El aventurero Meneses
Dice Enrique Meneses que no es malo ser aventurero siendo periodista. Que lo malo es ir de turista. Y sostiene que la aventura es colocarte deliberadamente ante obstáculos para disfrutar del placer de vencerlos.
Este fin de semana lo he pasado en Polonia y he tenido algún tiempo para leer. He terminado un delicioso reportaje de ficción escrito por Don Winslow. El poder del perro es una obra narrada al galope, trepidante, tan cercana a la realidad que no sabría si colocarla en el ránking de ficción o no ficción. Y terminar con El poder del perro me ha permitido meterle mano entre el traqueteo de los vetustos ferrocarriles polacos a otro libro que me miraba de reojo desde la mesilla: Hasta aquí hemos llegado. Así se titula.
No he alcanzado la mitad del libro, pero ya puedo asegurar que Enrique Meneses VIVIÓ, con todas las mayúsculas, en sus primeros 15 años mucho más de lo que yo habré vivido cuando acaben mis días. Sin duda. El relato de sus 15 primeros años de existencia es una verdadera montaña rusa. Sin exageración. Y no exagero si digo que Enrique Meneses es, de las personas que se han cruzado en mi vida, la más parecida a mi admirado Gabrielillo, ese personaje de los Episodios Nacionales que por azares del destino se convertía en protagonista de todos los grandes momentos de nuestra historia en la primera mitad del siglo XIX.
Por la vida de Meneses han entrado y salido casi a diario personajes históricos de grueso calibre -no sé que me impresiona más: que conviviera unos meses con Fidel Castro y el Che en Sierra Maestra o que de pequeño le vacunara en persona don Gregorio Marañón-. Personajes de tal talla que para el común de los mortales el solo contacto con uno de ellos habría significado su gran hito en este transcurrir vital.
Hace ya unos cuantos años leí su África de Cairo a Cabo. Me fascinó. Y le pregunté a Fernando de Giles, mi consejero en asuntos de viejos reporteros, por este tal Enrique Meneses del que sabía más bien poco. Me respondió: “Hombre, Meneses es uno de los grandes”. Se me quedó cara de ignorante… Y no era la primera vez que me ocurría ante Fernando. Eché balones fuera y pensé: “¿Qué carrera de periodismo es ésta en la que no se cita ni una sola vez en cinco años el nombre de Enrique Meneses?”
Meneses es un tipo que si hubiera dedicado un poquito, sólo un poquito, de su vida a la autopromoción hoy sería un maestro de talla planetaria. Tampoco exagero. Tengo la impresión de que el frenesí de su montaña rusa no le dejó tiempo para pequeñeces como ésa. No hay que darle más vueltas: él está aquí para vivir y contarlo. Este mayo, durante la entrega en Segovia de los premios Cirilo Rodríguez, se metió en el bolsillo a una audiencia boquiabierta encadenando una historia detrás de otra (ver foto). Y eso es, al fin y al cabo, lo que tiene que ser un reportero: un gran contador de historias. Bravo, Meneses.
PS: Y si alguien quiere conocer un poco mejor a Enrique Meneses, le recomiendo el especial que rtve.es le dedica a él y a otros grandes reporteros de TVE como él. Un homenaje imprescindible.



