El hechizo de Mourinho
De traje, afeitado, con semblante serio, pero de forma muy educada, contestando durante casi una hora a las preguntas que le hacían los periodistas. Así se presentó José Mourinho como entrenador del Real Madrid.
En chandal, con el pelo largo y alguna sonrisa, pocas la verdad. Así fue la última rueda de prensa que dio el técnico del conjunto blanco esta temporada. Perdón, éste era su segundo: Aitor Karanka. El portugués había decidido ya hace tiempo que no quería hablar por esa manía persecutoria que cree, o que nos hace creer, que sufre.
Entre estas dos situaciones han pasado a día de hoy 365 días, los que José Mourinho lleva como entrenador del Real Madrid.
He escrito entrenador, aunque bien podría haber dicho presidente del club, porque ahora el portugués manda en el equipo blanco más que Florentino. Solo así se explica la destitución de Jorge Valdano, hasta hace una semana hombre de confianza y mano derecha de Pérez.
Mourinho nunca pudo ver a Valdano. Son polos opuestos. El argentino es educado, siempre trata de quedar bien y nunca dice una palabra más alta que otra, tratando de cuidar la imagen del club. Mourinho es irreverente, dice siempre lo que piensa o hace creer que piensa, no da su brazo a torcer y se preocupa más de él que en el equipo que dirige. Así ha alcanzado tanto poder, y hay que reconocer que de esta forma no le ha ido nada mal.
En un año como técnico del Madrid el portugués ha cumplido, en lo deportivo, con lo que se esperaba de él. Ha ganado la Copa a un tremendo Barça. Ha llevado al conjunto blanco a las semifinales de la Champions, donde solo este mismo Barcelona le ha superado, y ha dejado a su equipo segundo en Liga tras la máquina azulgrana. Se puede decir que el Madrid ha vuelto a su lugar.
En lo extradeportivo Mourinho también ha cumplido, incluso se ha superado. Le ha dicho a un compañero como Preciado qué equipo debe poner. Ha criticado a la Federación, a los árbitros, a la prensa, a la UEFA, al Barça, ha dejado de aparecer en las ruedas de prensa porque sí y, lo más importante, ha generado un antimadridismo brutal. Así es 'Mou'. Todos lo sabíamos. Esto no no nos debe extrañar.
"La estabilidad en el Madrid es ganar", dijo Florentino Pérez el día que presentó al portugués. Se acabó el tan manido y falso discurso de los valores. El presidente del club blanco ya tiene con la Copa un título, "el único que me faltaba", dijo cuando se logró. Que esté tranquilo, que van a llegar muchos más.
Si algo garantiza Mourinho son trofeos. Las segundas campañas de todos sus equipos son muy buenas y él es un gran entrenador. A Florentino le esperan muchos años de su tan añorada estabilidad. Veremos, eso sí, cuanto le dura. 'Mou' no ha estado más de cuatro temporadas seguidas, la duración de su contrato, por cierto, en un mismo equipo. Y el Madrid no es precisamente un ejemplo de paciencia con un entrenador.
Entoncés, cuando los títulos no lleguen o se enfade, Mourinho alzará la cabeza y buscará alguien más arriba. Pero Valdano no estará. Así lo ha querido el portugués, que ahora tiene todo el poder. 'Mou' solo verá a Florentino Pérez y le dirá que se va, si lo hace; también puede negociar con otro equipo, como hizo con el Madrid mientras su Inter celebraba la Copa de Europa.
Ese día se analizará el legado dejado por el portugués. Puede que éste sea de una o dos Champions, más otro par de Ligas. La estabilidad de Florentino estará asegurada, o quizá no. En ese momento el presidente blanco se dará cuenta del odio que recibe su equipo, que los títulos no lo son todo, que hay que tener una educación, un comportamiento más o menos normal. Algo que su técnico nunca le ha dado. Algo que el Madrid no habrá logrado.
Ese día, el hechizo de Mourinho habrá terminado.



