Un merecido anillo para LeBron
Confieso que no me cae bien LeBron James. Su forma de ser no va conmigo. Me parece que es bastante chulo, que se mira demasiado al ombligo, que piensa primero en él y luego en los demás. Lo ha demostrado demasiadas veces. Cuando decidió dejar Cleveland en el verano de 2010 para fichar por Miami lo anunció en un programa de televisión de máxima audiencia. "He decidido llevar todo mi talento a South beach", comentó, ni corto ni perezoso, un James que se ha convertido en todo un filón para la marca que le promociona. 10 meses después ese 'talento', que se unió al de Wade y al de Bosh en los Heat, perdió la final de la NBA, de manera sorprendente, con los Mavericks. A los de Dallas les lideró un excelso Nowitzki, del que tanto LeBron como Wade se rieron por fingir una supuesta gripe en el quinto encuentro jugado en Dallas. Esa prepotencia la terminaron pagando en forma de derrota.
Estos hechos son ciertos, verídicos, reales. Pero no me deben cegar. LeBron es un auténtico jugadorazo, una bestia de la naturaleza que con un físico impresionante (su estatura es de 2,03 y su peso de 113 kilos) se mueve con la agilidad de un base, postea como un pívot y corre el contraataque como el mejor de los aleros. Tarde o temprano, merecía ganar un campeonato. Ya lo ha hecho. La pasada noche, los Heat vencieron a los Thunder en el quinto partido de una final de la NBA que han dominado rotundamente. Todos sus jugadores han aportado, desde los secundarios como Chalmers, Cole o, anoche, Mike Miller con sus triples, hasta los más importantes como Wade o Bosh. Todo bajo la batuta y el liderato de un gran LeBron, cada día más máduro y solidario.
El pasado no se olvida. En muchos casos sirve como ayuda en el presente, también para tener un mejor futuro. Quizá por eso, el alero haya promediado en estas Finales 28,6 puntos, 10,2 rebotes y 7,4 asistencias. Quizá por eso, haya promediado en estos play-offs 30,5 tantos, 9,7 rechaces y 5,3 pases de canasta. Quizá en cada ataque, en cada defensa, en cada jugada, LeBron se haya acordado de su horrible final ante Dallas el año pasado, de cómo desapareció en los últimos cuartos de esos encuentros. Quizá por eso, James se fue anoche a un triple-doble de 26 puntos, 11 rebotes y 13 asistencias, uniendo así su nombre a los de 'Magic', Bird, Worthy y Duncan, los únicos que lo han conseguido en un partido en el que se ha decidido el título. Palabras mayores.
LeBron tiene pues su anillo. Lo ha logrado a lo grande. Se lo ha ganado a Kevin Durant, que es con él el mejor jugador de la Liga y cuyo abrazo anoche tras acabar el quinto encuentro demuestra lo que se respetan. Esto en un duelo que es muy posible que se repita año tras año para disfrute de la NBA (nadie como la maquinaria que es la Liga de baloncesto norteamericana para vender este 'Magic'-Bird del siglo XXI) que, además, ha visto como estas Finales han vuelto a despertar al gran público (la audiencia media sabida hasta ahora, la de los cuatro primeros partidos, ha superado los 13 millones de espectadores).
Lo ha ganado tras remontar hasta siete partidos en estos play-offs. Tras estar contra las cuerdas en la final del Este, donde sus Heat perdían por 3-2 ante los Celtics. Entonces, con todo en contra, apareció él para anotar 45 puntos, coger 15 rebotes y dar cinco asistencias en un templo del deporte de la canasta como es el Garden de Boston (sí, aquel en el que Jordan metió 63 tantos para que Larry Bird dijera la famosa frase de "Dios se ha disfrazado de jugador de baloncesto").
Jordan, el mito, el más grande, como el que todos quieren ser. Pues bien, el gran Michael ganó su primer anillo de la NBA a los 28 años de edad. Luego llegaron cinco más. LeBron ya tiene uno. Lo ha hecho a los 27. La comparación está pues más que servida. La verdad es que siempre lo ha estado. Quizá por eso a James le apoden 'The chosen one', 'El elegido'.
Hablando de comparaciones. ¿No os recuerda LeBron a otro deportista? Unas pistas: juega al fútbol, su caracter es parecido, también es icono de una importante marca comercial y se está saliendo en esta Eurocopa, en la que quiere llevar a su selección a ganar el torneo. Ambos tienen una cosa en común: no son demasiado queridos por el gran público. Algo bastante importante hoy en día, donde no todo son los títulos. Eso sí, LeBron ya tiene el suyo. Un anillo más que merecido.




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