6 posts de junio 2012

Jorge Garbajosa: el adiós de un grande de la canasta

Esta mañana, Jorge Garbajosa ha anunciado su retirada del baloncesto tras 17 temporadas en activo. Se va uno de los más grandes del deporte de la canasta en nuestro país que, a partir de ahora, trabajará en la Federación Española. Hace un año y medio, decidí escribir un post sobre el de Torrejón de Ardoz tras ser cortado por el Real Madrid. Dejo un extracto de éste, en el que repaso su carrera:

Cuando la gente del deporte de la canasta habla de Garbajosa a día de hoy comenta su juego basado en los triples, lo poco que entra en la zona, su poca actividad reboteadora y su lentitud en los desplazamientos laterales. Quizá todos esos factores hayan sido determinantes para que su técnico, Ettore Messina, haya decidido prescindir de él.

Pocos conocen a Garbajosa como el italiano. Con él en el banquillo de la Benetton fue donde realmente creció el juego del ala pívot, uno de los primeros 'cuatros' modernos. A su amparo el español empezó a deslumbrar jugando dentro y fuera de la zona, tirando de tres, corriendo el contraataque, forzando faltas en ataque como nadie y leyendo el baloncesto a las mil maravillas.

Todo eso hizo que tras cuatro años en el país transalpino otro italiano, Sergio Scariolo, le llamará para liderar su nuevo proyecto en el Unicaja. Garbajosa podía haber elegido la opción fácil de fichar por el Madrid o por el Barça, pero se decidió por ir a Málaga para dar al equipo andaluz la única Copa y la única Liga que tiene en sus vitrinas.

El ala pívot completó su mágico 2006 ganando el Mundial con la selección española. Su campeonato fue tremendo; su semifinal ante Argentina, colosal y lo que hizo en la final es difícil de explicar. Nunca he visto defender a un equipo igual que a España en esa primera parte. Las ayudas en defensa fueron extraordinarias, los griegos no sabían que hacer con la pelota y ahí Garbajosa ejerció un papel fundamental. Ante la baja de Pau Gasol, el de Torrejón, junto a Navarro, asumió el liderazgo de un conjunto que se coronó en Japón.

"De pequeño no era de ningún equipo, solo de la selección española", eso es lo que siempre ha dicho Garbajosa. Tenía razón. Por el equipo nacional Jorge lo dio todo, hasta el punto de recuperarse a base de un esfuerzo brutal en seis meses de una gravísima lesión para jugar el Europeo de 2007 y de romper su contrato con los Raptors con el fin de estar en los Juegos de Pekín.

Esa lesión, el 26 de marzo de 2007, día en que se luxó el tobillo en su primera temporada NBA, marcó el declive en la carrera de Garbajosa. Su velocidad mermó, también su salto y con ello su agilidad defensiva y su habilidad para el rebote. Hasta mediados de 2008 no estuvo sano al 100 %. Con todo lo que ello conllevó.

El de Torrejón aún tuvo tiempo de jugar un año en el Khimki y de cumplir su sueño de estar en el equipo de su ciudad. Éste ha decidido prescindir de él definitivamente. Los años pasan para todos y para Garbajosa, tocado, más. El gigante Begic va a ocupar su plaza en el Madrid, aunque por su parecido me da que ese puesto está destinado a ser para Mirotic tanto en el conjunto blanco como en la selección.

Jorge seguirá jugando ahora, aunque no en uno de los llamados grandes. Eso ya lo hizo en el TAU, en la Benetton, en Unicaja o en los Raptors: dos equipos, por cierto, que no son lo mismo desde que se fue él. Por eso a nadie le debe extrañar que Bryan Colangelo, el Manager del equipo NBA, le definiera como el 'pegamento' que unía a su equipo o que otros le llamarán el 'líder silencioso'.

Garbajosa no era mucho de hablar, pero cuando lo hacía mostraba una claridad de ideas y una inteligencia extraordinaria. La misma que ha paseado por todas las canchas del planeta tanto con sus respectivos equipos como con la selección. La misma que nunca se agotará, pese a que su maltrecho físico haya ido fallándole poco a poco.

Uno no debe anclarse en el pasado, pero tampoco debe dejar de recordar. Pese al presente, que ha hecho que el Madrid prescinda de él, el juego, el talento y la trayectoria de Garbajosa nunca se podrán ni se deberán olvidar. El baloncesto le debe mucho a Jorge. Quizá pocos se den cuenta de ello ahora, pero algún día lo sabrán.

Un merecido anillo para LeBron

Confieso que no me cae bien LeBron James. Su forma de ser no va conmigo. Me parece que es bastante chulo, que se mira demasiado al ombligo, que piensa primero en él y luego en los demás. Lo ha demostrado demasiadas veces. Cuando decidió dejar Cleveland en el verano de 2010 para fichar por Miami lo anunció en un programa de televisión de máxima audiencia. "He decidido llevar todo mi talento a South beach", comentó, ni corto ni perezoso, un James que se ha convertido en todo un filón para la marca que le promociona. 10 meses después ese 'talento', que se unió al de Wade y al de Bosh en los Heat, perdió la final de la NBA, de manera sorprendente, con los Mavericks. A los de Dallas les lideró un excelso Nowitzki, del que tanto LeBron como Wade se rieron por fingir una supuesta gripe en el quinto encuentro jugado en Dallas. Esa prepotencia la terminaron pagando en forma de derrota.

Estos hechos son ciertos, verídicos, reales. Pero no me deben cegar. LeBron es un auténtico jugadorazo, una bestia de la naturaleza que con un físico impresionante (su estatura es de 2,03 y su peso de 113 kilos) se mueve con la agilidad de un base, postea como un pívot y corre el contraataque como el mejor de los aleros. Tarde o temprano, merecía ganar un campeonato. Ya lo ha hecho. La pasada noche, los Heat vencieron a los Thunder en el quinto partido de una final de la NBA que han dominado rotundamente. Todos sus jugadores han aportado, desde los secundarios como Chalmers, Cole o, anoche, Mike Miller con sus triples, hasta los más importantes como Wade o Bosh. Todo bajo la batuta y el liderato de un gran LeBron, cada día más máduro y solidario.

El pasado no se olvida. En muchos casos sirve como ayuda en el presente, también para tener un mejor futuro. Quizá por eso, el alero haya promediado en estas Finales 28,6 puntos, 10,2 rebotes y 7,4 asistencias. Quizá por eso, haya promediado en estos play-offs 30,5 tantos, 9,7 rechaces y 5,3 pases de canasta. Quizá en cada ataque, en cada defensa, en cada jugada, LeBron se haya acordado de su horrible final ante Dallas el año pasado, de cómo desapareció en los últimos cuartos de esos encuentros. Quizá por eso, James se fue anoche a un triple-doble de 26 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias, uniendo así su nombre a los de 'Magic', Bird, Worthy y Duncan, los únicos que lo han conseguido en un partido en el que se ha decidido el título. Palabras mayores.

 

LeBron tiene pues su anillo. Lo ha logrado a lo grande. Se lo ha ganado a Kevin Durant, que es con él el mejor jugador de la Liga y cuyo abrazo anoche tras acabar el quinto encuentro demuestra lo que se respetan. Esto en un duelo que es muy posible que se repita año tras año para disfrute de la NBA (nadie como la maquinaria que es la Liga de baloncesto norteamericana para vender este 'Magic'-Bird del siglo XXI) que, además, ha visto como estas Finales han vuelto a despertar al gran público (la audiencia media sabida hasta ahora, la de los cuatro primeros partidos, ha superado los 13 millones de espectadores).

Lo ha ganado tras remontar hasta siete partidos en estos play-offs. Tras estar contra las cuerdas en la final del Este, donde sus Heat perdían por 3-2 ante los Celtics. Entonces, con todo en contra, apareció él para anotar 45 puntos, coger 15 rebotes y dar cinco asistencias en un templo del deporte de la canasta como es el Garden de Boston (sí, aquel en el que Jordan metió 63 tantos para que Larry Bird dijera la famosa frase de "Dios se ha disfrazado de jugador de baloncesto").

 

Jordan, el mito, el más grande, como el que todos quieren ser. Pues bien, el gran Michael ganó su primer anillo de la NBA a los 28 años de edad. Luego llegaron cinco más. LeBron ya tiene uno. Lo ha hecho a los 27. La comparación está pues más que servida. La verdad es que siempre lo ha estado. Quizá por eso a James le apoden 'The chosen one', 'El elegido'.

Hablando de comparaciones. ¿No os recuerda LeBron a otro deportista? Unas pistas: juega al fútbol, su caracter es parecido, también es icono de una importante marca comercial  y se está saliendo en esta Eurocopa, en la que quiere llevar a su selección a ganar el torneo. Ambos tienen una cosa en común: no son demasiado queridos por el gran público. Algo bastante importante hoy en día, donde no todo son los títulos. Eso sí, LeBron ya tiene el suyo. Un anillo más que merecido.

¿Por qué ganó el Barça?

Confieso que esta mañana, cuando he ido a trabajar, estaba bastante intranquilo. Me he pasado todo el fin de semana fuera y el tipo de la pistola no me ha localizado. Por desgracia, mis inquietudes se han cumplido, y rápido. Tras cruzar la entrada de Prado del Rey, dispuesto a empezar una nueva jornada laboral he ido al baño, donde me esperaba mi querido 'amigo'. "¿Qué Pedrito, creías que me había olvidado de ti?", me ha dicho. Mientras pensaba cómo había pasado el eficiente sistema de seguridad, dudé qué decirle. Así que decidí ser sincero, que, en esos momentos es, lo que creo que va mejor: "La verdad es que no".

"¿No notas algo raro respecto al otro día?" Rápidamente pensé en el lugar, mucho más cerrado, en el que me sería más difícil escapar. Pero no lo comenté por no tentar a la suerte. Simplemente me callé y rezé. Tras un largo e incómodo silencio, el que habló fue él. "Como veo que te ha comido la lengua el gato, te lo digo yo chaval. Hoy no he traído la pistola. Y estoy de buen humor, pues la jugada me ha salido bien. He amortizado los 3.000 euros. Tengo más".

¿Cómo? Pensé yo. Eso es que no había apostado por el Madrid. Lo cual, he de reconocer, que me dolió un poquito en el orgullo, pero no tanto en mi corazón, pues significaba que tenía más posibilidades de seguir vivo."¿Y eso?", le dije. "Tu dato ese de los primeros partidos ganados. Nunca hay que ir contra la estadística", me respondió; "eso sí, no te vas a librar tan fácilmente de mí. Quiero saber por qué ganó el Barça si tú decías que iba a hacerlo el Madrid. Así que desembucha". No era este mi plan soñado, la verdad. Hablar de basket con un desconocido en el servicio de minusválidos de mi trabajo me desconcertaba. Pero siendo positivo, no era tan mal plan, pues mi querido 'amigo' ya no tenía una pistola en la mano. Como leyéndome el pensamiento me dijo: "No te puedo disparar, pero habla ya". Así que eso fue lo que hice.

"El Barça ha vencido por diversos factores. Son unos cuantos, te pueden cansar, pero allá van : el primero fue el triple de Marcelinho en el primer encuentro. Ahí cambió la serie. El Madrid tenía ganado ese partido, su ventaja era de 17 a 13 minutos para el final. Ahí empezó todo. Comenzar venciendo este tipo de eliminatorias es fundamental, más cuando has sido tan superior como lo fueron los blancos aquel día", le expliqué. "¿Pero esto no es a cinco partidos?", me dijo.

"Claro. Cualquier ventaja es clave. El Madrid la desperdició. Los de Laso habían llegado mejor tanto a nivel físico como de baloncesto, con todos sus jugadores implicados, con Sergio enchufado. Lo demostraron sobreponiéndose a ese varapalo para hacerse con el segundo encuentro, también en el Palau, y ganando el tercero, de paliza ya en casa. Pero cuando el título estaba tan cerca la situación cambió". "¿Por qué lo hizo?", me preguntó como un alumno aplicado a su profesor, lo que reconozco que hizo que me creciera un poco. Algo que no sé si me convenía.

"Por algo tan sencillo como una zona", comenté. "¿Qué es eso de la zona?", me dijo él. "Una defensa en la que los jugadores no van siempre detrás del que tiene el balón", reflexioné sin explicarle que había diferentes variantes y que la alternancia de la zona con una 'caja más uno' sobre Carroll mató al Madrid; "con el Barça destrozado anímicamente y también físicamente, pues Navarro estaba muy tocado por su fascitis plantar y N'Dong ni jugó el cuarto partido, Pascual cambió el sentido de la eliminatoria. Le creó ansiedad a su rival e igualó la serie a dos, ¿entiendes?"

"Claro que entiendo", me contestó; "tonto no soy, más vale que no me trates de eso. Pero yo lo que quiero saber es por qué ganó el Barça el quinto partido y aún no tengo explicación. Así que dispara, ya que no tengo el arma y no lo puedo hacer yo".

Encima iba de gracioso el listillo. Estuve por callarme, pero era mejor hablar y no tentar a la suerte con este tipo: "El Barça ganó este quinto encuentro por casta, por carácter de campeón. Al Madrid le entraron las dudas al perder el cuarto partido en casa, lo que fue devastador. En este último lo intentó, pero fue casi siempre a remolque. Perdió el rebote, dio menos asistencias y solo acertó el 67 % de sus tiros libres. Al final la lucha tremenda de Felipe (por momentos hizo honor a aquella narración histórica de un partido de la selección, en la que el gran Andrés Montes gritaba exaltado: '¡¡¡Felipe Reyes, qué huevos tienes!!!'), los triples de Carroll y los de Singler no bastaron", le comenté, suplicando que le quedara todo clarito y me dejara subir ya a trabajar. Algo que, obviamente, no pasó.

"En el Barça, con el Navarro ese del que estás enamorado no muy bien, ¿quién decidió?". Soy Navarrista al 100 %, que conste. Creo que es el jugador con más talento que ha dado nuestro baloncesto, aunque el mejor es Pau Gasol. Y lo que ha hecho en esta final, jugando medio cojo e infiltrado en cada encuentro, me parece antológico. Pero de ahí a estar enamorado de él va un buen trecho, le iba a decir. Algo que, para variar, no sucedió. Aunque reconozco que esta vez no me callé del todo la boca.

"Para empezar me gustan las mujeres", le aclaré con una voz más bien baja y timorata que no sé si entendió; "y en respuesta a tu pregunta, al Barça lo levantaron Mickeal y Lorbek. Es cierto que Fran Vázquez por fin apareció y demostró una vez más qué jugadorazo podía haber sido y, por su carácter, no es. Pero los que han hecho al Barcelona campeón son estos dos. Mickeal se ha comido a Suárez en los dos últimos encuentros. Tras la pelea del tercero le ha destrozado. Ha demostrado que se crece siempre en los momentos difíciles. Eso que está ya mayor. Su carácter, y el que ha contagiado a su equipo, me ha recordado al de los Celtics en los play-offs de este año en la NBA. Ha sido espectacular. Lorbek también ha estado imparable, pero más por clase. Fíjate, jugó el último partido tras sufrir una lipotimia por la mañana y en el último cuarto nadie le paró. Es el mejor 'cuatro' de Europa. Normal que se vaya a marchar a los Spurs".

"Vaya, vaya. Esas han sido las claves. He de decir, chaval, que no te has explicado mal. Menos mal que corregí mi apuesta. Si no ahora mismo ya no podrías hablar. Habría sido una pena, pues creo que a partir de ahora me vas a ayudar", me dijo sin pestañear. "¿Con qué?", respondí sin pensar. "Está claro, con la NBA. Anoche no pude dormir y vi que jugaban la final dos equipos. Algo así como los Heat y los Thunder. Así que he decidido volver a apostar. Espero que esta vez no te equivoques y sepas acertar. Me da que con esto del baloncesto tú y yo vamos a entablar una gran amistad. Para que veas que soy bueno, te dejo que te vayas ya a a trabajar. No te olvides de mí. Pronto me verás".

Apuesta al blanco

Hace unos minutos un hombre que parecía muy normal se me ha acercado. Creía que venía con buenas maneras, pero me he equivocado. Acaba de sacar una pistola. Me la ha puesto en la cabeza y me ha dicho: "Tú eres Pedro Molina ¿no? Ese que dice saber tanto de baloncesto en el programa 'El Vestuario' de Radio Exterior". A lo que yo he respondido: "Sí". "Pues me vas a hacer un favor", me ha dicho; "me vas a decir qué equipo va a ganar la Liga ACB. No ando muy bien de dinero con esto de la crisis y me voy a jugar bastante pasta a los 40 minutos del sábado en el Palau. Ya puedes acertar. Si no ya sabes las consecuencias".

Ante tal situación me he quedado blanco. "Contesta. Dame argumentos" ha repetido. Así que no me ha tocado más que ponerme a pensar lo más rápido posible en quién va a ganar la Liga. Encima con mi vida en juego.

"El Madrid", le he dicho. "Jugando en el Palau. ¿Tú estás loco? Venga dame motivos, que es mucho dinero", ha respondido de manera tajante.

Si que va directo éste, he pensado. "Pues estos son los motivos", le he dicho; "el equipo blanco ha sido mejor en los tres primeros partidos de la serie con mucha diferencia. Le veo muy fresco de piernas y no me digas por qué, pero tengo el pálpito de que Carroll y Mirotic la van a liar ese día. El escolta creo que se va a hinchar a meter triples y a Mirotic le veo con esa mirada asesina de los que no fallan en los grandes momentos. No te olvides que aunque sea español su sangre es balcánica. Y luego está el 'Chacho', al que veo de dulce. Sin olvidarme de Llull y su velocidad; de Singler, que ya fue MVP de la Liga Universitaria Americana, y de Tomic, que siempre lo hace bien en el Palau".

"¿Y al Barça no le das ninguna posibilidad?", me dice el colega sin bajar la dichosa pistolita.

"Claro que le doy. Pero si mi vida está en juego voy a apostar por los blancos. Creo que a Pascual habría que hacerle un monumento por la defensa que planteó en el cuarto partido (me recordó a una que preparó Scariolo hace tiempo al Pamesa cuando entrenaba al Unicaja). Creo que la veteranía de Lorbek y de Mickeal es un grado. Que Navarro, aunque esté cojo, es Dios. Pero veo al Madrid levantando la Liga en el Palau, como en en el 2000 cuando también ganó el tercero de paliza en casa y perdió el cuarto pudiendo ser campeón también en casa. Como en 2007. Conste que ir en contra de Navarro atenta contra mi religión", le termino por decir "pero si tengo que elegir...".

"No son muchos tus argumentos chaval. Has hablado poco y tartamudeando, pero la cosa está bastante mal y necesito las pelas. No me voy a tirar mucho tiempo contigo. Así que te haré caso. 3.000 euritos (casi todos mis ahorros) van a ir a parar al Madrid. Ya puede ganar, si no..."

Si no, ¿qué?, pienso. Ni yo soy Rappel ni tú Buffon, estoy a punto de decirle, pero mejor me callo no vaya a ser que la pistola se dispare antes de tiempo y bastante tengo yo con lo que tengo. Así que mejor le digo: "Suelo ser bastante cenizo, pero confío en Laso, en su baloncesto atractivo y a la vez eficaz, en cómo corre su equipo que, además, está más acertado desde el perímetro, coge más rebotes y da más asistencias en toda la serie que el Barcelona. Si es que está siendo mejor. Esta vez el Barça no le va parar, aunque parta como local. El Palau es mucho Palau. Pero juégatela, sí".

"¿Apuesto al blanco pues? Venga, voy a confiar en ti. Pareces buena gente. Espero que aciertes", dice antes de repetir otro "si no..." y marcharse amenazando venir a verme el sábado a las nueve allá dónde esté.

"¡¡¡Un momento tío!!!",  grito al hombre amenazador mientras le veo marcharse; "tengo un dato que no te va a gustar: de las últimas 16 finales de la ACB, en todas el equipo que ha ganado el primer partido ha sido campeón". "¿A sí?", me responde". "Te digo más. En el balance histórico el dato es de 26 de 28". "¿Quién ganó el primero?", me pregunta ahora. En ese momento estoy por decirle que ya le vale, que se documente si quiere sacar algún beneficio a su dinero (está claro que me sale la vena periodística), pero por mi bien no lo hago. Mi frase es más pausada y certera: "El Barça, tras remontarle 17 puntos al Madrid en 13 minutos y con un triple increíble de Marcelinho sobre la bocina". "Ah, me suena", me dice el tío jeta como si supiera algo; "tus datos no contrastan mucho con tu opinión, pero tú sabrás, no es mi vida la que está en juego", acaba comentando el amigo mientras baja la calle con una media sonrisa que, la verdad, no me gusta.

Uff, qué mal rollo. Qué tensión. Qué locura he hecho. Me podía haber callado ese último dato tan pedante. Me ha sobrado, me digo ya solo bajo el sol sin poder dejar de darle vueltas al partido. Si no gana el Madrid ya sé lo que va a pasar. A lo mejor he arriesgado mucho, pero me da que esta ACB es blanca, que las estadísticas están para romperlas, que el título va a acabar en la capital de España. Es mi opinión. Claro que hay bastante en juego con ella.

¿Quién lo iba a decir? En plena Eurocopa y la gente hablando de baloncesto, jugándose hasta su dinero y, ojo, algo más importante, la verdad. Esta final entre Madrid y Barça está dando mucho de sí. Que haya suerte. Que gane el mejor. Aunque, hombre, por mi vida, que gane el Madrid ¿no?

La 'Era Durant' ya ha comenzado

Los Thunder ya son finalistas de la NBA. Han necesitado seis partidos para deshacerse de unos bravos Spurs, que solo han terminado por ceder ante un equipo más joven, físicamente más fuerte y con el mismo o más talento. Estos tres factores han sido providenciales para que la franquicia de Oklahoma dispute su primera final de Liga como tal (recordemos que este equipo jugaba antes en Seattle). Pero el fundamental, el que realmente ha marcado la diferencia, el que les lleva a estar muy cerca del anillo, no es otro que Kevin Durant.

A sus 23 años, el alero se ha encargado de demostrar a los que dudaban (sinceramente, creo que tampoco debía haber muchos) que está preparado para marcar una época en el baloncesto. De ahí que no extrañe que un sabio como Gregg Popovich, técnico de los de San Antonio, le haya calificado como "el mejor jugador del mundo".

Durant lo tiene todo.  Es alto para jugar de 'tres' (mide 2,06); pesa 110 kilos, pero es rápido; arma el brazo con una precisión y una clase que da gusto; sabe entrar a canasta con agresividad; pasa y también asiste; todo esto sin olvidarse de rebotear y de defender a un buen nivel merced, en gran medida, a su envergadura de brazos, que le han valido el apodo de 'Durantula'.

Todo esto dice mucho de Durant, pero su principal virtud va aún más allá. Tiene que ver con su liderazgo, con su capacidad para aparecer en los momentos desequilibrantes, en los que está todo en juego y no se debe fallar. En esos instantes, el alero siempre está. Este video muestra perfectamente lo que digo. Es del cuarto partido de las semis del Oeste de este año ante los Lakers, el del famoso balón perdido de Pau Gasol. Esto fue lo que pasó:

  

Durant no se inmutó para meter el triple que daba el partido a su equipo y les ponía 3-1 a favor en la serie.

Tras los Lakers, los Spurs también han sucumbido a la picadura de 'Durantula'. Sus Thunder llegaron 2-0 abajo en esta final del Oeste. Finalmente han terminado ganando 4-2. Unos ajustes bastaron para cambiar el negro panorama que había en los de Oklahoma. El primero fue poner a Thefolosha sobre Parker, el segundo dar más minutos a Ibaka. El tercero, que Westbrook tirara menos y Durant más.

Así, anoche el alero se fue anoche a los 34 puntos. En el quinto suyos fueron 27; en el cuarto, 36. Tantos que aún valen más si decimos que 'Durantula' anotó anoche 20 en la segunda parte; 22 en el quinto partido, a domicilio por cierto, y 18 no ya en la segunda mitad, si no en los últimos siete minutos del cuarto encuentro. Una actuación antológica que tiene más valor (sí, aún hay más) si decimos que 16 de ellos llegaron de manera consecutiva. Una locura que merece la pena observar.

 

Todo lo escrito y visto hasta ahora habla por sí solo de un jugador especial que promedia 27,8 puntos, 7,9 rebotes y 4,2 asistencias en lo que va de play-offs, que ha subido sus promedios serie tras serie y que tras ser MVP del pasado All Star ha vuelto a ser el máximo anotador de la Liga por tercer año seguido. Todo sin una mala palabra, sin un gesto altivo de más y con una elegancia en su juego que hace que éste te guste aún más.

Ahora al alero le toca pensar en la final, para la que tras esta noche puede tener rival. Éstos serán los Celtics si ganan a los Heat en el sexto partido en el Este (lo que haría que me pusiera en pie ante los 'orgullosos verdes, cuyo carácter es de alabar). Aunque aún es posible que Miami sea el rival. Entonces veríamos a 'Durantula' enfrentarse a LeBron en el duelo de los duelos. La clase contra la fuerza; un jugador que parece más del siglo XX contra uno del XXI; la discrección contra la fanfarria.

Eso será en pocos días, en la gran final de la NBA; en la que, si no me equivoco, se va a certificar el comienzo de un periodo muy longevo de tiempo: la 'Era Durant'.

Sergio, a nivel selección en un Palacio de antes

Sergio Rodríguez y Novica Velickovic. Novica Velickovic y Sergio Rodríguez. Escribo los nombres de los dos jugadores de moda, los dos de los que todo el mundo habla, los dos que se han echado al Madrid a la espalda para vencer al Baskonia en una serie de las que ayuda, y mucho, a hacer crecer el baloncesto.

El pasado sábado cuando entré en el Palacio y lo vi lleno a reventar; blanco, por las banderas que ondeaban sus aficionados, retrocedí 15 años en el tiempo. A mi adolescencia, cuando el Madrid y el Barça disputaron una final antolígica, en la primera vez que se acabó con la leyenda de que el equipo que tenía el factor campo era el ganador. Entonces Laso era el base de los blancos, y le ponía unos pases a medida a Arlauckas, que se las veía con Mustaf. Mientras, en la cancha estaban Djordjevic, Xavi Fernández o Dueñas por parte blaugrana y Herreros, Angulo o Bodiroga vistiendo de blanco. ¡¡¡Qué tiempos!!!

Los de ahora son diferentes. Es otro baloncesto, otra época, otra actitud... El Palacio no es el de antes, está reformado tras el incendio que lo arrasó. No es tan caliente, es más moderno, pero se vuelve a llenar. Bueno para el Madrid y, sobre todo, bueno para el baloncesto, que puede vivir su máximo apogéo en esa final entre blancos y azulgranas que comienza el miércoles, en la que las miradas se vuelve ahora a Sergio Rodríguez y a Velickovic.

Sin comerlo ni beberlo, el Madrid se ha encontrado con dos jugadores más para esta fase de la temporada. Los datos lo dicen. El base lleva 13 triples de 17 en estos play-offs. Mientras que Velickovic ha pasado de 4,7 puntos a 13,7 y de 2,9 a cinco rebotes doblando sus minutos, de 13 a 26. Pero, sobre todo, lo demuestran las sensaciones.

Sergio vuelve a ser féliz en la cancha. Ya no se atasca tanto en estático y corriendo es imparable. Ahí demuestra su magia con pases espectaculares. La confianza que tiene es tal, que en el quinto partido de esas semifinales ante el Baskonia robó cuatro balones. Parece el jugador de antes de irse a la NBA y las puertas de la selección se le están abriendo de par en par. Puede ser ventajismo, pero creo que el 'Chacho' deberá ir a los Juegos. El porqué, es muy claro.

Hay que ir poco a poco, pero si España quiere el oro olímpico deberá ganar a Estados Unidos en una hipotética final. Para ello tendrá que jugales de tú a tú a los americanos y, con Ricky lesionado, el canario es el mejor suplente de Calderón para ese día. Puede salir y revolucionar el partido, medirse cara a cara a cualquier rival (sea Paul oWilliams) atacándoles y dando sus pases geniales que los Gasol, Ibaka y Felipe podrán aprovechar. Cuatro años en la NBA se notan, aunque no hayan sido los mejores.

En esos Juegos no estará Velickovic, al no haberse metido Serbia en ellos, por lo que se tendrá que conformar con la final de la ACB. A ella llega más que motivado, pareciéndose al del Partizán, el que enamoro a Europa jugando abierto, anotando de tres, posteando bien y cargando el rebote con agresividad. Lo que supone una gran noticia para el baloncesto y para el Madrid, claro.

Un Madrid al que veo ante una oportunidad histórica de ganar la final a un Barça que parece demasido dependiente de ese genio de dimensiones exageradas llamado Navarro. De esa cita, y de lo que en ella transcurra, hablaremos en el siguiente post. Hoy tocaba hacerlo de Sergio, de Velikovic y, cómo no, de ese Palacio de los Deportes lleno hasta la bandera. Como en el año 97. Jugaban Barça y Madrid la final. Como ahora. Hervía la pasión por el baloncesto ACB, lo que vuelve a pasar. No es un 'flash back'. No. Es la realidad.

Equipo del vestuario


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