El día que cambió la historia de nuestro Ba-lon-ces-to

    viernes 2.sep.2016    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Escuchad una palabra que para mí y, a partir de ahora, para todos va a ser muy importante: Ba-lon-ces-to". Pepu Hernández, lunes 4 de septiembre de 2006.

La Plaza Castilla se abarrotó. Las calles adyacentes al lugar del evento eran un hervidero de gente esperando a sus héroes. Madrid se había lanzado a la calle para recibir a los hombres que un día y medio antes habían completado una obra maestra que duró nueve partidos. Esta empezó ante Nueva Zelanda un 19 de agosto. Terminó 15 días después frente a Grecia.

La Torre Espacio, situada en la antigua Ciudad Deportiva del Real Madrid ardía. Daba igual. El calor que ésta desprendía no se podía ni comparar al de las 20.000 personas que esperaban a los 'Golden Boys'. Ese es el lema que portaban en su camiseta los 12 hombres que acababan de aterrizar de Japón con el objetivo más que cumplido.

Por fin Garbajosa se podía quitar esos vaqueros que no lavó por superstición durante el campeonato. También Berni podía despegar ese esparadrapo de su elástica, que hizo que sus compañeros le bautizaran como 'Berna'.

Pau Gasol, en cambio, no abandonaba las muletas que le sostenían tras no haber podido jugar la final. El y su barba eran el gran reclamo. Bueno, también triunfaba la de Pepu. Todos querían ser como ellos. Por gustar, gustaba hasta la cresta roja que asomaba en el pelo de Navarro.

Todos queríamos jugar a la Pocha. Aquel juego de cartas con el que pasaron las horas muertas los nuestros en el campeonato. Todos queríamos tener la entereza del seleccionador, que dirigió la final horas después de saber que su padre había muerto. Todos queríamos tener unos ayudantes como los suyos, que le dijeron que no le iban a fallar.

Todos habíamos estado pegados a La Sexta durante el medio mes que la recién estrenada cadena privada emitió integró todo el torneo. ¡Qué lujo! Todos imitábamos las narraciones de un Andrés Montes que se hizo un icono definitivo en esos días con su peculiar estilo.

Todos sentimos un dolor parecido al de Pau cuando su pie se quebró ante Argentina. Todos soplamos para que entrara aquel tiro libre decisivo de Calderón. Todos rezamos para que no lo hiciera ese triple desde la esquina de Nocioni.

Todos fuimos Marc en la defensa a Schortsianitis. También fuimos Carlos Jiménez multiplicándonos atrás en esa final. Todos lanzábamos los triples de 'La Bomba' y de Garbajosa ante Grecia.

Todos volamos con los 'alley-hoops' marca de la casa de Rudy a pase del 'Chacho'. Todos sacamos los codos para coger rebotes como Felipe. Todos aportamos como Cabezas, Berni y Mumbrú.

Todos disfrutamos juntos durante 15 días pues, siendo realistas, solo sufrimos en uno de ellos. Fue en la semifinal ante la albiceleste. Pero, ¡vaya si lo hicimos!. Valió por todo el torneo.

Antes Nueva Zelanda, Panamá, Alemania, Angola y Japón, en la fase de grupos, y Serbia y Lituania, en los cruces, habían asistido al recital de un equipo que fue un ciclón prácticamente perfecto. Un equipo que supo ganar, incluso podríamos decir que apabullar, sin dejar de divertir.

En Japón no empezó todo, pues ya antes de pusieron los mimbres para ello. Pero sí llegó el ansiado éxito.

Nunca antes España había ganado un oro. En siete ocasiones se había rozado en forma de medalla, pero siempre fallaba algo. En el Mundial éste llegó por fin, y lo hizo a lo grande.

Han pasado justamente 10 años. Fue un 3 de septiembre de 2006. Sucedió en Oriente, si bien nuestro seleccionador lo verbalizó al día siguiente ya en nuestro país.

Ese día cambió la historia de nuestro Ba-lon-ces-to.

Pedro Molina    2.sep.2016 23:13    

España: yo te vi arrasar

    sábado 20.ago.2016    por Pedro Molina    0 Comentarios

”Tito: caaaaasta"

Mi sobrina no para de pronunciar esta frase cuando sube a casa y ve a la selección de baloncesto en la tele. No tiene mucho tiempo, apenas un año y siete meses. Así que aún no es consciente que, en una mínima dosis, ella también ha disfrutado viendo a España jugar.

Si bien, sinceramente, Carmen, te has perdido demasiado. Hay mucho que contar. Tu no viste a los nuestros arrasar.

Tu te perdiste Japón, el momento cumbre de la obra en 2006, cuando nos proclamamos campeones del mundo. No viste una defensa antológica que dejó a Grecia en 47 puntos.

No viste a Gasol llorando como un niño, lesionado, tras ganar una final que no jugó por lesión. También había llorado un día antes cuando sufrió el percance ante una Argentina que nos puso contra las cuerdas. Ay... Si no hubiera sido por la aparición de Rudy y el 'Chacho'. Vale, y por el triple del 'Chapu'.

Antes, Lituania y Serbia habían sido unos juguetes en manos de un equipo que rozó la perfección con Pepu en el banquillo. Sí, el que ahora comenta en la tele. Aquel que dirigió una final horas después de que falleciera su padre. Algo que no se notó durante el encuentro y que descubrimos tras verle escuchar el himno emocionado. Aquel que en una abarrotada Plaza de Castilla de Madrid dijo aquello de 'Ba-lon-ces-to'.

Tampoco viste Pekin, claro. Ese fue dos años más tarde, en 2008. Eran unos Juegos, el mayor evento que hay en la historia del deporte. Entonces, el entrenador era otro. Se llamaba Aíto, aunque tu tío y tu padre le llaman 'Don Alejandro'.

Esta vez se perdió en la final. Aunque nunca una derrota dolió menos. Se plantó cara a los jugadores de la NBA, esos que juegan de madrugada cuando tú a veces no duermes. Kobe Bryant, una leyenda, ya oirás hablar de él, tuvo que mandar callar al público tras meter un triple con falta en los últimos minutos. Secundó a Wade que dio un recital.

A nosotros nos lideró Navarro, que no había hecho buen torneo, pero siempre está. De éste ya te pondré vídeos, tranqui, es mi debilidad. Aunque el gran protagonista fue Rudy con unos triples que quedaron eclipsados por un mate en la cara de Howard, un pívot tremendamente grande. Nos dirigió Ricky Rubio que, con 17 años, parecía un veterano. Gasol no estuvo súper. Pero ojo, en la semifinal se había cargado por faltas a tres lituanos. Nos salvó, con una zona y la casta habitual de Felipe y Jiménez ante los bálticos. Cuando se trataba de echarle valor a la situación, ninguno mejor que estos dos.

Pau estuvo a punto de quitarse esa espina en 2012. Se disputaban otra vez unos Juegos.

Tenías que ver a todos los NBA haciendo cola para abrazarle después de habernos ganado. La imagen conmueve. Su resistencia fue homérica, ya te pondré sus 11 puntos seguidos en el tercer cuarto ante cualquiera que le defendiera. También caerán los 19 que llevaba Navarro al descanso sin apenas haber entrenado el día anterior por esa fascitis plantar que le trajo de cabeza en Londres.

Pero LeBron, Carmelo y Durant fueron demasiado. Éste no paraba de meter triples. Qué largo y rápido es. Parecía que estaba en un videojuego.

Esta vez la plata no supo a oro. Sentimos que pudimos ganar. Tenías que ver las caras en el podio. Esta selección es tan buena que ya no es inferior a nadie, ni a Estados Unidos.

Quizás por eso Europa se le ha quedado pequeña.

En 2009, 2011 y 2015 ganamos tres campeonatos continentales. Hasta ese momento no teníamos ninguno, aunque ya se atisbaba lo que podía venir con un bronce en 2001 y dos platas en 2003 y 2007, muy dolorosa ésta. Debes saber que esto de vencer no es tan fácil y empezar a valorarlo.

En todos, el entrenador era el mismo. Se llama Sergio. Se apellida Scariolo. Es un italiano que lleva gomina en el pelo y puede parecer algo altivo, pero no te engañes: es muy majo. Ante todo, es un maestro de la táctica.

En el primer Eurobasket le costó adaptarse a los jugadores, pero cuando lo hizo y se olvidó de tanto sistema la selección fue de recital en recital.

Ganabamos a todos, pero a Francia especialmente. Podía ser en cuartos con una defensa antológica sobre Parker tras pasar al límite la fase de grupos, con el tiempo aprenderás que estos chicos iban tan sobrados que eso llegó a ser una constante. También se les podía superar en una final. Navarro lo metía todo en su 'Semana fantástica' e Ibaka ponía cinco tapones en 10 minutos. ¡Qué equipo tan estelar!

¿Y Gasol?, te preguntarás. Él nunca fallaba. Era el líder. Sabía cuando había que estar.

Hace un año algunos cometimos el error de dudar de él y de este conjunto por su desliz en 'nuestro' Mundial. Ya te he dicho que no es tan fácil vencer. Más cuando te confías demasiado.

Entonces, con Río en el horizonte, él apareció para disputar un torneo único y llevar a España a estos Juegos que estamos disfrutando hoy.

Un capítulo aparte lo merecen sus 40 puntos ante Francia en la semifinal del que era 'su' campeonato. Fue un encuentro único, ante 27.000 espectadores que habían llenado un campo de fútbol en Lille. Se ganó en la prórroga. El resto de equipo metió la otra mitad. Para que te hagas a la idea de la hazaña. Fue como ver a un hombre jugar con niños. Dudo que algún día presencies algo igual. Pero aparte de Pau tenemos muchos jugadores más.

No me puedo olvidar de Llull y su 'el equipo antes que yo' pese a que sea una estrella. Ni de Mirotic o Willy. Ya me has oído hablar, y mucho, de Navarro. También de Rudy y de como jugar bien de 'tres' sin serlo, hay que ver cómo defiende. Tu madre es la que te habla de Felipe, ese que siempre coge los rebotes aún no sabemos como y tiene la receta de la longevidad. También te he mencionado al 'Chacho' y su magia, nadie pasa como él. Y al capitán Carlos Jiménez.

No hay que olvidarse de un Calderon que desde 2003 fue el base titular. Tenía un primer paso tremendo y no veas como las metía de tres. Ahora su puesto lo ocupa un Ricky que, como ya te he dicho, fue un genio precoz. Quizás te suenen menos, pero Berni y Cabezas también fueron claves en este grupo con su defensa. Si no que les pregunten a Papaloukas y Diamantidis. También lo es ahora Claver. ¡Ah!, aunque le veas de traje, Garbajosa antes jugaba con ellos. Era un 'cuatro' abierto, como lo puede ser Mirotic ahora. Cómo forzaba las faltas en ataque, ya te lo dirá el abuelo. Su gran pasión era el equipo nacional.

Se me olvidaba, Gasoles tenemos dos. A Marc ahora no le ves por una lesión. También juega de pívot como su hermano y es muy bueno. Una roca en defensa, que se lo digan a Schortsianitis; un baluarte en ataque. Todos ellos, y muchos más, han sumado títulos y medallas desde 2001 sin parar. Aunque no te puedo engañar, sin Pau nada sería igual.

El es el factor diferencial, el hombre que ha cambiado nuestro baloncesto. El que hace que una hazaña como perder por solo seis puntos una semifinal olímpica con Estados Unidos y luchar por un bronce nos parezca algo normal.

¿Sabes?, desde que llegó Gasol, yo solo vi a España arrasar.

Pedro Molina   20.ago.2016 14:41    

Abrines y el espejo de Rudy

    lunes 18.jul.2016    por Pedro Molina    0 Comentarios

La fuga sigue. El mercado persa en el que se ha convertido la NBA deja a Europa, y al Barça, sin otra de sus jóvenes estrellas: Alex Abrines. 18 millones de euros en tres años tiene la culpa de esta nueva marcha de un español a la mejor Liga del mundo. El dinero y su talento, claro.

Abrines es un jugadorazo. Lo tiene todo para triunfar al otro lado del charco: físico, tiro, talento, ilusión... Siempre me ha recordado mucho a Rudy Fernández, con algunos matices, claro.

El ahora jugador del Real Madrid se marchó a Portland con 23 años. Lo hizo después de dominar Europa a su antojo. Lo hizo con el Joventut en unas temporadas soberbias. La última, la 2007-08. En ésta lideró a la Penya para ganar la Copa en Vitoria. Fue un martillo pilón en una ACB en la que solo Marc Gasol le quitó el MVP, en la que el Barça en una semi a tres partidos, de manera sorprendente, le arrebató un título que llevaba su nombre. Una campaña en la que también ganó la ULEB juntó a unos jóvenes Ricky y Pau Ribas, con Aito y un basket preciosista en el banquillo.

Abrines se marcha a la NBA con 22 años. A diferencia de su paisano mallorquín lo hace sin haberlo demostrado todo en el Barça. Llegó al club azulgrana hace tres años con un cartel enorme tras ‘tirar la puerta' en Únicaja. Pero las las lesiones y la falta de confianza de un Xavi Pascual que nunca le dio los galones esperados (no sabemos bien los motivos) no nos han dejado ver al jugador determinante que esperábamos.

Las lesiones también han hecho que Abrines no haya podido deslumbrar con la selección. Apenas pudo jugar el Mundial 2014 al no tener un minuto en la preparación. Menos hizo en el Europeo 2015, al que no llegó por su maldita fascitis plantar.

El Rudy que llegó a la NBA lo hizo como campeón del mundo, subcampeón de Europa y subcampeón olímpico tras un mate en la final de Pekín ante Howard que dio la vuelta al mundo.

Los precedentes muestran pues una diferencia entre ambos. Mientras en 2008 Rudy marchó a Estados Unidos siendo una estrella europea, Abrines lo hace en 2016 siendo aún una promesa con un gran futuro por delante. Sin embargo, entre ambos hay mucho en común aparte de sus raíces isleñas.

Ambos gozan de unas cualidades tanto físicas como técnicas ideales. Abrines sale del ‘carretón' creo que mejor de lo que lo hacía Rudy antes, entra a canasta de forma parecida, si bien es cierto que la defensa de este último es un poco menos agresiva, lo que no le permite robar balones con tanta facilidad. Características similares que no iguales.

Ahora al que fuera jugador de Unicaja y del Barça le toca mostrar todo su talento en la NBA. Ganarse un puesto con los Westbrook, Robertson, Oladipo, Waiters, Singler y compañía en la difícil ‘Era post-Durant' en Oklahoma. Esperemos que su aventura salga mejor que la de un Rudy al que la espalda le obligó a volver a Europa para ser un referente en vez de un secundario en Estados Unidos.

Por talento y cualidades, Abrines debe dar que hablar en los Thunder. Pese a ciertas diferencias, tiene en Rudy un buen espejo en el que mirarse.

Pedro Molina   18.jul.2016 21:29    

Sergio Rodríguez: un idilio con la NBA

    miércoles 6.jul.2016    por Pedro Molina    0 Comentarios

¿Son ocho millones de dólares los culpables de que Sergio Rodríguez vuelva a la NBA? Seguro que esta cuestión ha asaltado la mente de muchos al hablar del tema en los últimos días.

Lo más probable es que el 90 % haya respondido que sí. Pues bien, yo soy del 10 % que contesta que no, que hay un factor mucho más importante más allá.

Hagamos cuentas:

De estos ocho millones que va a cobrar el ‘Chacho', dos van a ir a pagar su claúsula de rescisión (500.000 es el tope que puede y va a abonar un equipo NBA). Nos quedamos pues en seis como salario, lo que no está nada mal si no fuera porque la tributación en Philadelphia es de más de un 40 %. Redondeando, Sergio cobrará unos tres millones en la NBA. Estos serían de dólares. Ahora habría que pasarlos a euros (en los que también se paga la cláusula). Por lo que su sueldo no sería muy superior al que cobra en el Madrid. Más o menos cercano a los dos millones y medio de la moneda europea.

Dejemos pues a un lado lo económico, que también es importante ojo. Y vayamos a lo deportivo.

“No me arrepiento de haberme ido tan joven a la NBA. Fue una decisión correcta. Aprendí mucho y crecí como jugador". “Estoy jugando con algunos de los que tenía en pósters de mi casa. Es un sueño". “Sinceramente, no creo haber fracasado". Estas son algunas de las declaraciones que dejó el ‘Chacho' tras su aventura NBA entre 2006 y 2010. Allá se fue con 20 años.

Allá vuelve con 30. Sin el pelo rapado, con barba. Sin estar soltero, con la misma novia de antes pero que ahora es su mujer. Con una hija y mucha más madurez. Sin ser sólo una promesa en Estudiantes que deslumbraba con sus pases y su magia, si no como uno de los tres mejores bases de Europa que decide con sus triples una gran final con el Madrid. Así viaja Sergio a Philadelphia, a un equipo sin grandes directores de juego que le hagan temer por una falta de minutos.

Lo hace para asistir a los Okafor, Noel, Embild y Ben Simmons como hacía en la capital con Slaughter antes y ahora con Ayon. Para permitirles lucirse a base de mates. Otra cosa será que lleguen los triunfos. Eso es cierto. Los Sixers no parecen el mejor lugar para ganar, pero sí para divertirse.

Por eso vuelve el ‘Chacho' a la NBA. Aunque lo primero sean las victorias. Aunque, como todos, quiera competir y ganar, él entiende el baloncesto como algo más: como un juego, como algo lúdico, como una pasión en la que reconoce que hace lo que más le gusta. Baste otra sentencia suya para demostrarlo. “¿Por qué jugador pagarías una entrada", le preguntaron una vez en una entrevista. “Por Jamal Crawford", respondió. Hablaba el tinerfeño del alero de los Clippers. Un tipo tan talentoso como anárquico y poco activo en defensa, capaz de meter 50 puntos con tres equipos diferentes en la NBA.

A éste y a muchos más se enfrentará Sergio desde octubre. Se nos va el ‘jugón'. El base por el que merece la pena cada céntimo de lo que pagamos por entrar a un pabellón. Un 'jugador de dibujos animados', que diría Jorge Valdano. Un base que siempre ha tenido y tendrá un idilio con la NBA. Una Liga en la que, aunque él no lo reconozca, tiene la sensación de que ya debió triunfar.

Ahora, tendrá una segunda oportunidad.

Pedro Molina    6.jul.2016 18:33    

Golden State, ¿sueño o pesadilla?

    martes 21.jun.2016    por Pedro Molina    0 Comentarios

"Despiértate, olvídalo, aquello nunca sucedió. Todo fue una ilusión", cantaba La Oreja de Van Gogh en su canción ‘Pesadilla' de su primer, fresco y mejor disco.

No fue una pesadilla, no. LeBron James le puso un tapón monumental a Andre Iguodala a menos de dos minutos para que terminara el séptimo y definitivo partido de la Final de la NBA.

 

Después llegó Kyrie Irving para matar definitivamente a Curry y compañía con un triple cuando restaban 53 segundos. Adiós al segundo anillo consecutivo. Adiós a la temporada, hasta ese momento, más que redonda.

 

No, no fue una ilusión. Y no hay que olvidarlo. Sí. Sucedió.

Golden State vio como toda su estructura se dinamitaba en casa, ante su público. El mismo que ha disfrutado de una temporada de ensueño.

Un público que ha asistido cada noche a una exhibición cada vez mayor. Un público que ha (que hemos) disfrutado cada día con un baloncesto de ensueño, con más de 1.000 triples en la fase regular, con los lanzamientos de 10 metros de un Curry de dibujados animados que nos ha hecho creer en lo imposible y que ha ganado el MVP por unanimidad, con la circulación de balón perfecta, con Green haciendo de base y a la vez de pívot. Un público que esperaba impaciente cada partido en busca de un nuevo triunfo que le acercara al récord de los Bulls. Un público que asistió con alborozo a la histórica marca del 73-9.

 

En Oakland se lamen las heridas que les han producido LeBron e Irving. Su tamaño es considerable, por lo que tardaran mas tiempo en cicatrizar. Es lo que tiene caer desde un rascacielos al suelo a la velocidad de la luz.

La velocidad de su juego, sin más. La que ha cambiado el baloncesto moderno, en el que se tira tanto de tres como de dos. El baloncesto de los Warriors, el de la revolución.

Una revolución que unos dirán que ha sido sofocada por las huestes de LeBron James para acabar convertir en sueño en pesadilla. ¿O acaso no?

¿Es justo que caer en casa en un séptimo partido y ser el primer equipo en la historia que ha visto como le remontan un 3-1 en la historia de las Finales pese mas que todo lo mencionado antes, que los récords, que el espectáculo, que un baloncesto que ha acaparado tantas portadas y elogios tanto por el cómo se ha realizado que por el resultado obtenido?

Juzguen ustedes. Yo creo que no.

Pedro Molina   21.jun.2016 13:56    

10 razones para no perderse la NBA 2015-16

    lunes 26.oct.2015    por Pedro Molina    0 Comentarios

Mañana da comienzo una nueva edición de la NBA. 30 equipos en busca de un objetivo: hacerse con el título de campeón allá por el próximo mes de junio. Son muchas las razones para no perderse nada de la mejor Liga del mundo. Aquí os dejo unas cuantas. Exactamente diez.

1. LeBron, a reinar en casa

Tiene dos anillos, ha sido cuatro veces MVP de la Liga, ha jugado 11 All Stars y suma dos oros olímpicos con su selección. Pero a LeBron le falta algo. Le falta hacerse con el título de campeón en su casa, en Ohio. Para eso volvió ‘El Elegido' a Cleveland, para dar el primer trofeo de la NBA a los Cavaliers. Lo rozo el año pasado, pero las lesiones, y los Warriors, fueron demasiado. Ahora toca revancha ¿Podrá alzarse LeBron con el título con Irving, Love y Varejao ya sanos?

 


2. Golden State, en busca del ‘Back to back'

Dicen que lo difícil no es llegar si no mantenerse en la élite. A eso es a lo que aspiran los Warriors tras su excelsa campaña del año pasado. En ella demostraron que se puede ganar jugando bien, con un basket estético que hizo las delicias del respetable. Salvo por la marcha de David Lee, el bloque está intacto. Veremos pues como afecta la presión de defender título a los Curry, Thompson, Iguodala y compañía. Todo con un Steve Kerr en el banquillo que tratará de repetir las lecciones tácticas en momentos clave de la campaña pasada. Si su espalda se lo permite, claro.

 


3. ¿La ‘Era Kawhi-LaMarcus en San Antonio?

Aunque el que manda en San Antonio es Duncan. Aunque todo el mundo piense que la clave está en que Parker nos vamos a encontrar, lo cierto en que en Los Spurs no sólo se piensa en el presente, sino también en el futuro. Por eso, el pasado verano se renovó a Kawhi Leonard. Para que, a sus 24 años, empiece a ser su ‘Jugador Franquicia'. Por eso se fichó a LaMarcus Aldridge, que bien se podrá complementar aún en la zona con el eterno Tim. ¿El sexto anillo para el hombre que cambió la franquicia con su llegada en el 97? No seré yo quien lo descarte.

 


4. El hambre de los Thunder

Si hay un equipo que va a salir a muerte desde es el minuto uno esta temporada, ese es el de Oklahoma. Aún perduran en nuestra mente las lesiones de la campaña pasada, especialmente las tres de un Kevin Durant que, por cierto, este 2016 acaba contrato. Sin éste Westbrook se multiplicó, pero nada pudo hacer pese a sus 11 estratosféricos triples-dobles en la fase regular. Con ‘Durantula' sano la cosa cambia. También con la llegada de Billy Donovan a su banquillo tras 19 en el de los Gators de Florida. Mucho ojo a estos Thunder.

 


5. Pau, el líder de Chicago

Ni Rose, ni el renovado Butler, ni Joakim Noah. El que manda en Chicago es Pau Gasol. Su majestuosa actuación en el Eurobasket ha dado al de Sant Boi aún más galones de los que tenía. De su papel y del crecimiento de Mirotic, que puede formar ya parte del quinteto desde el inicio, dependerá buena parte del futuro de estos Bulls. Tampoco todo, eso sí, en un conjunto en el que habrá que ver cual es la química entre los mencionados Rose y Butler y como sienta el baloncesto alegre de otro técnico universitario, el del ex de Iowa Fred Hoiberg, en contrate con el practicado antes bajo las órdenes del siempre obseso en defensa Thibodeau.

 


6. Anthony Davis, candidato al MVP

La pasada campaña promedió más de 24 puntos y 10 rebotes. Además fue por segunda vez consecutiva el mayor intimidador de la Liga al poner casi tres tapones por encuentro. Llevó a Nueva Orleans a los play-offs, donde no se amedrentó ante Golden State. Dice que este verano ha estado entrenando los lanzamientos de tres, un arma más mortífera aun que añadir pues a este ala pívot de 2,08. La llegada de Alvin Gentry, principal arquitecto de los sistemas ofensivos de los campeones Warriors, al banquillo de los Pelícanos seguro que le hace crecer aún más. Con 22 años, el futuro es suyo. ¿MVP? Es posible, con el permiso de LeBron.

 


7. ¿El año de los Clippers?

Cada campaña que comienza uno piensa lo mismo: “Qué buena pinta tienen los Clippers. Este puede ser su año". Su magistral serie de primera ronda ante los Spurs así parecía hacérnoslo ver el pasado mayo, pero luego llegó el cortocircuito ante Houston cuando les ganaban por 3-1 en las semis del Oeste. Ahora toca volver a empezar, pero con un lujo de equipo. A Chris Paul y a Blake Griffin se les ha vuelto a unir DeAndre Jordán tras su ‘sí pero no' a Dallas. Llegan grandes refuerzos: un veterano como Pierce, Josh Smith y un Lance Stephenson al que seguro que ‘Doc' Rivers sabrá domar. Del mejor entrenador de la Liga, tras Popovich, dependerán gran parte de las opciones de los suyos.

 

8. ¿El último baile de Kobe?

Kobe Bryant hará historia el próximo día 28 cuando salte a la pista del Staples Center para enfrentarse a Minnesota. En ese momento se convertirá en el jugador que más temporadas ha vestido la camiseta de una franquicia NBA. Serán 20 las que lleve con la de oro y púrpura de los Lakers. Es cierto que en las dos últimas apenas le hemos visto, sólo ha jugado 41 de los 164 partidos posibles de su equipo. Pero no lo es menos que pocos como él tienen ese afán de superación y ese hambre competitiva. Ahora, al escolta, le toca tutelar a los más jóvenes, a los prometedores D'Angelo Russell y al ya recuperado Julius Randle, con su contrato de 25 millones de dólares bajo el brazo. ¿El último que habrá firmado? ¿El año de su adiós a los angelinos o a las canchas? Estas dictarán sentencia.

 


9. Wiggings y los nuevos Timberwolves

Cuando Andrew Wiggings fue traspasado por Cleveland a Minnesota a cambio de Kevin Love, muchos dudamos de si los Cavaliers acertaban desprendiéndose del número uno del ‘draft' de 2014. El tiempo dirá. Lo único cierto es que los Timberwolves tienen un jugadorazo sobre el que reconstruir su plantilla. Mejor dicho, dos, tras la llegada este verano de Karl Anthony Towns de Kentucky. Los lobos vuelven a aullar, lo hacen con un Kevin Garnnet que afilará los colmillos de aquellos jugadores que estén más tiernos. El más feliz de todos, Ricky Rubio, si las lesiones le respetan claro.

 


10. Unos Bucks muy atractivos

¿Se acuerdan ustedes de aquellos Nets que jugaron la Final de la NBA en los años 2002 y 2003? Los entrenaba Byron Scott, aunque realmente el que mandaba era Jason Kidd desde la cancha. Ahora el base se ha vestido de técnico y quiere hacer de Milwaukee un equipo grande. Mimbres tiene para ello. Carter Williams será su ‘alter ego' en la cancha, vuelve Jabari Parker tras su lesión, continúa Middleton, y qué decir de Antetokounmpo. Kidd ya ha dicho que le va a usar en las cinco posiciones esta temporada. La diversión con los Bucks está asegurada.

 


He aquí 10 razones por la que no deberían perderse esta temporada NBA, pero nos dejamos en el tintero muchas más. A Marc y sus competitivos Grizzlies, al duo de magos que forman John Wall y Bradley Beal en Washington, a Harden ahora con Ty Lawson de acompañante en otro ‘backcourt' de lujo como el de Houston; a un Hezonja que tiene pinta que lo va a romper en Orlando tras formar parte de un ‘draft' que puede dar que hablar; a unos Heat a los que llega uno de los robos de éste, Justise Winslow, a unos Kings que sueñan de la mano del trío ‘Rondo-Belinelli-Cousins' volver a poner en pie a la ciudad de Sacramento...

Como decía aquel: nos sobran los motivos. Ahora, siéntense y disfruten.

Pedro Molina   26.oct.2015 15:27    

El Madrid y Sagan, la vida en arcoíris

    lunes 28.sep.2015    por Pedro Molina    0 Comentarios

365 días. Cinco títulos. Todos los posibles.

El último llegó ayer con la Copa Intercontinental ante el Bauru. Un torneo que puede considerarse menor, pero el cual hay que ganar en cancha contraria y ante un rival que tampoco es cojo. Hay que hacerlo tras 9.000 kilómetros de viaje, tras 11 horas y frente a un público que crea un ambiente hostil.

Cierra así el Madrid una temporada de ensueño. Una temporada arcoíris.

Peter Sagan, el ciclista, vestirá la campaña que viene un maillot con estos colores. Lo hara tras ganar ayer el Campeonato del Mundo de fondo en carretera tras un precioso ataque final en las pocas cuestas adoquinadas que tenía el circuito de Richmond.

Lo hará después de ser favorito en muchas puebas, como los blancos. Lo hará después de ser segundo en gran parte de las etapas del Tour un año en el que no ha estado a ese nivel, eso sí, en las Clásicas de Primavera. El segundo puesto, algo que conoce muy bien este Madrid, (no hace falta que mencione las Euroligas perdidas en 2013 y 2014 ¿no?. Puede que sí la ACB de ese último año que casí le cuesta el puesto a Laso).

Sagan llevará una se las prendas fetiches del mundo del ciclismo después de ser tozudo y tenaz. Después de creer en sí mismo, en su estilo, de no perder nunca la fe y la esperanza. Después de no darse nunca por vencido. Hechos en los que no le va a la zaga, el Madrid.

Así pues, no es una locura decir que el corredor eslovaco y este equipo blanco tienen bastantes puntos en común.

Hemos mencionado la perserverancia en forma de Finals Fours perdidas para los del deporte de la canasta. Aún resuenan sus lloros en Milán en Londres. Lo hacen casi tanto como los golpes de Sagan a su manillar tras volver a dar al plo en la 'Grande Boucle'. Queda por hablar del el estilo: creativo y atractivo, rápido y vistoso en ambos.

El del eslovaco en forma de ataques constantes vestido de verde, de descensos suicidas y, claro, con su presencia siempre en los sprints, buscándose la vida a su aíre, como los genios.

El de los merengues con ese juego rápido, de defensa, rebote y contraataque, con los pases sin mirar del 'Chacho', las carreras imparables de Llull, los triples de Carroll, la clase de Rudy y la casta de Felipe que han vuelto a llenar y a convertir en un parque de atracciones el Palacio. Pero aún hay más.

Tanto el del Tinkoff como los de Laso son muy queridos por el gran público. Atraen. Tienen carisma. Ambos a su manera.

De ahí que el pelotón no ponga ningún pero a la victoria de Sagan en el Mundial de Richmond anoche. De ahí que gran parte de sus compañeros le feliciten cuando, tras cruzar la meta, se gira con su aíre chulesco y gracioso a la vez para dejar claro que es muy bueno. De ahí que, con ese aíre ocioso y divertido, le lluevan los elogios en el mundo de la canasta al Madrid.

Queda ahora saber donde está el límite de ambos, el cual parece estar bien alto.

Mucho se tiene que torcer la cosa para que el ciclista, de solo 25 años, no sea recordado como uno de los grandes del pelóton.

 

Los cinco títulos ganados esta temporada (seis para los internacionales españoles), 10 en la 'Era Laso', no le aseguran al conjunto blanco estar de nuevo arriba. Pero, por lo visto ahora, parece imposible que no se mantengan luchando por todo en los próximos años.

 

Sagan y el Madrid; el Madrid y Sagan. Así disfrutan en este momento ambos. Así ven la vida los dos, de color arcoíris.

Pedro Molina   28.sep.2015 18:19    

Regreso al Futuro IV

    lunes 21.sep.2015    por Pedro Molina    0 Comentarios

3 de septiembre de 2006. La selección española logra en Saitama el mayor título de su historia, el Mundial.

20 de septiembre de 2015. El equipo nacional se hace en Lille con su tercer Eurobasket.

Han pasado nueve años. Pero el tiempo, muchas veces, no es obstáculo para que dos acontecimientos tengan una repercusión similar.

Es cierto que Lille no es Saitama, que Campeonato del mundo solo hay y habrá uno, pero lo hecho por Pau Gasol y compañía en estos 15 días nos ha vuelto a retrotraer al pasado. Parece como si el de Sant Boi hubiera cogido su DeLorean particular, hubiera montado en éste a Felipe Reyes, a Rudy y al ‘Chacho', lo hubiera puesto a 140 kilómetros por hora y, tras marcar en el bólido la fecha de uno de los últimos días de agosto o de uno de los primeros de septiembre de 2006, los cuatro supervivientes del triunfo en el Mundial hubieran encontrado en el país nipón la fórmula mágica para que el Eurobasket 2015 viniera a casa, o al menos para que la atención acaparada fuera la misma.

Pau se habría visto muy diferente, con un look a lo ‘grunge' que, en nada, se asemeja a su peinado más de padre que ahora. Pero estaría igual de rápido, menos fuerte, eso sí, con peor tiro, también con menor visión de juego e intimidación y con mucha menos capacidad de liderazgo que la de ahora. Y mira que era bueno aquel Gasol.

Felipe también notaría los años. Sin duda, para bien. Sería un calco cogiendo rebotes (como lo será dentro de 20 cuando juegue con su hija, pues eso no cambiará), pero vería un joven de 26 años que apenas se aleja del aro, al que le costaba anotar de cinco metros y no tan fiable desde los tiros libres. Incluso se extrañaría de verse en ciertas discusiones con los árbitros, pecado de juventud.

Rudy se emocionaría al ver sus vuelos sobre el aro rival, sus ‘alley-hoops' con su amigo Sergio. “Mi espalda", pensaría. “En 2015 me trae por la calle de la amargura, en 2006 no sufría nada" se diría mientras veía, eso si, que aún no tenía la madurez para defender con cierta solvencia a los ‘treses' rivales.

Y el ‘Chacho', ¿qué comentaría?

Para empezar se miraría al espejo y no se reconocería. Vería a un chico de pelo rapado e imberbe. Pero pronto, en cuanto saltase a la pista, se daría cuenta de que lo único diferente era su aspecto y que portaba el número 11 en la camiseta en lugar del 6. La magia sigue intacta, eso es imnato y tampoco va a cambiar de aquí a 20 años cuando juegue con su hija. ¿Y el tiro? Pues éste su ha mejorado y mucho, aunque Sergio no se daría demasiada cuenta de ello si lo que viese fuese esa semifinal ante Argentina que él y Rudy levantaron en el segundo cuarto de un partido memorable.

 

La semi ante los Scola, Ginobili y compañía es el partido que, precisamente, asemeja, en cierta medida, los logros de 2006 y 2015.

Es cierto que en Japón había más equipo. Estaban Navarro haciendo de las suyas, Calderón y un enorme Garbajosa, entre otros, en un conjunto que solo sufrió ante la albiceleste en un torneo impecable. Pero también es verdad que la explosión de júbilo que se formó tras la victoria ante Francia de hace cuatro días, con Dios vistiéndose con la zamarra número cuatro de Pau Gasol, no fue menor que la de hace nueve. La ilusión volvió a apreciarse en el público, quizás por el hecho de la dificultad del logro y de las bajas con las que se llegó a Lille.

 

A esta ilusión en el personal habría que volver a unir a los medios, de nueve volcados con el Ba-lon-ces-to (léase como lo dijo Pepu, de manera pausada y abriendo bien la boca en la pronunciación de cada sílaba). Aunque haya quien no lo crea, el madrileño tiene un parecido mayor del qué parece con Sergio Scariolo. Algo que seguro Pau y los demás habrían notado en su viaje al pasado.

Ambos, el español y el italiano, son dos soberbios gestores de grupos que saben jugar con los aspectos mentales. Lo hacen a la hora de motivar, también a la de quitar presión. También hay cierta similitud en su bagaje táctico, aplicando alguna que otra zona en momentos delicados atrás, si bien Scariolo parece más amante de la táctica. Aunque su mayor punto común radica en torno a la figura de Pau Gasol.

Los dos supieron de la importancia de tener en su equipo al mejor jugador español de todos los tiempos. Pero los dos han sabido también jugar sin él. Quizás suene a herejía el comentar esto después de la actuación más descomunal del de Sant Boi en una competición FIBA, pero es así. En este 2015 ha habido momentos importantes (véase los inicios de los últimos cuartos ante Grecia y Francia) en los que se ha logrado sacar ventaja o reducir ésta con Pau en el banquillo. Siempre a la espera de que tu arma más letal llegue fresca a los últimos minutos, donde no ha fallado.

No lo hizo en 2006 hasta esa final que se perdió lesionado. Tampoco en 20015. Mucho menos en los dos Europeos ganados en 2009 y 2011. Tampoco en las platas olímpicas de 2008 y 2012. Por suerte, todos son éxitos maravillosamente logrados. Cada uno forma parte de la leyenda de un equipo que perdurará en nuestras mentes de manera eterna, pero han sido el primero y el último los que más ilusión han generado.

¿Quién sabe? Es posible que Pau de verdad haya cogido el DeLorean y haya viajado al pasado para nueve años después demostrar que el tiempo no pasa por él, que no hay nada imposible, menos seguir en lo más alto.

Pedro Molina   21.sep.2015 21:12    

Llull, un cohete hacia Houston

    lunes 22.jun.2015    por Pedro Molina    0 Comentarios

No hay que ser demasiado astuto. Tampoco un erudito en la materia. Cuando a uno se lo ponen tan fácil, lo más normal es acertar. Eso es lo que ha pasado de cinco años a acá, momento en el que decidí escribir en este blog sobre Sergio Llull, el que es el hombre de moda.

http://blog.rtve.es/elvestuario/2010/02/el-hombre-de-las-remontadas.html

Decía aquel 26 de febrero de 2010, tras aquella heroíca victoria ante el Montepaschi Siena, en el post titulado "El hombre de las remontadas", que aquel joven de Mahón poseía enormes cualidades.

Destacaba su físico, su defensa, no le ponía peros al tiro y a su forma de entrar a canasta. Alababa su polivalencia. En este sentido, comentaba que Llull me gustaba más como base que como escolta. Aunque, sin duda, lo que más valoraba era su fe. Poco de eso ha cambiado en este periodo de tiempo. Lo que lo ha hecho, ha sido para mejor.

De ahí que al escribir sobre éste ahora, lo haga pensando en su marcha a la NBA. Nadie duda que, si quiere, el menorquín jugará la temporada que viene de rojo con Houston. Estas son, solo, algunas de las cualidades que le pueden hacer cruzar el charco:

1. Su afán competitivo

Existen pocos jugadores en Europa con esa voracidad, con ese hambre. Su intesidad no tiene límites. Da igual el encuentro, el rival, pues Llull no sabe dosficarse. En ese sentido lo ha dejado claro más de una vez: "Juego siempre al 100 %". Ahí están los resultados. Su fe mueve montañas, levanta partidos. Algo impagable en el baloncesto actual.

2. Su físico

En este sentido, el de Mahón es una fuerza de la naturaleza. Podría estar jugando tres o cuatro encuentros sin cansarse. Sus fulgurantes salidas a la contra para sacar canastas de un balón robado e incluso a veces de la nada son el mejor ejemplo de ello.

3. Su polivalencia

Prefiero a Llull de base, pero la gran ventaja es que también puede jugar de escolta. En las dos posiciones tiene más puntos fuertes que flacos. De 'uno' aprovecha su primer paso. De 'dos', además de adelante, tras salir como una centella de los bloqueos, puede ayudar mucho atrás.

4. Su cabeza

La mejora del menorquín ha sido tal que ya no toma apenas malas decisiones. Al jugador alocado de antes le ha llegado su parte más cerebral. Llull sabe ahora cuando correr, cuando pararse, cuando pasar o en que momento tirar. Aumentan pues sus virtudes y disminuyen sus carencias.

5. Su visión de juego

Con Laso como técnico y con un genio en este apartado como el 'Chacho' como compañero, Llull ha añadido a sus ya sabidos peligros una mejor visión del pase. Mejora pues su labor de asistente, arriesgando menos al dar la pelota y perdiendo ésta también menos veces. Otro factor con el que sale ganado el equipo.

6. Su tiro

Sus porcetajes han aumentado gradualmente. No solo por una mejora en la ejecución y mecánica de tiro. El de Mahón sabe en estos momento debe tirar y cuando no. Apenas queda rastro de aquellos lanzamientos, a veces, sin sentido. Sigue teniendo un don cuando está a punto de sonar la bocina. "Son los tiros más fáciles pues no se puede pensar", suele comentar.

Son muchas las virtudes y pocos los defectos que hacen, en estos momentos, de Llull un jugador total. Con el segundo partido de la Final ACB aún en mente nos preguntamos si estos serán sus últimos días en España. Si está ya en la NBA.

 

Su enorme talento y los alrededor de 17 millones de dolares durante las próximas tres campañas que entrarían en su bolsillo, pueden hacerle marchar.

Harden ya tendría la pareja perfecta con la que poderse complementar. Un base, un escolta, con el que alternarse a la hora de subir la pelota y que le diese una todavía mayor licencia para lanzar. Desde luego, Llull ya está más que preparado para saltar a la NBA. Lo tiene todo todo para triunfar. Queda por ver si lo hará.

Cosas muy raras se han visto en Texas, si no hagan memoria. Recuerden volverse al genio Spanoulis sin apenas rascar bola a Europa tras pasar un año inadvertido al otro lado del charco. Cabe esa posibilidad. Parece difícil, pero se puede dar. Claro, siempre que Llull decida marchar. De momento viste de blanco con un contrato que expira en 2018. Para gozo de la entregada afición blanca, lo hace genial.

Pedro Molina   22.jun.2015 21:42    

LeBron llega al Olimpo

    miércoles 27.may.2015    por Pedro Molina    0 Comentarios

“He decidido llevar todo mi talento al sur de Miami". LeBron James. 8 de julio de 2010.

“¡Hemos conducido a esta ciudad de vuelta a las Finales!". LeBron James. 28 de mayo de 2015.

Cinco años han transcurrido desde que LeBron pronunció estas dos frases. Cinco años que han dado para que el alero llegue a cinco Finales de la NBA. Sí. Cinco años que han servido, también, para mucho más.

Echemos la vista atrás. Miremos a ese atleta con un cuerpo privilegiado para jugar al baloncesto vestido con la camiseta con el número 6 de los Heat. Veámoslo sentado, con su cinta en el pelo, con Wade à a su izquierda, con Bosh a su derecha. Escuchémosle hablar. “Ni uno, ni dos, ni tres, ni cuatro, ni cinco..." Veámoslo disfrutar el día de su puesta de largo. Veámoslo llegar a la gran Final de la NBA. Veámoslo soñar con el ansiado anillo, hasta que llegó Nowitzki y le partió la cara en la derrota que llevó a LeBron James a triunfar.

Las Finales de 2011 supusieron un punto de inflexión en la carrera del hombre llamado a reinar en el deporte de la canasta en el siglo XXI. Sus horribles partidos ante Dallas, mención especial a unos últimos cuartos en los que desapareció hasta el punto de firmar 11 puntos con un 21 % en tiros de campo, 10 rebotes y ocho asistencias en 58 minutos de 60 posibles de los cinco últimos enfrentamientos, terminaron por hacer madurar al genio que vemos ahora.

Ahora, volvamos al presente. Miremos de nuevo a ese atleta con un cuerpo privilegiado para jugar al baloncesto. Veámosle vestido con la camiseta con el número 23 de los Cavaliers, el conjunto con el que debutó en la Liga. Veámosle de repente sin cinta en el pelo. Veámosle preocuparse por la rodilla de Carroll cuando el alero de Atlanta sufre un golpe que nos hace temer lo peor. Veámosle subir la bola, pasar como un base, defender como un pívot.

Éste es el nuevo LeBron. Un jugador más maduro que se amoldado con el tiempo a las circunstancias. Un hombre capaz de liderar al equipo de su ciudad en su retorno tomando en cada momento la decisión adecuada. Cediendo tiros a Irving sin importarle perder protagonismo, asumiéndolos cuando el base no está. Sacando lo mejor de un equipo joven que ha sabido evolucionar. Unos Cavaliers que son otros desde la llegada de Mozgov, Smith y Shumpert. Unos Cavaliers que han sabido sobreponerse a las bajas de Varejao y Love. Unos Cavaliers que desde el 19 de enero han ganado 26 partidos en casa y sólo han perdido dos. Todo, o casi todo esto, se debe a LeBron.

En 1966 los Celtics de Bill Russell alcanzaron su quinta Final de la NBA de manera consecutiva. En 2015 ‘El Elegido' repite hazaña. Han tenido que pasar 49 años para que se repita semejante hecho. Rozando el ‘triple-doble', con unos salvajes 30,2 puntos, 11 rebotes y 9,2 asistencias en la última serie ante Atlanta, llega el alero a la gran cita. Allí se enfrentará, salvó milagro, a los Warriors de Curry. La lógica dice que entonces Cleveland sucumbirá. Pero es sólo lógica. El baloncesto es algo más. Es emociones, sensaciones. Son rebotes, pases, canastas imposibles que nos hacen disfrutar.

LeBron las vivió con Allen y su triple ante los Spurs, con Wade, con Bosh... Así ganó dos anillos en Miami, sabiendo en que no debía fallar. También perdió otros dos con estos Heat, ante dos equipos que le superaron con claridad. Lejos queda su derrota con Cleveland ante San Antonio en 2007 cuando era un chaval. ‘El Rey' ya peína canas en el poco cabello que le queda. Sabe que lo importante es estar. De ahí que haya alcanzado el Olimpo, que esté con los mejores.

Compararle con Jordan es una temeridad. Apenas vi a Kareem y solo sé de Russell y Chamberlain por vídeos y datos. Pero si he disfrutado con ‘Magic', Bird, Duncan y demás. Junto a ellos coloco a LeBron. Merece formar parte de ese grupo ya.

Pedro Molina   27.may.2015 20:20    

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