4 posts de julio 2011

Contador lidera la vuelta del ciclismo épico

¡Viva el ciclismo! Viva el ciclismo valiente, ofensivo, épico, arriesgado, que no especula, que apuesta, que no tiene miedo, que no piensa en el mañana, que solo mira al presente, que entretiene, que divierte, que te levanta de la silla, que te hace gritar, que te consigue animar. Esto es lo que tengo que decir tras ver la etapa de hoy del Tour, el mayor espectáculo sobre la bicicleta que he visto en muchos años.

Me da igual que la etapa se la ha llevado Rolland, que Contador haya sufrido al final, que no vaya a estar en el podio de esta ronda gala. Eso no me importa por un sencillo motivo: hoy el de Pinto ha sido el principal protagonista de una etapa que le engrandece, que demuestra que es un campeón, un fuera de serie, uno de los mejores de siempre, uno de esos que no se conforma con nada, que te hace disfrutar.

Su ataque a 90 kilómetros de meta en el Col del Telegraphe ya está en la historia de este deporte. ¿Ha sido efectivo? Si uno mira a la clasificación de la etapa y de la general, no; si uno mira a lo que ha transmitido, sí.

Dentro de unos años poca gente se acordará de este Tour perdido, pero seguro que nadie, absolutamente nadie, se olvidará de lo que hoy ha sucedido. Pero sería injusto mencionar solo a Contador, aunque sea el protagonista de una obra preciosa. Una obra que ha tenido otros actores de auténtico lujo.

Andy Schleck ha estado soberbio, sensacional. Se ha marchado con el español en el Telegraphe, le ha relevado en subida, en bajada. Todo tras pegarse ayer una paliza tremenda, en la que reventó la carrera como un auténtico valiente, en la que calló a todos aquellos que decíamos que tenía miedo. El luxemburgués ha llegado a la cima del Alpe D'Huez junto a Evans, con quien se va a jugar el Tour en la crono final, y lo ha hecho literalmente roto. Al menos ha tenido su premio y ya viste de amarillo.

Qué decir del australiano, de Evans. Pues que se acabó eso de chupar rueda, de ser esa garrapata que se agarraba al cuello de los rivales y no les soltaba. El del BMC ha respondido a todos los ataques, lo ha puede haber hecho mejor o peor, pero el caso es que se ha atrevido, que ha sido valiente. Éste también tiene su recompensa: se va a jugar la ronda gala en su terreno, en la crono en la que su gran rival es aparentemente inferior.

Osado también ha sido Voeckler, que se ha atrevido a salir al ataque de Contador a 90 kilómetros de meta. Luego lo ha pagado, demasiado ha hecho con estar entre los mejores hasta hoy.

Samuel también es un guerrero. Ha estado a punto de ganar la etapa. No se ha rendido nunca, dejándonos increibles recuerdos en este Tour. Su alianza con Contador ha sido preciosa, verles bajar juntos tratando de descolgar al resto de rivales estos días no será fácil de olvidar.

Todos estos corredores forman un perfecto reparto coral, a la altura de unos Alpes majestuosos. Pero sin Contador nada sería lo mismo. Su forma de correr engancha. Ataca siempre que puede, no piensa en el futuro, solo mira al momento, pese a que a veces pueda perder más ganar. La jugada hoy no le ha salido del todo bien o puede que sí.

Todos recordamos los ataque de Chiapucci a Indurain camino de Sestrieres, como Pantani dejó clavado a Ullrich en un Galibier mojado frío, diferente al que se ha encontrado Alberto. A todos nos hablan de Ocaña, de sus duelos con el tremendo Mercks, el canibal que todo lo quería ganar. Y si hablamos de épica, quién no recuerda al gran Perico Delgado.

Contador forma ya parte de este elenco de ciclistas, con el añadido de que ya tiene tres Tours, dos Giros y una Vuelta. El espéctaculo que ha encabezado hoy nunca se podrá olvidar. Dentro de muchos años uno dirá: "Yo vi el Tour de 2011". A lo que la gente responderá: "¿Cuál, el del espectáculo, el de los ataques, el de la épica?" Entonces el que les escribe expondrá: "Sí, ése, el que Contador no ganó, pero el que ni él ni nosotros podremos olvidar".

Contador rinde un bonito homenaje a Indurain

Un día como hoy: un 19 de julio, pero 20 años atrás, en 1991, Miguel Indurain se vistió por primera vez de amarillo en el Tour. Fue en Val Louron, tras recorrer más de 60 kilómetros escapado, en una de esas etapas míticas del Tour en las que se recorrieron 232 y se subieron puertos como el Aspin y un coloso, el Tourmalet.

Aquel 19 de julio hacía calor, era un día típico de verano. En él, Indurain, que cuanto más grados hubiese mejor funcionaba, comenzó a escribir su hermosa leyenda.

Hoy, en la meta de Gap hacía frío, llovía. Entre ésta y la salida en Sant Paul Trois Chateaux había 162 kilómetros, solo un puerto de segunda. Un recorrido y una climatología que hacían pensar en esperar a la batalla a partir de mañana, cuando empiecen los Alpes. Sin embargo, ahí estaba Contador, un campeón herido,  que no entiende de desperdiciar oportunidades.

Hace 20 años, tras coronar el Tourmalet, Indurain se lanzó cuesta abajo. Vio a Fignon tocado, a Lemond perdido. Era su momento, la del ciclista que tenía piernas y solo esperaba el día preciso para dar la estocada. Le ayudó un gran Chiapucci. "Para ti la etapa, para mí el amarillo", se dijeron. El resto todos los conocemos. Indurain de amarillo del 91 al 95,  ganando Tour tras Tour de manera consecutiva. Así cinco.

Contador tiene tres, busca el cuarto. Pero tiene un problema: no está al 100 % a causa del esfuerzo del Giro que ganó, además aún está tocado de la rodilla. Sin embargo eso no va a ser excusa para él. Puede perder, puede caer, pero lo hará matando. Por eso ha atacado en el Col de Manse, un puerto no demasiado duró, con un 5,2 % de desnivel, de segunda, que se coronaba a poco más de 10 kilómetros de meta.

Bailando sobre la bici el de Pinto ha puesto en jaque al pelotón. Se ha ido con Evans y con Samuel. Ha atacado subiendo. Ha arriesgado bajando y, como quien no quiere la cosa, le ha metido un minuto y cinco segundos a Andy Schleck. A su hermano Frank y al líder, Voeckler solo les ha sacado 18. Una renta no demasiado amplia.

A golpe de riñon, Indurain llegó a la meta de Val Louron con un minuto y 29 segundos de ventaja sobre Bugno, con dos y cincuenta sobre Fignon. Ese día el de Villaba sentenció el Tour en un recorrido muy exiente, tremendamente duro, en la típica etapa pirenaica de la ronda gala.

Hoy Contador solo ha dado un paso en busca de otro Tour. La orografía no daba para más. Pero él ha atacado. Lo ha intentado en una nueva demostración de que siempre que puede salta, que lo da todo, pese a que el riesgo pueda ser mayor que el posible beneficio (cómo estaba la carretera hoy. Seguro que más de uno se habrá acordado de Beloki, también en Gap).

Pero hoy era 19 de julio. No un día cualquiera, no uno más. Era el día en que Indurain tomó el téstigo, en el que relevó a un mito como Périco. El día en el que comenzó a escribir su leyenda, el día en el que el ciclismo español comenzó a sentirse definitivamente ganador. Merecía pues la pena atacar.

España ya no tiene fronteras

Hoy, hace exactamente un año, la selección española se convirtió en Campeona del Mundo de fútbol. Lo hizo en Sudáfrica, con un juego espectacular que acabó por derribar la última barrera que había en nuestro deporte.

Para los que habíamos sufrido tantas decepciones, aquello era algo impensable. Baggio y un codazo de Tasotti a Luis Enrique, que Sandor Puhl no quiso ver, nos había echado en el Mundial de Italia 94. Los penaltis del de Corea 2002 y la Francia de Zidane del de 2006. Por eso cuando vimos a Robben acercarse hacia Casillas en la segunda parte de la final contra Holanda nos temimos lo peor. Pero Iker nunca ha entendido de maldiciones. Paró ese mano a mano y mantuvo al equipo con vida. Iniesta hizo justicia con ese gol en ese inolvidable minuto 116. El resto ya lo conocemos. De eso hace hoy un año. Toca disfrutar.

Ayer también David Ferrer terminó de sentenciar a Estados Unidos en su propia casa, en pista rápida y en los cuartos de la Davis. El de Jávea volvió a dar una demostración de tenis y de fuerza mental para ganar en cuatro sets a Fish. Dos días antes había superado a Roddick y Feliciano había hecho lo propio, otra vez, con Fish.

Con este triunfo España vuelve a las semifinales de la Davis y busca la que sería su quinta Ensaladera. Ya no es indispensable que juegue Nadal, tocado de sus rodillas debe reservarse, no le queda otra. Rafa ya ha hecho suficiente ganando 10 'Grand Slams', un oro olímpico y otras tres Davis en una carrera meteórica, difícil de igualar.

Ayer también Fernando Alonso se hizo con el Gran Premio de Gran Bretaña de Fórmula Uno. El asturiano sigue peleando con los Red Bull. Ahora no se le valora en su media, pero dentro de 50 años veremos al asturiano como un precursor de este deporte, como lo fue Ángel Nieto a las motos o Severiano Ballesteros al golf.

En ciclismo ya no quedan barreras. Luis León Sánchez ganó ayer su tercera etapa en el Tour. Mientras,  Alberto Contador busca conquistar por cuarta vez la ronda gala, en lo que se ha convetido ya en algo normal. Atras quedan ya grandes mitos como Indurain o Perico, que dan aún más lustre al deporte de las dos ruedas.

Pau Gasol no compite ahora. Descansa con la intención de llevar a la selección de baloncesto a por su segundo Europeo. Antes la llevó a conquistar un Mundial. Fuen en 2006, en Japón. Lo hizo junto a los Navarro, Reyes, Calderón, Garbajosa, Rudy y compañía. Unos jugadores que han sido capaces de competir de tú a tú con cualquiera, venga de dónde venga, incluso de Estados Unidos. Por si fuera poco, Gasol es una estrella en la NBA, donde ha ganado dos anillos de campeón con los Lakers, tras tomar el relevo de otro pionero: Fernando Martín.

Casillas, Iniesta, Nadal, Alonso, Contador o Gasol son solo algunos nombres que hablan del cambio que ha sufrido el deporte español en los últimos años. Una transformación que nos ha llevado a la élite, a codearnos con los mejores, a poder decir abiertamente que España es uno de los referentes en el mundo del deporte. Un país que ya no tiene fronteras.

Djokovic: un nuevo reto para Nadal

Domingo 4 de julio de 2011, seis de la tarde: Novad Djokovic celebra sobre la hierba de Wimbledon su triunfo en el tercer 'Grand Slam' del año ante Rafa Nadal. La cara del serbio es de felicidad; la de Nadal, un poema. En dos días ha perdido el número uno del mundo, un torneo más que especial e importante y,  de lo que todo el mundo habla, su quinta final seguida ante Djokovic.

Minutos más tarde la madre del serbio declara efusiva: "Ha empezado la 'Era Djokovic' ". Al español le trasladan esta frase mientras está en rueda de prensa. "Desde enero ha empezado otra época. Lo ha ganado prácticamente todo. Solo puedo felicitarle", responde Nadal para hablar de un jugador que solo ha perdido un partido en lo que va de año, en el que ha ganado 48, para llevarse ocho torneos, dos 'Grand Slams' incluídos, cuatro Masters 1.000 para un hombre que ha acabado con el duopolio Federer-Nadal, que decía que desde 2004 ambos se turnaban en el primer puesto del ranking ATP.

Es Djokovic el hombre de moda, el que domina a Federer, el que gana a Nadal ya sea en cemento, en tierra o en hierba. ¿Es también el serbio el jugador que ha superado al español en el único aspecto en el que era insuperable: la mentalidad? Los hechos, a día de hoy, así lo explican.

Rafa jugó los puntos claves de la final de Wimbledon mal. Falló en su terreno, en aquel en el que era infalible, en el ' Territorio Nadal'. Las finales perdidas le afectaron, él mismo lo reconoció. ¿Es éste un hecho extraordinario o se convertirá en algo normal, como los dulos Nadal-Federer en los que el español desquicia a su rival atacando una y otra vez su revés? Este es el próximo reto que tiene el de Manacor. Uno más  en su carrera.

Todo el mundo recuerda que Nadal se hizo con Roland Garros el año que debutó en París. Fue en 2005. Pero poca gente habla de un hecho: el español no pudo jugar los dos años anteriores este torneo por una importante lesión en el pie que puso en peligro su carrera. Con trabajo y un cambio en su forma de pisar la superó. El español había logrado algo más importante que cualquier trofeo: se ganó el poder jugar.

Luego llegaron los éxitos. Los Roland Garros consecutivos, el épico Wimbledon de 2008 ante Federer, el oro olímpico, las Davis, Australia en 2009... hasta que una nueva lesión puso en peligro su carrera.

Nadal perdió ante Soderling su primer partido en París en ese 2009. No pudo jugar Wimbledon y llegó bajo de forma a su gira americana. En las semifinales del US Open Del Potro le propinó la mayor derrota de su carrera en un 'Grand Slam'. Eso sí, sufría una rotura de centímetro y medio en su abdominal. El español perdió los tres partidos que jugó en la Copa Masters.

Se empezó a dudar. No bastaba que se hubiera recuperado de la ya famosa tendinitis de insercción en sus rodillas, que eso le costara un mundo. Además tenía que ganar. Lo hizo. Dos retos más superados. Adiós a otra lesión, vuelta a la confianza ganando Roland Garros, Wimbledon y el US Open en 2010, siendo el más joven en hacerse con los cuatro torneos del 'Grand Slam'.

Ahora llega el nuevo Djokovic con su racha insuperable, con las cinco finales seguidas ganadas al español, al que parece haberle ganado en lo mental. Llega un nuevo reto para Nadal. Se vuelve a dudar de él, de si lo va a superar. Mientras él descansa, pero solo unos días. Luego toca tratarse las rodillas y trabajar.

El compomiso, el esfuerzo y, como no, su mentalidad. Estos son los grandes secretos del éxito de Nadal, los que la he hecho triunfar hasta ahora y los que un día le llevarán a volver a ganar a Djokovic en una final y, sin duda, en un torneo del 'Grand Slam'.

Equipo del vestuario


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