3 posts de junio 2011

Butragueño, Querétaro y mi primer recuerdo

El pasado sábado se cumplieron 25 años de un partido histórico, aquel en el que España pasó a los cuartos de final del Mundial de México 86 con cuatro goles de Emilio Butragueño.

Curiosamente, el pasado sábado se dio a conocer la palabra que más de 33.000 internautas habían elegido como la más bonita de la lengua española. Ésta fue Querétaro. Cuando me enteré, me llevé una sorpresa. Sinceramente Querétaro no me parece tan bella, por más que signifique "isla de salamandras azules", pero reconozco que sí tiene algo especial. De hecho, en el mismo instante que la oí dije en alto: "esto es por 'El Buitre'. Qué grande".

Pues sí, el destino quiso que el mismo día volvieran a unirse en el tiempo Butragueño y Querétaro: un jugador y un estado de México que representan mucho para mí, pues me llevan al primer recuerdo de un evento deportivo que yo tengo en mi cabeza.

Las imágenes se agolpan, pero no son nítidas. Me veo mirando la tele, con solo cinco años, sentando en los brazos de alguien, apreciando como un chico rubio y delgado no para de meter goles. Mi familia lo celebra y quién sabe si no fue ese día el que nació mi pasión por el deporte. Todo gracias a Querétaro y a Don Emilio Butragueño Santos.

'El Buitre' despertó un instinto en mí y levantó a miles de españoles o, mejor dicho, no les dejó dormir. Ese partido, ante la Dinamarca de Laudrup, empezó a las 12 de la noche hora española y terminó a las dos. España no era la favorita y ganó por 5-1, lo que multiplicó la alegría de un país que aún no era ganador.

Había que festejarlo y vaya si se hizo. La gente salió a la calle y, de manera improvisada, se fue acercando a Cibeles. Bajo el grito de "Oa, oa, oa, 'El Buitre' a la Moncloa", la fuente se fue llenando de gente en lo que fue el comienzo de una tradición: la de celebrar los títulos con la Diosa.

España estaba en cuartos de un Mundial. Allí perdió en la maldita tanda de penaltis con Bélgica, en lo que fue el comienzo de una leyenda negra que cambió en la Eurocopa 2008 y terminó por completo en el Mundial de 2010 con el ya mítico gol de Iniesta.

Ese tanto del manchego acabó con los fantasmas. Nos convirtió definitivamente en ganadores, pero mucho antes Butragueño había abierto la veda para que millones de españoles fueran felices, aunque solo fuera por un rato, por un instante o por un día.

Quizá por eso, cuando pienso en cuál es para mí la palabra más bonita de nuestro idioma, la primera que se me viene a la cabeza es beso. Aquella noche del 18 de junio del 86 vi muchos. Nunca los olvidaré. Ni al 'Buitre', ni a Querétaro.

 

El líder Nowitzki, el mejor europeo de la historia

Fue hace cinco años, en 2006. El mes también era junio. Entonces los Heat ganaron su primer anillo de la NBA tras vencer en la Final a los Mavericks. El batacazo de los de Dallas fue importante. Vencían por 2-0 y tenían el tercer partido dominado cuando les entró el colapso. Entonces perdieron cuatro partidos seguidos y el anillo. También hubo otra consecuencia: se dudó de Dirk Nowitzki, de su liderazgo, de su juego.

Un año después el problema se acrecentó. Los Mavericks habían terminado la fase regular como primeros del Oeste. Llegaron como favoritos a los play-offs y en primera ronda dijeron adios a éstos tras caer con unos espectaculares Warriors, que habían sido octavos. Nowiztki venía de ser elegido MVP de esta Liga regular, de recibir unos elogios que de un día a otro pasaron a ser críticas.

En los años venideros Dallas jugó las semifinales del Oeste, pero nunca dio sensación de equipo campeón. "Nowitzki era muy bueno, pero no les iba a dar un título. No estaba bien acompañado", esa era la sensación, eso se decía, hasta que se llegó a este año 2011. Entonces todo cambió.

El alemán decidió que había que ponerse el traje de superhéroe, porque lo que ha hecho en estos play-offs no es muy de humanos, y los Mavericks, por fin, tras muchos años de suplicios y de dudas, son campeones. ¿Qué incidencia ha tenido Nowiztki es esto? Mucha, demasiada.

Podríamos estar horas escribiendo sobre los recitales del ala pívot en estos play-offs, pero su incidencia se puede resumir en un solo dato. En los seis partidos que ha durado esta Final, Nowitzki ha anotado 62 puntos en los últimos cuartos. Es decir, que en los momentos de verdad el alemán le ha dado 10,3 tantos a su equipo. ¿Se puede ser más decisivo? No.

Estos puntos incluyen canastas ganadoras en los últimos segundos, tiros inverosímiles de cinco metros con dos jugadores encima, rápidas penetraciones, mates, triples y, cómo no, tiros libres. El alemán ha anotado 45 de los 46 que ha intentado en esta Final en  la que, ojo, en solo un partido no ha hecho un doble-doble y en la que jugó otro, el cuarto, con fiebre, lo que no le impidió rendir a su mejor nivel. 

Nowitzki termina pues la Final ante los Heat de LeBron y Wade con una media de 26 puntos y 9,7 rebotes por partido. Por eso ha sido elegido de manera unánime MVP de la serie, en lo que es la culminación de una carrera llena de éxitos en la que ha sido 10 veces All Star en los 13 años que lleva en la Liga, en la que ha entrado cuatro veces en el quinteto ideal de la NBA y en la que ha llevado a una selección como Alemania, en la que la diferencia la ponía él, a ser subcampeona de Europa y tercera del mundo. En esos torneos también fue elegido el mejor.

Todo esto no hace más que corroborar un hecho: Nowitzki se ha ganado a pulso ser el mejor jugador europeo de todos los tiempos, por delante de nombres tan ilustres como Petrovic, Sabonis o Gasol.

La muerte del croata nos privó de un jugador único, inigualable, de un precursor. Las lesiones evitaron que Sabonis fuera aún mejor. A su talento solo le faltó físico. Será difícil ver una combinación como la de Gasol: un jugador listo, rápido y con una visión de juego única que lo hace casi todo bien. Por eso tiene dos anillos con los Lakers. Pero el alemán es superior.

Nowitzki combina en sus 111 kilos y 213 centimetros de altura la velocidad de un alero, el lanzamiento de un escolta, el rebote de un pívot y la sangre fría de un jugador al que nunca le tiembla pulso, como al cirujano en su mejor operación. En Dallas ya han disfrutado de ello. También de su liderazgo, del que se ha dudado desde 2006. Este anillo seguro que ha cambiado la imagen del mejor europeo de la historia.

Nadal y la ética del trabajo

6 de junio de 2010, siete de la tarde: Rafa Nadal conquista ante Roger Federer su sexto Roland Garros.

7 de junio de 2010, 12 de la mañana: el número uno del mundo se hace la habitual sesión fotográfica con la Copa que le acredita como ganador en París.

7 de junio de 2010, cinco de la tarde: el español coge el tren Eurostar para viajar a Londres.

7 de junio, ocho de la tarde: Tras llegar a la capital británica, Rafa Nadal comienza a entrenarse en la hierba de Queen's.

En 25 horas, en poco más de un día, el de Manacor ha pasado de París a Londres, de la tierra a la hierba, donde hoy jugará en la categoría de dobles y mañana debutará en el cuadro individual. Todo con un objetivo: estar en plena forma para hacerse con el torneo de Wimbledon.

Este periodo de tiempo, todo lo que ha sucedido en él, nos debe dar una idea de por qué Rafa Nadal es quien es y gana lo que gana. De por qué tiene en sus vitrinas seis Roland Garros, dos Wimbledons, un Open de Australia y otro de Estados Unidos. En total son 10 'Grand Slams', a los que hay que sumar, entre otros torneos ganados, 19 Masters 1.000, tres Copas Davis y un oro olimpico.

Todos estos títulos solo se ganan con una fórmula, la que mencionó ayer Nadal en París, radiante tras un nuevo torneo grande ganado: la del trabajo, a la que él añadió el factor suerte.

El de Manacor es un trabajador único, insaciable. Esa es una de sus mayores virtudes, la que con su físico, su talento y su cabeza a prueba de todo le han convertido en el número uno del mundo.

"A veces hay que disfrutar del sufrimiento", dijo Nadal durante este sexto Roland Garros, en el que le atenazó la presión, la responsabilidad de igualar a Borg, un pequeño miedo a volver a enfrentarse a un Djokovic tremendo. Quizá por eso ganó. Quizá por eso batió a Federer en Australia en 2009 tras una semifinal durísima, el partido más largo en la historia del torneo, frente a Verdasco.

Ese domingo, antes del partido en el que se jugaba el título Nadal se mareó en el vestuario. Entonces su tío Toni le preguntó: "¿qué harías si ahora mismo alguien te apuntará con una pistola?" Rafa salió a la pista y ganó en cinco largos sets. También ganó el de Manacor su batalla contra las lesiones, contra esas inyecciones tremendamente dolorosas para recuperarse de la tendinitis de inserción en sus rodillas; contra esas máquinas con las que dormía para recuperarse.

Ahora la batalla es diferente. Es mucho más bonita, es solo deportiva. El objetivo: ganar Wimbledon por tercera vez, hacer el tercer doblete entre Roland Garros y el torneo británico el mismo año, algo que ya logró Borg en el 78, en el 79 y en el 80.

De ahí el pasó de la tierra a la hierba en un día. De ahí los triunfos de un jugador que parece sobrehumano, que tiene una fórmula le hace diferente a los demás: el esfuerzo, el sufrimiento,  la ética del trabajo.

Equipo del vestuario


El Vestuario es el programa de deportes de Radio Exterior, de lunes a viernes de 13:00 a 14:00 horas, y que completa la oferta de programación deportiva junto con Tablero Deportivo y Radiogaceta de Los Deportes.
Ver perfil »

Síguenos en...

Últimos comentarios