SEMANA 5. ¡ES EL TODO, BÁRBARA!

    lunes 27.mar.2017    por Ramón Salazar    0 Comentarios

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Ha sido un rodaje relativamente tranquilo. Una minuciosa preparación nos ha hecho fluir, cumplir plazos, rodar todo lo que queríamos rodar y el tiempo ha jugado a nuestro favor. Hasta el viernes pasado.

Bárbara Lennie estaba sentada en la ventana de la planta de arriba, mirando hacia el exterior, concentrada para una de las secuencias más dramáticas y complejas de la película. Comenzamos a rodar. Su personaje -Chiara- trata de contener todo aquello que no se ha permitido mostrar durante toda su vida. Todo va bien, la emoción fluye. De repente Bárbara corta a Chiara y dice: “Disculpad, creo que el equipo de fuera va a salir volando”. Cortamos la toma, nos asomamos y aquí lo que vimos:

La secuencia tenía una iluminación compleja, una iluminación nocturna con un entramado de focos y palios sobre altos trípodes para alcanzar la planta superior. Un viento comenzó a zarandear todo el chiringuito y eléctricos y gente de producción se posaron sobre la base de los trípodes para que no se volcaran. Entonces nos azotó el huracán acompañado de una lluvia despiadada. Un lodazal bajaba de la montaña arrasando con carpas y monitores. Saltó la luz y el ruido era tan ensordecedor que no valía nada por sonido. En fin, que todo lo que no había ocurrido en cinco semanas aconteció en una sola noche, todo junto. He de decir que gracias al estoicismo de todos los que aguantaron fuera el diluvio universal los de dentro pudimos rodar la secuencia que queríamos. No sé cómo agradecerlo lo suficiente.

Y sentada en el alféizar de la ventana, con su cuerpo en medio del temporal y su mirada en el pasado de su personaje, como una niña pequeña ajena a la muerte; ella. Ella.

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Le tocaba esa escena que clavó en la prueba. Hace más de un año, dije a las directoras de casting que las actrices me podían llamar para preguntar sobre el personaje. Barbara no lo hizo. Me parecía demasiado joven para el personaje. Pero llegó y, sin muchas palabras de por medio, agarró una pelota de tenis que le di para la escena (en la realidad es una taza de té caliente). Es, con diferencia, la secuencia más difícil de la película. Empezó a hablar mirando por una ventana que no existía (por la que el otro día veía volar al equipo de eléctricos) y a decir -cargada de odio, asco y mesura- las palabras que yo había escrito un año antes. Arrasó, como el huracán del viernes. Cuando intenté hablar con ella después cogió su mochila como si estuviera ruborizada y se marchó. Yo me quedé mudo, con esa sensación de congoja al ver que algo que has escrito ya tiene voz y cuerpo, como cuando ves aparecer al chico que te gusta en la discoteca y haces como que no te das cuenta o no te importa, pero el corazón te va a mil y te vas a mear encima.

Lo que más me gusta cuando trabajo con una actriz con la que no he trabajado antes es observarla en secreto (sin que me vea) y tratar de entender cómo funciona en el proceso creativo; qué movimientos emocionales ejecuta antes de entrar en su personaje. Con Barbara no lo he conseguido. He tratado de esconderme en recovecos, detrás de columnas, etc… para estudiarla sin ser visto. Allá donde me coloque, por bueno que sea el escondrijo, es contar a cinco y ella gira la cabeza justo en la dirección hacia mí. Me mira tranquila como diciendo “te pillé” y me sonríe cómplice. Menos una vez que me debió ver tan concentrado en descifrarla que abrió los ojos incrédula como diciendo “quita de ahí, puto Nosferatu” y yo aparté mi cuello de búho.

Antes de rodar me soltó un: “Vamos a comer un día, ¿no? Y Hablamos”. Y allí, sentados en la terraza de un restaurante cool de Barcelona, delante de nuestras ensaladas de quinoa, me sometió al tercer grado más intenso que nadie me ha hecho sobre un personaje. Mientras me sometía a las preguntas justas (y con justas me refiero a todas las que luego han jugado en la creación de su personaje, no las que caen en saco roto) me percaté de una cosa: un gesto que le he visto repetir y en el que creo se haya su secreto.

Un eje de mirada estaba en mis ojos mientras me preguntaba. Pero cuando yo contestaba y le daba la información su eje de mirada cambiaba. Miraba ligeramente a su derecha y cuarenta y cinco grados en sentido descendente mientras se asentía a sí misma. En algún lugar por ahí abajo hay una puerta de entrada a la forma en la que selecciona, procesa y ordena meticulosamente la información sobre el alma de sus personajes.

Cuando estamos rodando y me acerco entre tomas a darle información al oído para que nadie más nos oiga, la noto bajar la cabeza como para escucharme, pero es para mandar la nueva información a través de su eje secreto. Dice “vale” bajito, cinco segundos después otro “vale”. Y poco después, en la toma, lo ves. Lo ves todo. Absolutamente todo.

Yo me he enamorado de ella. Porque no se parece a nada ni a nadie y esa es la gente a la que merece la pena amar, la que hace de tu vida una sorpresa. Y me pasa que tengo la sensación de no haberle declarado abiertamente mi amor. Y los dos meses de campamento llegan a su fin, llega septiembre y el final y el corazón me late porque cada uno se irá a casa, a su ciudad y no le habré dicho: “Oye, me gustas. ¿Quieres bailar conmigo?”, que traducido a lo nuestro del cine quiere decir: “Quiero volver a trabajar contigo. ¿Qué quieres que te escriba?”.

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Categorías: Cine

Ramón Salazar   27.mar.2017 12:30    

SEMANA 4. SUSANA

    lunes 20.mar.2017    por Ramón Salazar    0 Comentarios

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Sé que prometí hablar de las actrices en esta entrega del diario, de ambas. Pero pensando cómo haría para alternar mi historia hablando de las dos me fui encontrando con dificultades. Cada una es un universo tan expansivo que he tomado la decisión de separarlas. Y dedicar una entrega a cada una.

¿Cómo está hoy Susana? Hoy Susana viene pletórica. ¡Susana, ven aquí! Mi querido Sergio Pérez Berbel, el encargado de poner orden a la locura de pelos que es esta película (y alguien que todo el mundo debería tener en su vida) bromea refiriéndose así a Susi Sanchez. La broma se ha extendido y ya la usamos para preguntar por el día a día en rodaje de la actriz protagonista. Ella se ríe cada vez que nos oye llamarla así. Básicamente porque lo de Susana es algo inventado. Luego vuelvo y lo explico.

Susi es mujer de teatro. Ha hecho televisión y cine pero sobre las tablas ha desarrollado las raíces de su carrera como actriz. La semana que viene cumple 62 años y este es su primer papel protagonista en cine. Se llama Anabel y tiene los mismos años que ella porque cuando hacíamos nuestra anterior película juntos pensé que ella sería la protagonista de la siguiente.

Recomiendo el proceso que ambos hemos compartido; Susi ha estado desde que escribí la primera frase. Nos hemos reunido, hemos leído, hemos discutido sobre el personaje y hemos tomado decisiones. A mí me ha dado la posibilidad de otear cierta tridimensionalidad a un proceso plano e incierto como es la escritura. 

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Al comenzar la preproducción de la película viajamos juntos en coche desde Madrid a Barcelona. Tuve una suerte de charla de siete horas de viaje durante las que me contó que de adolescente probó una clase de teatro en la que a través de unas improvisaciones, de repente y sin previo aviso, sacó su voz. Y gritó. Aquel poder gritar la conmocionó y descubrió en aquello un canal para dar salida a todo lo que hasta entonces le habían impedido decir. También cómo a lo largo de su carrera, por su altura, hubo una época en la que sólo le daban papeles de fenómenos atmosféricos. O cómo esos papeles de acompañante de los galanes nunca le llegaron ya que el hecho de sacarles dos cabezas podía hacer sombra a su hombría en la pantalla.

También me confesó que estaba nerviosa, porque a pesar de su larga trayectoria sigue sin controlar “eso de la cámara”, me dijo Susana. Claro que yo tengo un arma secreta en rodaje. Se trata de un pequeño monitor que acarreo como una penitencia y que -al contrario de lo que se piensa, que sirve para ver que la toma esté bien- sirve para espiar el alma de las actrices de esta película. Cuando creo ver algo interesante corro al monitor más grande para cerciorarme de que efectivamente ha ocurrido. En el combo grande, que siempre evito para no estar lejos de ellas, puedo ver lo que Susi es capaz de hacer con “eso de la cámara”.

Pues es algo tan sutil y tan fino que a veces tengo que entornar los ojos para apreciarlo, como cuando mirabas esos dibujos en los que al rato aparecía la imagen escondida. Susi dice que no se reconoce en esta película. Yo creo que la estoy viendo como es, una mujer orgullosa de ser como es, disfrutona, divertida, con la cara cada día más luminosa de plenitud y que lleva de la mano a una niña que ya no tiene miedo.

Pero nuestros galanes seguirán teniendo de parteners a actrices veinte años más jóvenes que ellos, esa imagen los vigoriza; las actrices que cumplen cuarenta seguirán viendo como sus personajes son interpretados por otras que den un aspecto más juvenil y relajado a la madurez; y cómo éstas son recuperadas cuando tengan cincuenta para interpretar a abuelas aún follables. Y así todo el rato, perdiéndonos las interpretaciones de actrices llenas de arrugas y cicatrices con el alma en su mejor momento para ser compartidas. Ay, esa barrera que marca el cine (y la vida), la frontera en la que el hombre decide que la mujer deja de ser sexualmente deseable y la abandona por una de veinte años con el culito prieto. Pues eso, cine y culos prietos.

Susi Sánchez tiene las piernas eternas de una vedette, la mirada de una maestra severa, el alma revolucionaria y la emoción a flor de piel de una niña perdida en un supermercado que busca a sus padres con el corazón encogido. Y precisamente por los años que ha cumplido puede contar sus personajes desde donde lo hace, desde el coño y las entrañas.

Ah, se me olvidaba. Susi no es de Susana, sino de Asunción. Y le encanta usar su segundo apellido: Abellán. 

Asunción Sánchez Abellán, aparte de ser una actriz alta, es usted una mujer inmensa. 

Felicidades.

 

Ramón Salazar.-

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Ramón Salazar   20.mar.2017 12:30    

SEMANA 3. SEXO EN RODAJE

    lunes 13.mar.2017    por Ramón Salazar    0 Comentarios

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Está siendo reconfortante el movimiento antes de la calma. Hasta ahora no hemos parado, hemos viajado sin descanso por las localizaciones de rodaje. Sobre guión parecía una película íntima y controlada. Pero al rodarla se ha revelado como una pequeño laberinto lleno de recovecos. Los personajes secundarios han ido y venido y terminado la película en un pestañeo: Miguel Ángel Solá, Greta Fernández, Manuel Castillo, Fred Adenis, Lucy Tillet, Mónica Van Campen, Iván Morales o Carla Linares han llegado a la historia, han arrasado como un huracán y se han marchado dejando siempre una breve sabor amargo -como de domingo por la tarde-, un anhelo de volver a verlos pronto sabiendo que ya no será en este rodaje. 

Parece que hemos estado tres semanas haciendo fiestas de bienvenida y despedida para los que abandonan el campamento los primeros. Ahora, con tres semanas por delante, queda el grueso de la película y prácticamente sólo estarán Susi Sánchez y Bárbara Lennie. Se han reservado. Estas tres semanas atrás ni siquiera han coincidido mucho, ahora les queda la miga, las entrañas, cocinar la trama a fuego lento. Qué disfrute.

Hay alguien que me ha tocado el corazón. A pesar de tener menos presencia que las protagonistas, resulta un tercer vértice fundamental para conocer los estragos del pasado en la historia. Es Greta Fernández. Es rabiosamente joven y escandalosamente buena actriz. Tiene la mirada de alguien que ha transitado largo tiempo por la vida y el peso en lo que pronuncia se esparce como escupitajos del alma. Me ha dejado con ganas de más. Porque en esta breve historia de amor nuestra he podido ver todo lo que le queda por ofrecer. 

Siempre me ha parecido de mal gusto utilizar los posesivos para hacer referencia a la película o a la gente que te acompaña en el proceso de construirla: MI película, MI actriz, MI equipo. Con el tiempo y los años me parece que casi nada en esta vida nos pertenece y el MIMIMI me pone nervioso. 

Claro que si me toca hablar de Ricardo de Gracia, el director de fotografía de “La enfermedad del domingo”, esta película, esta máxima mía se resquebraja un poco y se vuelve frágil.

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Ricardo y yo coincidimos en la misma promoción de la ECAM (Escuela de Cine y Audiovisual de Madrid) allá por el año 1997. No recuerdo compartir mucho con él aquellos años (yo andaba descubriendo la ciudad como buen recién llegado y colándome en los estrenos de cine y buscando el amor en las calles). En “Hongos”, el primer corto que hice, todo el equipo era gente de la escuela y allí apareció Ricardo como 2º operador. Sabía traducir mi voz a través del objetivo y era elegante en la composición y el movimiento de la cámara. Nos entendimos bien. Hemos trabajado juntos en todas las películas que he hecho. A partir de la segunda ya no sólo como 2º operador, sino también a cargo de la dirección de la fotografía. 

En esta película nos hemos consolidado como equipo indivisible. Hemos trabajado juntos en el proyecto casi un año antes de empezar a rodar. Reuniones/veladas en las que trabajábamos el guión por localizaciones, dando evolución a cada lugar importante de la historia y decidiendo qué entidad tendría dentro de la historia. Ha siso un trabajo delicioso, pausado y con tiempo, en los que una reunión podía terminar en un debate filosófico (Ricardo ha vuelto a la universidad y la filosofía corre a raudales cada vez que te reúnes con él). 

Por eso, si dijera de Ricardo que es MI director de fotografía no estaría aludiendo al matiz posesivo del adjetivo, sino al hecho de que no he hecho ninguna película sin él y que vamos de la mano en esto de hacer cine. Su pasión por hacer que lo que ocurre dentro del plano sea sublime me hace reconciliarme con todo. Saltar y abrazarnos cuando el plano sale bien me hace sentir como un niño que marca un gol frente a sus padres. Pleno, eufórico.

A estas alturas del diario habréis notado que la alusión al sexo del título no era más que una burda trampa para conseguir más lectores.

Pasado el ecuador de rodaje, entramos en la cuarta semana. Rodaremos el ataque de un insecto asesino, duchas alucinógenas, cenas indigestas y una secuencia de un vigilante espía. Yo de ustedes permanecería al tanto.

Ramón Salazar.-

 

P.D.- La semana que viene o la siguiente dedicaré todo el diario a hablar de las dos protagonistas. Estoy tardando para profundizar y prometo contarlo todo.

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Categorías: Cine

Ramón Salazar   13.mar.2017 12:30    

SEMANA 2. EL PUEBLO

    lunes 6.mar.2017    por Ramón Salazar    0 Comentarios

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Es tan curioso nuestro comportamiento a veces. Como eso de sentir nostalgia de algo que aún no hemos perdido, de algo que aún tenemos la capacidad de disfrutar y aún así tememos ya el momento de no estar sintiéndolo: sentir tristeza por unas vacaciones maravillosas que aún están sucediendo; ese amor apasionado que ya sufrimos pensando en el día que lo hayamos perdido… Qué raros somos.

En nuestra segunda semana llegamos al pueblo francés de Prats-de-Mollo. Como un campamento el equipo se instaló en los diferentes hotelitos alrededor de la plaza principal. Cuando te asomabas al balcón por la mañana podías ver los camiones, el equipo ya en marcha yendo al teatro del pueblo donde nos reuníamos a comer, o incluso sentías ganas de asomarte al balcón en ropa interior y gritar: ¡Marcellooooooooo! como estuvo a punto de hacer Marieta (mi querida script) al verme bucólico paseando por la plaza una mañana.

Se trataba de un paisaje complicado, allí de sopetón bajan las temperaturas y se pone a nevar. A pesar de todo el tiempo nos ha acompañado de manera cómplice. Queríamos nublado y así amanecía, si deseábamos sol parecía que nos lo concedían. Hasta que el jueves saltaron las alarmas: inesperadamente el viernes nos sorprendió con una previsión de lluvia y nieve aterradora. Nos quedaba por rodar una importante secuencia exterior y si nos llovía se iría a la mierda. La audacia de mi ayudante de dirección, Victor Cuadrado (a partir de ahora Víctor) puso en marcha la maniobra de alarma y cambió el plan de rodaje esa misma mañana. Si rodábamos esa secuencia antes y no durante la madrugada tal vez tendríamos posibilidades. Aunque todo presagiaba lo peor. 

No sé por qué me acompaña una actitud nueva en este viaje, en este momento de mi vida: la de no luchar contra lo que inevitablemente tenga que ocurrir, dejar las cosas ser y aceptarlas. Alguien del equipo decía el otro día que si no aceptas al destino como tu co-director estás jodido. Y yo, se ve que estoy de acuerdo.

Me sorprendí un par de veces pidiendo a mi co-director que me diera de tregua un par de horas, con eso me bastaría, aunque estuviese planificada para un rodaje de siete horas, si me concedía esos ciento veinte minutos me conformaría. 

A las siete estaba previsto el diluvio, pero no aconteció. Comenzamos a rodar en un carrusel que viajó desde muy lejos para nuestra historia (me pregunto cuántos niños habrán girado en él antes de hacerlo con la Lennie). El equipo unido para que todo fluyera a buen ritmo. Las ocho, las nueve. Tenía todos los planos que quería. Entonces decidí inventarme uno nuevo. Lo preparamos. Y “kaboooooooooommm”. Lluvia rabiosa. El alcalde del pueblo (que interpretaba al taquillero de la atracción) nos miró y negando con la cabeza insinuó que ya no pararía. Sentí la vocecilla del co-director diciéndome que ese plano no estaba dentro del acuerdo, que no abusara de su confianza. Me pareció justo y le di las gracias.

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Me gustan los cementerios. Siempre hay alguno de ellos en mis historias. Mientras se preparaba una escena me di un paseo por el del pueblo que tiene como característica ser un mirador. Situado en la parte alta puedes admirar el pueblo en su esplendor allá abajo. En Prats sus muertos están bajo tierra, pero por encima de los vivos.

Cuando leo los nombres de las tumbas me pregunto cuánto tiempo llevan esas personas ahí sin que alguien haya pensado en ellas. Y me parece curioso que una señora que murió en el año 72 (antes de que yo naciera) es ahora pensada por mí al pasearme frente a su tumba y por un instante vuelve a existir. Y me pregunto cuántos años pasarán hasta que alguien se vuelva a fijar en ella, escondida en esa esquina olvidada de un cementerio poco transitado. 

El campamento terminó con la semana y hoy, después de mucho tiempo y como me ocurría de pequeño, vuelvo a sentir ese sensación de domingo por la tarde. Echo de menos lo que he vivido allí. Tengo nostalgia de la felicidad de este momento de mi vida.

Por suerte mañana bien temprano esta historia sigue. Vuelvo al rodaje. Toca retratar los bosques llenos de bruma, las escenas de intrigas palaciegas, una secuencia no apta para claustrofóbicos y otra que desafía la ley de gravedad. Yo que ustedes permanecería atento.

Ramón Salazar.-

 

P.D.- ¡Qué equipo! ¡Qué fortuna la mía!

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Categorías: Cine

Ramón Salazar    6.mar.2017 12:31    

SEMANA 1. RODAR DE NUEVO

    lunes 27.feb.2017    por Ramón Salazar    1 Comentarios

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Daba vértigo enfrentarse a esta primera semana de rodaje; secuencias de acción en la nieve, todos los protagonistas juntos en una escena, rodajes nocturnos con cincuenta de figuración, varias escenas con animales… Vamos, nada parecido ni de lejos a algo tranquilo. Lo que se dice entrar a corazón abierto. No hay miedo es el lema (aunque por dentro te arda el alma como cuando ruge la marabunta).  

Comenzar la producción de una película es siempre un misterio, como aquellos libros en los que tú mismo ibas decidiendo tu propia aventura según las decisiones que tomabas en cada capítulo. De tu audacia dependía que el proceso fuese vertiginoso y duradero o breve y tremendamente decepcionante. 

Recuerdo el rodaje de mi anterior film -10.000 noches en ninguna parte- como el Woodstock de los rodajes; libertad creativa, mucha diversión, cierta sensación alucinógena o la sensación satisfactoria de estar siempre hasta las orejas de barro. Y un cierto mareo mezcla de eternidad y juventud que hicieron de aquello uno de esos recuerdos que permanecerán en mi lecho de muerte. Qué viaje.

Ahora empiezo una nueva película, se titula LA ENFERMEDAD DEL DOMINGO y habla sobre los límites -físicos y emocionales- a los que es capaz de enfrentarse el ser humano. Un tour-de-force entre dos actrices -Bárbara Lennie y Susi Sanchez- que llevan el peso de una historia íntima cargada de intriga. Más adelante dedicaré un capítulo sólo a ellas en el que intentaré traducir lo que me provoca dirigirlas a diario. Aún no soy capaz, es apabullante y necesito asentar emociones. Cada semana trataré de traducir mi experiencia durante el rodaje y compartir en este diario el proceso íntimo y minucioso de lo creativo.

Es la primera vez que ruedo en Barcelona (también lo haremos en otras zonas de Cataluña, Andorra, en la localidad francesa de Prats-de-Mollo-la-Preste situada en el Pirineo y París). Llevo instalado en la ciudad casi dos meses y la fortuna fue a recogerme a la estación de Sants el día que llegué. Ya me detendré en cada uno de ellos más adelante, pero puedo adelantar que nunca me han hecho llegar a un inicio de rodaje tranquilo, sabiendo las teclas que quiero tocar, liberado de cualquier preocupación que vaya más allá de lo meramente creativo. La fortuna de estar protegido por un equipo que es, sencillamente, una joya, un buen pedrolo brillante que luzco sin pudor para que todo el mundo pregunte por su precio y yo responda, soberbio, que es incalculable.

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Sentado mientras escribo sobre esta primera semana de rodaje me acuerdo como si hubiese ocurrido hace unas horas de cuando terminé de escribir el guión y me senté a leerlo de un tirón. Al finalizar pensé que nadie lo querría producir y que sería otra historia que coge polvo en el fondo de un cajón. Se lo envié a mi amigo Francisco Ramos (a partir de ahora Paco) para que me diera feedback (es uno de los mejores para darte perspectiva). Quedamos a tomar brunch -como hacemos muchos domingos- y hablamos durante horas de todo menos del guión. Al momento de pagar me dice: “¿Qué quieres hacer con esa peliculita que escribiste” (imaginadlo con su acento mejicano). “¿Cómo?”, contesté desubicado. “¿Quieres hacer eso o quieres hacer otra cosa?”. “Hombre, trabajé mucho, me gustaría intentar esta”, dije. “Bueno, pues la haremos”. 

Paco tiene esta filosofía que me he apropiado; la de extendernos en el disfrute y ser concretos y directos en lo profesional. Y como esta película también tiene algo de paradoja temporal, no me deja de llamar la atención que entre ese encuentro y el primer golpe de claqueta haya una elipsis de las buenas, de las que te salta de una promesa lejana a una realidad contundente y disfrutona. Nunca un “La haremos.” cobra más sentido que hoy. Gracias, Paco.

Rodar de nuevo es que te den la oportunidad de nacer de nuevo. De vivir una vida entera comprimida en unos meses de trabajo. Y al terminar, la sensación de que es una vivencia que aconteció en otra época, lejana, difusa, intensa, pero tuya al fin y al cabo. Contar historias es eso, el privilegio de agarrar un poco de eternidad, de arañar algo más de la vida. El cine es eso, poder dar un trago de la fuente de la juventud: aunque dura un instante, sabe a gloria. 

Comenzamos la segunda semana: promete exhumaciones de cadáveres, footing o running, peleas en el barro, contrabando de semillas, fiestas con reminiscencia ochentera y más rodajes nocturnos con animales. Yo que tú permanecería atento.

Ramón Salazar.-

 

P.D.- Nuestro lema: “¿Alguien no odiaba la sensación del domingo por la tarde?”

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Ramón Salazar   27.feb.2017 16:42    

La enfermedad del domingo

Bio La enfermedad del domingo. Cuaderno de rodaje.

Estamos rodando “La enfermedad del domingo”, una película producida por Zeta Cinema que cuenta con la participación de TVE. Acompáñanos en este maravilloso camino a través de este diario de rodaje en el que semanalmente os contaremos nuestras experiencias durante este proceso que transcurrirá a lo largo de seis semanas. “La enfermedad del domingo” es un drama íntimo y directo cargado de intriga, donde lo que se dice nada tiene que ver con lo que realmente se quiere decir y en el que el pasado y el presente coexisten escondidos en los recovecos de un espeso bosque. ¿Qué pasaría si un domingo por la tarde, esperando delante de la ventana, tu madre no regresa? No solo ese día. Nunca. Y esa sensación del domingo se convirtiera en algo perpetuo, para toda la vida.
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