Nuestra sociedad de consumo nos ha inculcado que lo bueno es gastar desenfrenadamente, que no importa lo que ocurra tras nuestros hábitos cotidianos. Así, poco nos debe preocupar qué pasa con lo que va a la basura o a la papelera, porque nada tiene valor. La muestra más desmoralizadora es cuando en un restaurant de comida rápida (fast food) los numerosos restos de envases van todos a la misma papelera, mezclados con la comida o lo que haya quedado en la bandeja. Todos aquellos residuos se pierden y lo que inculca a los más pequeños es que separar es una tontería.
Como en la comida rápida, igual ocurre con las bolsas de plástico, los envases de bebidas, los papeles…Cuando vamos a la tienda y nos envuelven lo que compramos, nos parece algo sin valor, porque lo pagamos indirectamente, ¿o alguien piensa qué nos regalan los plásticos, bandejas o envoltorios diversos?
La experiencia demuestra que estos deslices se corrigen cuando los objetos cotidianos obtienen valor. Por ejemplo, los clientes han empezado a rechazar las bolsas de plástico de los comercios cuando le han pedido un céntimo por ellas. Lo ideal hubiera sido que las rehusaran para evitar la contaminación, pero para reducirlas ha tenido más poder el dinero que la convicción.
En Cadaqués, Girona, han empezado una experiencia piloto de dar valor a los envases de bebidas. Se trata del sistema de depósito, devolución y retorno (SDDR) de botellas de plástico y latas. Al comprarla por primera vez, se pagan por adelantado cinco céntimos por envase que se recuperan o se cambian por uno de nuevo al retornarlo vacío. Este sistema funciona con gran éxito en Alemania y permite recuperar casi el cien por cien de los envases de bebidas. Por ahora, en España, seguimos tirando los envases al contenedor de reciclaje, que es mejor que el vertedero o la incineradora, pero como ya han comprobado los alemanes el SDDR es una alternativa a tener en cuenta.



