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Larga vida a este Olimpiacos

    martes 23.may.2017    por Pedro Molina    0 Comentarios

Nunca fui un gran fan de los equipos griegos, es más podría decir que los llegué a odiar. Este efecto producido en mí tiene una causa clara: lo mucho que me hicieron sufrir en mi adolescencia. Son muchos los recuerdos.

Creo que todo empezó con una canasta anulada a Arlauckas en un Panathinakos-Real Madrid allá por 1995. Esta estaba dentro del tiempo, pero no fue dada por válida. A mi mente vienen imágenes de los jugadores helenos marchando a los vestuarios, mientras caían monedas y demás objetos a la cancha sin que nadie hiciese lo más mínimo.

Tampoco ayudó mucho el tapón ilegal a Montero que hizo campeones a los 'verdes' esa misma campaña. Más que la intercepción de Vrankovic tras recorrer de forma magistral toda la cancha, en mi recuerdo está la imagen del reloj de tiempo parado. Algo surrealista, que no hizo más que aumentar mi ira hacia los griegos, pese a que luego admirara la carrera del pívot serbio y descubriera los pasos de un Montero que debió machacar.

Más tarde, allá por 2001, ya más mayor, vi como al TAU de Scola, Oberto y Stombergas le hicieron repetir el segundo partido de las semis de esa Euroliga, que no tuvo Final Four si no play-offs, en casa del AEK de Atenas. El motivo: ¡¡¡ Una canasta que entró dos segundos fuera de tiempo y que los colegiados se negaron a anular!!!

Entre medias, estaba la selección.

La España de Herreros, que siempre acababa como máximo anotador de todos los torneos, siempre caía en los cruces con una Grecia que iba quedando peor clasificada en la fase de grupos. Eran los Europeos del 95 y 98. El arbitraje era dudoso, la cancha una caldera con un nombre que no tenía el significado que debía (Palacio de La Paz y la Amistad) y nuestro equipo no gozaba del nivel del de ahora.

Para colmo tenía que soportar como mi prima Teresa animaba a los helenos porque su amiga Dimitra había nacido allí y era 'muy maja', lo que me llevaba a un enfado tremendo y a ella a tener que aguantar el rapapolvo de mi tío Vicente. Más que merecido, por cierto.

De ahí que desde que Gasol y Navarro entraron en escena, cada triunfo contra ellos me haya parecido gloria bendita.

Gocé en la final del Mundial 2006, en las semis del Europeo 2007 en directo en el Palacio, en la primera fase de los Juegos de 2008; en otras semifinales de un Europeo, en 2009; en octavos de otro Mundial, en 2010. Así, hasta los cuartos del Eurobasket de Francia en 2015.

Si bien, no sé cómo, todo cambió cuando apareció en escena este Olimpiacos. Entonces, el odio a lo griego se convirtió en respeto.

Podemos achacar este cambio radical en mi pensamiento a los triples en los momentos mágicos de Spanoulis cuando más quema él balón. También podría repercutir ese tirito marca de la casa de Printezis. Ese lanzamiento, para algunos tan antiestético, para mí tan bello. Pero yo creo que mi gusto por los del Pireo se debe a su carácter guerrero, a ese no dar nada por perdido aunque el rival sea mejor, a su forma de convertir lo prácticamente imposible en posible.

Su cuatro de cuatro en Final Four ante el CSKA (remontada de 2012 en un capítulo aparte) no hace más que refrendarlo. El Madrid de Laso también sabe de ello. Fue en 2013 en una de esas cuatro ultimas Finales a Cuatro de seis jugadas hasta hoy, en las que a los del Pireo no se les dio por favoritos y siempre aparecieron en la final.

A Olimpiacos debes ganarle cinco o seis veces el mismo partido. Da igual que vayan 10 abajo, ellos van a volver. Es más, casi da más miedo verles detrás en el marcador, pues en ese momento te asestarán la puñalada y acabarán contigo.

Lo harán sin tener la mejor plantilla, con piezas importantes lesionadas (véase el caso de Lojeski y Hackett en este final de campaña), pero lo harán. Siempre con un bloque nacional que derramará gotas de sudor hasta el último segundo (Mantzaris, Agravanis...). Siempre con extranjeros implicados que no suspiran por estar en un primer plano (desde Hines en su época a Brown ahora). Siempre con su Zeus particular al frente: el mencionado Spanoulis, leyenda viva del baloncesto.

Por todo esto y mucho más: larga vida a este Olimpiacos, el equipo más competitivo que he conocido.

Pedro Molina   23.may.2017 20:26    

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