Los cerdos de Kosovo
De la imagen de la huida de los serbios de Kosovo en 1999 guardo una imagen imborrable. Describo el entorno: Carretera desierta con destino a Pec, al noroeste de la entonces provincia serbia. Silencio tenso, sólo roto por algún disparo esporádico. Lluvia. Niebla. Y la imagen: Cerdos, muchísimos cerdos trotando desorientados.
No hubo mejor prueba de la huida de los serbios que esas decenas de piaras alocadas. Sólo los serbios tenían cerdos en sus granjas. Los albanokosovares, en su mayoría musulmanes, ni los comen ni los cuidan.
Ese conflicto terminó como tenía que acabar: Con las fuerzas especiales de Milósevic en retirada después de haber cometido mil y una vilezas contra los casi dos millones de albanokosovares que, en la mayoría de los casos, resistieron esos abusos con estoicismo.
Serbia ya ha pagado su ansiedad.
Leo ahora el informe del Consejo de Europa en el que se acusa a las nuevas autoridades kosovares de haber tratado como cerdos a los serbios que cayeron prisioneros. Es sólo un informe, no una sentencia. Pero me resulta creíble. Engordar a unos 500 serbios para después pegarles un tiro en la nuca y enriquecerse con la venta de sus riñones… Qué horror. No se trata de una venganza. Es peor, es vengarte y de paso engordar tu bolsillo y el de tus amigotes con un buen puñado de dólares.
Kosovo, ya desde la conferencia del castillo de Rambouillet, cometió un error estratégico. Dio el poder a los que sólo tenían que haber combatido. Las guerrillas sirven para lo que sirven. Y punto. Ha pasado en otros muchos países que aún pagan las consecuencias. En la delegación kosovar de Rambouillet había personas con gran capacitación, con una visión a largo plazo del Estado kosovar, sin ansia de venganza... Pienso, por ejemplo, en Veton Surroi. Pero se optó por dar el poder –luego respaldado en las urnas, cierto- a los que sólo supieron responder a los policías de Milósevic con su mismo lenguaje. A los Hashim Thaci de turno.
El odio a lo serbio -comprensible por la humillación sufrida durante años- les ha dado alas a algunos guerrilleros, convertidos en politiquillos, para justificar lo injustificable, para crear un poder mafioso. Lo digo con lamento porque en Kosovo mantengo buenos amigos. Y me duele este Kosovo en el que me jugué el tipo en más de una ocasión por salvar la vida de inocentes albaneses. La frase puede sonar grandilocuente, pero me sale de las tripas...



