Después de Copenhague: "Y ahora, ¿qué?"
Ayer por la tarde se celebraba en Barcelona una conferencia "post-Copenhague" en la Pedrera, organizada por la Asociación de Periodistas Europeos de Catalunya. Es decir, se intentaba evaluar qué va a pasar tras una cumbre que, se mire como se mire, no estuvo en absoluto a la altura de las expectativas.
Después de la atención que el programa ha dedicado a este asunto, - no era para menos-, queríamos oír los puntos de vista de los ponentes, Elisabeth Rosenthal, periodista de The New York Times, especializada en el tema, Kuan-Hsu Wang, periodista de El Siglo de Europa, que nos aportó la visión del asunto que ha recogido en su país, China, i Christian Spillmann, periodista en Bruselas de la agencia France Presse. No representaban a sus países, sino que ofrecían una visión tamizada por sus contextos distintos.
No se trata aquí de hacer un resumen, sino de destacar algunas de las observaciones más interesantes que oímos a lo largo de la charla. Por ejemplo el escaso papel en la resolución de la cumbre de la Unión Europea, por otro lado a la vanguardia de las iniciativas para reducir las emisiones de gases invernadero. En la reunión a puerta cerrada que decidió a última hora una salida digna para una cumbre en la que pintaban bastos, y en la que estaban China, Estados Unidos, Brasil, Sudáfrica e India, no se invitó a la Unión Europea.
Otra constatación: que en esa reunión también se dejó de lado a Naciones Unidas, con lo cual la pregunta es ¿hasta qué punto puede seguir esta organización siendo el paraguas bajo el que luchar contra el cambio climático? Parecía haber acuerdo en la sala en que hay, y habrá, más foros en los de avanzar en esa lucha, el G-20 por ejemplo.
Lo que parecía claro para todos es que en el terreno de juego los dos equipos con verdadera capacidad decisoria son Estados Unidos y China, que se miran con desconfianza esperando quién es el que hace el primer movimiento. No en vano son los dos grandes contaminadores por goleada.
En cualquier caso, cada día que pasa sin dar pasos sustanciales es un arañazo en el planeta, aunque suene demagógico. Nos quedamos con el optimismo necesario de Elisabeth Rosenthal, que ve positivo el hecho de que todo el mundo reconozca que tenemos un problema y que hay que solucionarlo. ¿Será suficiente?



