talento hemos visto desperdiciado por no caer en el sitio adecuado en el momento adecuado. Tiene pinta de que al esloveno no le va a pasar esto.

En los Mavericks, el hombre que lo ha ganado casi todo en una temporada prácticamente perfecta, se va a encontrar el entorno adecuado para seguir creciendo.

Para empezar, Dallas es una franquicia seria, y tampoco se crean que hay muchas de ellas en la NBA.

Mark Cuban es un excéntrico, pero tiene muy claro su objetivo: volver a devolver a los suyos a lo más alto. Para ello, nunca ha escatimado en gastos desde que se hizo con ésta en el año 2000. Vestuarios de lujo, los aviones más preparados, nunca han faltado los lujos para atraer a los mejores jugadores. Dinero, gracias a sus inicios en el mundo de la informática y a la venta de sus posteriores empresas,le sobra. Ambición, también.

Rick Carlisle lleva el timón desde el banquillo. Lo hace ya desde la temporada 2008-09, habiendo vivido de todo. Desde el anillo conquistado en 2011 ante los Heat de LeBron, Wade y Bosh con una magistral dirección en el banquillo sacando lo mejor de Kidd, Terry, Marion o Tyson Chandler, hasta duras derrotas o el tener que reconstruir el equipo en estos momentos. Lo hace desde la seriedad, siempre con un gran criterio, el que había mostrado antes en Detroit e Indiana.

Si hablamos de los compañeros, también hay que sacar conclusiones positivas. Doncic formará un 'backourt' más que interesante con un jugador de segundo año como Dennis Smith Jr. Harrison Barnes es un ala pívot más que interesante pese a su salida de los Warriors y un clásico como el puertorriqueño Barea o un ex del Madrid como Salah Mejri pueden hacerle más cómoda la aclimatación en temas de idioma.

Claro que, por encima de todos estos jugadores, está Dirk Nowitzki.

Leyenda en Dallas, leyenda en la NBA, el alemán se va a convertir esta temporada en el primer jugador en vestir durante 21 temporadas la camiseta de un mismo equipo, superando las 20 de Kobe Bryant con los Lakers.

Podríamos hablar de su mítica final de 2011, de su MVP de la regular en 2007, de sus 13 presencias en el All Star, de las cuatro en el mejor quinteto de la Liga o de sus más de 31.000 puntos, que le convierten en el sexto anotador en la historia de la competición. Pero Nowitzki es algo más, o lo va a ser para Doncic. Es el nexo perfecto, el veterano que apadrinará a un joven de 19 años que tiene todo para ser un grande en la NBA. ¿El nuevo Nash de los Mavs? Cuban ya les ha comparado. No estaría mal.

"Luka nació con estrella. En su debut en ACB ante Unicaja salió y metió un triple en la primera pelota que tocó". Esta frase es de Pablo Laso, su hasta ahora técnico en el Madrid, el hombre que ha gestionado su crecimiento, el que le ha visto pasar de niño prodigio a estrella.

De momento, ésta, la suerte, ha aparecido para hacer que juegue en Dallas en sus primeros años en la NBA. Una conexión perfecta que pinta que va a dar mucho que hablar.

Pedro Molina   22.jun.2018 12:06    

Rudy Fernández: una carrera marcada por la espalda

    jueves 21.jun.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Siempre me voy a dormir con un pastilla de Voltaren para poder levantarme en condiciones"

Rudy Fernández realizaba estas declaraciones el 19 de mayo del año 2017 en una entrevista concedida a nuestro compañero Faustino Sáez en el diario 'El País'. Nueve años antes cambió su carrera.

Fue un 9 de marzo de 2009. El alero balear marchaba como un rayo dispuesto a realizar un mate en la canasta de los Lakers cuando Trevor Ariza le realizó una brutal falta que le dejó, para siempre, tocado de la espalda.

Desde esa nefasta jugada llegaron tres operaciones. La primera, de una hernia de disco en ese 2009 con solo 24 años de edad. La segunda llegó en 2012, para ser intervenido de la misma dolencia. La tercera, en diciembre de 2015. No habrá una cuarta, al menos si Rudy quiere seguir jugando al baloncesto.

La resurrección en ataque del alero en el cuarto partido de la final de la ACB y su merecidísimo MVP nos han retrotraído al pasado. Nos han hecho recordar el jugador que era Rudy en 2008, cuando marchó como una estrella a la NBA.

Porque Rudy dominó como nadie la ACB en la temporada 2007-08. Tuvo tres meses en los que era prácticamente imparable, en los que en Vitoria (casualidades que tiene la vida) lideró al Joventut de Ricky y Aíto a ganar la Copa. También a hacerse con la Copa ULEB y, casi, con la Liga.

A Portland llegó el balear con la aureola de estrella, fue recibido como una estrella del rock & roll, más tras su mate en la cara de Howard en la final de los Juegos de 2008 y a sus triples inverosímiles, pero esa falta de Ariza creó un jugador diferente.

La velocidad de Rudy y sus tremendas entradas a canasta jugándose el físico se han visto reducidas con el paso del tiempo. En parte, por los años; en parte, por su mermada espalda. Si bien, su incidencia del juego nunca ha dejado de ser importante.

Pocas estrellas, el mallorquín lo es, han dado tanto a sus equipos en defensa. El canterano de la Penya lo ha hecho desde el rebote y, sobre todo, con su defensa asfixiante que se ha traducido en robos de balón o, incluso, en el algún tapón (véase el fundamental a Parker en la prórroga del Europeo de 2015 con la selección).

Un Rudy fue el que llegó por primera vez al Madrid en el 'Lockout' de 2011; otro el que ha sido nombrado 'Mejor Jugador' de la final ACB en 2018. Los dos tienen el mismo talento, pero un físico distinto.

Este ha sido el gran problema del balear, pero también su mejor virtud. Pocos han sabido leer su carrera mejor el balear, pocos han sabido reconvertirse en pos del equipo dejando atrás el beneficio personal. Haya sido con Llull, Carroll o Ayon en cancha; haya sido acompañando a los Gasol y a Navarro en el equipo nacional con Scariolo al mando.

Quizás esa sea la gran virtud del alero, la que le haya hecho ganarse dos años más de contrato con el Madrid cuando pocos creían en él. Su palmarés asusta: dos Euroligas, cuatro Ligas y cinco Copas son algunos de sus 17 títulos nacionales. Nueve medallas le avalan en una selección en la que debutó en 2004 (destacando un oro mundial, tres europeos y otras tres preseas olímpicas). Casi nada.

Este es Rudy Fernández. Se mire como se mire, uno de los más grandes de la historia de nuestro baloncesto.

Pedro Molina   21.jun.2018 14:32    

Pon un base a las órdenes de Laso

    lunes 21.may.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

La mejor versión de Pablo Laso, la que yo recuerdo como jugador allá por mediados de los 90, era la del vitoriano colocándole milimétricos alley-hoops a Joe Arlauckas en las filas del Real Madrid. Una versión que superaba aún más la del base que deslumbraba con el número siete en aquel TAU de Manel Comas.

La mejor versión de este Madrid de Pablo Laso que yo recuerdo, transcurrió en la temporada 2013-14. Fue el año de los récords, en el que el conjunto blanco sólo ganó la Copa al Barça con canasta de Llull sobre la bocina, en el que acabó perdiendo la Liga con los azulgrana en el Palau, con el vitoriano saliendo en silla de ruedas de éste tras haber caído antes en la final de la Euroliga con el Maccabi en Milán.

Curiosamente esa campaña Sergio Rodríguez fue el MVP de la fase regular de la máxima competición continental.

El 'Chacho' y Llull fueron las apuestas del técnico en 2011 para llevar el timón de su Madrid. No se equivocó. El equipo creció mucho, pero más lo hicieron ellos.

El de Mahón era un potro desbocado en esa época, un jugador de gran talento al que muchos veían más como escolta, pero Laso lo tenía claro: para él Llull era su base.

El otro Sergio, Rodríguez, venía de una campaña muy dura con Messina, acrecentado las dudas que le hicieron volver de la NBA. Laso lo tenía también claro: ahí estaba su otra extensión en la pista.

Estamos en 2018 y el crecimiento de ambos ha sido de tal impacto que podemos considerarlos dos de los mejores jugadores de Europa. Cada uno ha sabido sumar nuevos registros a sus cualidades innatas. Llull es más tranquilo y dirige mejor; el 'Chacho' anota en el CSKA más con la misma magia en sus manos. En gran parte de ello, seguro que ha tenido que ver Laso.

Continuamos en 2018 y Doncic acaba de ser elegido MVP tanto de la fase regular como de la Final Four de una Euroliga que ha ganado su equipo. Está claro que estamos ante un talento único, uno de esos jugadores que aparecen cada 30 años. El esloveno puede actuar de base, de escolta, de alero o, incluso, de ala pívot, pero Laso lo ha colocado de 'uno' y así ha triunfado.

La campaña que viene Doncic jugará, salvo situación muy extraña, en la NBA. Su puesto lo ocupará, seguramente, Facundo Campazzo. Un Campazzo que ha estado excepcional esta temporada tras crecer dos años en Murcia previa primera temporada de blanco en 2015 ganándolo todo.

El argentino vino a suplir a un Draper que a la vez volvió a la casa blanca dos campañas más tarde. No fue el mejor Draper el que vistió de blanco. Rindió menos de lo esperado en ataque, pese a ser un gran baluarte atrás sobre todo en su primera etapa. Así salió del Madrid hace exactamente un año.

Ayer, el norteamericano se congratuló en redes sociales de la conquista de la Décima por parte de su ex equipo. Lo hizo alabando a Pablo Laso, uno de los mejores entrenadores para los que ha jugado según sus palabras.

Un ex base, como él; como el 'Chacho', MVP de la fase regular de la Euroliga en 2014. Como Llull, también 'Mejor jugador' de ésta en 2017. Como Doncic, que ha unido a los anteriores el de la Final Four en este 2018.

Todos bases, como Laso en su época antes de sentarse en los banquillos para dar al Madrid 14 titulos de 28 posibles en siete años y reescribir su historia moderna. Algo aparentemente sencillo si el que lleva la batuta ha sido y es aún un genial director de orquesta.

Pedro Molina   21.may.2018 21:17    

La Final Four de Jasikevicius

    jueves 17.may.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

La Final Four 2018 de la Euroliga comienza mañana. Lo hace con muchos nombres propios y muchas cuestiones a dilucidar. He aquí algunas:

1. ¿Conseguirá Obradovic en casa su décimo entorchado continental en su presencia número 17 en una Final a cuatro para agrandar aún más su leyenda?

2. ¿Marchará Doncic, presumiblemente, a la NBA con una Copa de Europa bajo el brazo y explotando por fin en una gran cita tras sus malos encuentros en Estambul hace exactamente un año y en la Copa del rey esta temporada?

3. ¿Tendrá Itoudis una cita tranquila una vez que no se va a cruzar con Olimpiacos como en las semifinales de 2015 y 2017, de las que aún se recuerdan los nefastos finales de partidos de los suyos con Teodosic y al mando y sus imprecisiones?

Sin embargo, para mí, en Belgrado, pese a estar en la casa de Zeljko; pese a que todas las miradas vayan hacia él y hacia la joven perla eslovena de un Madrid ya sano; pese a que el CSKA se presente con el Chacho en su versión más tiradora en busca de un nuevo título, debemos de hablar de un hombre: Sarunas Jasikevicius.

El lituano llega a esta Final a cuatro a los mandos de un Zalguiris que estaba entre los cuatro presupuestos más bajos de toda la competición. Un equipo que no llegaba a esta cita desde Munich en el 99, cuando fue campeón. Un equipo que ha levantado admiración y generado sorpresas a partes iguales de la mano de su líder.

Zalguiris es 'Saras'. Son sus lágrimas tras eliminar al Olimpiacos en cuartos. Son sus gritos a Ullanovas tras haber metido una canasta clave por no haber defendido una 'puerta atrás' en la jugada anterior de uno de esos duelos. Es su carácter, el que ya mostraba como jugador.

Jasikevicius siempre fue un tipo de raza. Su clase era tremenda, con sus asistencias sin mirar y sus triples, pero sus maneras en la cancha también daban que hablan, pues el base lituano siempre se dejaba notar. Sus protestas a los árbitros eran constantes, sus gestos igual. Quizás por eso, por su mezcla de clase y gen competitivo, llegaron sus éxitos.

Sarunas ganó cuatro Euroligas. Una llegó con el Barça de Navarro, Bodiroga, Fucka y Dueñas. Dos con el Maccabi avasallador de Anthony Parker y Vuijic (el equipo más dominador que hemos visto en los últimos años); la última con el Panathinaikos de Spanoulis antes de marchar a El Pireo, de Dimantidis y de Batiste, un conjunto que tampoco andaba la zaga al israelí.

Los jugadores que le acompañaban, como vemos, eran tremendos; los entrenadores, también.

En ese periodo de tiempo, entre 2000 y 2010 con un receso en Indiana en la NBA, el base estuvo a las órdenes, nada más y nada menos, de Pesic, de Pini Gershon y del 'Rey Midas' Obradovic. Tres entrenadores de esos que son leyenda, de carácter que, seguro, forjaron más el de Jasikevicius.

Ahora el ha hecho un primer milagro al devolver a un clásico como Zalguris a la élite europea, pues no son muchas las estrellas a su cargo.

Pangos es un muy buen base, maravilló en Gonzaga, pero no es Nash pese a su nacionalidad y las comparaciones; Ullanovas y Milaknis son muy buenos tiradores, pero tampoco alcanzan a Macijauskas. Mientras que Aaron White, Brandon Davis o Toupane maravillan a un nivel que nadie podía esperar.

Con estos mimbres buscará Sarunas hacerse con la Euroliga a los 42 años de edad en su tercera temporada, segunda completa, en el banquillo de un Zalguiris que ha supuesto su primera experiencia como técnico jefe.

La primera batalla llegará ante el Fenerbache de un Obradovic que se llevó la primera a los 31. La teoría dice que el equipo lituano ya ha cumplido llegando a esta cita. La teoría dice que los turcos ganaran al equipo revelación del torneo. Pero esto es baloncesto, hay que llevarlo todo a la práctica.

Mañana en Belgrado, antes del CSKA-Madrid, saldremos de dudas. Qué la Final Four 2018, con Jasikevicius de protagonista, empiece ya.

Pedro Molina   17.may.2018 20:07    

Cuando una Final Four es (casi) un título

    lunes 30.abr.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Mister Laso, perdone, pero ustedes ayer jugaron como gallinas".

La frase es cierta; la frase es real. La sentencia la dictó un tendero en Atenas, fan de Olimpiacos por cierto, la mañana siguiente a que el Real Madrid cayera por 28 puntos ante el Panathinaikos en el primer partido de su serie de cuartos de final del play-off de Euroliga.

Las gallinas, horribles en ese primer duelo, se convirtieron en lobos, cercaron a su presa y ganaron los tres encuentros siguientes para volver a meter al equipo blanco en la Final Four.

No sabemos si aquel tendero estará feliz por el Madrid, puede que animando a los del Pireo sí tenga una buena sonrisa en su rostro. Lo que sí es seguro es que en Chamartín deben de estar muy orgullosos de los suyos.

Los blancos vuelven a una Final a cuatro. Es la quinta en siete años en la 'Era Laso' donde ya cayó lá 'Novena' en 2015. Números que asustan si se echa la vista hacia atrás y se tiene en cuenta que desde que se ganó la octava Copa de Europa de la mano de Sabonis en el 95, solo se había estado entre los cuatro mejores del continente en el 96 y en el 2011. Pero hoy no hay que hablar solo de datos, hay que hacerlo de sensaciones.

Llull, ocho meses y medio de baja. Ayon, cerca de cuatro. Randolph, tres. Kuzmic, toda la temporada. Doncic, tres semanas. Rudy, alrededor de un mes. Thompkins, 40 días fuera por problemas familiares graves. Este ha sido el parte de lesiones y problemas aproximado con los que ha tenido que lidiar Laso esta campaña. ¿Alguno más? Sí, la baja de Campazzo cuando mejor estaba para la serie ante Panathinaikos.

Cualquier equipo normal (véase el Barça de un Bartzokas cuyo papel en Olimpiacos, Lokomotiv y Khimki demuestran que es un gran entrenador) ya estaría pensando en el futuro. Con razón se habría dejado llevar, pero este Madrid no.

La fe de Laso en los suyos y de sus jugadores en Laso ha sido digna de elogio (y de estudio). Ahora se ve el resultado.

Unas veces gracias a Doncic y a su extraordinaria explosión; otras a Campazzo y a su agresividad atrás y su magia adelante. A veces con la constancia de Caseur. Siempre con la defensa de Taylor, los tiros de Carroll, la intensidad de Rudy y la brega de Felipe. También con el crecimiento de Thompkins, con pequeñas dosis de Randle, Radoncic y Yusta. Por supuesto, con la intimidación de Tavares (vital su fichaje mediada la temporada). Siendo más equipo que nunca, las lesiones no han resquebrajado al equipo blanco. Al contrario, lo han hecho crecer.

El conjunto se ha hecho tan fuerte mentalmente que no ha parado de superar retos y alcanzar cotas. De ahí su madurez ante Panathinaikos para no descomponerse, para superar a los griegos con 'factor cancha' en contra. Es cierto que con Ayon ya en forma, con un Llull a un excelso nivel si se tiene en cuenta su largo periodo de baja. Hasta eso ha hecho bien el Madrid.

Al de Mahón se le ha esperado, pero no se le ha forzado. Ha entrado cuando debía, con naturalidad; igual que Ayon lo hizo en la Copa. Sin prisa, pero sin pausa, sabiendo que el plantel es amplio, que otro te cubrirá.

Solo así se explica que, tras una temporada plagada de lesiones, el equipo de Laso vuelva a estar entre los cuatro mejores conjuntos de Europa. Puede que en Belgrado te gane el CSKA del Chacho; puede que no. Quizá lo haga el Fenerbache de Obradovic o el sorprendente Zalguiris de Jasikevicius; tal vez tampoco esto suceda y llegue la 'Décima'. En tres semanas, del 18 al 20 de mayo, esto se sabrá.

Lo único cierto es que la presencia del Madrid en la próxima Final Four de 2018 es (casi) un título para los de Laso.

Estos suman 13 en seis campañas y media en 19 finales de 27 posibles desde su llegada. Si bien, aquí no se cuenta el más importante: devolver la fe a una afición que vuelve a abarrotar el Palacio, solo había que ver el ambiente que allí se respiraba en la serie ante Panathinaikos.

Pedro Molina   30.abr.2018 20:35    

El 'Huracán Oriola'

    martes 20.feb.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Un jugador con tres coches en su garaje no va al rebote ofensivo". Svetislav Pesic, al ser presentado en su vuelta al Barcelona el pasado día 9 de este mes de febrero.

Pierre Oriola, como mucho, tiene uno.

La pasada edición de la Copa del rey, más allá del 'Milagro Pesic' y su forma de resucitar a un equipo que parecía muerto a base de psicología, conceptos sencillos, defensa y un ataque que siempre comenzaba con un pick & roll, magistralmente ejecutado por Heurtel, nos ha dejado la confirmación en el estrellato de un hombre: Pierre Oriola.

El de Tárrega se ha ganado por méritos propios que se hable de su labor tanto dentro como fuera de la pista.

Oriola ha sido el socio perfecto de Heurtel en ese bloqueo y continuación que tanto rédito ha dado al Barça. Los puntos llegaban con sus finalizaciones en forma de mate tras atacar el aro como si no hubiera un mañana o bien con una asistencia a un tercer jugador libre tras una buena circulación de la bola.

Los puntos llegaban también desde la línea de tres, bien es cierto que más a cuentagotas, pues estamos hablando de un tipo que va a los 2,08 de estatura.

Había aún una tercera opción: ese rebote ofensivo que mencionábamos al principio y del que Oriola ha sido el máximo estandarte de este Barça. Todo a base de talento, pero sobre todo de garra, en la que es la gran virtud del ala pívot.

Pero la labor de Oriola en este Barcelona va mucho más allá de lo que se ve en la cancha.

Estamos ante un jugador que es pura intensidad, que vive para este deporte y siente el escudo como ya no lo hace casi nadie en un mundo en el que, seamos realistas, ya quedan pocos románticos. Un mundo en el que se siente más el dinero que los colores de tu equipo.

Oriola llegó el pasado verano a un Barça del que quería ser futbolista de pequeño. No lo logró, pero su forma de ser y actuar se asemeja mucho a Carles Puyol, que bien sabe de esto.

Cuando el equipo perdía con Sito (me pregunto, por cierto, que debe estar sintiendo el técnico ahora) él era el primero en comparecer ante los medios y decir lo que pensaba. Siendo claro y duro, expresando que jugando cada uno a lo suyo no podían ir a ningún sitio.

También habló Oriola el día de la final ante el Madrid para decir que si estaban allí era para ganarla, haciendo de 'peso pesado' en el vestuario, casi de capitán. Un puesto que pinta a que, tarde o temprano, será suyo.

Así se hizo el Barcelona de manera inesperada con la Copa. Con efusividad, no podía ser de otra forma, él lo celebró.

Oriola corrió como un poseso hacia su banquillo pasando por encima de Doncic. "Todo el que me conozca sabe que no lo hice a propósito. Vivo con intensidad y así marché con los míos", dijo en zona mixta tras el triunfo.

No le falta razón. Todo el que le conozca sabe que estamos ante un jugador con agallas, pero noble. Un jugador que a base de pagarse a pasado de la LEB al Barcelona en solo cuatro años, forjándose en plazas como Sevilla y Valencia hasta llegar a ser internacional con la selección.

Oriola es lo más parecido que tiene a Felipe Reyes nuestro baloncesto y bien haríamos en disfrutarlo. Con 25 años ya forma parte del núcleo duro del Barça. Con Pau Ribas (qué importante es siempre el núcleo nacional en un equipo ganador) debe ser el corazón de un Barça en el que se agota el talento de Navarro. Un Navarro al que hizo salir, como a todo el equipo, a saludar a los pocos fieles que habían marchado a Gran Canaria con ellos.

Oriola es tan grande que falló dos tiros libres y dio emoción a la final para que el Madrid tuviera bola para ganar. Entonces, el triple de Caseur no entró. Y Claver hizo la ya famosa falta sobre Taylor que no quita ningún mérito en la victoria azulgrana, pero que sí ha valido para que aquellos que apenas ven Ba-lon-ces-to hablen de éste y llenen tertulias de televisión y radio, junto a páginas de periódico y redes sociales, con sus opiniones como si fuesen el mismísimo Naismith.

Es lo que tiene el 'Huracán Oriola'. Puro aire fresco que va a amenizar mucho el deporte de la canasta en los próximos tiempos. La Copa ha sido solo un ejemplo.

Pedro Molina   20.feb.2018 20:13    

Don Pablo Laso

    miércoles 3.ene.2018    por Pedro Molina    0 Comentarios

Pablo Laso suma 13 títulos en seis temporadas y media como entrenador del Real Madrid de baloncesto, pero su mayor trofeo no es ese. El mayor éxito del vitoriano es haber devuelto la ilusión a una sección moribunda hasta su llegada en el verano de 2011. Su gran logro es haber vuelto a llenar el Palacio de los Deportes de feligreses que acuden en masa cada jueves o viernes, o cada domingo, a ver el que durante este periodo de tiempo se ha convertido en uno de los mayores espectáculos que se pueden ver en la Comunidad. Esto es el 'Lasismo'

Viene a cuento esta reflexión por los 490 partidos como técnico del conjunto blanco que está cumpliendo Laso en estos momentos en Vitoria. Una cifra que no sería más que una cualquiera si no supusiera Igualar a Pedro Ferrandiz como el segundo hombre que más encuentros ha dirigido al club merengue. Palabras mayores si mencionamos al entrenador más laureado en la casa blanca. Con 734 aún queda muy lejos Lolo Sainz.

Viene a cuento también esta reflexión porque, en los últimos tiempos, no me canso de leer y escuchar ciertas críticas (especialmente a nivel táctico) a Laso cuando no gana su equipo, en los que es un auténtico sinsentido.

Se puede valorar en datos. Hasta su llegada el Madrid contaba con solo dos Ligas desde 2005, la de ese año con el milagroso triple de Herreros y la de 2007 con Plaza ganando también la ULEB. Hasta 2012 el conjunto blanco llevaba 19 años sin ganar la Copa, ahora suma cuatro seguidas; 20 sin hacerse con una Euroliga a cuya Final Four ya es una rutina ir (cuatro en las seis ultimas temporadas, por solo dos presencias entre 1996 y 2011). Si bien es mejor hacerlo por sensaciones.

Lo decía antes, Laso ha devuelto al público al Palacio. Algo nada fácil. O acaso nadie se acuerda ahora de la sensación de vacío que había en el Raimundo Saporta o de aquel año en la Caja Mágica. Solo en Vistalegre hubo algunos 'brotes verdes' en una sección marcada por su irregularidad.

Daba igual que por el banquillo blanco pasaran reputados entrenadores de los que es difícil dudar: Scariolo, Maljkovic, Messina... Siempre sucedía lo mismo: el Madrid era incapaz de encadenar dos o tres años buenos sin dar un volantazo. Al final, el coche siempre salía de la curva. A veces incluso ni llegaba con conductores también válidos como Imbroda u otros como Lamas. Algo hizo Plaza, pero todo cambió con Laso.

Aún recuerdo su primera rueda de prensa cuando su nombramiento generó un gran 'totum revolutum'. "Sé lo que es el Madrid. Conozco su exigencia, he jugado en este club. Aquí solo vale ganar". Estas fueron casi sus primeras palabras, aunque a mí hubo algo que me llamó más la atención: sus conceptos del baloncesto.

"Quiero que Suarez juegue más al poste. Conmigo Velickovic actuará de 'cuatro'". Esas ideas tan aparentemente sencillas, me encandilaron.

Luego tocó ponerlo en práctica. Con quién mejor que con los dos Sergios a los mandos.

Ahora todo es lógico, pero en la campaña 2011-12 pocos creían que Llull pudiera convertirse en un base cerebral cuando era acusado de ser una cabra loca. También había muchos que dudábamos de un 'Chacho' que aún ni tenía barba y venía sumido en un mar de dudas de la NBA. Pues bien, con ellos en la dirección empezó todo. Con esa Copa en el Palau el año que también se perdió la famosa 'Liga de Marcelinho'. El resto ya es de sobra conocido.

Más trofeos, decíamos que un total de 13 en 18 finales jugadas de 26 posibles. Derrotas dolorosas como la de la Euroliga 2013 ante Olimpiacos tras acumular 17 puntos de ventaja en el primer tiempo. Otras aún más duras, como la del año siguiente ante el Maccabi en una ciudad, Milán, que parecía Tel Aviv en la temporada de los récords, la del 31-0 inicial, que acabó con solo una Copa... Las encuentras que ese verano salvaron a un Laso que salía en silla de ruedas del Palau desesperado tras perder la Liga. Los cinco trofeos ganados solo 365 días después en ese año redondo en el que se aprendió de los errores y se fichó carácter, llámese Nocioni. El desplome ante Valencia en la final ACB el pasado mes de junio. Las lesiones (casi todo un quinteto) y la forma de renacer en diciembre de 2017. Muchos más éxitos que fracasos.

Todos bajo esa constante única: la del basket preciosista, la del buen juego.

Quizás pocos se acuerden, pero para la videoteca aún queda un Madrid-Efes de Euroliga en noviembre de esa campaña 2013-14 que supo a poco en títulos, pero a mucho en baloncesto. 103-56 fue el resultado. 46 puntos de ventaja con estilo espectacular que fue la cuadratura del círculo: la mayor demostración del 'Lasismo'.

Un baloncesto que siempre empieza por el base: Llull, Chacho, ahora un Doncic al que ha tutelado a la perfección con mimos y reprimendas (recuerden aquellas lágrimas del esloveno tras una tremenda bronca en un tiempo muerto en Moscú). Una posición en la que el ahora entrenador sobresalió de jugador tanto en el TAU como de blanco.

Un baloncesto que empezó con ese bloque nacional (los Sergios, un inmenso Rudy, un Felipe que con él nunca ha fallado); con pivots ágiles, bajos y rápidos (Ayon, Slaughter...) en el que quizás puede estar uno de sus peros: el de no adaptar bien a los hombres grandes. Un baloncesto de correr, correr y correr más que ya se lleva viendo casi siete años en Madrid de la mano de un hombre cabal, sin un gran ego y con mucho carácter en los banquillos.

Don Pablo Laso: el hombre que resucitó a una sección que estaba en la UCI y con su juego preciosista volvió a llenar de feligreses el Palacio.

Pedro Molina    3.ene.2018 20:41    

Bendito Scariolo, bendita selección

    lunes 27.nov.2017    por Pedro Molina    0 Comentarios

Dicen los sabios que siempre hay que encontrar el lado positivo a todo, sea cual sea la circunstancia que llegue, sea cual sea su adversidad. Esto es lo que ha pasado en la última semana, más concretamente en los últimos tres días, con las ventanas FIBA y la selección nacional.

Quién nos iba a decir hace un mes que esta lucha de egos entre el máximo organismo del baloncesto mundial y la Euroliga iba a desembocar en la enésima demostración del baloncesto español. Porque eso es lo que hemos visto ante Eslovenia y Montenegro.

Ha ocurrido de la mano de un seleccionador que merece un monumento.

Con tres oros y un bronce europeos, junto a una plata y otro bronce olímpicos, Sergio Scariolo bien podría estar tomando el sol en Marbella y disfrutando de sus éxitos con el equipo nacional y, también, a nivel de clubes, pero el de Brescia ha preferido bajarse al barro.

Para empezar lo hizo el pasado verano con una concentración en Benahavis donde se empezó a cimentar este éxito. Allí donde le dijo a Quino Colom, un base de nivel Euroliga, que iba a ser titular. Allí donde aprendieron sus sistemas y métodos otros como ese pura sangre toda intensidad que es Sebas Saiz.

Luego tocó el reclutamiento de los que debían ser los capitanes. Así convenció a Fran Vázquez, cuya relación con el equipo nacional ha sido bien extraña. Él le conocía bien de su época en Malaga, como también un Garbajosa que llevó esto en persona.

También aceptaron Sergi Vidal y Albert Oliver. Los tres podían haber estado de vacaciones estos días con su familia, pero no lo hicieron. Se pusieron a disposición de Scariolo y fueron los mentores de los más jóvenes. Porque este equipo no se entiende sin un Oriol Paulí que de chaval se hacía fotos en él Palau con Fran Vázquez y que creo que va a vestir durante mucho tiempo la camiseta de la selección. Tampoco sin un Jaime Fernández cada vez más asentado y sin un Sergi García que en solo dos acciones defensivas al final del segundo cuarto demostró lo que puede llegar a ser.

Entre medias piezas ya clásicas en el grupo durante muchos veranos como Xabi Rabaseda. También estaban en éste Pablo Aguilar y Javi Beirán, pero las lesiones les impidieron ir con un equipo en el que les han suplido a la perfección hombres como Nacho Llovet o un Edgar Vicedo capaz de volver a jugar de 'cuatro' como cuando era aún más chaval. Jugadores que quizás sólo conocemos los que cada domingo vemos la ACB, pero que valen mucho.

Es lo que tiene el baloncesto español. El nivel de su llamada 'clase media' es muy bueno, casi tanto como su compromiso. De ahí que no pensaran en nada en si son o no los sustitutos de los hombres que tantas medallas nos han dado. Solo en jugar estos dos partidos como si fueran los últimos que fueran a disputar en su carrera. Por suerte no lo son. Pinta a que pueden ser los primeros de bastantes con el equipo nacional.

En febrero llega una nueva ventana. Coincide, por cierto, con un Barça-Madrid de Euroliga, salvo que éstas se trasladen a junio. Algo a estudiar por el bien del deporte de la canasta, pero no para el de la selección.

Con Scariolo a los mandos y este grupo de jugadores en la cancha la salud de nuestro baloncesto sigue siendo excelente. Da igual como estén las ventanas, si abiertas o cerradas. Tras ellas siempre se pondrá el sol.

Pedro Molina   27.nov.2017 21:13    

Larga vida a este Olimpiacos

    martes 23.may.2017    por Pedro Molina    0 Comentarios

Nunca fui un gran fan de los equipos griegos, es más podría decir que los llegué a odiar. Este efecto producido en mí tiene una causa clara: lo mucho que me hicieron sufrir en mi adolescencia. Son muchos los recuerdos.

Creo que todo empezó con una canasta anulada a Arlauckas en un Panathinakos-Real Madrid allá por 1995. Esta estaba dentro del tiempo, pero no fue dada por válida. A mi mente vienen imágenes de los jugadores helenos marchando a los vestuarios, mientras caían monedas y demás objetos a la cancha sin que nadie hiciese lo más mínimo.

Tampoco ayudó mucho el tapón ilegal a Montero que hizo campeones a los 'verdes' esa misma campaña. Más que la intercepción de Vrankovic tras recorrer de forma magistral toda la cancha, en mi recuerdo está la imagen del reloj de tiempo parado. Algo surrealista, que no hizo más que aumentar mi ira hacia los griegos, pese a que luego admirara la carrera del pívot serbio y descubriera los pasos de un Montero que debió machacar.

Más tarde, allá por 2001, ya más mayor, vi como al TAU de Scola, Oberto y Stombergas le hicieron repetir el segundo partido de las semis de esa Euroliga, que no tuvo Final Four si no play-offs, en casa del AEK de Atenas. El motivo: ¡¡¡ Una canasta que entró dos segundos fuera de tiempo y que los colegiados se negaron a anular!!!

Entre medias, estaba la selección.

La España de Herreros, que siempre acababa como máximo anotador de todos los torneos, siempre caía en los cruces con una Grecia que iba quedando peor clasificada en la fase de grupos. Eran los Europeos del 95 y 98. El arbitraje era dudoso, la cancha una caldera con un nombre que no tenía el significado que debía (Palacio de La Paz y la Amistad) y nuestro equipo no gozaba del nivel del de ahora.

Para colmo tenía que soportar como mi prima Teresa animaba a los helenos porque su amiga Dimitra había nacido allí y era 'muy maja', lo que me llevaba a un enfado tremendo y a ella a tener que aguantar el rapapolvo de mi tío Vicente. Más que merecido, por cierto.

De ahí que desde que Gasol y Navarro entraron en escena, cada triunfo contra ellos me haya parecido gloria bendita.

Gocé en la final del Mundial 2006, en las semis del Europeo 2007 en directo en el Palacio, en la primera fase de los Juegos de 2008; en otras semifinales de un Europeo, en 2009; en octavos de otro Mundial, en 2010. Así, hasta los cuartos del Eurobasket de Francia en 2015.

Si bien, no sé cómo, todo cambió cuando apareció en escena este Olimpiacos. Entonces, el odio a lo griego se convirtió en respeto.

Podemos achacar este cambio radical en mi pensamiento a los triples en los momentos mágicos de Spanoulis cuando más quema él balón. También podría repercutir ese tirito marca de la casa de Printezis. Ese lanzamiento, para algunos tan antiestético, para mí tan bello. Pero yo creo que mi gusto por los del Pireo se debe a su carácter guerrero, a ese no dar nada por perdido aunque el rival sea mejor, a su forma de convertir lo prácticamente imposible en posible.

Su cuatro de cuatro en Final Four ante el CSKA (remontada de 2012 en un capítulo aparte) no hace más que refrendarlo. El Madrid de Laso también sabe de ello. Fue en 2013 en una de esas cuatro ultimas Finales a Cuatro de seis jugadas hasta hoy, en las que a los del Pireo no se les dio por favoritos y siempre aparecieron en la final.

A Olimpiacos debes ganarle cinco o seis veces el mismo partido. Da igual que vayan 10 abajo, ellos van a volver. Es más, casi da más miedo verles detrás en el marcador, pues en ese momento te asestarán la puñalada y acabarán contigo.

Lo harán sin tener la mejor plantilla, con piezas importantes lesionadas (véase el caso de Lojeski y Hackett en este final de campaña), pero lo harán. Siempre con un bloque nacional que derramará gotas de sudor hasta el último segundo (Mantzaris, Agravanis...). Siempre con extranjeros implicados que no suspiran por estar en un primer plano (desde Hines en su época a Brown ahora). Siempre con su Zeus particular al frente: el mencionado Spanoulis, leyenda viva del baloncesto.

Por todo esto y mucho más: larga vida a este Olimpiacos, el equipo más competitivo que he conocido.

Pedro Molina   23.may.2017 20:26    

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