5 posts de julio 2010

Raúl y la cuadratura del círculo

El 29 de octubre de 1994 un chico de 17 años llamado Raúl González Blanco hizo su debut en primera división con la camiseta del Real Madrid en Zaragoza. El 24 de abril de 2010 un hombre de 33 años llamado Raúl González Blanco disputó su último partido con la camiseta del Real Madrid en Zaragoza. Como si el destino lo hubiese querido Raúl comenzó y terminó su andadura profesional en el mismo lugar, en La Romareda.

Cuando este mediodía Raúl ha anunciado de manera oficial que deja el club blanco a todos se nos han venido a la cabeza aquellas imágenes del primer partido en el que vimos jugar al 'siete'. Aquel día vimos a un chico delgado, alto, todo desparpajo y velocidad que marró numerosas ocasiones de gol. El Madrid perdio por tres a dos y algunos le dieron palos por todos los lados. Palos que se convirtieron en elogios cuando una semana después forzó un penalti y le metió un gol al Atlético de Madrid en su debut en el Bernabeu. 'Había nacido una estrella' era el titular más común. Hoy la estrella se ha apagado.

Raúl abandona el Real Madrid y lo hace después de haber batido todos los récords. En 16 años ha jugado 741 partidos con la camiseta blanca, en los que ha metido 323 goles. Ha ganado seis Ligas, tres Copas de Europa, cuatro Supercopas de España, dos Intercontinentales y una Supercopa de Europa. Números increibles para un jugador increible, pero Raúl es algo más que esos números.

Raúl es un jugador de club, de equipo, sacrificado, que piensa en los demás antes que en él, el primero en llegar a entrenar, el último en irse. Todo aquel aficionado que haya pasado por el Bernabeu ha visto siempre al 'siete' correr, presionar, ir de un lado a lado para recuperar un balón. Todo aquel aficionado que haya visto un partido del Madrid ha oido muchas veces esta frase: Raúl es duda por una lesión. Es casi imposible que juegue el partido. ¿Qué terminaba pasando? Que Raúl acababa jugando y casi siempre hacía algo importante.

Baste como ejemplo su último partido con la camiseta blanca. Corría el minuto 49 de partido cuando el capitán del Madrid pidió el cambio. Su tobillo había dicho basta. No podía seguir en el campo. Pero el balón siguió en juego. No salió y Raúl, como durante 741 partidos de blanco, no le perdió la mirada. Lo buscó. Se metió en el area chica y espero a que le llegara para adelantar a su equipo y mantenerle vivo en la lucha por la Liga.

El 'siete' lo celebró a lo grande, con rabia e inmediatamente fue sustituído. Fue la cuadratura del circulo. Raúl debutó en La Romareda y puso fin a su etapa en el club blanco en ese mismo estadio. El ya lo debía saber cuando acabó el partido. Conocedor de su cuerpo como pocos, se notó el tobillo dañado. Era su último encuentro con el Madrid, por eso se llevó el balón del partido.

Ahora Raúl afronta una nueva aventura que le va a llevar dos años a Alemania, a jugar en el Schalke 04. Podría haber seguido en el Madrid jugando poco, cobrando mucho y levantando Copas. O podría haberse ido a Estados Unidos a una jaula de oro en la que terminar su vida deportiva, pero Raúl no es de esos.

Raúl es un jugador que lleva la competición en la sangre. No soporta estar sentado en el banquillo, aunque en el Madrid ha dado ejemplo como si fuera el segundo entrenador en el año de su declive. No soporta el no luchar por titulos, por eso se va a Alemania, donde seguro que dará que hablar. Eso sí, siempre desde el trabajo y con la maxima educación.

El Real Madrid pierde hoy a algo más que un jugador. Pierde a un símbolo, a un emblema, a un referente que lo ha dado todo por su club. Qué mejor ejemplo que ese último gol en Zaragoza. Fue la cuadratura del circulo, el fin en nuestro país de un delantero inolvidable con nombre y apellidos: Raúl González Blanco, algo más que un jugador.

Somos campeones del mundo

Somos campeones del Mundo. Sí. No es un sueño, es verdad. Cuando ayer pasadas las 11 de la noche Iker Casillas levantó esa preciosa copa dorada, de seis kilos de peso, se cumplió uno de los pocos logros que le faltaba al deporte español, porque no decirlo, el más importante.

Se había ganado todo en baloncesto, en tenis, en ciclismo, pero faltaba la guinda al pastel, esa que ayer pusieron los chicos de Vicente del Bosque. Un entrenador humilde, que siempre ha querido evitar el protagonismo, pero que ha dirigido con maestría a un equipo de ensueño, haciendo los cambios en el momento perfecto y manejando la presión a la perfección.

No ha sido fácil el papel de Del Bosque, al que no le ha dado el clásico ataque de entrenador antes del Mundial, como tampoco ha sido fácil el papel de muchos de nuestros jugadores. Y si hablamos de uno en el que estaban puestas todas las miradas, ese no era otro que Iker Casillas.

El capitán de la selección llegaba a este Mundial cuestionado por una temporada irregular en su equipo y por su relación con una periodista que iba a cubrir este acotencimiento ¿qué culpa tendrá él de eso? Sin embargo, Iker ha cumplido con creces.

Casillas allanó el camino que nos daba el pase a semifinales por primera vez en la historia con el penalty parado a Cardozo, el delantero de Paraguay, y con otra intervención milagrosa en el descuento. Y ayer, volvió a aparecer cuando más se le necesitaba.

Corría el minuto 62 de partido cuando Robben recibió un pase preciso que le dejó sólo delante de Iker. Eso era gol. Pero entonces volvió a aparecer él, ese chaval de Mostoles que, como suele decir ha recibido más tiros que en la guerra de Sarajevo. Aguantó hasta el momento en el que se tuvo que lanzar al suelo. Su cuerpo fue a la izquierda. Sus pies a la derecha, para desbaratar la ocasión del partido.

Esos tres segundos, como dicen mis grandes compañeros Rubén y Emilio con los que es un placer trabajar, hablar y disfrutar del día a día (¡¡¡Qué gran Mundial hemos pasado!!!) se nos hicieron eternos. A día de hoy son inolvidables. Todo gracias a Iker.

Como también fue inolvidable el minuto 116 de partido. El 26 de la prórroga. La Holanda más pobre, sucia y fea que hayamos visto en mucho tiempo nos tenía muy cerca de los penalties. Pero entonces apareció Andrés Iniesta, que tras recibir un pase de Cesc, marcó el único tanto del partido, el que nos iba a dar el título.

Fue un guiño del destino. Iniesta, el hombre que más lesiones ha sufrido este año, el que peor lo pasó por la muerte de su amigo Jarque, tuvo que ser el que marcara el tanto decisivo. ¿Quién mejor para pasar a la gloria que Andrés? Aún no se conoce a nadie que haya dicho algo malo del de Fuentealbilla.

El representa mejor que nadie a este conjunto en el que lo colectivo prima sobre lo individual, en el que todos son chicos normales. Quizá esa sea la clave de su éxito. Su forma de ser, su normalidad, como la de la gran mayoría de deportistas españoles, representados ayer mejor que nadie por Rafa Nadal, el número uno del tenis mundial, ataviado con una camiseta roja y la cara pintada para animar a la selección esta final.

Por eso no hay equipo mejor que España para ganar este Mundial. Un Campeonato que se ha celebrado en Sudáfrica, un país cambiado gracias a la figura de Nelson Mandela. Mandela construyó un país nuevo, sin odios ni tensiones, sin miedos. Algo parecido ha hecho la selección que, con su juego y personalidad, ha hecho que todos la admiremos sin importar el pasado, las rencillas, los fallos.

Ahora sólo importa España, la nueva campeona del mundo. Toca disfrutar. Nos lo hemos ganado.

Toda una vida

A duras penas puedo aguantar. He dormido mal, me despertaba de vez en cuando y siempre con una imagen en la cabeza: la de Iker Casillas levantando la Copa del Mundo. Seis kilos de peso, cinco de oro puro. Como oro es esta generación de futbolistas que por fin están a puntos de hacernos tan felices. Lo reconozco, aún no me lo creo. España en la final de un Mundial de fútbol. Sí, lo nunca visto y lo siempre soñado. Sí, el sueño está cerca.

Pongo la radio, la tele, leo la prensa en Internet y allí está la La Roja. Uniéndonos a todos bajo una misma bandera, haciendo más grande a un país con ganas de victoria, con ganas de ser algo grande. Y ya no sé donde mirar porque cuanto más oigo, más veo, más leo, más nervioso me pongo. El día es eterno, no pasan las horas. Y miro hacia atrás y me acuerdo de todos los que un día soñaron con este día.

Sigo diciendo, pensando que muchos grandes futbolistas de este país merecieron algo más. Que hemos tenido grandes selecciones. No viví la de los 50, pero he oído de ella por mis mayores. Mi primer recuerdo es de Argentina 78 cuando todos disparamos a puerta contra Brasil. Todos menos Cardeñosa. Y luego llegó el fiasco del 82. Pero en México pudo ser, con una gran selección y un inmenso Butragueño. Y luego nos faltó poco en EE.UU cuando lo de Salinas y Tassotti. Y quizá menos aún en Corea cuando nos topamos con al-ghandour. Ellos merecieron más y abrieron un camino que hoy puede culminar la mejor generación de futbolistas de la historia en España.

Antes teníamos grandes jugadores, pero ahora todos son grandes jugadores. Y un gran grupo, unido entorno a la idea de ganar, de triunfar. Han hecho de una convocatoria una selección, un equipo respaldado por todo un país. Ya somos Brasil, Argentina, Italia, Francia...esos países que siempre seguíamos en las finales porque detrás de ellas había un país que se partía el pecho animando a su selección.

Del Bosque daba las gracias a todo el fútbol español, a las categorías inferiores, esas en las que ya éramos campeones. Hoy toca dar las gracias a todos aquellos que trabajan de forma casi invisible con los chavales. Gracias a usted también, señor Del Bosque.

Y gracias a Don Luis que se inventó eso de La Roja. Entorno a ella han surgido anuncios y canciones, que han ayudado al éxito. Periodistas, antes un tanto ajenos a lo que ocurriera con nuestra selección. No todos, pero sí muchos. Y sobre todo jugadores. Hoy ya no es un "marrón" acudir a la selección. Ahora es un orgullo, un honor. Y en ese orgullo de ser "español, español, español" estamos todos. Sí, estoy nervioso. Llevo toda una vida esperando este momento.

La historia más grande jamás contada

No nos cansamos de decirlo, no nos cansamos de gritarlo a los cuatro vientos, no nos cansamos de celebrarlo. España va a jugar la final del Mundial de fútbol, lo más grande que se puede hacer en este deporte, Y además, nos metemos en esa final por la puerta grande, haciendo el mejor partido del Mundial, volviendo a ser la España que nos maravilló en la Eurocopa, pasando otra vez por encima de la mejor Alemania de los últimos tiempos . Qué bonito es estar donde nunca hemos estado, en el reino de los elegidos, rozando con los dedos la gloria.

La semifinal de ayer se presentaba como el choque de los dos colosos del Mundial, pero sólo hubo uno. La Alemania que goleó a Inglaterra y a Argentina en las dos rondas anteriores, la que toda la prensa elogiaba como la que practicaba el mejor fútbol, tuvo que volver a ser la Alemania de siempre.

Replegada, prudente, ordenada y buscando el contragolpe, mientras España dominaba, tocaba tenía, el balón de forma abrumadora, lo recuperaba con rapidez y daba una auténtica lección a los alemanes, que ayer no fueron más que aprendices y asistieron a una exhibición con localidades de lujo. Xavi volvió a ser el guía, el líder por el que pasaban todas las jugadas.

Pedro, la sorpresa de la alineación titular, hizo un partidazo: se ofreció, se movió con criterio, enlazó perfectamente con los delanteros, se atrevió con el disparo: parecía que lleva 15 años jugando con la selección y hace dos temporadas estaba luchando en tercera división. Xabi Alonso y Busquets, el doble pivote que ha sido objeto de tanto debate en este mundial, funcionó como un reloj, sujetando al equipo en el centro del campo, Piqué se hizo muy grande en defensa anticipándose a los gigantes alemanes y Puyol, el gran Puyol, fue el que nos dio ese gol que no llegaba, lo único que faltaba para certificar la superioridad de España.

Esta vez no hizo falta Villa y el defensa del Barça metió un gol al estilo alemán, en una jugada a balón parado, alzándose por encima de la defensa y conectando un cabezazo imparable, un cabezazo en el que iban las ilusiones de todo un país, la historia de 100 años de fútbol, la sentencia justa y merecida al juego de España.

Sólo nos faltó aquello que nos ha faltado en todo el campeonato: matar el partido, convertir en goles el dominio, abrir la lata y comernos todos los berberechos…pero hubo que sufrir, contar los segundos hasta el final y explotar de alivio y de alegría cuando el húngaro pitó el final. Perdonamos a su compatriota Sandor Puhl por todos sus pecados en el 94, porque ahora su lugar en el recuerdo lo ocupará este Viktor Kassai que , que apenas tuvo problemas ni jugadas polémicas que dirimir en el partido. Ni siquiera sacó una sola tarjeta.

El domingo nos espera Holanda, pero ya no nos asusta nadie. Ya nos hemos quitado de encima todos los lastres que nos pusimos con la derrota inaugural con Suiza. Hemos vuelto y es para quedarnos, al menos hasta que el árbitro pite el final en Johannesburgo. No sabemos si con Alemania fuera, nuestro amigo el pulpo Paul del acuario de Oberhausen, benditos sus tentáculos, se atreverá a hacer un último vaticinio. Paul, no hace falta, tómate una de mejillones a mi salud porque yo, el domingo, apuesto por la roja.

Tocamos la gloria

España está en la final de un Mundial, de nuestro Mundial. Lo escribo y no me lo puedo creer, aunque es verdad. Son muchos años de decepciones, de malos partidos, de vueltas a casa prematuras. Pero esta vez no. Los nuestros han ido por la Copa del Mundo y veo a Casillas levantándola.

Lo primero que se me viene a la cabeza es el recuerdo de mi padre que siempre amó a la selección. Siempre la veía jugar, en los buenos tiempos, que los hubo cuando el gol de Zarra o el de Marcelino, y en los malos, que fueron mayoría. "Da igual, juega España", decía. Este es el primer Mundial que no puedo compartir con él, pero sí quiero darle las gracias allá donde esté por haberme inculcado el amor por La Roja.

Esta España es indudablemente increíble, la mejor de la historia. Ya tienen una Eurocopa y está a un paso de tener un Mundial. Pero creo que también sería justo tener un recuerdo para todos y cada uno de los que vistieron nuestra camiseta tiempo atrás y les faltó esa "pizca". Ellos abrieron el camino. Por cierto, enorme Busquets en el partido de hoy y en este mundial. Quizá sino fuera por un tal Guardiola hoy estaría jugando en tercera división. Gracias también a Pep.

Y sobre todo, gracias a todos y cada uno de los que forman parte de este equipo que siempre han estado convencidos de sus posibilidades. Cuando había dudas, ellos pusieron luz y cordura. Y seguridad. Acierto de Del Bosque al poner a Pedro. El salmantino ha sabido gestionar a la perfección la herencia recibida del anterior seleccionar, Luis Aragonés. Es un hombre bueno, en toda la extensión de la palabra, que ha sabido mantener unido al mejor grupo de futbolistas de la historia.

Pero sobre todo esta selección tiene la virtud de habernos situado a la altura de Argentina, Brasil, Alemania, Italia o Francia, donde la gente sí siente su camiseta. Ahora ya no somos una afición que anima a su club somos una afición que adora a su selección y que luce con orgullo la camiseta española. Esta selección nos une como país, desde Almería a Barcelona pasando por todas las ciudades y pueblos. Porque esta es la selección que nos hace sentirnos orgullosos de ser españoles.


El análisis del partido de hoy lo dejo para otro momento en el que las emociones no me inunden el corazón y los ojos. ¡¡¡¡Viva España y la madre que parió a Puyol!!!!

Equipo del vestuario


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