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SEMANA 2. EL PUEBLO

    lunes 6.mar.2017    por Ramón Salazar    0 Comentarios

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Es tan curioso nuestro comportamiento a veces. Como eso de sentir nostalgia de algo que aún no hemos perdido, de algo que aún tenemos la capacidad de disfrutar y aún así tememos ya el momento de no estar sintiéndolo: sentir tristeza por unas vacaciones maravillosas que aún están sucediendo; ese amor apasionado que ya sufrimos pensando en el día que lo hayamos perdido… Qué raros somos.

En nuestra segunda semana llegamos al pueblo francés de Prats-de-Mollo. Como un campamento el equipo se instaló en los diferentes hotelitos alrededor de la plaza principal. Cuando te asomabas al balcón por la mañana podías ver los camiones, el equipo ya en marcha yendo al teatro del pueblo donde nos reuníamos a comer, o incluso sentías ganas de asomarte al balcón en ropa interior y gritar: ¡Marcellooooooooo! como estuvo a punto de hacer Marieta (mi querida script) al verme bucólico paseando por la plaza una mañana.

Se trataba de un paisaje complicado, allí de sopetón bajan las temperaturas y se pone a nevar. A pesar de todo el tiempo nos ha acompañado de manera cómplice. Queríamos nublado y así amanecía, si deseábamos sol parecía que nos lo concedían. Hasta que el jueves saltaron las alarmas: inesperadamente el viernes nos sorprendió con una previsión de lluvia y nieve aterradora. Nos quedaba por rodar una importante secuencia exterior y si nos llovía se iría a la mierda. La audacia de mi ayudante de dirección, Victor Cuadrado (a partir de ahora Víctor) puso en marcha la maniobra de alarma y cambió el plan de rodaje esa misma mañana. Si rodábamos esa secuencia antes y no durante la madrugada tal vez tendríamos posibilidades. Aunque todo presagiaba lo peor. 

No sé por qué me acompaña una actitud nueva en este viaje, en este momento de mi vida: la de no luchar contra lo que inevitablemente tenga que ocurrir, dejar las cosas ser y aceptarlas. Alguien del equipo decía el otro día que si no aceptas al destino como tu co-director estás jodido. Y yo, se ve que estoy de acuerdo.

Me sorprendí un par de veces pidiendo a mi co-director que me diera de tregua un par de horas, con eso me bastaría, aunque estuviese planificada para un rodaje de siete horas, si me concedía esos ciento veinte minutos me conformaría. 

A las siete estaba previsto el diluvio, pero no aconteció. Comenzamos a rodar en un carrusel que viajó desde muy lejos para nuestra historia (me pregunto cuántos niños habrán girado en él antes de hacerlo con la Lennie). El equipo unido para que todo fluyera a buen ritmo. Las ocho, las nueve. Tenía todos los planos que quería. Entonces decidí inventarme uno nuevo. Lo preparamos. Y “kaboooooooooommm”. Lluvia rabiosa. El alcalde del pueblo (que interpretaba al taquillero de la atracción) nos miró y negando con la cabeza insinuó que ya no pararía. Sentí la vocecilla del co-director diciéndome que ese plano no estaba dentro del acuerdo, que no abusara de su confianza. Me pareció justo y le di las gracias.

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Me gustan los cementerios. Siempre hay alguno de ellos en mis historias. Mientras se preparaba una escena me di un paseo por el del pueblo que tiene como característica ser un mirador. Situado en la parte alta puedes admirar el pueblo en su esplendor allá abajo. En Prats sus muertos están bajo tierra, pero por encima de los vivos.

Cuando leo los nombres de las tumbas me pregunto cuánto tiempo llevan esas personas ahí sin que alguien haya pensado en ellas. Y me parece curioso que una señora que murió en el año 72 (antes de que yo naciera) es ahora pensada por mí al pasearme frente a su tumba y por un instante vuelve a existir. Y me pregunto cuántos años pasarán hasta que alguien se vuelva a fijar en ella, escondida en esa esquina olvidada de un cementerio poco transitado. 

El campamento terminó con la semana y hoy, después de mucho tiempo y como me ocurría de pequeño, vuelvo a sentir ese sensación de domingo por la tarde. Echo de menos lo que he vivido allí. Tengo nostalgia de la felicidad de este momento de mi vida.

Por suerte mañana bien temprano esta historia sigue. Vuelvo al rodaje. Toca retratar los bosques llenos de bruma, las escenas de intrigas palaciegas, una secuencia no apta para claustrofóbicos y otra que desafía la ley de gravedad. Yo que ustedes permanecería atento.

Ramón Salazar.-

 

P.D.- ¡Qué equipo! ¡Qué fortuna la mía!

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Categorías: Cine

Ramón Salazar    6.mar.2017 12:31    

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La enfermedad del domingo

Bio La enfermedad del domingo. Cuaderno de rodaje.

Estamos rodando “La enfermedad del domingo”, una película producida por Zeta Cinema que cuenta con la participación de TVE. Acompáñanos en este maravilloso camino a través de este diario de rodaje en el que semanalmente os contaremos nuestras experiencias durante este proceso que transcurrirá a lo largo de seis semanas. “La enfermedad del domingo” es un drama íntimo y directo cargado de intriga, donde lo que se dice nada tiene que ver con lo que realmente se quiere decir y en el que el pasado y el presente coexisten escondidos en los recovecos de un espeso bosque. ¿Qué pasaría si un domingo por la tarde, esperando delante de la ventana, tu madre no regresa? No solo ese día. Nunca. Y esa sensación del domingo se convirtiera en algo perpetuo, para toda la vida.
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