4 posts de mayo 2010

¿Sabes reciclar?







Hablar de ecología se ha puesto de moda. Últimamente no hay tertulia ni sobremesa, al menos en mi entorno, en la que no se hable de medio ambiente, cambio climático y sobre todo de reciclaje. Después de haber hecho un par de reportajes sobre la basura, muchos aprovechan para preguntarme si es cierto que los camiones de que recogen el reciclaje juntan los materiales antes de llegar a las plantas de tratamiento y para consultarme sus dudas sobre qué echar en cada contenedor. A la primera pregunta la respuesta es que los camiones hacen bien su trabajo y respecto a la segunda, aquí va una guía práctica de reciclaje que espero os sirva de ayuda:






- Contenedor amarillo: SÓLO se pueden echar envases de plástico (por ejemplo botellas de refrescos, de agua mineral, de detergentes, de suavizantes, bolsas de comercios, bandejas de corcho blanco, tarrinas de yogur...), envases metálicos (latas y botes de refrescos, de cerveza, de conservas, bandejas de aluminio, ...), envases tipo brik (de leche, zumos, sopas..., y de otros alimentos como azúcar, legumbres...) y el papel de aluminio. Por lo tanto, por muy de plástico que sean no hay que tirar en este iglú ni los peines a los que faltan púas, ni palos de escoba ni barbies tullidas.

- Iglú verde: envases de vidrio (botellas de vino, de cava, licores, etc., frascos de perfumes y tarros de vidrio para conservas, mermeladas, etc) A poder ser vacíos, limpios y sin tapones. Tampoco debe tirarse cerámica ni porcelana ni vasos o copas de cristal.

- Azul: deposita aquí los envases de cartón bien plegados (todo tipo de cajas de cartón, como por ejemplo la de los cereales del desayuno, de galletas, de zapatos, de comidas precocinadas o congeladas, bolsas de papel, etc.) y el papel de envolver, hojas, periódicos, revistas, cuadernos, etc.


A los tres contenedores tradicionales, en algunas ciudades se han sumado dos nuevos: uno para la materia orgánica (restos de comida, cáscaras de frutos secos, huevos y marisco, restos de café e infusiones, tapones de corcho, papel de cocina y servilletas usadas, plantas y flores secas) y el rechazo (las pelusillas de barrer, cerámica, pañales y envases muy pequeño). Una fórmula que permite reaprovechar al máximo la materia orgánica de la basura y hacer un compost de mejor calidad. Y para todos aquellos que tengan un pequeño huerto en casa o jardín y quieren reaprovechar los restos, aquí os dejo un vídeo que colgamos hace unos meses de cómo hacer compost en casa.

Siempre hay productos que generan dudas. Cuando estuvimos rodando EL viaje de la basura, uno de nuestros entrevistados nos lanzó la pregunta: ¿qué hacer con un yogur caducado? En teoría, el bifidus activo y demás bacterias van al contenedor de la materia orgánica; el envase, al amarillo y la etiqueta, al del cartón. O como me preguntaron hace poco: ¿Qué hacer con las cápsulas de Nesspreso? Yo creo que tendrían ir con los envases, pero que alguien me corrija si me equivoco. Pero si tenéis más dudas en la web de Ecoembes puedes consultar su buscador de envases.

Pero hay muchas cosas que no tienen su contenedor específico. En un paseo nocturno por cualquier calle de una gran ciudad es posible junto a los contenedores puertas, muebles o hasta una televisión. En teoría todos estos residuos considerados como de gran volumen o peligrosos hay que llevarlos hasta un punto limpio. En la web de la Organización de Consumidores y Usuarios, OCU, hay un buscador de puntos limpios en el que indica los productos que admite cada uno. Generalmente se pueden dejar: electrodomésticos, televisiones, ordenadores, pilas, tinta de impresoras, neumáticos, radiografías, ropa y calzado, tubos fluorescentes, aceite vegetal, sprays, pinturas, barnices, colas y disolventes; escombros, chatarras metálicas, muebles, colchones…

Pero además, hay que tener en cuenta que al comprar un pequeño electrodoméstico en los puntos de venta han de hacerse cargo de los estropeados y en las tiendas de telefonía han de hacer lo mismo con los móviles.

Ahora ya no hay excusas para no reciclar o al menos para no hacerlo bien. Es cierto que reciclar requiere un esfuerzo, pero si lo convertimos en un hábito es sencillo y reduce considerable la cantidad de basura que acaba en los vertederos. Así que a reciclar y a otro tema.

Se vende casa con Albufera







Hasta ahora la Albufera se mantenía cómo un oasis virgen en una Valencia que se está modernizando a base de ladrillo, cemento y obras faraónicas. Allí todavía se puede disfrutar de un paisaje auténtico valenciano de barracas, huertas y campos de arroz que cambian su aspecto según la estación y el momento de cultivo. Todavía los pescadores salen en barca a hacer sus capturas y tienden sus redes al atardecer a orillas de la Albufera. Pero la imagen que un día inspiró a Blasco Ibáñez en “Cañas y Barro” parece tener los días contados. Afirmar esto puede parece alarmista pero en el momento en que el paisaje se convierte en instrumento de marketing para vender casas puedes empezar a temer lo peor y más después de mi última experiencia.




Hace poco hice una escapadita a Valencia con unos amigos y como buena anfitriona decidí llevarles a comer un “arroz a banda” a El Palmar, un pueblo de pescadores en pleno corazón de La Albufera donde todavía se puede comer un buen arroz a buen precio. La visita merece la pena: es un pueblo tradicional, en pleno corazón de la Albufera. Hacía años que no iba y nada más tomar la carretera de El Saler me pegué a la ventanilla para poder ver desfilar campos de arroz, huertos y barracas propios de una película costumbrista. Pero en vez de película lo que vi fue un cuadro o una fotografía: estuvimos parados una hora y media en una caravana interminable.


Y casi todos los coches se dirigían hacia allí. Lo que era un pueblo tranquilo, es cierto que bastante concurrido durante los mediodías domingueros, se ha convertido en el lugar escogido por manadas de turistas que van a comer allí. En la entrada del pueblo dos explanadas gigantescas se han convertido en sendos aparcamientos al aire libre repletos de coches, caravanas y autobuses que impiden ver las pocas barracas que quedan en pie y las barcas amaradas a la orilla del lago. Por si esta imagen no es suficientemente deprimente, junto a uno de los parkings se alza una valla publicitaria con la imagen de un complejo residencial en el que se lee: Casas “adosadas” al paisaje con “adosadas” entrecomilladas y junto al paisaje del Parque Natural de La Albufera. Puede que sea un buen eslogan publicitario más o menos creativo, pero ¿es lícito que la naturaleza sea un instrumento más de marketing? ¿Puede un parque natural ser utilizado para revalorizar una promoción inmobiliaria? ¿Hasta cuando permitirán las autoridades valencianas que el cemento siga ganando el paso a la huerta y, ahora a la Albufera, en pro de un progreso malentendido?




Afortunadamente, el restaurante al que siempre voy permanece ajeno a los cambios y el “arroz a banda”, el “esgarraet” y el “all i pebre” siguen siendo excelentes. Pero comer bien y barato tampoco justifica la degradación del entorno.

Never more?

La plataforma en llamas de British Petroleum en el Golfo de Mexico. Foto: Greenpeace.


Lo malo que tiene dedicarse después de tantos años a informar sobre medio ambiente es que una tiene la sensación de que ya lo ha visto todo. Así que cuando una marea negra amenaza nuestros océanos - porque lo que pasa en la otra punta del mundo también nos afecta a los de este lado - puede imaginarse lo que viene detrás.

En 1999 en la costa oeste francesa inventaron el "Plus jamais ça" a raíz del hundimiento del Erika. Casi diez años después condenaron a Total, la empresa responsable del vertido, y la sentencia determinó por primera vez en Francia que había sido "un atentado contra el medio ambiente". En 2002 tuvimos que traducir el término: "Nunca Mais", porque el Prestige nos enseñó cuán grave puede ser el petróleo en el agua. El vertido del Prestige fue el tercer accidente más caro: 12 mil millones de dólares, según informes oficiales. Se clamó al cielo, se pidieron mayores medidas de seguridad para los barcos, la anulación de las banderas de conveniencia que permitían la impunidad, el doble casco...poco cambió.

Ahora necesitamos otra vez actualizar el término y darle traducción. Pero yo no me atrevo, -por mucho que lo haya puesto en el título-, a repetir ese "Nunca más" en el idioma que sea. Porque no me lo creo. Porque sé que mientras prevalezcan los intereses económicos por encima de cualquier otro, va a volver a pasar. Ahora no es un barco que se hunde, o se parte en dos de puro viejo. Ahora es una plataforma que explota y se cae. Fallaron las medidas de seguridad, argumenta British Petroleum, que gestiona la plataforma. Mientras, el yacimiento vomita petróleo en el Golfo de México.

Busco información: esas barreras desplegadas no van a parar nada, necesitan una balsa de aceite en lugar de un mar que a veces se irrita, como ahora; las autoridades ya nos avisan de que el movimiento de esa mancha creciente como un gigante desperezándose es impredecible. Casi te insinúan que, si crees, te encomiendes a Dios. En los ojos de los habitantes de Louisana, de Florida, se refleja la tensa espera. Luego llegará la desesperación, la depresión incluso. Porque la realidad en estos casos siempre emperora las previsiones. Cualquiera que haya vivido en carne propia el Erika o el Prestige sabe de lo que hablo. Y esta de ahora ya nos avisan de que será peor que la marea negra del Exxon Valdez. Hasta hoy nada era peor que Exxon Valdez.

Todo eso sin calcular el coste real, el medioambiental, el humano, del desastre: ¿cuánto vale un pájaro? ¿cuánto vale un alga? ¿cuánto vale una especie que nunca llegará a nacer? ¿cuánto vale que tu playa de arenas doradas sea un basurero grasiento?

Mi grito no puede ser "Nunca más" por mucho que quiera, sino, más bien, "¿Hasta cuándo?". Y la respuesta es compleja, pero no tiene vuelta atrás: hasta que decidamos que este modelo de consumo de energía no es el adecuado, que el precio que tenemos que pagar es muy alto y que lo tenemos que cambiar.

Marchando un pincho de anchoa

Acabamos de llegar de Santoña, en Cantabria, donde hemos pasado una semana rodando. ¿El motivo? Reapertura del caladero de la anchoa, tras tres años de cierre absoluto, una intentona fracasada en 2006 y un cierre previo en 2005. Vamos, que podemos decir que han sido cinco años de cierre del caladero del Cantábrico.

Como comprenderéis, no era una decisión gratuita, las capturas habían ido descendiendo en una progresión que demostraba que la especie no se estaba reproduciendo. Este, pues, es un momento importante, los pescadores esperanzados se han lanzado a la mar a por el bocarte, -la anchoa en fresco, para entendernos-. Pero todavía no está claro si la especie se está recuperando, si los cupos que les han dado a los pescadores son excesivos y si hay futuro para este sector. Os lo contamos en el reportaje que se está "cociendo".

Pero ahora de lo que se trata es de incluir un comentario algo más lúdico, porque también hemos coincidido con la Feria de la Anchoa, un acontecimiento que trata de promocionar este manjar. Yo tengo mis reticencias, porque se juega a la confusión con la joya de la corona, la anchoa del Cantábrico, y la que de verdad se vende. Porque a nadie se le escapa que la que ahora está enlatada...o es de fuera -léase Croacia o Argentina, por ejemplo - o es ilegal - improbable -.

Aún así, son días de escaparate, conferencias, degustaciones gastronómicas y concursos de pinchos. El momento ideal para hartarse a anchoa, lo cual no es malo siempre y cuando no nos pasemos, que ya bastante esquilmada está. La tradición local apela al montadito o el pincho con imaginación y originalidad. Como este que Luisa, en su cocina de La Marisma, ha ideado, y que se llama "El escarabajo", y es verde, aunque todo es azar. Nos lo dio a probar antes de llevarlo a concurso. Aquí lo tenéis: pimiento verde, espárrago triguero, mayonesa y, por supuesto, anchoa.

Y el que se fue con premio fue uno de los protagonistas de nuestro reportaje, Iván, el chef de As de Guía, que antes de presentarse a concurso nos dio a probar un pincho de "ratatouille marino"... pero ese, tendréis que verlo en el reportaje.

El Escarabajo Verde


Hola escarabajeros. Este es el blog de un grupo de profesionales del audiovisual que semana a semana recorremos el país en busca de historias relacionadas con el medio ambiente, la ecología y la naturaleza que luego transformamos en un programa de televisión: "El escarabajo verde".
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