La carne de Contador
A muchos les parece un cuento y poco creíble la historia de la carne contaminada en el caso de Alberto Contador. Para mí nunca fue una invención y ya lo he dicho un montón de veces a los aficionados que me preguntan sobre esto.
La primera vez fue cuando se hizo público el positivo de Alberto con clembuterol durante el pasado Tour de Francia. Buena prueba de ello es la conversación que quedó grabada en el programa de radio de La Cadena Ser 'Hoy por Hoy', de Carles Francino, el 30 de septiembre de 2010.
Tal vez en aquel momento, estupefactos por la noticia, no caló hondo. Tal vez sea bueno ahora recordar lo dicho en aquel día para que no haga falta repetirlo continuamente y se pueda dar mayor credibilidad a este lamentable caso.
Aquí dejo la siguiente conversación que mantuve poco después de concluir la etapa de Pau:
- Hola José ¿Qué tal va todo? –respondo a la llamada de José Luis López Cerrón-.
- Todo bien. Voy camino de Pau, aprovechando que el Tour está cerca y así hablo con algún equipo para mi carrera. Te llamaba por si quedábamos a cenar esta noche –comenta Cerrón-.
- Yo no puedo, me voy con mi familia que está en Biarritz. Pero llama a Carlos (mi compañero de TVE Carlos de Andrés) que está solo y así os hacéis compañía.
- Le llamaré más tarde. Voy a parar ahora porque Paco Olalla (el cocinero del Astana) me ha pedido que les compre carne, un buen solomillo de la tierra. Que están cansados de comer la ‘suela de zapatos’ que les están dando estos días en Francia.
Más o menos, fue así la conversación.
Esto es una práctica habitual cuando estás en el extranjero y te enteras de la visita de un amigo a la carrera y le encargas cosas de tu país. Recuerdo en numerosas ocasiones que nos traían para todo el equipo jamones pata negra o vino de La Rioja o Ribera del Duero.
Tengo unos recuerdos especialmente maravillosos, que me hacen relamer de gusto, cuando Juantxo (cocinero vasco de la zona de Amorebieta) gran aficionado al ciclismo, nos traía al Tour o a la Vuelta unos riquísimo canutillos que preparaba él mismo.
Para los más incrédulos, se puede trasladar a otros aspectos, por ejemplo, cuando un familiar viene de visita y te trae chorizo, huevos u otros artículos del pueblo. O la típca conversación entre amigos que escuché hace poco: “Luis, ya que vas a Nueva York, tráeme un Ipad, que allí son más baratos y luego haremos cuentas”.



