Los otros mercados
Echo de menos un mercado a la vuelta de la esquina. En el que el frutero sepa lo que quieres y escoja él mismo la mejor fruta para ti, porque madrugó, y mucho, para seleccionarla. Un mercado donde, a fuerza de visitas, acabes conociendo al que te pide la vez... otra cosa que echo de menos. Donde el queso no se venda empaquetado en plástico, donde las lonchas de jamón se corten en directo (nos gusta el directo). Ese espacio donde el bip-bip de la caja no existe, porque las teclas de la balanza no suenan. Un mercado de siempre, de ésos que empiezan a desaparecer, y no sólo porque el oficio no se perpetúe y sea difícil mantener un puesto de generación en generación, sino porque quienes deben mantenerlos no valoran su función... o no les resulta rentable.
Hoy hemos entrado en el Mercado de la Cebada, en Madrid. Podría -aunque el dinero es un obstáculo difícilmente salvable- desaparecer para convertirse en un centro comercial. Sí, de esos que ahora pueden abrir 24 horas, 365 días del año...




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