4 posts de marzo 2011

"Hermanos y enemigos": del amor al odio en poco tiempo

Hace unos días recibí un correo de una buena amiga en el que me recomendaba que viese el documental "Hermanos y enemigos". La comenté que lo tenía grabado y solo esperaba un buen momento para verlo. Por fin lo he tenido. Me he sentado tranquilo a disfrutarlo y, como me imaginaba, éste no me ha defraudado.

"Hermanos y enemigos" narra la historia de dos de los mejores jugadores europeos que ha habido, Drazen Petrovic y Vlade Divac; de su pasión por el baloncesto, de su amistad y de cómo ésta termino deteriorándose por culpa de la 'Guerra de los Balcanes' que destruyó la antigua Yugoslavia.

Yo era muy pequeño cuando Petrovic empezó a despuntar, pero tengo bastantes recuerdos de ello. Me acuerdo cómo le hizo la vida imposible al Madrid mientras jugaba en la Cibona, lo que supuso su fichaje por los blancos y también su polémica forma de marcharse a la NBA. En Estados Unidos, el escolta sufrió en los Blazers para consagrarse en los Nets, hasta que un fatídico accidente de tráfico el 7 de junio del 93 acabó con su vida.

Siempre he pensado que Petrovic ha sido el mejor jugador europeo de la historia. Solo Sabonis y, ahora, Gasol se le pueden acercar, pero el croata tenía algo más. Tenía ese gen competitivo que no le dejaba parar, que hacía del baloncesto una obsesión que, seguramente, le habría llevado a ganar un anillo de la NBA. El problema es que esto nunca se sabrá.

Si sabemos que el escolta formó parte de la mejor selección que haya podido existir en el baloncesto FIBA. La Yugoslavia de Petrovic, Paspalj, Kukoc, Radja y Divac era un equipo inigualable, creo que un escalón por encima de la URSS de Sabonis y la España de Gasol y Navarro. El problema es que apenas la pudimos disfrutar. En 1988 empezaron a despuntar y en 1991 se acabó ese equipo mágico. La guerra tuvo la culpa de ello.

La desmembración de Yugoslavia rompió aquel conjunto, pero también una gran amistad, como la que forjaron Petrovic y Divac. Un gesto del pívot, quitando a un seguidor una bandera independentista croata cuando la selección yugoslava ganó el Mundial de Argentina en el 90, tras haberse hecho con el Europeo de Zagreb un año antes, lo mandó todo al garete.

Los dos amigos se separaron, en gran medida porque Petrovic lo quiso así. El escolta tomó esta acción del pívot como una ofensa y se comenzó a distanciar. De nada sirvió su confraternización de jóvenes, cuando compartían habitación en las concentraciones del equipo nacional. Tampoco valieron los títulos juntos o el juego preciosista de aquel conjunto. Ni siquiera las largas conversaciones telefónicas cuando Divac triunfaba en los Lakers y Petrovic sufría sin jugar en los Blazers se podían recordar. El sentimiento nacional pudo más.

En 1993 Petrovic falleció dejando un vacío brutal. Viajaba en coche con su novia por Alemania para reunirse con la que era su nueva selección, la croata, a la que un año antes había guiado a la plata olímpica en Barcelona. Su juego se acabó para siempre, dejándonos huérfanos de su clase, de su lucha, de su rabia y, también, de esa chulería que solo un jugador tan colosal como él se podía permitir.

Mientras tanto Divac siguió haciendo carrera en la NBA. Fue traspasado por los Lakers cuando éstos eligieron a Kobe en el draft. El pívot desarrolló su mejor baloncesto con los Kings, en los que junto a Webber, Bibby y compañía entusiasmó con un juego bonito, rápido, listo y elegante que, por desgracia, no tuvo el premio final del título. Precisamente el equipo angelino de Kobe y Shaq lo impidió en unos años que quitaron mucho sueño a la persona que escribe estas líneas.

La historia nos deja pues a dos amigos que triunfaron juntos y por separado, que nos hicieron disfrutar y que, hoy podemos decir, que forman parte de la élite baloncestística mundial. La gran pena es que una a otro no se lo puedan contar.

Cuando Petrovic murió, su relación con Divac era prácticamente inexistente. Seguramente si este fatídico hecho no hubiera pasado la habrían logrado retomar. Una guerra lo impidió. Los sentimientos políticos pudieron más que una amistad. Un hecho más que nos debe hacer recapacitar.

Defender unos colores, una bandera puede y debe ser un orgullo, pero no tiene que alejar. Puede que un día nos arrepintamos y sea demasiado tarde para poder cambiar. Drazen y Vlade nos lo acaban de demostrar.

Una espiral demasiado peligrosa

"Cristiano muerte", "ese portugués que hijo puta es" o "Marcelo eres un mono" son algunas de las 'lindezas' que pudimos escuchar el pasado sábado durante el partido que enfrentó al Atlético con el Real Madrid. Buena parte del público del Calderón dejó a un lado el fútbol para centrarse en insultar a los jugadores del equipo contrario en algo que, cada vez, es más habitual en el deporte.

La situación empieza a ser bastante triste. Cristiano y Mourinho no ponen mucho de su parte para vitar ser odiados, pero todo tiene un límite. Desde que hace más de 100 años se inventó el fútbol a éste se ha ido a divertirse, aunque hay otra gente que lo aprovecha para hacer de su capa un sayo. Normalmente estos tipos eran los radicales de turno de cada club, el problema es que cada vez hay más gente que se une a sus cánticos y a sus estupideces. Esto hay que pararlo ya.

Hace años se llegó a decir que Samuel Eto'o era un demagogo por pedirle al árbitro que parase un Zaragoza-Barcelona si el público de la Romareda no paraba de abuchearle de manera despectiva, con sonidos que imitaban a un mono. Quizá si ese día se hubiese suspendido el partido se habrían puesto los cimientos para que la situación cambiase. Ésta sigue igual y no parece que las cosas vayan a mejorar. Tampoco los colegiados ponen mucho de su parte: Teixeira Vitienes no reflejó ni un solo de los insultos en el acta del Atleti-Madrid del pasado sábado. Tiene guasa la cosa.

En España aún no se ha llegado a suspender un partido. Algo que ya ha pasado más de una vez en Argentina y ha sucedido también en Grecia, pero los insultos son constantes. Esto debería hacernos reflexionar. ¿En qué sociedad vivimos? Me ha gustado ver hoy un spot de los jugadores del Barcelona en contra del racismo. Los futbolistas deben ayudar todo lo que puedan. Ese es el camino y no el de ciertos jugadores del Atlético, ojo: los hay en todos los clubs, que pasaron por alto lo hecho por su afición en un acto de cinismo que debería dar mucho que hablar.

Puede que a éstos no les viniera que alguien les recordara lo que hizo Guus Hiddink cuando entrenaba al Valencia. Su equipo jugaba como local, en Mestalla, y el partido no empezó hasta que las esvásticas que había en la grada desaparecieron. La orden de quitarlas las dio el técnico holandés. Ese símbolo es muy serio. No hay que andarse con tonterías con él. Tampoco con el color de la piel. Ya no habló de pedir que un rival se muera en el campo, ¿estamos locos o qué? A veces lo parece.

El desastre de Gerselkinchen

Un día después de la eliminación del Valencia en Alemania, aún no entiendo como ha podido o suceder. Leo que el Valencia hizo el mejor partido de la temporada. No comparto diagnóstico, aunque sí creo que el Valencia es mucho mejor equipo a nivel técnico que el Schalke 04.

El Valencia se enfrentaba al efecto Raúl y no pasó la prueba en Mestalla, aunque ayer sí desactivo al 7. Lástima que no pudiera con un jugador sin demasiado glamour y que responde al nombre de Farfán. El peruano no tenía el cartel que sus otros compañeros del PSV como Park Ji Sung, Bouma, Alex, o Vam Bommel, con los que llegó a las semis del 2005, o luego Affelay o Arouna Kone, pero es un pedazo de jugador. Ayer volvió loco al Valencia y acabó siendo el mejor de los 22.

Pero volvamos al Valencia. Ayer decía que para mí, el conjunto español era claramente favorito porque es mejor que el Schalke. Y si hoy jugaran de nuevo seguiría diciéndolo. Pero al Valencia ayer le faltó, como diría Luis Aragonés, saber competir.


El Schalke no deja de ser una colección de jugadores a los que les falta nivel para jugar en la Champions, más allá del mencionado Farfán y el sempiterno Raúl. El Valencia marcó y como le suele pasar a muchos equipos españoles, ese fue el principio del fin. Dió un paso atrás y permitió respirar a los alemanes justo en el peor momento.

Un golpe de genialidad en una falta y una carambola que acaba en gol dejaban al Valencia contra las cuerdas. Luego tuvo sus oportunidades y no las materializó. Lo de casi siempre. Creo que al desastre contribuyó Unai Emery desactivando un centro del campo que estaba surtiendo de buenos balones a los hombres de ataque. Los balones a la espalda de la defensa teutona eran letales y solo la falta de acierto de Aduriz impedía el gol.


Pero al margen de que ese gol llegara o no, que por desgracia no llegó, hoy me pregunto si éste es el nivel del fútbol español, si hay vida más allá del Barça y del Madrid. Me temo que sí a la primera cuestión y que no a la segunda. Hemos ido construyendo unos "monstruos" que van a terminar por engullir a nuestro fútbol.

Antes que el Valencia cayó el Sevilla ante un equipo de segunda fila como el Sporting de Braga, lo que ha acabado por marcar toda su temporada. Algo parecido le pasó al Atlético de Madrid, eliminado de la Europa Legue en un grupo muy asequible en el que estaban Aris, Rosenborg, y Leverkusen.

Solo sobrevive el Villarreal, que de 27 partidos ya ha perdido 7 y empatado 5 en la competición doméstica. Barça y, este año, Madrid lucharán por la Champions pero, ciudado. No vaya a ser que a base de desastres como el de Gerselkinchen acabemos como los italianos, con una plaza menos para la champions.

Una nave a la deriva llamada Madrid de baloncesto

Mucho se ha hablado ya en estos días de la dimisión de Ettore Messina como técnico del Real Madrid. Sus razones pueden gustar o no, pero parecen claras. Como todo el mundo las conoce ya, creo que solo un pequeño recuerdo de ellas vale para explicar una marcha sobre la que no se para de especular.

Es obvio que el italiano no ha conseguido que la plantilla estuviera a muerte con él y su dura forma de actuar, que el quitarle la ficha a Garbajosa terminó por destrozar la poca química que tenía con los jugadores y es seguro que tampoco Messina ha congeniado con una directiva, que no tenía la misma idea de club que él. Creo que es aquí en el aspecto en el que más hay que incidir, el que ha hecho que se muestre de una vez por todas lo que pasa realmente en la sección de baloncesto del club blanco.

El Real Madrid lleva 20 años a la deriva sin encontrar la estabilidad. Por títulos, ya no es un grande de Europa. Puede gustar o no, pero es la realidad. Desde 1987 hasta ahora los blancos han ganado cinco Ligas, una Euroliga, una Copa del Rey y una ULEB. Ocho títulos en 24 años no parecen el balance de un equipo campeón. Quizá de ahí las palabras de Messina hace solo un mes cuando decía que su equipo debía competir al máximo, pero que no estaba obligado a ganar.

Juan Carlos Sánchez, máximo responsable de la sección, le respondió a los pocos días en una entrevista que en el Madrid lo único que valía era eso, ganar. Una muestra más de sus diferencias. Puede que Sánchez no hubiera visto la sequía de trofeos que hay últimamente en las vitrinas blancas o puede que sí y crea que en un abrir y cerrar de ojos se puede reescribir la historia y volver a triunfar. El caso es que el Madrid no lo está haciendo y si sigue así no tiene pinta de que lo vaya a lograr.

"Quizás he tenido la ilusión de un niño de poder cambiar algo. Soy uno más ahora, estoy en el grupo", esta fue una de las interesantes frases que nos dejó Messina en la rueda de prensa en la que anunciaba su marcha del club blanco. Como Obradovic, Maljkovic y Scariolo, entrenadores de gran prestigio; como Imbroda, Lamas, Luyk o Plaza, técnicos con menos cache, pero no por eso malos, Messina abandona el equipo sin haber estado dirigiéndolo más de dos años. Un claro síntoma de por dónde van los tiros en el Madrid, cuya sección de baloncesto parece más una lacra que un incentivo, duele pensar esto, pero así es. El siguiente ejemplo así lo demuestra.

Hace 20 días el Barcelona le ganó la final de la Copa del Rey a los blancos. Allí estaba Florentino Pérez esperando un título que no llegó. Pero el presidente del club blaco no pareció preocuparse mucho. Apenas saludó a Messina en el palco. No habló. Eso sí, rápidamente cogió un avión privado para ver al equipo de fútbol ganar al Espanyol en Liga.

Eso explica a las claras lo que importa el baloncesto en el Madrid, donde se ficha todo lo que quiere Mourinho pero se reduce el presupuesto de la sección al igual que el salario de entrenador y jugadores. Así es difícil ganar, pero lo que es imposible es crear un proyecto de futuro. Parecía que con esta plantilla, joven y con talento, junto a un entrenador laureado, se habían conseguido poner las bases para un buen futuro. Todo ha sido una quimera, una falsa ilusión.

Ahora se queda Molin en sustitución de un Messina que también ha fallado y cuya decisión se cuestiona si es o no de valientes. Puede que el equipo llegue a la Final Four tras 15 años de ausencia, que la temporada que viene gane un título con quien lo entrene. Pero si no cambian las cosas dentro de cinco estará igual, con alguna Copa de más pero si un proyecto estable que lo haga volver a fracasar. Así es el Madrid de baloncesto, la historia de nunca acabar.

Equipo del vestuario


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