El hombre de las remontadas
El Real Madrid de baloncesto tiene una joya en su plantilla. Se llama Sergio Llull y es capaz de convertir lo imposible en posible. Su fé no tiene límites. Cuando las cosas están mal siempre aparece. Ayer, lo volvió a hacer.
Perdía el Madrid por ocho puntos a poco más de un minuto para que terminara el tercer cuarto de su vital partido de Euroliga ante el Montepaschi Siena. La situación pintaba mal, muy mal. Los blancos tenían que ganar para seguir vivos en Europa y el juego desplegado hasta ese momento no daba muy buenas sensaciones. Entonces apareció Llull.
Es curioso lo de este chico. Cuando peor van las cosas, más se crece. Empezó su recital con un triple. Luego sumó un dos más uno y así, poco a poco, su equipo se fue levantando hasta el punto de ponerse con una ventaja de ocho puntos en el marcador. El Madrid no sólo iba a ganar el partido. Tenía el basket average a tiro, pero el Montepaschi volvió a ponerse a cinco.
Quedaban cuatro segundos y el técnico de los blancos, Ettore Messina, lo tuvo claro. Pidió tiempo muerto y preparó una jugada para Llull. El base no se lo pensó. Recorrió la pista como un tiro y anotó un triple imposible con rectificado incluído. Además recibió falta. El Madrid ganó por ocho y, en ese momento, Vistalegre estalló. Todo el pabellón al unísono comenzo a corear un cántico que ya es un clásico: "Llull, Llull, Llull". Los decibelios subieron y el de Mahón celebró a lo grande y con mucha rabia su gesta. Una más.
Llull tiene un físico portentoso. Entra bien a canasta. Tira de manera más que correcta y defiende como los ángeles. Puede jugar de base, posición en la que a mi me gusta más, pero también lo puede hacer de escolta, donde no se ve una de las pocas cosas que tiene que mejorar, la dirección de juego. Su polivalencia es una virtud que le hace aún más peligroso y que hay que aprovechar. Messina lo sabe. Por eso cada vez le usa más. Se lamenta cuando está lesionado y aplaude siempre su trabajo. Es lo que tiene ser disciplinado.
Muchas veces he comentado en la redacción, junto a mis compañeros de 'El Vestuario' que Llull me recuerda a José Manuel Calderón. Aún le falta mucho para ser como el extremeño, pero lleva el mismo camino. Ayer lestrenó unas zapatillas amarillas y moradas que parecían más de los Lakers que del Madrid. Puede que sea sólo una anécdota, pero este es otro paso en su camino hacia la NBA. De momento, los Rockets tienen sus derechos en Estados Unidos, a donde tarde o temprano irá.
Precisamente de Estados Unidos nos llega cada semana la serie de moda en este planeta, 'Perdidos'. En ella, uno de sus personajes, John Locke, no se cansa de repetir que hay que tener fé en la isla. Seguramente si Locke se encontrara a Llull en ese lugar cambiaría su frase y diría: "hay que tener fé en Llull".
Cuando se trata de hacer cosas imposibles, de tirar del equipo en los momentos díficiles y de salvar los partidos, ahí está siempre el de Mahón. Ayer, ante el Montepaschi Siena, volvió a hacer algo que comienza a ser una costumbre: dar una nueva victoria al Madrid tras otra remontada. Un hecho que empieza a convertirse en una rutina para este chaval que, con sólo 22 años, se ha convertido en un referente de nuestro baloncesto.



