6 posts de enero 2010

Después de Copenhague: "Y ahora, ¿qué?"

Ayer por la tarde se celebraba en Barcelona una conferencia "post-Copenhague" en la Pedrera, organizada por la Asociación de Periodistas Europeos de Catalunya. Es decir, se intentaba evaluar qué va a pasar tras una cumbre que, se mire como se mire, no estuvo en absoluto a la altura de las expectativas.

Después de la atención que el programa ha dedicado a este asunto, - no era para menos-, queríamos oír los puntos de vista de los ponentes, Elisabeth Rosenthal, periodista de The New York Times, especializada en el tema, Kuan-Hsu Wang, periodista de El Siglo de Europa, que nos aportó la visión del asunto que ha recogido en su país, China, i Christian Spillmann, periodista en Bruselas de la agencia France Presse. No representaban a sus países, sino que ofrecían una visión tamizada por sus contextos distintos.

No se trata aquí de hacer un resumen, sino de destacar algunas de las observaciones más interesantes que oímos a lo largo de la charla. Por ejemplo el escaso papel en la resolución de la cumbre de la Unión Europea, por otro lado a la vanguardia de las iniciativas para reducir las emisiones de gases invernadero. En la reunión a puerta cerrada que decidió a última hora una salida digna para una cumbre en la que pintaban bastos, y en la que estaban China, Estados Unidos, Brasil, Sudáfrica e India, no se invitó a la Unión Europea.

Otra constatación: que en esa reunión también se dejó de lado a Naciones Unidas, con lo cual la pregunta es ¿hasta qué punto puede seguir esta organización siendo el paraguas bajo el que luchar contra el cambio climático? Parecía haber acuerdo en la sala en que hay, y habrá, más foros en los de avanzar en esa lucha, el G-20 por ejemplo.

Lo que parecía claro para todos es que en el terreno de juego los dos equipos con verdadera capacidad decisoria son Estados Unidos y China, que se miran con desconfianza esperando quién es el que hace el primer movimiento. No en vano son los dos grandes contaminadores por goleada.

En cualquier caso, cada día que pasa sin dar pasos sustanciales es un arañazo en el planeta, aunque suene demagógico. Nos quedamos con el optimismo necesario de Elisabeth Rosenthal, que ve positivo el hecho de que todo el mundo reconozca que tenemos un problema y que hay que solucionarlo. ¿Será suficiente?

El mejor residuo, el que no se produce

En el reportaje que emitirá El Escarabajo Verde la próxima semana seguimos el viaje de la basura desde el momento en que depositamos la bolsa en el contenedor. Asombrados, hemos visto instalaciones costosísimas que intentan, con escaso éxito, separar los diferentes residuos que acostumbramos a mezclar en el cubo de la basura que cada uno tiene en casa.

Todo sería mucho más sencillo si los residuos llegaran ya separados a las plantas de procesado, es decir, si esta tarea la hiciéramos cada uno en casa y en el trabajo.

En Tiana, municipio cercano a Barcelona, el nivel de reciclado de las basuras llega al 80 %, y nos fue fácil contactar con personas decididas a reducir el volumen de residuos que generan.

Los Minoves son un buen ejemplo de familia comprometida con la separación de residuos en origen. En el vídeo que os ofrecemos a continuación, y que no pudimos incluir en el reportaje, los abuelos, Ramón y María, nos enseñan cómo reciclan los restos orgánicos vegetales, aprovechándolos para producir un compost que luego usan de nuevo en el jardín de su casa.


el jardín de García Lorca

Durante las últimas semanas hemos elaborado un “escarabajo” sobre el paisaje en la obra de Federico García Lorca. Esta circunstancia me dio pie a hacer una lectura “ambiental” de parte de su obra.

No avanzaré ahora el contenido del documental (emisión, prevista en febrero), pero sí quiero resaltar que el lorquiano Romancero gitano conforma un gran y exquisito jardín, un jardín que me retrotrae a los años de mi niñez, durante los cuales me sentía propietario de un particular paraíso terrenal limitado por las tapias del recinto botánico de mi abuela.

A continuación intento entrelazar algunos recuerdos de infancia y algunos versos de Lorca. En aquel jardín de mi abuela crecía una gran higuera. Durante las calurosas tardes de verano, miles de insectos, atraídos por el dulzor de los frutos, zumbaban alrededor del árbol y me trasmitían una sensación de torridez casi insoportable. De tal forma que mi diapositiva mental de los veranos mediterráneos es una higuera con banda sonora añadida de abejas, moscas y mosquitos.

En Romancero gitano se lee:

“La tarde loca de higueras

y rumores calientes.”

Para mí, un impresionante trallazo sensorial. En el paraíso terrenal de mi niñez –como en el bíblico- también crecía un ejemplar prohibido: una adelfa. Mi abuela me había prohibido acercarme al arbusto porque -decía- era una planta venenosa. Con el tiempo olvidé esta circunstancia, hasta que en el romance del Emplazado, leí los siguientes versos:

“-Ya puedes cortar, si gustas,

las adelfas de tu patio

…………………………….

Porque dentro de dos meses

yacerás amortajado.”

Realmente inquietante. Me abstengo -sin embargo- de “criminalizar” este arbusto porque es una de las plantas más sostenibles de los jardines de la cuenca mediterránea; necesita muy poca agua; una poda de las ramas interiores aleja las plagas y la floración se prolonga desde mediados de primavera hasta el otoño. Por otra parte no tengo noticias de envenenamientos por ingestión de adelfas.

El primer elemento vegetal que aparece en Romancero es el nardo:

“La luna vino a la fragua

con su polisón de nardos.”

Los nardos crecían en mi edén infantil y me aseguraban, año tras año, unas tiernas escenas de casto ligoteo: Resulta que en mi pueblo (Sitges) era tradición que los novios, por la fiesta mayor, regalaran a sus chicas varas de nardo. Yo hacía lo mismo con las flores que me dejaba cortar la abuela y mi precocidad se veía premiada con una insinuación de besito por parte de M., la niña a quien instituí en mi primera novia, a pesar de no habérselo consultado.

La tradición del nardo se perdió cuando el cáncer de cemento empezó a devorar los jardines y los huertos familiares de mi pueblo, y la gente se dio cuenta de que los nardos de vivero habían perdido su aroma almizclado.

El jardín de mi abuela tardó algunos años más en desaparecer y -no obstante- con él se extinguió de mi memoria una fruta rarísima, hasta que reapareció en mi mente con la lectura paisajística de García Lorca: la toronja o naranja bravía (citrus medica, o naranja de Persia).

En “La monja gitana” Lorca escribe:

“Cinco toronjas se endulzan

en la cercana cocina.”

La toronja o naranja bravía es un fruto del mismo color de la naranja, con la piel mucho más rugosa, de un tamaño que dobla al de su prima anaranjada y con una forma que recuerda a las lámparas eléctricas convencionales (o sea: de consumo alto). Sólo se comía en confitura o escarchada. Escribo “comía” porque nunca en la vida he vuelto a ver este fruto, ni conozco a nadie que me de razón de él en España, aunque parece ser que la industria agroalimentaria se vuelve a interesar por él.*

En el documental sobre Lorca, el hispanista Ian Gibson afirma que el poeta era un gran ecologista. Los que hemos elaborado este trabajo lo podemos constatar. Lo que no imaginábamos es que, al citar una fruta cuyo rastro se ha esfumado de España , el poeta granadino se convirtiera, además, en un notario de la biodiversidad perdida.

* En Google el lector encontrará 279.000 entradas sobre “toronja”. Al menos las diez primeras se refieren a un fruto distinto al que cita García Lorca: citrusxparadisi, un híbrido reciente denominado en castellano “pomelo rosa.”

sobre Barcelona 2022

Es muy lícito, e inteligente, y estratégicamente acertado, buscar recuperar la ilusión. El sueño olímpico del 92 es con toda probabilidad uno de los momentos más dulces de la historia colectiva de Barcelona y algo que le sería muy grato emular al actual alcalde, Jordi Hereu, por los obvios réditos políticos que obtendría. Pero, la ilusión no hay que buscarla sólo a golpe de acontecimiento. Y menos cuando no somos la ciudad adecuada, porque aquí no nieva ni por casualidad – a estos días pasados nos remitimos – y porque una ciudad que se quiere abanderada de la sostenibilidad no puede apostar por los cañones de nieve, que encima no le pillan tan cerca. Sí, Turín ya lo hizo, pero tiene tufo a operación turística más que deportiva. Las vías rápidas que se anuncian para conectar Barcelona y las estaciones catalanas tampoco parecen lo más acertado desde un punto de vista medioambiental. Hay otros patrimonios que explorar y rescatar en la ciudad. Y desde luego, mucho más pioneros.



Informar de medio ambiente es arriesgado

Informar de medio ambiente es arriesgado. Y no lo decimos por nosotros, aunque alguna vez hayamos pasado un mal rato o hayamos recibido alguna presión o imprecación por parte de algún sector descontento con lo que decíamos. No.

Informar de medio ambiente es arriesgado hasta el punto de que en determinados países, como Brasil, Sumatra, o China puedes pagar con la vida la denuncia de actividades como la tala ilegal, o la contaminación de un río. No son acusaciones vagas.Varias ongs defensoras de los derechos humanos y la libertad de prensa aprovecharon la Conferencia sobre Cambio Climático de la ONU en Copenhague para reclamar "transparencia en el acceso a la información y a proteger a los periodistas que investigan temas ambientales".

Informar de medio ambiente es arriesgado para gente como los periodistas de Radio Victoria, una radio comunitaria del departamento de Cabañes, en El Salvador, que desde hace meses reciben amenazas de muerte por defender una causa que afectaría gravemente a la población de la zona y que ha costado la vida ya a tres activistas en esa región, personas que protestaban desde un Comité Ambiental en contra de una explotación minera. Todo esto nos lo cuenta Reporteros sin Fronteras.


Informar de medio ambiente es arriesgado hasta el punto de que los periodistas de Radio Victoria han hecho una llamada internacional para alertar sobre la fragilidad de su situación:


Aquí podéis ver más detalles sobre el conflicto que ha despertado esa violencia en ese departamento en el norte de El Salvador.

Regalo de Reyes intangible y valioso

Nuestros rodajes aportan reportajes, anécdotas, pero lo mejor que nos llevamos a casa son nuevas personas a las que conocemos y paisajes que nos impactan. Claro que eso es relativo, porque lo que para uno es un enclave apacible al otro le estresa, o lo que es bello para ese es inquietante para el de más allá. Ya hemos abordado el tema en el Escarabajo: nuestra percepción del paisaje. Parece que hay cierta unanimidad en considerar que determinados lugares son "bonitos" y otros "feos" de forma intuitiva. Por ejemplo: el valle surcado por un riachuelo con montaña al fondo es el prototipo de paisaje "bonito". Pero todo es relativo y lo que hoy quiero compartir con vosotros es una fotografía de un lugar que me parece fascinante. La tomó uno de mis compañeros en un rodaje en Bardenas Reales, en Navarra, ese semidesierto que, sin embargo, tiene detrás al imponente Moncayo. Es mi regalo de Reyes.


El Escarabajo Verde


Hola escarabajeros. Este es el blog de un grupo de profesionales del audiovisual que semana a semana recorremos el país en busca de historias relacionadas con el medio ambiente, la ecología y la naturaleza que luego transformamos en un programa de televisión: "El escarabajo verde".
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