"Busco entradAC DCesesperadamente"
La vida no siempre te da las oportunidades que creemos que merecemos para aprovecharlas. Por eso y porque más vale un "por si acaso..." que cien "Yo creía que..." hay que ver AC/DC. Los mitos no crecen en el jardín y nadie vende más de 100 millones de discos haciendo lo mismo durante tres décadas. Ellos son únicos porque dejan al rock desnudo, sacan toda la rabia y el sentimiento de su música con lo básico. Pero esa sencillez los hace especiales y esa forma de llegar los convierte en esenciales en el mundo de la guitarra. No sólo por sus temas clásicos y sus discos llenan estadios. Agotan entradas porque sus conciertos son simplemente una maravilla, un espectáculo digno de ver, aunque no sean tu banda preferida, aunque no hayas cantado nunca el Highway to hell o no sepas lo que es el paso de pato. Los australianos realizan un show impecable, cuidado al milímetro pero aún así no está exento de la improvisación y la emoción de Angus en cada acorde.
Yo tuve la oportunidad de verlos el 11 de diciembre de 2000 en el Palacio de deportes de la Comunidad de Madrid (sí, el que se quemó pocos meses después por una chispa del diablo). Era el tercer concierto consecutivo de los australianos y aunque caía en lunes no importó para colgar de nuevo el cartel de "No hay billetes". Porque cuando los protagonistas tienen más de 50 años nunca sabes cuándo va a ser la última vez que suban al escenario. Y porque en cada canción da la sensación de que rejuvenecen varios años. Las notas de las guitarras se cuelan en los oídos como rayos y el cuerpo parece llevar esa corriente eléctrica que los denonima. El sonido es increíble por su calidad y por su volumen. El espectáculo no sólo te atrapa por sus fuegos artificales, también por los cañones, la bola de demolición, la celda de la que sale Angus de debajo del escenario, la muñeca enorme, la campana de Hell bells... Son más de dos horas de adrenalina que nunca se olvidan. En mi lista de mejores conciertos sigue estando ese día con AC/DC y difícilmente puede cambiar. Aunque estoy dispuesto a que lo mejoren. Y no sólo yo miles de personas que han agotado las entradas y todos los que se han quedado sin ellas. Las lindezas llegaban hasta aquí pero la nostalgia de aquel concierto no nos tapa los ojos para preguntarnos ¿por qué las tantas entradas se agotaron tan pronto cuando las páginas de internet y los cajeros automáticos se colapsaron enseguida? ¿No sería mejor volver al sistema de cola de toda la vida y la entrega en mano de cada entrada? Porque es muy desesperante estar horas delante de un ordenador con una tarjeta de crédito y que la página se cuelgue cada vez que entras. ¿Es normal en pleno siglo XXI, en la era de las nuevas tecnologías, que sea imposible acceder a un servicio que venden a bombo y platillo? ¿Se te ocurre un sistema más justo o que la menos no falle tanto? Si tienes entrada cuéntanos cuán afortunado te sientes sin dar envidia, claro y si no has conseguido, quéjate aquí y critica, con respeto claro, lo que creas injusto.
JUANMA



