La vida en un cementerio...
Esta semana En Primera Persona entramos en un cementerio que tiene más de 150 años para hablar con las personas que trabajan exhumando cadáveres, incinerando los restos en los hornos crematorios, arreglando los jardines, enterrando o limpiando las sepulturas de generación en generación.
La vida en un cementerio y el día a día en este lugar tranquilo que es un remanso de paz con el cantar de los pajarillos de fondo, a la par que triste y lleno de dolor es muy particular. Aquí, los trabajadores tienen una relación muy especial entre ellos. Son una pequeña familia que valora la vida porque conviven la muerte. Reconocen que "nadie se acostumbra al dolor y a la muerte" pero es su trabajo y tienen que sobrellevarlo lo mejor que puedan. Por eso, los que llevan más años intentan desconcectar cuando cruzan la cancela del cementerio o desmitificar el entorno en el que trabajan.
Algunos, incluso, hacen bromas sobre su trabajo pero todos sufren cuando quien ha fallecido es un niño. "Porque el corazón no se educa", me comenta un joven que sólo lleva un año en el cementerio y cuando entramos a grabar está exhumando cadáveres junto a sus compañeros. Una imagen que me impactó mucho cuando la vi porque había decenas de ataudes viejos de madera apilados en una camioneta y otros en el suelo mientras los trabajadores metían los restos, huesos, en unas bolsas. Son restos que pertenecen a personas que nadie ha reclamado en los últimos cinco años, por lo menos. Algunos cuerpos salen momificados. Es la primera vez que vea cuerpos, huesos, restos, en ese estado y os confieso que impresiona y mucho.
También resulta chocante entrar en los hornos crematorios porque allí se están quemando los huesos, los restos, de los cadáveres. Se incineran y luego se entregan las cenizas a los familiares o bien se depositan en un osario. En la entrada hay una pirámide de marmol llena de cenizas dónde se pueden depositar, es otra opción si no se las quieren llevar a casa.
En fin, este programa me ha descubierto un mundo, el del cementerio y su día a día, que desconocía. Ahora lo veo de otra forma, más humano todo y creo que tienen razón los trabajadores cuando se quejan de lo poco que se les valora en la sociedad. Parecen invisibles, sin embargo, resultan imprescindibles.



