El gran cambio de Fernando Alonso
Han pasado ya más de 24 horas desde que Fernando Alonso perdiera el Campeonato del Mundo de Fórmula Uno. Perder es una buena palabra para explicar lo que hizo Ferrari el domingo, aunque los análisis ya se han realizado y no por más que se repitan van a cambiar lo sucedido.
Es cierto que la escudería italiana se equivocó al hacer que Alonso entrara en boxes en la vuelta 15 tratando de marcar a Webber, que su actitud conservadora no ayudó. El error fue mayúsculo, de los que se recordarán durante años, pero en Ferrari también se han hecho cosas bien esta temporada y como siempre dice Alonso: "Tras 19 carreras, el campeonato siempre lo gana el mejor". Ese ha sido Vettel a los mandos de su Red Bull.
El alemán se ha impuesto en cinco Grandes Premios este año, ha hecho 10 poles y ya es el piloto más joven en ganar el Mundial. Todos estos datos pueden explicar un poco más sus lágrimas nada más cruzar la línea de meta en Abu Dhabi. Aunque si hay que quedarse con un sollozo de los que vimos ayer, me quedo con el de Fernando Alonso.
El español siempre nos ha parecido un hombre de piedra, frío, calculador e inalterable ante la presión. Todo estos adjetivos, y muchos más, le han convertido en el mejor piloto, sin discusión, otra cosa es el coche que lleve; pero también en alguien que no llegaba al aficionado del todo, al que le faltaba algo para ser el más querido.
Cuando Alonso se bajó ayer de su Ferrari con ese semblante triste, con cara de circunstancias y acudió a hablar con la prensa todos nos temimos lo peor. Pensamos que iba a criticar a su equipo, no sin razón, pero una de las cosas que hizo fue decir un "lo siento por ellos", algo que, junto a las felicitaciones al nuevo campeón, nos descubrieron el cambio defintivo del asturiano.
Alonso ya no es el que era, su metamorfosis ha sido total, y para bien. En su época en Renault ganó sus dos títulos mundiales, pero sus críticas al equipo cuando perdía son recordadas. En McLaren la cosa fue a más. Acabó peleado con casi toda la escudería al acusarles de beneficiar a Hamilton en una guerra que dejó a ambos sin título en 2007 cuando tenían el mejor coche.
Ahora, en 2010, el español ha encontrado en Ferrari una familia. Ha trabajado en beneficio del equipo. Ha puesto todo de su parte para mejorar el coche. Ha liderado una remontada histórica, sin malas caras y con el trabajo que siempre le ha caracterizado. Sus ingenieros lo han dado todo por él, esfuerzo, sacrifició, tiempo... Todo esto, junto su pericia al volante, han hecho que Alonso haya estado a punto de ganar el título con un coche inferior. Al final no lo ha conseguido.
El campeonato se le ha escapado al asturiano de la forma más cruel, en el último Gran Premio y por un error de los suyos, algo que nunca se le va a olvidar. De no ser por eso Alonso acapararía hoy todas las portadas de la prensa y sería un héroe, pero hay veces que una derrota puede ayudar. Aunque quizá no lo sepa, eso ya le ha sucedido a Alonso.
La forma de afrontar el golpe del español ha sido ejemplar, lo que ha hecho que tenga toda la admiración tanto de su equipo como del gran público. Así es como se construye un campeón. En nuestro país sabemos bien de lo que hablamos, pues tenemos dos ejemplos muy claros: se llaman Rafa Nadal y Pau Gasol. A ambos se les quiere, se les adora por su actitud, más elegante aún fuera que dentro de las pistas. Alonso tiene un buen espejo en el que mirarse, poco a poco parece que consigue acercarse a ellos. El asturiano ha cambiado.



