3 posts de noviembre 2010

El gran cambio de Fernando Alonso

Han pasado ya más de 24 horas desde que Fernando Alonso perdiera el Campeonato del Mundo de Fórmula Uno. Perder es una buena palabra para explicar lo que hizo Ferrari el domingo, aunque los análisis ya se han realizado y no por más que se repitan van a cambiar lo sucedido.

Es cierto que la escudería italiana se equivocó al hacer que Alonso entrara en boxes en la vuelta 15 tratando de marcar a Webber, que su actitud conservadora no ayudó. El error fue mayúsculo, de los que se recordarán durante años, pero en Ferrari también se han hecho cosas bien esta temporada y como siempre dice Alonso: "Tras 19 carreras, el campeonato siempre lo gana el mejor". Ese ha sido Vettel a los mandos de su Red Bull.

El alemán se ha impuesto en cinco Grandes Premios este año, ha hecho 10 poles y ya es el piloto más joven en ganar el Mundial. Todos estos datos pueden explicar un poco más sus lágrimas nada más cruzar la línea de meta en Abu Dhabi. Aunque si hay que quedarse con un sollozo de los que vimos ayer, me quedo con el de Fernando Alonso.

El español siempre nos ha parecido un hombre de piedra, frío, calculador e inalterable ante la presión. Todo estos adjetivos, y muchos más, le han convertido en el mejor piloto, sin discusión, otra cosa es el coche que lleve; pero también en alguien que no llegaba al aficionado del todo, al que le faltaba algo para ser el más querido.

Cuando Alonso se bajó ayer de su Ferrari con ese semblante triste, con cara de circunstancias y acudió a hablar con la prensa todos nos temimos lo peor. Pensamos que iba a criticar a su equipo, no sin razón, pero una de las cosas que hizo fue decir un "lo siento por ellos", algo que, junto a las felicitaciones al nuevo campeón, nos descubrieron el cambio defintivo del asturiano.

Alonso ya no es el que era, su metamorfosis ha sido total, y para bien. En su época en Renault ganó sus dos títulos mundiales, pero sus críticas al equipo cuando perdía son recordadas. En McLaren la cosa fue a más. Acabó peleado con casi toda la escudería al acusarles de beneficiar a Hamilton en una guerra que dejó a ambos sin título en 2007 cuando tenían el mejor coche.

Ahora, en 2010, el español ha encontrado en Ferrari una familia. Ha trabajado en beneficio del equipo. Ha puesto todo de su parte para mejorar el coche. Ha liderado una remontada histórica, sin malas caras y con el trabajo que siempre le ha caracterizado. Sus ingenieros lo han dado todo por él, esfuerzo, sacrifició, tiempo... Todo esto, junto su pericia al volante, han hecho que Alonso haya estado a punto de ganar el título con un coche inferior. Al final no lo ha conseguido.

El campeonato se le ha escapado al asturiano de la forma más cruel, en el último Gran Premio y por un error de los suyos, algo que nunca se le va a olvidar. De no ser por eso Alonso acapararía hoy todas las portadas de la prensa y sería un héroe, pero hay veces que una derrota puede ayudar. Aunque quizá no lo sepa, eso ya le ha sucedido a Alonso.

La forma de afrontar el golpe del español ha sido ejemplar, lo que ha hecho que tenga toda la admiración tanto de su equipo como del gran público. Así es como se construye un campeón. En nuestro país sabemos bien de lo que hablamos, pues tenemos dos ejemplos muy claros: se llaman Rafa Nadal y Pau Gasol. A ambos se les quiere, se les adora por su actitud, más elegante aún fuera que dentro de las pistas. Alonso tiene un buen espejo en el que mirarse, poco a poco parece que consigue acercarse a ellos. El asturiano ha cambiado.

Los cínicos no sirven para este oficio, ¿o quizá sí?

La UCI le pidió ayer a la Federación Española de ciclismo que le abriera un expediente sancionador a Alberto Contador. Las cosas se enturbian cada día más en un caso que va para largo. ¿De dónde procede el clembuterol encontrado en la orina del español? ¿Actua la UCI presionada por la AMA? ¿Cómo va a acabar todo esto?

Las preguntas se suceden en un caso que está detruyendo un poco más el ciclismo. El fuego comienza a extenderse y Bjarne Rijs ha decidido echarle gasolina para que el incendio sea mayor.

Desde hoy se puede encontrar en las librerías la biografía del danés y la verdad es que ésta no tiene desperdicio. En este tipo de libros uno suele contar su vida, anécdotas y demás cosas. Si eres ciclista aprovechas ya de paso para dar un curso gratis a los demás de cómo te has dopado.

En su libro, Rijs cuenta que realizó esta práctica durante toda su carrera, que era algo "normal" si querías tener un buen contrato y no tiene reparos en explicar hechos que llaman la atención. El danés reconoce que tenía EPO en la nevera de su casa, a la vista de todos, que su mujer lo sabía y que se gastó entre 70.000 y 134.000 euros a lo largo de su carrera en productos dopantes.

Todo esto sorprende bastante, por más que hubiera ciertas sospechas sobre Rijs, pero es un hecho el que más me ha llamado la atención: durante el Tour de 1998, el más vergonzoso de los últimos años en lo extradeportivo; el del 'caso Festina', el de los controles sin cesar, los coches vigilados; el de los gendarmes a las puerta de los hoteles deteniendo a los ciclistas cual delincuentes, Rijs reconoce que tiró todo su arsenal de cápsulas y productos dopantes por el retrete del hotel en el que se alojaba su equipo. Hasta cierto punto, éste es un hecho normal. El danés era un tramposo, pero también un ser humano y tenía miedo.

Lo que no es tan normal es lo siguiente: días después de que esto sucediese, los ciclistas, por primera vez en la vida, se unieron para algo. Decidieron que era el momento de plantarse y se pararon. Se negaron a correr. El Tour de la verguenza estaba tocado, pero iba a ser hundido. Entonces, unos cuantos corredores ejercieron de mediadores, hablaron con los directores de la ronda gala y la carrera se puso en marcha de nuevo. Uno de estos hombres fue Bjarne Rijs, que ya se había olvidado de su affaire en el baño, para dar la cara. El más cobarde quiso ser el más valiente en un acto del más puro cinismo.

Ese Tour se lo llevó finalmente el mejor escalador que uno ha visto, el gran Marco Pantani, tras destrozar bajo la lluvia y el frío del Galibier a Ullrich. Dos corredores con algo en común: han sido grandes, tienen un Tour y también han sido víctimas del dopaje. Rijs también ha ganado la ronda gala una vez, en el 96. Hace tiempo, y no ahora cuando lo ha recalcado, reconoció que lo hizo tomando sustancias prohibidas y que si alguien quería quitárselo y llevarse el maillot, colgado en el garaje de su casa, lo entendería.

Hoy el danés es el director del equipo Saxo Bank, por el que acaba de fichar Contador, del que se han ido los hermanos Schleck. Desde hace tiempo su lucha contra el dopaje en el seno de su equipo ha sido total. Así lo explica con palabras, datos y parece que con hechos, ya que mientras los escándalos no paran de salir en el resto de conjuntos el suyo parece limpio.

Puede que Rijs haya cambiado y sea el ejemplo a seguir, el paradigma del nuevo ciclismo. Puede que no y nos tenga a todos engañados. ¿Qué creer? Difícil elección. Cada hora, cada día, cada semana, cada mes que pasa hay alguna novedad en este deporte, y no suele ser muy buena. La autobiagrafía de Rijs es sólo un ejemplo, pero un ejemplo de qué ¿del pasado o de un presente igual de turbio?

Messina, tenemos un problema

El Real Madrid de baloncesto se encuentra en una situación complicada. Puede que los resultados no lo indiquen: lleva cuatro victorias por una sóla derrota en la Liga ACB y un triunfo y un partido perdido, ante el todopoderoso Olimpiacos, en la Euroliga, pero las sensaciones así lo muestran.

El pasado sábado los blancos se presentaron en Alicante como líderes invictos de la ACB. La situación no podía ser mejor, enfrente estaba el colista, la racha podía seguir, pero el Madrid se encontró enfrente a un rival que luchó mucho más, que busco el triunfo desde el primer momento y que, sobre todo, no se dejó llevar. Todo esto ante la mirada del presidente de la entidad, Florentino Pérez en el palco.

No es muy dado Florentino a acudir a los partidos de la sección de baloncesto, el patito feo del club se mire como se mire, y para una vez que va se encuentra con esto. Ahora que Pérez parecía haber invertido un poco más en el deporte de la canasta.

Dicen que lo primero que hizo Florentino cuando decidió presentarse en 2009 como candidato a las elecciones del Real Madrid fue pedirle a su hombre de confianza, Jorge Valdano, que se reuniera con Ettore Messina para que liderara el nuevo proyecto blanco.

Valdano cumplió. Convenció a Messina y el técnico italiano dejó al todopoderoso CSKA de Moscú para reflotar la nave blanca. De momento, los resultados no han llegado y el barco va a la deriva.

En su primera campaña en el banquillo del Madrid, Messina armó un equipo veterano para tratar de devolver al Madrid a lo más alto tanto en España como en Europa. Este no cuajó. Algunos jugdores estuvieron debajo de su potencial. El técnico no les sacó todo el partido, con castigos a veces incomprensibles y, para colmo, vio como enfrentaba un Barça espectacular, que le arrasaba cada vez que jugaban.

Este año el Madrid tiene un nuevo proyecto, el segundo de la era Messina. La veteranía ha dado paso a la juventud. A los Kaukenas, Lavrinovic, Jaric o Almond les han suplido Sergio Rodríguez, Carlos Suárez, Tucker o D'or Fischer. La idea en los despachos ha cambiado, dentro es la misma.

Messina pide siempre el todo a sus jugadores. No les perdona una y cree que desde el trabajo y con mano dura se debe llegar al éxito. Razón puede que no le falte. A un técnico que ha ganado cuatro Euroligas no se le discute, pero puede que deba abrir un poco la mano antes de que el equipo y el proyecto se le vayan de las manos, si es que no se le han ido ya.

Cuando se le habla de algún jugador, el italiano siempre pone como ejemplo a Llull. El menorquín ha jugado de base, de escolta y se alterna en ambas posiciones sin rechistar. Si le ponen de pívot también jugará y seguro que mejor de lo que muchos piensan porque es muy bueno. Esa es la 'Teoría Messina'. Con Llull le ha salido bien. Este jugador no se hunde ante nada, pero hay otros que son más frágiles.

Más frágil es Velickovic, que venía como estrella de futuro y ya no sabemos lo que es. Era un fantástico ala pívot cuando llegó, pero, de repente, su rendimiento bajó. Luego Messina le colocó de alero. Jugó el Mundial de 'cuatro' y ahora vuelve a ser 'tres'. Messina dice que debe adaptarse a este puesto, que de ala pívot sufrirá ante hombres más grandes, pero Velickovic sufre con solo salir a la cancha.

Cualquier fallo del serbio es castigado, a veces con razón, pero se ha perdido un jugador que pintaba muy bien. Suárez le ha pasado por delante a base de un gran juego, acaba de se nombrado MVP del mes de octubre en la ACB, y de una lucha constante.

Ahora queda por ver como se acopla Sergio Rodríguez en su vuelta a Europa, cuánto le durará a Messina la paciencia con él y cómo volverá Prigioni tras su lesion, ¿será capaz de volver encararse con su técnico como en la primera jornada liguera ante el Estu? Después del incidente, en ese partido no jugó más.

Hay quien sigue confiando en Messina para dirigir al Madrid; hay también quien duda de él. El italiano es un grandísimo entrenador, además es un caballero, abundan pocos; pero su caso me recuerda al de Dusko Ivanovic cuando fue cesado a mitad de temporada por el Barça.

Sea como sea. Haga lo que haga, la directiva del Madrid debe plantearse una cosa: este club debe tener un proyecto a largo plazo con un técnico en quien confiar y una cancha fija en la que jugar. No debe mirar al gran rival, al Barça, pese a la superioridad últimamente aplastante de los azulgrana. Sólo así podrá volver a estar en lo más alto. Esa es la clave.

Scariolo, Imbroda, Lamas, Maljkovic, Plaza, puede que ahora Messina... El banquillo blanco cambia de inquilino demasiado rápido y la cosa sigue igual. Falta estabilidad. El entrenador no tiene toda la culpa. Hay que hacérselo ver ya.

Equipo del vestuario


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