11 posts de marzo 2010

Ante Tomic, ¿el nuevo Gasol?

El Real Madrid de baloncesto ganó ayer al Barcelona en el Palau e igualó su serie de cuartos de final de la Euroliga a uno. Lo que parecía que iba a ser un paseo para los azulgrana, la mejor plantilla de Europa, se ha tornado en una eliminatoria en la que, hasta ahora, los blancos han sido muy superiores y en la que con una excepcional defensa y un baloncesto trabado y lento han puesto contra las cuerdas del Barça.

Es muy fácil hablar a posteriori, pero si no hubiese sido por la actuación de Pete Mickeal en el último cuarto del primer partido, la serie podría ir dos a cero a favor del Madrid.

El técnico de los blancos, Ettore Messina, ha hecho un análisis perfecto de como jugarle al Barça. Navarro está fatal, Ricky ha desaparecido y los pívots azulgrana ya no son esa pesadilla que machacaban constantemente a los del Madrid. Además, en esta serie ha aparecido una pieza fundamental que lo ha cambiado todo. Se trata de Ante Tomic.

Tomic llegó al Madrid a mitad de temporada como un fichaje de futuro. Apuntaba maneras, pero ninguno, yo incluído, pensábamos que fuera a explotar tan pronto. Sus dos metros y 17 centímetros, junto a su agilidad y buena mano le hacen muy difícil de defender y, en esta serie, eso se está notando.

En el primer partido, el croata se cargó de faltas muy pronto y sólo logró seis puntos. Ayer se fue a los 22, capturó cinco rebotes y puso cuatro tapones, siendo el eje sobre el que giró el ataque del Madrid.

Todos sabemos que las comparaciones son odiosas, pero Tomic guarda un gran parecido con el Pau Gasol que deslumbró en Europa antes de marcharse a la NBA. Los dos miden prácticamente lo mismo. Son muy delgados. Tienen un cuerpo aún por formar. Poseen una gran envergadura de brazos. Son muy ágiles para su tamaño y saben leer bien el juego.

El Gasol del Barça jugaba más abierto a canasta. Era un poco más rápido. Tiraba mejor de tres y era mucho más agresivo, sólo hay que ver el recital de mates ante el Madrid en la final de la Copa del Rey de 2001. Tomic, en cambio, es más un pívot puro, que juega más de espaldas al aro y cuyo gancho con la mano izquierda casi siempre te asegura dos puntos. Ambos jugadores son parecidos, con ciertas diferencias, pero incluso en la forma de moverse tienen alguna similitud.

Del papel que tenga Tomic en los siguientes partidos puede depender gran parte del futuro de la serie. Con él en la cancha, Fran Vázquez y N'Dong han dejado de ser tan peligrosos, ya no sobrevuelan el aro del Madrid con tanta facilidad. Mientras que Felipe Reyes por fin ha encontrado el compañero perfecto en la zona que le ayude a volver a su gran nivel de antes.

Tomic no va a llegar a ser lo que Gasol, uno de los 10 mejores jugadores de la NBA ahora mismo, pero, por sus condiciones y su talento, tiene pinta de que, en breve, va a ser uno de los mejores pívots del continente y que, en no mucho tiempo, va a jugar en la Liga del mundo. Eso sí, primero tiene que ir paso a paso, quemando etapas. La primera no puede ser de mayor enjundia: ayudar al que el Madrid dé la campanada y elimine de la Euroliga al tododeroso Barça, algo que por lo visto hasta ahora no parece que sea imposible.

Un fuera de serie

Esta mañana ha pasado por los micrófonos de 'El Vestuario' Oscar Freire, el reciente ganador de la Milán-San Remo. Cuando uno habla con el cántabro se da cuenta de que su forma de actuar en las carreras no la ha elegido al azar. Su mente va muchas veces por encima de sus piernas. De ahí gran parte de su éxito. El otro corresponde a su clase y a su talento encima de la bicicleta, sin estas dos características le sería casi imposible vencer.

Freire ganó el sábado su tercera Milán-San Remo, la Clasicissima, lo hizo fiel a su forma de actuar. Sólo, sin equipo, aguantó los constantes ataques para, en la llegada final, aprovecharse del trabajo de los hombres del Liquigas. En la recta de meta superó como una bala a tres de ellos, incluído a Bennati, al que le habían preparado la llegada, y al que astutamente usó como lanzador.

Esta ha sido una constante en la carrera de Freire. Se dio a conocer en 1999, ganando por sopresa su primer Mundial, en Verona, cuando nadie le conocía. Repitió en 2001, en Lisboa. Y logró su tercer Campeonato del Mundo en 2004, de nuevo en Verona, su ciudad talismán, tras un gran trabajo del equipo español.

Al cantabro sólo le queda ganar un Mundial más para hacer historia y convertirse en el corredor que más veces se ha hecho con este título, que más veces ha vestido el maillot arcoíris. Las lesiones y el mal trabajo de sus compañeros que, a veces, han actuado egoistamente se lo han impedido. Aún le quedan más opciones. La primera, este año, en Australia, la tiene marcada con una equis.

Pero antes Freire debe afrontar una nueva temporada. Ya ha cumplido con la Milán-San Remo, ganarla tres veces sólo está a la altura de los más grandes, Coppi entre ellos. Eso sí, aún le queda Lieja, Flandes, el Giro, el Tour... ¿Sabén nuestros lectores y oyentes que el cantabro es el único español que ha ganado el maillot verde, el de la regularidad, en el Tour?

Es posible que no. En España damos más importancia a las etapas de estas grandes Vueltas, a cuando la carretera se pone mirando hacia arriba, a otros triunfos de un mérito tremendo que a los de las pruebas de un día. Pero no menos importancia tienen las victorias de Freire, un precursor en este tipo de pruebas, cuyo palmarés es más que destacable. Es muy bueno.

Si Freire fuera italiano o belga, si viviera en los países que dan tanta importancia a las Clásicas sería un ídolo. Pero es español. Corre en un equipo holandés y antes lo hacía en uno italiano. En ellos ha labrado su gran carrera, gracias a su talento, a su clase, a su intuición, a su forma de ser y también a sus despistes.

Freire ganó su tercera Milán-San Remo después de haberse dejado una zapatilla en la habitación del hotel. Tuvo que ir a buscársela un compañero. Ese fue el primer síntoma de que iba a vencer. ¿Saben cómo logró su segundo Mundial? A lo grande, tras un magistral sprint en el que le llevó hasta los puestos de cabeza el colombiano Botero. Eso sí, dos días antes Freire había estado revisando el circuito y se perdió. Tuvo que llamar a un taxi para que le llevara al hotel. Así es él. Oscar Freire: genio y figura, pero ante todo un fuera de serie.

El himno español suena en Vancouver

Aquí os dejo un video con la ceremonia de entrega de medallas a Jon Santacana. Por desgracia no es muy bueno pero es emocionante oír nuestro himno en Whistler (Canadá)

Cuando éramos reyes...

Los españoles somos muy de decir siempre, allá donde vamos, que lo nuestro es lo mejor. Si nos ponen un confit de canard en París, un bratwurst en Berlín, o un fish & chips en Londres, a menudo soltamos la frase: "donde esté una buena tortilla patatas..." . Y no digo yo que no tengamos razón, pero cuando decimos que la Liga española es la mejor del mundo, ahí ya nos estamos dejando llevar por un patriotismo tonto que no nos deja ver la realidad: ya no es la mejor. Lo fue, pero atrás queda la época en la que podíamos ver a tres equipos españoles colándose en semifinales de la Liga de Campeones (sin ir más lejos, en el año 2000, la novena del Madrid, en la que los blancos, el Valencia y el Barça se jugaron el pase a la final). Éste año sólo el Barça, el mejor equipo del planeta hoy en día, representará a España ya no en semifinales, sino en cuartos de final. El Real MAdrid cayo, ¡por sexto año consecutivo! en octavos, al igual que el Sevilla, los dos no precisamente ante un Chelsea o un Milán, sino frente a dos clubes de segundo nivel en Europa, como el Lyon y el CSKA. Y del Atléti ni hablamos, porque ni siquiera pasó la primera fase.

Pero no hace falta salir de nuestras fronteras para calibrar la calidad de nuestra liga. Un campeonato es tan bueno como su nivel de competitividad. Y una liga en la que el pescado se lo reparten dos equipos y el resto luchan por las migajas, no es un torneo de calidad. Y más con la diferencia insultante que estamos viviendo estos dos últimos años entre Real Madrid y Barcelona por un lado y los otros 18 por otro. Esto lleva pasando décadas en Escocia, con el Celtic y el Rangers repartiéndose los títulos sin misericordia mientras los demás miran desde abajo con resignación. Y la liga española no puede ser como la escocesa.

Hoy, sin duda, la Premier League inglesa es la mejor del mundo. Rivaliza con la española en el número de estrellas mundiales, la gana en emoción, en número de aspirantes al título y la golea en organización (conocen el calendario en verano, cuando aquí todavía no sabemos cuándo se jugará la final de Copa; los niños ingleses pueden disfrutar en Navidad de sus equipos...)

Quizás algún día no muy lejano recuperemos el cetro perdido, pero por ahora, hay que rendirese a la evidencia. Eso sí, donde esté una buena tortilla patatas...

Campeones de la vida

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Úrsula Pueyo es la única esquiadora con discapacidad física que participa con España en estos Juegos Paralímpicos de Vancouver. En su primer día de competición no pudo terminar la primera manga y acabó un tanto decepcionada. En su segunda jornada, que ha tenido lugar hoy, Úrsula ha llegado en el puesto 19 pero ha sido descalificada por, según los jueces, salir antes de tiempo.

Úrsula no es oro, ni plata, como Santacana, y por eso no ocupa espacios de radio ni muchas líneas en los periódicos. Sin embargo, Úrsula tiene una historia humana que le hace valedora de nuestra atención. A los 15 años tuvo un accidente de moto. Un coche adelantó de forma indebida y chocó de frente. El resultado fue la amputación de su pierna derecha. Otros se hubieran venido abajo, y seguro que al principio ella también lo hizo. O quizá no. Dice que lo más fácil hubiera sido rendirse, pero ella no lo hizo y decidió seguir peleando la vida.

En esa pelea pudo y supo engancharse a una nueva vida. Y entonces apareció el deporte, el esquí, y se convirtió en su motivación para afrontar las dificultades. Después de probar por primera vez con la nieve hace 5 años decidió dejar atrás su casa y su familia en su Mallorca natal para dedicarse por entero al esquí. Primero en Sierra Nevada, luego en Baqueira Beret. Como ella misma recuerda, hace media década ni tan siquiera sabía lo que eran unos esquíes. Hoy está en Whistler en unos Juegos Paralímpicos.

Lleva tres años como esquiadora y atrás ha dejado sus estudios de Magisterio en Educación Especial, aunque este año termina los de Educación Social. Sólo le faltan las prácticas y ahí, en la práctica, Úrsula va sobrada.

De ellos, de estos Juegos, destacaría mil cosas pero si hay algo que salta a la vista es el buen ambiente entre los deportistas. Como en cualquier cita deportiva. Pero aquí además destaca el hecho de que pese a los problemas de cada uno (físicos, de ceguera, etc, etc) todos son unos campeones de la vida. La ven venir, la afrontan con la mejor de las sonrisas, como la que nunca pierde Úrsula por mucho que las cosas no acaben de salir bien. Y así hasta alcanzar la meta. Quizá no el primero, ni el segundo, ni el tercero, pero en este caso sí, lo importante es participar. Y traspasar la línea de llegada. Como cualquiera haría ¿verdad?.

Santacana logra la segunda plata para España

Día de enhorabuena para el deporte español. De nuevo el esquiador con deficiencia visual Jon Santacana ha logrado colgarse una medalla de plata, en esta ocasión en la prueba del eslalon gigante. Si el pasado lunes Santacana vencía en la primera manga y se quedaba con la miel en los labios en la segunda, en esta ocasión quedaba segundo en la primera manga y aunque lo intentó hasta el último metro no pudo con el eslovaco Krako que otra vez le arrebató el oro. Solo 21 centésimas han separado al español de la medalla de oro en una espectacular y emocionante carrera. Ya tenemos ganas de que suene el himno de España en Whistler y quizá lo haga el próximo jueves si Santacana tiene algo más de fortuna en la prueba de descenso.

En cuanto a los otros españoles que compitieron ayer, Gabriel Gorce fue décimo y Andrés Boira undécimo. Por su parte, la barcelones Anna Cohí logró acabar en sexta posición.

El tiempo por aquí sigue siendo bastante malo. Hoy todos los periodistas españoles que cubrimos estos juegos nos hemos calado hasta los huesos en el día más desapacible desde que estamos en Whistler. Peor incluso que estos días atrás con la nieve. El mal tiempo ha influido y mucho en la prueba de hoy. Como reconocía Santacana en unas declaraciones que le honran, las condiciones meteorológicas son iguales para todos. No obstante, esquiar en estas condiciones para unos deportistas con discapacidad visual, en algunos casos severa, es mucho más complicado. Uno de los guías de los españoles participantes en la prueba de ayer me decía que durante el descenso su esquiador no hacía sino repetir que no le veía, que fuera más pegado a él. Mucho mérito, sin duda.

Como mérito ha tenido llegar a la sala de prensa empapado. Menos mal que un voluntario de la organización que hace un par de días me vio "patinar" me regaló unos guantes de nieve con los que puedo "rodar" con menos dificultad. En todos sitios hay buena gente y aquí no iba a ser una excepción. Saludos desde los Juegos de Vancouver.

La niebla pospone el debut español en Vancouver

El primer día de competició para los españoles en los Juegos Paralímpicos de Vancouver no ha podido celebrarse por culpa de la densa niebla que cubría gran parte de la pista. Primer día, primera decepción. Aunque para ser exactos se vive tal ambiente deportivo y de amistad en la estación de Whistler donde nos encontramos los periodistas españoles que cubrimos los Juegos que hablar de decepción sería injusto.

En la delegación española hay mucha fé en un hombre, Jon Santacana. Lleva diez años compitiendo al máximo nivel y podría conseguir la primera medalla para España a poco que la prueba de descenso le salga bien. De hecho viene de proclamarse campeón del Mundo de la modalidad en Aspen (EE.UU).

De los cuatro españoles que iban a competir en el descenso, finalmente solo lo harán tres ya que Andrés Boira ha quedado eliminado al no cladsificarse entre los tres primeros. Ana Cohí, Gabriel Gorce y Jon Santacana serán, por lo tanto, quienes abran la competición en una fecha aún por determinar. El domingo habrá jornada de descanso para los españoles.

Al margen de la competición en sí, Whistler nos ha recibido con nieve, mucha nieve. Nos contaban nuestros compañeros de TVE que han cubierto los Juegos Olímpicos que no había mucha nieve en las calles, pero la historia ha cambiado. Ayer hubo hasta 25 centímetros de nieve y esta mañana hemos soportado estoicamente una nevada a pie de pista con la esperanza de poder ver la prueba del descenso finalmente suspendida. Al final, después de dos horas bajo la nieve esperando que el último "delayed" fuera el definitivo hemos tenido que desistir y refugiarnos de nuevo en el centro de prensa. Unos Juegos de Invierno tiene estas cosas.

Whistler es desde luego un sitio pintoresco, como otras estaciones de invierno. Un ambiente sano, de esquí y estos días con gente de muchas nacionalidades paseando por sus calles. Algunos nos paran para preguntar si somos españoles. La pegatina en la siella de ruedas nos delata. Al final, todos conocen España o por Mallorca o por Alicante donde alguna vez estuvieron de vacaciones. Ay, el sol de España, un gran embajador.

En cuanto a la comida, por aquí parece que no conocen otra cosa más allá del burguen y el chicken aunque hoy hemos podido comer pasta. Mi reino por una buena paella. Lo mejor sin duda el desayuno. Huevos con bacon, huevos con patatas, huevos a lo "benedictine". No hay quien escape al menú de un buen desayuno con huevos. Solo un problema: 17 dólares por desayuno o 200 por los 12 días de Juegos. No hay duda, la mejor opción es el super. Y es que por aquí todo es bastante caro.

Por cierto, no caro pero si cara tenía nuestra amiga del Burguer. Después de una buena hamburguesa, la propina no le pareció suficiente y nos hizo saber que por aquí se estila dejar el 15 por ciento de la "dolorosa". En algún sitio leí que era el 10, pero quizá nos haya visto cara de turistas despistados. Por 10 dólares de propina bien hace en dejarse fotografiar.

Mister Crunch Time

De todos es sabido el gusto de los norteamericanos por poner apodos a todo. El 'Crunch Time' se considera en el deporte en Estados Unidos como el momento decisivo, los minutos de la verdad, en los que todo está en juego. Por lo visto últimamente, si hay un hombre que debe hacer honor a este apodo, ese es Kobe Bryant.

La pasada madrugada, los Lakers ganaron a los Raptors por 109-107. Lo que para los españoles era un duelo entre dos de nuestros mejores jugadores, Pau Gasol y José Manuel Calderón, terminó siendo un nuevo recital de Kobe Bryant. El escolta anotó 32 puntos de todas las formas posibles. De lejos, de cerca, tirando, penetrando, posteando y, lo más importante, logró la canasta que dio el triunfo a su equipo.

Quedaban poco más de cuatro segundos cuando Bryant recibió la pelota. La botó, se movió y, desde una esquina, echándose para atrás lanzó a canasta con dos jugadores de los Raptors tratando de taponarle. Obviamente no lo consiguieron. La canasta entró a un segundo y nueve décimas para el final y los Lakers ganaron.

Se llevaron los angelinos un nuevo triunfo y Bryant un nuevo logró para su currículum personal. Ya son 17 las canastas ganadoras que ha conseguido el escolta, que ya ha batido en esto a Jordan. Este año los Lakers han ganado así a los Heat y a los Bucks entre otros. Pero hace dos días no pudieron hacer lo mismo ante los Magic.

El tiro de Kobe en la que era la reedición de la pasada final de la NBA, no entró y éste, como un ganador compulsivo que es, lo tenía en mente. El otro equipo del estado de Florida, Toronto Raptors, lo pagó. Ayer, el tiró si entró.

Kobe Bryant es, ahora mismo, junto a LeBron James el mejor jugador de la Liga. Sólo tiene un objetivo: el anillo, que le acerque un poco más a Jordan. Porque todos sabemos que el gran Michael es el espejo en el que se mira Bryant. Hace los mimos gestos. Se mueve como él y, para ser sinceros, es lo más parecido a Jordan que hay ahora en la Liga.

Bryant no dudó en desmantelar los Lakers y buscar el traspaso de Shaquille O'Neal para hacer de estos su equipo. Entonces tenía tres anillos de campeón, pero siendo el escudero perfecto de uno de los pívots más dominantes que han existido. Ahora, tras muchos años buscándolo, tiene cuatro.

El último lo logró Bryant como gran líder de los Lakers. Lo consiguió la temporada pasada, ante los Magic, promediando 30 puntos, más de cinco rebotes y cinco asistencias en los seis partidos de esas finales de la NBA. El escolta por fin se dio cuenta que para ganar tenía que confiar en sus compañeros. Dejó su juego individualista y pasó más, movió más a los suyos.

Esta temporada, el escolta busca el quinto, el que le acerque un poco más a los seis de Jordan. Si sigue a este nivel lo puede conseguir. Pero Bryant no debe olvidar dos cosas: la primera es que este es un deporte de equipo y si se vuelve individualista y egoista está perdido. La segunda tiene que ver con la primera. Kobe tiene que implicar un poco más a Pau Gasol en el ataque del equipo.

El es la principal referencia, pero hasta que llegó Pau los Lakers no pasaban de primera ronda de play-offs pese a las exhibiciones ofensivas de Bryant. Ahora, con el de Sant Boi en sus filas, llevan una final y un título en dos años. Gasol cambió la dinámica de los Lakers. Eso sí, los tiros finales dejémoselos a Bryant. Parece un valor seguro.

Vuelve un grande

Ayer se hizo oficial que Pepu Hernández vuelve a los banquillos. Lo hace como nuevo técnico del Joventut de Badalona, con el que ha firmado para lo que resta de campaña y dos más, en lo que es, sin duda, una gran noticia para el mundo del baloncesto.

Llevaba Pepu sin entrenar desde el verano de 2007. Por aquel entonces, la selección nacional se había proclamado subcampeona de Europa. Un hecho que, en su momento, más que considerarse un logro, se vio como un fracaso.

España venía de ganar el Mundial de Japón en 2006. Su juego fue primoroso. Se defendió a la perfección. Se atacó mejor, con un baloncesto bonito, rápido y a la vez efectivo, y se ganó. Sólo Argentina, en un partido de semifinales marcado por su dureza, muchas veces fuera del reglamento, y la tensión, puso en aprietos al equipo nacional que, como ya hemos publicado en anteriores post, venció en esa final a Grecia por un contundente 70-47.

Todo el mundo recuerda que ese partido no lo jugó Pau Gasol, lesionado en la semifinal. Pero pocos se acuerdan de un hecho que tuvo mayor trascendencia. Sucedió el día previo a la gran cita.

Caía la noche en Saitama. Era de día en España cuando Rafa Vecina, entonces entrenador ayudante en la selección y amigo intimo de Pepu, recibió la llamada de la mujer del seleccionador. Esta le dio una triste noticia. El padre de Pepu había fallecido. Vecina estaba en una tesitura. Podía esperar a que se jugara la final para comunicarle este hecho a Pepu o podía hablar en ese momento con él. No dudó. Rápidamente le dio la noticia al seleccionador.

El baloncesto pasó en en ese momento a un segundo plano. Lo importante era saber como estaba Pepu que, sin derrumbarse tras saber la noticia, pidió a sus ayudantes que estuvieran atentos al partido, a esa gran final, que lo siguiesen como nunca por si él fallaba, cegado por la emoción. Pero Pepu no falló. La defensa que planteó fue de libro y España ganó su primer gran título. Su imagen, tras ser campeones del mundo, mientras sonaba el himno, con la mano en el pecho y emocionado, será difícil de olvidar.

Como también será difícil de olvidar el recibimiento a la selección en Madrid. La Plaza Castilla se llenó bien entrada la noche del 4 de septiembre de 2006 para homenajear a los campeones del mundo. Uno a uno, los jugadores fueron saliendo al escenario que se había montado, en el que fueron ovacionados. El último en aparecer fue Pepu, entre reverencias de sus pupilos, y los aplausos que recibió fueron mayores que los que le dieron a Pau Gasol.

El, entonces, comedido, habló. Alabó el trabajo del grupo y pronunció una frase ya mítica: "a partir de ahora se va a hablar mucho de ba-lon-ces-to". Pepu separó en sílabas una palabra, la del deporte que tanto ama y al que tanto ha dado.

Un año después llegó ese subcampeonato en el Europeo de Madrid en el que el equipo nacional, pese a ser el mejor, pagó el cansancio en la final contra Rusia. Los excesos publicitarios a los que fue sometido el conjunto tampoco ayudaron mucho. La relación que tenían Pepu y el presidente de la Federación Española, José Luis Saéz, se rompió. Meses después, Sáez prescindió del seleccionador alegando dejación de responsabilidades, en lo que fue una decisión más personal que deportiva.

Más de dos años se ha pasado Pepu lejos de los banquillos. Ahora vuelve al del Joventut, quizá el ideal para él. En la Penya podrá trabajar con total libertad y aplicar esos métodos que tan buen resultado le dieron en la selección y, antes, en el Estudiantes.

Pepu creció en el club del Ramiro de Maeztu, en el que supo dar oportunidades a los más jóvenes y sacó grandes jugadores para nuestro baloncesto. El Joventut es, en ese sentido, el equipo más parecido al Estu. Ambos han sido siempre las mejores canteras de España.

El deporte de la canasta está pues de enhorabuena. Vuelve un gran técnico. Un psicólogo dentro de la cancha cuyas palabras siempre son las correctas. Vuelve Pepu, el mesurado hombre de la barba. El hombre que ama tanto el ba-lon-ces-to.

De Tanqueta a Big Marc

Hace cuatro años, el entonces seleccionador nacional de baloncesto, Pepu Hernández, tomó una decisión que cambió el futuro de un hombre, de Marc Gasol. Ante la incredulidad de alguno, entre los que me incluyo, Pepu eligió al mediano de los Gasol como sustituto de Fran Vázquez en la convocatoria de 12 hombres que iban a acudir al Mundial de Japón.

Marc era por entonces el hermano de Pau. Un chico con algún kilo de más que no jugaba en el Barça, al que en las categorías inferiores del conjunto azulgrana se le conocía como 'Tanqueta', un apodo que le gustaba. Su futuro era incierto. Cuando Pau se marchó a Memphis, toda su familia se fue con él. También lo hizo Marc, que jugó en el equipo del instituto de la ciudad. Luego volvió al Barcelona, donde, como hemos dicho, Ivanovic no le dio bola.

Llegó entonces el Mundial y todo cambió. Para empezar, Marc perdió cuatro kilos en menos de una semana para estar a tono. A partir de ese momento, todo le vino de cara. La lesión de Felipe Reyes al principio del torneo le hizo jugar más de lo esperado. No lo hizo mal. Cumplió. Hasta que llegó la gran final.

No hace falta recordar que España jugó ese partido sin Pau Gasol, que se lesionó en la semifinal ante Argentina. Pero si lo hizo con Marc. El combinado que dirige Pepu Hernández hizo en la primera parte la mejor defensa que uno ha visto en años. Llegó a todas las ayudas. Cerró todos los huecos a los jugadores helenos, incluso a Schortsianitis.

Este era uno de los hombres más peligrosos de Grecia. Había jugado muy bien ante Estados Unidos. Su físico era tremendo. Pero Marc lo paró. Lo sacó de la zona en cada jugada. Así cada minuto. España ganó ese partido por 70-47. Se proclamó campeona del mundo y Marc creció y creció.

Sin temor a nada ni a nadie, se fue cedido al Akasvayu Girona. Allí jugó dos años, en los que se convirtió en una estrella. Fue MVP de la ACB y aprendió todo lo necesario para ser lo que hoy es: un pívot dominante en la NBA. Mejoró sus movimientos, su tiro, su coordinación y perdió mucho peso con un dieta equilibrada y muy cuidada. Era otro.

Los Grizzlies vieron en él un diamante en bruto y no se equivocaron. Recibieron sus derechos en el traspaso de su hermano Pau a los Lakers y no se arrepienten de ello. Su primera temporada fue buena. La segunda está siendo extraordinaria. Con Zach Randolph forma la mejor pareja interior de una Liga en la que promedia más de 15 puntos y 10 rebotes por partido.

Hace dos dias en el Madison, ante los Knicks, rozó el triple-doble y el técnico de los locales, Mike D'Antoni, cuya sabiduría baloncestistica está lejos de toda duda, dijo que podría llegar al nivel de su hermano Pau. Creo que eso es muy difícil, casi imposible. En el baloncesto español habrá un antes y un después de Pau. Su nivel es superlativo. Pero Marc llegará lejos.

Se ha acoplado a los Grizzlies de maravilla. Su inglés es perfecto. Bromea como el que más con todos y es el alma del equipo. Todo gira en torno a él. Es el pegamento que une a un conjunto que hace un año no ganaba nada. Por eso, quizás, la prensa americana le ha bautizado con nuevo apodo. Ya no es 'la Tanqueta'. Ya no es el hermano de Pau. Ahora es 'Big Marc'.

Equipo del vestuario


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