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¿Dónde está el límite de Luka Doncic?

    jueves 13.oct.2016    por Pedro Molina    0 Comentarios

Ciudad deporte de Valdebebas. Entrenamiento del Real Madrid de baloncesto. Los jugadores llegan al recinto. Cada uno conduciendo su coche. Bueno, todos no. Hay uno que lo hace con su madre al volante. Se trata de Luka Doncic, la joven perla del baloncesto blanco. La nueva perla del baloncesto balcánico y europeo.

El esloveno tiene 17 años. La mayoría de edad llegará el próximo 28 de febrero, pero ya ha acaparado más titulares que muchos jugadores a los 30.

Pablo Laso, su técnico, ha dicho que le recuerda a Dejan Bodiroga, con el que compartió cancha una temporada. Palabras mayores, pues se trata de una leyenda que daba clases de estilo, elegancia y sangre fría en los momentos calientes de los encuentros para dominar el viejo continente a su antojo. Un doble campeón del mundo, un triple campeón de Europa, un tres veces ganador de la Euroliga.

Rudy Fernández, su compañero en el juego exterior blanco, cree que ya se le ha acabado lo de ser joven. "Es un jugador de presente. Tiene que dar uno o dos pasos adelante para ser un referente", ha comentado el balear, que sabe bien lo que es emerger pronto. No tanto por él como por Ricky Rubio, al que tuteló desde su aparición en la ACB con solo 14 años y 11 meses en Badalona. La aparición de mayor impacto que uno recuerda, pues de éste se venían hablando maravillas desde su exhibición en el Europeo cadete de Linares en ese mismo 2006.

Luka fue precoz, pero no tanto como el del Masnou. Su debut en Liga llegó con mayor edad, concretamente con 16 años y dos meses. Fue en el Palacio de los Deportes ante Unicaja, al cual ya dejó su sello nada más saltar a la cancha con un triple esquinado que dictaba que ya podía estar con los mayores.

Ese mes de abril de 2015 Doncic aún no estaba formado del todo físicamente. Quizás ahora tampoco lo esté, pero solo ver el cambio que ha pegado este verano asusta. Ya solo parece un chaval por su cara de niño. Su cuerpo y sus 2,04 de estatura más bien dicen lo contrario.

Laso le empezó utilizando de base. Su manejo de balón y su visión de juego indican que ese es su puesto natural. Pero en solo seis partidos: tres amistosos (ante Unicaja, Fenerbache y un NBA como Oklahoma) y tres oficiales (también ante los malagueños y ante Valencia en ACB y en el de ayer frente a Olimpiacos en el estreno de la nueva Euroliga) ya le hemos visto jugar a un nivel excelso también de 'dos' y de 'tres'. Es lo que hace tener un físico privilegiado y, sobre todo, una mente a un nivel aún mayor.

Doncic dirige con soltura, asiste con facilidad y tira con seguridad. Juega bien el 'cinco contra cinco' y a la contra. Tapona y rebotéa en ambos lados de la cancha con una normalidad que asusta. Es el jugador moderno en un siglo XXI en el que los pivots tiran de tres y los aleros entran en la zona en busca de capturas que generen segundas opciones de tiro. Un jugador que no es descabellado decir que puede actuar en cuatro posiciones distintas en la cancha.

Ahora bien, ¿cuál es su límite real? Si lo hay, ¿éste, dónde está?

Cuando comenzó la temporada muchos fueron los analistas que afirmaron que la baja de Sergio Rodríguez iba a ser perfectamente cubierta por el esloveno. Algo que a mí me pareció erróneo, pues 'Chacho' no hay más que uno y con 17 años creía improbable, que no imposible, que Doncic tuviera la madurez, la magia y la sangre fría del tinerfeño a los 30 para casi siempre acertar. Quizás me pude equivocar.

Quizás Doncic esté ya preparado para ser el escudero perfecto de Llull en el Madrid. Quizás su crecimiento no se esté dando a pasos grandes como hasta ahora, si no a zancadas. Quizás Luka esté ya muy cerca del último peldaño de una escalera que le haga reinar en breve en Europa y marchar a la NBA.

De momento, las previsiones ya le colocan en el 'Top 10' del 'draft' del año 2018. Aunque bien haría él en olvidarse de ellas y seguir puliéndose día como hasta ahora. Marchando a Estados Unidos en verano a entrenar. Siguiendo los consejos de un ex jugador de baloncesto como su padre y de una campeona del mundo de danza como su madre: Mirjam Poterbin que, de pequeño, le apuntó a bailar; la que aún le lleva a entrenar.

Así no le ha ido mal a este chico de 17 años del que no se para de hablar, pese a que ni siquiera tenga la mayoría de edad.

Ya lo dijo él en la celebración de su último título como jugador blanco. "No tengo el carnet de conducir, pero ya tengo dos Ligas". Y una Copa y una Intercontinental... Y los títulos que faltan por llegar.

Pedro Molina   13.oct.2016 20:07    

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